Ver Viajes del Mundo en un mapa más grande

miércoles, 13 de marzo de 2013

TRAS LAS HUELLAS DE NIVES, de Erri de Luca.


    Imaginemos que un escritor y una alpinista profesional están en el campo base de un 8000, y en lugar de soportar el tedio de la espera  dormitando para que mejore el tiempo, leyendo u oliendo a calcetín sudado mientras escuchan sl hornillo derretir la nieve, el primero de ellos quiere conocer qué siente esta mujer de la élite del mundo alpinista cuando escala por encima de sus cabezas. Pongamos que están en el Daulaghiri, y pongamos que él cuenta todo eso en un libro. De eso va este libro. Pero solo básicamente.

    El libro es corto, las divagaciones muchas entre los temas recurrentes en el alpinismo: la alimentación, la relación de pareja con Romano (que es también el alpinista que la acompaña), las sensaciones al subir por encima de 7500 (la barrera que tanto define la falta de oxigeno), la relación con los sherpas, los accidentes, la competitividad entre mujeres que desean ser de las primeras en auparse a los 14 ochomiles, qué hace nada mas regresar de una cima al campo base, etc. La conversación fluye con esos temas diversos hasta el final. Erri de Luca, el escritor, un tipo que ya adelanto muy peculiar, se adueña de la conversación cuando avisa que el primero de la cordada en este libro es él, utilizando el símil montañero. Sin embargo, Erri mezcla en la conversación pasajes del Antiguo Testamento (es un autodidacta con el hebreo y el yiddish y hace sus traducciones y comentarios) para dar sentido a su propia experiencia de escalador, cosa de la que huye Nives. Plantea otras similitudes para explicar los sentimientos que genera la escalada en las Dolomitas, donde vive Erri, un plantel de metáforas que elevan esos sentimientos por las nubes y de los que Nives se baja constantemente a ras de tierra. Para ella las sensaciones más duras son, por ejemplo, las de salir del saco a -30ºC para atacar la cumbre, un auténtico palo para el animo. Hay que decir que su estilo es ultraligero: donde todos ponen 4 campamentos de altura ellos ponen 2 y además lo cargan en sus mochilas tras pasar la noche. Y cuando Erri ya no recibe la réplica de Nives es cuando nos comenta cosas de su vida pasada, cuando se exilia de Italia a Francia o África para trabajar en demoliciones o en una ONG.


Nives en el Manaslu
    Pero, ¿quien es Nives? Una mujer que se dedica a hacer los 14 ochomiles a su estilo, sin perderlo por llegar la primera (cosa que ya han hecho otras entre tanto). Una caída de ella y una enfermedad de su marido las han apartado de este mundillo hasta el año pasado. Forman una cordada de estilo muy puro, admirado por muchos, porque apenas usan a los sherpas más que hasta el campo base. Hasta el año pasado contaba 11 ochomiles. Estuvo subida en el Everest durante la temporada fatal de 1996. Su intento al Kanchenjunga del 2012 fracasó.

   Las páginas, como digo, no plantean ascensiones concretas, ni lleva un hilo conductor de principio a fin. Por eso es un libro de montaña tan particular. En cualquier caso, lo más valioso a mi modo de ver es la experiencia de Nives en algunas de sus montañas. El Lhotse es una de las más nombradas, y aunque fragmentariamente, nos hacemos una idea de lo que supuso. Cuenta cómo Romano salvó la vida de un          coreano que iba muy cansado y pidiendo ayuda en el descenso porque no tenía fuerzas para soltar un mosquetón de una cuerda fija. Algo tan fácil sus compañeros no quisieron hacer, y lo dieron por desaparecido, y sí lo hizo Romano de camino a la cumbre. Suponemos la cara del hombre al reencontrarse con sus compañeros en el campo base. También salen en la conversación la gran temporada de Nives en el Baltoro, donde en 20 días se adjudicó el GI, el GII y el Broad Peak en el 2003.                         .
    Erri de Luca, ¿quién es Erri? Un obrero de la construcción que participó en las revueltas del 68, era miembro del grupo Lotta Continua y le involucraron, según su relato, en la muerte de un policía  Una amnistía le abrió las puertas para el regreso. Hace años leí que su casa se la había hecho él, y solo con los años puedo dejar ese trabajo y vivir de la literatura. Es uno de los escritores más acreditados en Europa en estos momentos, muy aficionado al alpinismo. En España su obra la publica Siruela.

TRAS LAS HUELLAS DE NIVES, de Erri de Luca, Editorial Siruela, 131 páginas. Año 2006.

jueves, 7 de marzo de 2013

UN VIAJE EN DHOW, LA TRIBU QUE CRUCIFICO A JESUCRISTO Y OTROS RELATOS, de Norman Lewis

    En esta última entrega que la editorial Altair nos hace de las crónicas de viaje de Norman Lewis, estamos ante un libro con menos capítulos que los anteriores pero más extensos, memoralísticos, escritos años después de haber sucedido en algunos casos.

    En el primero ya me convence de que sus flirteos con el servicio secreto para su graciosa majestad británica no faltaron ya que son varios sus empleos de los que se nutren después sus historias. Cabe decir que, como espía, Lewis parece de la clase aficionada. Nunca llegó a la clase 007. Pero para visitar Yemen, y recoger información antes de la Segunda Guerra Mundial sobre el único país que no ha caído dentro de la órbita colonialista europea, le buscaron a él, un tipo más discreto. Los italianos , los espías y los comerciantes de armas se paseaban entonces por el muelle de Aden, al sur de la península arábiga. El se interna ilegalmente por Lahej y conoce al bandido más famoso de la región, El Hadrami, y se lo encuentra en camiseta de deporte y falda escocesa. Lewis describe un mundo decimonónico como el que pudo haber encontrado el poeta Rimbaud en su día: por allí todavía no han visto una cámara de fotos, y la fotografía era una pasión de nuestro autor, así que se dedicó a actividades poco útiles para el Foreing Ofice. Lewis destaca el rigor religioso, la austeridad y el silencio del paisaje. En el viaje de muchos días en dhow le acompañan Farango, el verdadero espía  y su reclutador Stevens. La experiencia es dura por las condiciones del barco, pero allí aprende a conocer a los yemeníes y sus supersticiones, al capitán que dirige la oración, al guerrero, al traficante de armas averiadas. Tras una tormenta desembarcan en la isla de Karmaran, un paraíso natural muy duro para habitar, donde nos describe la vida de los recolectores de perlas. Finalmente nunca podrán entrar en el reino prohibido de Yemen donde ni silbar está permitido. Desde cubierta presencian el degollamiento de un hombre en medio de la multitud de Hodeidah, puerto en que se les niega la entrada,como aviso a navegantes indeseados.

   Pero si de algo parece enamorado Lewis es de Sudamérica. A ella vuelve en los siguientes relatos como Supervivientes, donde se nos presenta a los indios huicholes de México de la mano del padre Ernesto y el chaman Ramón Medina Silva. Su arte pictórico es una de sus singularidades; el afán proselitista de la religión que conlleva a su vez un exterminio de una  cultura secular, es la amenaza. Además, durante la visita un asesinato se cruza en su camino. En el capítulo titulado La tribu que crucificó a Jesucristo la insidia de las organizaciones religiosas para captar prosélitos en la selva venezolana alcanza cotas bastantes malévolas, hasta el punto de hacerlos sufrir con la creencia de que sus antepasados fueron los que crucificaron a Jesús para inculcarles un concepto que ellos no tenían en su vocabulario, el de culpa. Las empresas comerciales para el reparto de la Amazonia están detrás (la famosa internacionalización de estos últimos tiempos). Se trata de manejar espiritualmente a los indios para utilizarlos y expulsarlos, si consiguen sobrevivir. Lewis lo resume muy claro para cualquier conflicto: mientras el blanco tiene libertad de culto, a los indios se les niega. El los acompaña a sus aldeas y constata lo difícil que lo tienen para vivir sus creencias entre misioneros. Hasta los garimpeiros eran más tolerantes. En La quema de los árboles, Lewis elabora un informe sobre los usos de las multinacionales como Volkswagen de las concesiones de trozos de selva: tala indiscriminada, agotamiento de tierras, expulsión de indios, aniquilamiento de especies sobre un estrato de tierra que se agota en pocos años y no se vuelve a recuperar. Realmente recuerda a esas especies de extraterrestres que narra la Ciencia Ficción, que van de planeta en planeta chupando los recursos de cada uno en los que se establece para, una vez esquilmado, pasar a otro planeta. Pero todavía, los humanos, debemos conformarnos con este, La Tierra. No hay otro planeta que nos espere, así que no podemos escapar de la Amazonia,  ni de Iraq, ni del Congo o Etiopía, ni de España, Kalmukia o Chechenia.

    En el capítulo dedicado a la URSS, Lewis tiene una suerte loca: lo invitan con todos los gastos pagados a ver lo que le apetezca (lo que le apetezca es siempre aquello que no esta atacado por la peste, es decir prohibido a los extranjeros). Así que hace las maletas y se va con su guía Natasha al que se unirá después Vilanski, dos personajes como la eterna discusión de los rusos entre eslavofilos y occidentalizadores. Puestos a elegir, Lewis pide ir a Samarcanda desde Moscú. Desde slli se interna por uno de los parajes más desconocidos hasta el momento, la ciudad de Tashkent, la estepa de Sholdava y la fiesta de la Princesa Caballo.

    El libro acaba con una entrevista de Albert Padrol al autor en 1998. Recordemos que Lewis murió en 2003 a los 95 años. Si pensamos que nació antes de la Gran Guerra, que padeció sus efectos, se crió en ese tobogán de los felices años 20 y los desastrosos años 30, que vio desmoronarse el colonialismo británico desde entonces, la pérdida de esos valores y la emergencia de otros, desde Mata-Hari a los Beatles, de Glen Miller a los U2, la II Guerra Mundial, el Telón de Acero que parecía no acabar nunca, y su caída... ¡Y estar allí para verlo, para contarlo en primera persona! Hace años leí la autobiografía de un personaje semejante, François Rene de Chateaubriand, que fueron sus Memorias de Ultratumba (altamente recomendables, 2300 páginas). Pensé entonces que la suya era una de las vidas más completas que habían existido: desde el antiguo régimen del reino de Francia hasta 1848. Ante sus ojos pasaron la revolución francesa, Napoleón , la restauración, más revoluciones, incluida la norteamericana, y los países de oriente; la alta política. Pero ahora veo que Lewis es de la misma intensa estirpe. Solo puedo decir de muchas cosas que me hubiera gustado conocer, que él, Lewis, estuvo allí para contármelo a mi. A ti. A todos. Un tipo enclenque pero fiel a si mismo, sacando partido de lo que la vida le ofrecía en cada minuto, dispuesto a hacer lo que mejor sabía y mostrarlo al mundo. Un viajero, un periodista y escritor de gran sensibilidad por la diversidad, por las personas y su entorno, lo que las mueve, con un inusual sentido común. Aquí enlazo con una dirección que espero algún editor contemple: estaría muy bien contar en nuestras bibliotecas con este libro.
    Es la biografía de nuestro hombre.

UN VIAJE EN DHOW, LA TRIBU QUE CRUCIFICO A JESUCRISTO Y OTROS RELATOS, de Norman Lewis, Ed. Altair, colección Clasicos Heterodoxos, 2001 en la version inglesa, 2012 en la española. 167 páginas.

miércoles, 27 de febrero de 2013


TESOROS Y GALEONES HUNDIDOS, de Robert Stenuit

    Un día de octubre de 1702, frente a las Islas Cíes, en la desembocadura de la ría de Vigo, Galicia, los vigías de las torres que puntean la costa tan abrupta divisaron una flota de varios galeones y otros barcos. Una flota que llevaba 3 años esperando en Cuba a que las condiciones climatologías y, sobre todo, los piratas de la época, les dieran la oportunidad de sacar un cúmulo de riquezas en oro, plata y artículos de lujos como pocas veces se había expoliado del continente americano. En sus bodegas estaban los recursos económicos de tres años, y en esta ocasión se habían unido las flotas retrasadas para probar suerte juntas durante la travesía.

    En aquella época, como en todas hasta hoy, la rivalidad entre naciones europeas era ante todo una escalada en el consumo de recursos para imponer un poder hegemónico a todo lo largo de Centroeuropa y los reinos del sur. Y ahí entraba como una bala de cañón el oro de América.

Costa de Baiona

    Lo que no sabía el rey español es que la cosa se le iba a complicar: una escuadra angloholandesa, que venía malparada de un asedio a la ciudad de Cadiz, se iba a enterar de esa llegada de la flota y cayó sobre ella, en la bahía de la aldea de Randa, como una bandada que nada tenía que perder y sí todo por ganar.

Islas Cíes
    Robert Stenuit nos lo cuenta en su libro, una edición antigua y descatalogada, pero fácil de encontrar en librerías de segunda mano porque en los años 50 y comienzo de los 60 fue una historia que volvió a los tabloides franquistas e incluso tuvo su eco en otros países como EEUU. Era la era del turismo español (ya sabéis, toros, flamenco, el sol de España y el resto de topicazos). Ahora Rande es además del pueblo gallego donde esta la bahía, el nombre de una calle londinense, el nombre de un pub en Kent (su primer dueño participó en la batalla). Rande es también un juego de mesa alemán donde se recrea la batalla.

    El libro nos habla, en realidad, de un fracaso. El belga Robert es un hombre muy conocido en el mundo del buceo, a él llegó leyendo libros de cazadores de tesoros, y comenzó buscando en archivos y bibliotecas el tesoro que pudiera descubrir. Según los medios de que disponía, echo el ojo a los famosos galeones hundidos en la batalla naval de Rande, un poblado a la entrada de la ría de Vigo. Fue un fracaso porque allí, bajo el cieno marítimo, enredado en las algas, escondido en un fondo marino anfractuoso como un laberinto de picos y valles, quedaron enterradas muchísimas horas de su vida con el oxigeno a la espalda, se hundió un montón de dinero (el suyo y el de su socio norteamericano John Potter) y otro montón de paciencia con las incompetentes autoridades españolas (Robert alucinaba con su forma de funcionar; supongo que entonces nació el otro tópico que resuena en Europa: "España es diferente"). Con quienes sí mantiene una extraordinaria paciencia es con los pescadores gallegos, conocedores como nadie de esas aguas y sus bajíos, de tal manera que cuando el grupo de buceadores de Robert no encontraba los pecios que buscaba (preferentemente los galeones españoles, no la escuadra francesa que les ayudó en la defensa), preguntaban a un gallego cerrado. Hoy, 50 años después de aquel trajín de barcos y buzos husmeando como sabuesos cada banco de arena con el tubo de una aspiradora, deben estar todavía desencajados de la risa, porque cada uno le contaba su teoría. Ellos miraban lo que hacían desde sus barcas o desde el muelle, y Robert se dirigía a ellos para saber dónde podía haber un galeón hundido. Pero con un gallego no se sabe si viene o va, si sube o baja o te responde a la gallega: eso era antes muy típico. En esas redes también se enzarzó el bueno de Robert, que aun así les guarda mucho cariño.
 

    ¿Qué quedó de todos sus viajes a la España profunda de 1954 a 1958? ¿Qué de las aventuras en un fondo marino con muy poca visibilidad pero lleno de vida? Concretamente esto: unas descripciones bellas de esos peces, de esos fondos cuando la resaca mermaba. Unos hallazgos materiales, restos sueltos de los pecios, que no justificaban el esfuerzo económico por encontrarlos. Pero desde la primera hasta la última página, la experiencia de un hombre que hizo suya la aventura de buscar tesoros hundidos, y esa pasión por el buceo, la inmersión en lugares esplendidos y muchas veces tan sorprendentes. Si eres una persona de secano, bucear es... otro mundo. Lo más parecido a volar por tus propios medios. Robert no deja de transmitirnos en sus páginas esa pasión por buscar mundos sumergidos con una historia por desenterrar. Lo de menos, leyendo su libro, ha sido el oro.
    Su carrera de arqueólogo submarino ha tenido mejores éxitos desde entonces. No parece que se arrepintiera de abandonar los estudios de ciencias políticas en su juventud por un fracasado intento de encontrar un tesoro fabuloso. Esto genera muchas controversias sobre la legalidad y legitimidad de su trabajo, como se viera recientemente en el caso del Odissey. He aqui una entrevista : ROBERT STÉNUIT - ESCRITOR, ARQUEÓLOGO SUBMARINO, BUCEADOR.
  
    También Potter y otro compañero buzo, Lee Owen, contaron en libros y documentales los años de investigación y exploración. La última campaña de investigación data del 2007 con el objetivo de hacer un museo de la batalla. Ha localizado un galeón español y un buque francés  además de otros pecios de esa época y de siglos posteriores. Las últimas teorías suponen un cargamento total de... 15000 millones de euros!!!! Una cantidad fabulosa en su época, sobre la que todos, en sus informes, mintieron: una gran parte iba de contrabando para los grandes comerciantes y la nobleza. Todos los funcionarios estaban comprados en la famosa Casa de Contratación de Sevilla, nada figuraba correctamente en los papeles y solo el rey descargó su parte. Los borbones se afianzaron en el trono español con ese dinero (con 393 toneladas de plata ganaron la Guerra de Sucesión y lograron el cambio de dinastía en España).
  
    En cuanto al tesoro, puede que sea el mayor bajo las aguas. Hasta en capitán Nemo, en su viaje submarino, lo rescataba para sufragar sus paseos en la mente imaginativa de Julio Verne. La parte del león era el galeón Santo Cristo de Maracaibo, que a los ingleses se les hundió al sur de las Islas Cíes en su afán por remolcarlo. Incluso el rape que rescataron de otros barcos se hizo desde entonces popular en su uso.

    He aqui otros intentos en la historia de capturar tesoros: El otro Banco de España

TESOROS Y GALEONES HUNDIDOS, de Robert Stenuit. Editorial Juventud, 1962, 224 páginas

martes, 19 de febrero de 2013

VOCACION ALPINA, de Armand Charlet

    Entrando en una tienda de material deportivo, si pasamos por la seccion montaña, es muy probable que nos crucemos con un piolet de mango corto y tal vez curvo, muy estético, con el nombre de Charlet. A muchos les sonará de sobra tal nombre, y, sin embargo, el innovador del alpinismo moderno es mucho más que una técnica de uso del piolet.

    Hoy pongo la atención en su autobiografía, un libro que cautivará la imaginación y enamorará a todo aquel que se le acerque, porque esta vez, como pocas, se muestra en una persona el logro de unir la afición con su profesión hasta alcanzar casi el grado de mito. Vocación alpina va de ello.

    En una época en la que todavía se podían realizar grandes primeras vías en los Alpes, Armand Charlet (1900-1975) nos habla de todo lo que acompaña esa actividad. Nos habla de sus orígenes familiares en Chamonix y Argentiere según los archivos parroquiales  y de cómo las necesidades ganaderas, del contrabando y finalmente de los clientes, los turistas de la montaña que desean ser conducidos a las codiciadas cimas, han llevado a la gente como él a ser expertos alpinistas. Charlet divide su libro en tres partes, y en la primera desgrana los nombres de gente muy popular en el siglo XIX, gente de pueblo que acompaña a Mummery, Whymper o al duque de Chartres. Disfrutamos con los recuerdos de sus abuelos, sus tíos, su padre, y sus propios recuerdos de una época llena de anécdotas de montañeros muy peculiares, una época en que todo suponía mucho más sacrificio pero que nos deja un sabor añejo y desde luego mucho más auténtico, porque se vivía ante todo con pasión casi futbolera. Salen a la luz recuerdos como los de cargar fardos de heno desde muy lejos, recoger cristales de roca, o las peregrinas costumbres de los antiguos guías y los clientes de antes. Entonces ir a la montaña era un deporte de ricos, iba quien podía. Charlet acaba esta primera parte cuando aprueba el examen de guía alpino aspirante y se va a hacer la mili.




    Las anécdotas del servicio militar en un destacamento de los Alpes vuelven a dejar a Charlet muy por delante de los instructores: suelen quedar por detras de todo el pelotón en las marchas. Por entonces pasó por el Mont Pelvoux y nos cuenta su ascensión a la Barre des Ecrins, uno de los cuatromiles más bonitos de los Alpes en mi opinión. Después sube a La Meije, pero en el descenso una tormenta atrapa a su cordada y a otras más donde mueren tres alpinistas. Esos dos años consiguió la admiración de sus superiores y que le permitieran hacer importantes vías de escalada. Se lo pasó bien.

    Ya  empiezan a sucederse los clientes y sus manías  Hay que reconocer que a la gente se la reconoce bastante bien cuando se pone a subir montañas, los guías enseguida comprenden con quienes van en realidad. Por las páginas pasan el muchacho paralizado por el miedo en una repisa al que hay que izar con cuerdas, o el primero que puso el pie en la cima del monte Logan en Alaska. Esta segunda parte del libro acaba cuando aprueba el examen para convertirse en guía profesional definitivo. Con el tiempo, Charlet será de los que examine al convertirse en Director Técnico de la Escuela Nacional de Esquí y Alpinismo. El placer desde entonces serán las crestas a gran altura, acompañar a clientes experimentados y realizar primeras vías que le pongan a prueba. En algún momento, alguien le dijo:
    -Créame, señor Charlet, para tener éxito como guía tiene usted dos cosas que le faltan a la mayoría de sus colegas: el amor por la montaña y la ambición, pero salga de las vías clásicas siempre que pueda.
    Y eso hizo. Aunque ahora nos suenen trilladas, entonces las travesías del Grepon, la Aiguille de Peigne, Les Droites, la Aiguille Verte, Le Trident, la arista de Peuterey, Weisshorn, les Aiguilles du Diable, etc eran un trofeo. Charlet valoraba mas la dificultad y la belleza de la ascensión que la mera altitud.

    A lo largo de los años 20, el autor nos cuenta la conquista de varias cimas cerca del Mont Blanc de Tacul y en varias ocasiones acompañado del señor Blanchet

    Atrás quedan los refugios atestados y sus malas noches, la envidia de otros guías, los malos modos de algunos clientes, la Guia Kurz que siempre hay que corregir,  los dramas con final fatal (por ejemplo, los hermanos Meyendorff) las alpargatas de cáñamo para escalar, el equipo de esquí, el joven Frison-Roché y las largas jornadas de actividad alpinista en las que, solo o acompañado, Charlet nos describe con pasión lo mejor de su vida. Como si de un Homero de los Alpes se tratara, las páginas de Charlet en Vocación Alpina describen con acierto las aventuras de muchos hombres de montaña entregados a ella como los héroes homéricos a su destino.

    Se hizo una pelicula sobre su actividad alpinista: Asalto a las Agujas del Diablo

Vocacion Alpina, de Armand Charlet, Editorial Desnivel, primera edición del 2000, 196 páginas

lunes, 11 de febrero de 2013

MISION EN LA HABANA, SEVILLA Y OTROS RELATOS, de Norman Lewis





    El segundo tomo que recoge los artículos de Norman Lewis demuestra su gran pasión latinoamericana, y su preferencia por testar él mismo las opiniones que la ciudadanía expresa en los momentos de cambio. Cuando la sociedad esta sufriendo una brusca transformación  o el abandono de viejos usos que se resisten a morir, coge un avión y se va para allá. Con diferentes resultados. El ultimo capítulo, dedicado a Paraguay en los años 70 debido a la cacería humana de indígenas, cumple su función, porque nos pone los pelos de punta frente al genocidio de los indios, en este caso los guayakí, con la anuencia del gobierno, las autoridades locales y los misioneros protestantes norteamericanos. Este vuelve a ser uno de esos artículos que te dejan mal cuerpo, porque de una forma u otra, como ya reseñamos en otro libro, Calle Amazonas, sigue ocurriendo: el sufrimiento de estas comunidades es pavoroso, y el manejo de quienes tenían el poder, repulsivo.

La Habana
    Otro resultado muy diferente obtiene de su visita a Panamá durante unas elecciones en las que no parece poder contar nada el día de la votación. Por una vez, contrata una excursión al interior de la selva para ver qué hay y como es la vida allí con los indígenas. Típico caso en el que la aventura está en el viaje, no en el final del viaje (una pifia).

    El libro comienza con un par de entrevistas a generales cubanos retirados hechas cuando Ian Fleming (el creador de James Bond, que entonces era redactor de un periódico londinense) le envía a enterarse de qué va esa invasión de Fidel por medio de otra entrevista con Hemingway, por si va en serio la cosa. Y es que la admiración por el escritor norteamericano podía nublar el juicio incluso del mismo escritor.

   Pero el choque entre el poder y el indígena vuelve al capítulo "La tierra prometida blanca", donde el gobierno boliviano quería reasentar a los colonos blancos expulsados de los países sudafricanos. A través de ellos esperaba explotar las riquezas de un país tremendamente rico pero a expensas del medio ambiente y de los primeros habitantes de la tierra. Ofrece una entrevista con un pastor evangelista norteamericano y agente de la CIA. También no están lejos los alemanes que perdieron la II Guerra Mundial en este sistema de esclavitud moderna.

Cerdeña
    Reseña a parte merece la mención a la antigua colonia portuguesa de Gao, en la India, otro ejemplo más de lo que fue la descolonización para los residentes, con su pasado y su futuro. Decir que con un trozo del brazo incorrupto de San Francisco Javier un papa aprovechó para curarse las almorranas. En fin, cosas que pasan.

    En el capítulo dedicado a Napoles se emplea de nuevo para describir una ciudad que sigue siendo igual de peculiar por la camorra, el estraperlo y la pobreza en el centro histórico. La historia sobre los cosacos es una continuación de su libro Napoles 1944, porque de allí sale acompañando hasta Khorsamshahr (Irán) a unos miles de soldados soviéticos  expresos, que las han pasado malisimas para volver con sus superiores para una suerte peor.

La Habana
   Queda un capítulo dedicado a Sevilla durante los primeros años 80, donde resalta la transformación de la sociedad española. Visto en plena crisis económica y de valores en 2013, el asunto se lee con amarga ironía. Y otro capítulo, de los mejores, esta dedicado a Cerdeña con motivo del asesinato de un matrimonio ingles por la mafia del lugar, una asociación mucho más arcaica que la siciliana o la napolitana. Parte de la isla se ha resistido a la influencia exterior con todas las armas disponibles cual aldea gala de Asterix pero a precio muy caro.

    En definitiva, otro libro para pasearse por el mundo un poco más y descubrir que el viaje no solo está para hacer bellas fotos como las que ponemos en el perfil de Facebook, para pasearnos nosotros por ellas y recordarlas, sino para conocer a sus protagonistas diarios. Aunque haya que salirse de rutas turísticas, de las calles con más comercios y monumentos, aunque transitemos por vías secundarias que no mencione una guía, siempre habrá otra historia, otra foto, también, para recordar.

MISIÓN EN LA HABANA, SEVILLA Y OTROS RELATOS, CRÓNICAS DE VIAJE 2, de Norman Lewis. Colección Heterodoxos de Editorial Altair, 196 páginas. La edición inglesa es de 1986, esta que manejo es de 2011

domingo, 3 de febrero de 2013

VIAJE AL ARCHIPIÉLAGO MALAYO, de Alfred Russel Wallace





    Una de las cosas más fascinantes de este libro es la síntesis que Wallace consigue de todas sus observaciones para dejarnos unas descripciones detalladas y logradas del enjambre de islas, etnias, religiones y animales sin aburrirnos. Es un muy buen narrador, y las pinceladas nos hacen entender, con gustos muy modernos, cómo era esa clase de mundo, al otro lado del nuestro, hace 150 años. Con Wallace nos convertimos en viajeros privilegiados de paisaje que primero pisaron los portugueses en su búsqueda de las especias, y después los holandeses, que generalizaron el negocio hasta la II Guerra Mundial. El entusiasmo por penetrar en playas y valles que ningún otro europeo pisó antes, o la euforia taxidérmica que le sube a la cabeza cuando empieza a ver las famosas aves del Paraíso, que solo muy rara vez se habían visto en las factorías comerciales del Indostán, es algo admirable. Solo Linneo había recibido trozos de ese pájaro en Europa, y eran muy codiciados como en su época los tulipanes o en la nuestra... tantas cosas de lujo. Y para estudiarlos de cerca, disecarlos y enviarlos a los museos de ciencias naturales británicos, al bueno de Wallace no se le ocurría otra cosa que disparar a todo lo que le gustaba: una pena la matanza de distintas especies de monos porque para obtener un orangután, por ejemplo, varios más se quedaban enganchados en ramas inaccesibles o escapaban heridos. Los pájaros raros se los cazan los aborígenes, y para el tema de los insectos se basta él solito.
    Entre 1854 y 1962 Wallace tuvo tiempo de ser un fino observador de las costumbres indígenas, y sensible como era a las formas de vida diferentes (y a enjuiciarlas según su imperial criterio), nunca es amargo con esos temas. Es ahí cuando sale a relucir su formación como ingeniero civil y su conocimiento del incipiente socialismo utópico. Además, ni la recurrente malaria puede con su entusiasmo. Ya en su época comprueba que muchas especies retroceden en sus hábitats naturales: en Malaca, por ejemplo, donde un quedaban rinocerontes y tigres, el elefante estaba ya en regresión. Describe Singapur, y en Borneo captura más de 2000 coleópteros diferentes. En Palembang (Sumatra) se instala en palafitos, y en la colonia portuguesa de Delli comprueba que 3 siglos de dominio portugués no ha mejorado la vida de los malayos para nada. Describe a los habitantes de Timor, la colonia holandesa de Macassar y al rajá de Goa y las cascadas del río Maros. Sufre terremotos que nos recuerdan los más recientes en la zona de Malaca y contempla el espectáculo de los geiseres, las fuentes termales y los volcanes de lodo.
    Por fin llega al archipiélago de Banda, con volcán y fumarola incluida, selvas exuberantes y playas de postal. Los dueños esta vez son los holandeses, porque se cultiva la nuez moscada. Wallace admira a los holandeses por encima de todos. Se suele mencionar su descripción de la rana voladora, pero yo añadiría otros: el de la tormenta en plena selva de Ceram (Molucas), un ataque de los ácaros sobre su piel o la torta de sagú.

    En al archipiélago de Arús descubre que cuando los indígenas papús quieren vender pescado por la calle gritan ¡Chocolate! Así, como lo lees. En el poblado de Dorey, Nueva Guinea  la malaria por fin le vence. Finalmente se hizo con 125.000 especímenes de los cuales 1000 eran nuevos. Su relato está dedicado a Darwin, a quien le propuso su modelo de evolución y selección natural, similar al suyo, por carta cuando éste ya llevaba tiempo pensándolo. Los dos publicaron sus razonamientos en el mismo año. Siguió publicándose su relato malayo regularmente hasta los años 20 del siglo XX. John Stuart Mill alabó el libro y Joseph Conrad lo utilizó para documentarse para Lord Jim.

Viaje archipiélago malayo, de Alfred Russel Wallace, en Editorial Espasa Calpe, año 2005. 163 páginas
 

viernes, 1 de febrero de 2013

SIETE VIDAS, de David Howath


     Llega el invierno y con ello una saturación de vídeos de freeriders, los esquiadores lanzándose a tumba abierta por pendientes imposibles. No esta mal. Ahora pongamos a los moradores de una aldea en su lugar,  viéndoles hacer algo parecido con el equipo de hace casi 100 años, por un territorio invernal que no osan pisar cuando arrecian las tempestades por paramos y cordilleras solitarias. Sin cobertura ni GPS. Arrastrando a un tío en un trineo, un tal Jan, de Oslo, que ha estado desorientado por valles vacíos de vida humana, cegado por la nieve, recién salido de un alud y un tiroteo. Los hombres del fiordo, pescadores que llevan una vida de subsistencia, deben buscar un trayecto fuera de los caminos conocidos, y desean salvar a Jan a toda costa porque se le están gangrenando los pies. 

    Sin duda pensaremos que la penuria es infinita, y que la belleza de esos paisajes nórdicos, los fiordos en torno a Tromso y la cordillera de Lyngen está muy bien en la pantalla de TV, pero que aquello puede ser un laberinto de trampas debido a la mala climatologia al final del invierno y a la ausencia de recursos humanos en esa región deshabitada. Esta historia, la de Jan luchando por sobrevivir en la nieve y afectado por congelaciones, nos recordaría las agonías de Joe Simpson y su Tocando el vacío, el libro y la película que se hicieron de ello. Si a este cuadro le agregamos unos cuantos pescadores noruegos, que viven cerca de Tromso y de Nordkapp, por encima del Circulo Polar Artico, y los contemplamos esquiando por esos parajes hasta que los lapones se hagan cargo de él y lo pongan a salvo en Suecia, ya solo nos queda agregar el último ingrediente de este libro: a unos malos muy malos persiguiéndolos, los nazis. Así el cuadro está completo, tenemos una historia completa, real, y digna de Spielberg y su Salvar al soldado Ryan.
    La realidad de la historia es que Jan Baalsrud se fugó de Oslo cuando Noruega fue ocupada por los nazis, los británicos lo entrenaron y partió con una docena de compañeros para desarrollar una campaña de sabotaje contra instalaciones militares alemanas en la región de Tromso. Todo salió mal desde el principio, y solo sobrevivió Jan del conjunto del comando. Pero intentó, pese a todo, salir bien parado siendo que, para él, esa región ártica de su país le era desconocida. Todo hubiera sido una historia más de guerra si no le hubiera caído el alud y hubiera sobrevivido, solo, a las condiciones de intemperie en el invierno ártico de forma milagrosa. El interés del libro recae en conocer la vida rural de un país hoy muy rico pero entonces muy pobre, y en lo difícil que es esquiar y sobrevivir fuera del refugio de una casa en los temporales que por allí arrecian. Lo de menos son los soldados alemanes en la narración, y si el ambiente que se respira de la naturaleza amenazadora para un hombre en las últimas y los que le ayudan, arriesgando la vida, a llegar a una nación neutral.

    El libro recoge algunas fotos en las que los mismos protagonistas, años después, recrean todos los sucesos en los mismos lugares: la cabaña aislada del fiordo donde se escondió, el trineo, el lapón que lo sacó de allí, etc. De los 9 dedos de los pies que el mismo se cortó (gracias a eso salvó el resto), de la cueva entre la nieve donde se hospedó semanas a punto ya de la inanición, o de la explosión del barco no hay registro gráfico.

     El viaje fue ese, téngase en cuenta que si ahora no hay palmo de terreno sin explorar, por entonces hacer aquel viaje precario era todo un mundo de dificultades y desconocimiento. Los únicos que si conocían el terreno que pisaban eran los lapones, a quienes la guerra no les implicaba y que eran una cultura aparte y hasta un poco menospreciada según se aprecia en la actitud del mismo autor al hablar sobre ellos.

    Años después se creó una ruta excursionista que sigue el mismo trazado descrito en el libro: http://karlsoy.com/baalsrud/. En el mapa adjunto aparece como linea azul.

    Las guerras cruentas suelen tener historias peculiares como estas, que no van de guerra sino de gente puesta al limite como en este caso. Este libro lo encontré en una feria del libro antiguo, y venia con la firma autógrafa del mismo Jan Baalsrud, toda una sorpresa. La historia es buena, el autor no lo estropea demasiado, y tuvo a su Spielberg en Arne Skouen, que la rodó en 1959 bajo el título Ni Liv (Nueve vidas, pero ¿por qué la traducción castellana es Siete Vidas?), llegando a ser nominada para los Oscars de entonces. El libro original se titulaba We die alone, y su autor es otro soldado entrenado para misiones especiales de la II Guerra Mundial. Howarth es un escritor mediocre, pudo haber sacado mucho más de esa historia.

    Los últimos años de Jan los pasó en Tenerife, casado con una isleña. Esa parte de su vida ya es más normal de encontrar.

Siete vidas, de David Howarth. Editado por Litografía A. Romero, 1975. 260 páginas, en librerías de segunda mano

domingo, 27 de enero de 2013

EL EXPRESO DE RANGUN, GENOCIDIO Y OTROS RELATOS, de Norman Lewis

    La carrera literaria de Lewis (1908-2003) incluye, además de libros de viaje y novelas, los artículos enviados a diferentes periódicos británicos y que la serie de Heterodoxos de Altair  ha recogido, en forma de selección, en tres volúmenes. Hoy vamos con el primero, que como los otros, es de los más variopinto y, a pesar de haber transcurrido unas décadas desde su publicación, nos lleva a una parte de la historia reciente que todos hubiéramos deseado descubrir antes de que la globalización (de gustos y productos de consumo) nivelara las diferencias entre lugares tan dispares como Laos, Ghana, Ibiza o Brasil. Algo que siempre Lewis lamentó.

    Una de las grandes paradojas que plantean estas crónicas con respecto a los escritores actuales es la posición que ocupa el escritor frente a los hechos que cuenta. Lewis va de lo particular hacia lo universal, y es capaz de contarnos anécdotas en apariencia muy poco trascendentales para hablarnos en el fondo del carácter de un pueblo, de una cultura o de una etnia concreta con la que se ha quedado a veranear de una forma, tal vez, desapercibida pero nada inocente: lo observa todo como ese tío al que invitan a una fiesta sin conocer a nadie y al día siguiente es capaz de contarte lo que hizo uno, lo que dijo el otro, quien se pasó, etc, y todo al detalle. No es un coleccionista de lugares, ni de fotos, es un acumulador de experiencias. Cuando le lees, no parece estar contándote algo extraordinario solo porque estuvo a miles de kilómetros de sus lectores, es que aunque hubiera ocurrido en la puerta de su casa, también hubiera sido importante contar algo extraordinario. No se siente superior en medio de otras culturas, pero tampoco lo parece frente al lector que tal vez nunca pueda estar en sitios tan singulares. Esa es una de las sensaciones gratas que dejan sus libros. Y es algo que sobra en la mayoría de los relatos gráficos o literarios que solemos  leer. Lewis era un nómada y lo que contaba no era eso, sino la formas de vida que otros tenían, con una fina sensibilidad social unida a toques de humor suave.
el tren de rangun

    El primer capitulo esta dedicado a Guatemala, un país del que se enamoró por parecerle el más bello de todos, pero que las dictaduras echaron a perder. La velada en el hotel de Huehuetenango rezuma melancolía. El segundo capitulo va del país vecino, Belice, un estrafalario lugar donde no te sirven un whisky doble en un solo vaso; pero la belleza no hay quien se la quite. Lewis va anotando detalles de este aburrido lugar para buscadores de juerga. De Laos salta a Sanlucar de Barrameda para aprender las diferencias entre capea, novillada y corrida de toros, así como del "toro que ya había sido toreado antes". Si el primer articulo dedicado a Ibiza habla de los pescadores, en el segundo nos habla de un perro que nadie quiere en el mismo lugar donde veranea, todo ello cuando la isla tenia un carácter mediterráneo, cerrado y ancestral que no ha logrado retener. El estreno de la independencia, en algunas excolonias, choca en seguida con la realidad a la que sus ciudadanos se deben enfrentar: tal es el caso de Liberia, Ghana y Rangun en Birmania (ahora Yangón y Myanmar). El libro acaba con Genocidio, un largo articulo sobre el exterminio de los indios amazónicos, algo que resulta imprescindible conocer para todo ser humano. Dicho con conocimiento de causa, había que tomar parte.
    Otro de los detalles de los artículos de Lewis, al hablar de si mismo, es que siempre lo hace en función de lo que ve, y lo habitual es que siendo extranjero allí por donde va, traba relación con la gente del lugar con un cordial interés por lo que hacen. Llega a solaparse un poco con ellos, pero no hasta el punto de dar la nota o tener que ser arropado por todos los lugareños porque al guiri se le ha antojado hacer algo típico. Esa es una rara virtud. Es un viajero discreto, que como dirían los científicos, observa el fenómeno interfiriendo lo menos posible, no convirtiéndose en protagonista. Teniendo un suegro en la mafia siciliana tal vez eso se aprenda mejor.

    Para estar infectado de malaria y haberse roto el cráneo  entre otros percances, su longeva vida (95 años) es de las más intensas.

    Si se echa en falta algo de estos relatos, es consignar cuando fueron escritos y publicados cada uno. El prólogo de todos ellos es de 1959, excepto el de Genocidio, surgido en 1968. La primera edición del conjunto, en 1986. Para mí, este último es el capítulo que toma más aire de reportaje, el más trabajado y logrado. Aquí no es simplemente un observador al margen. Supuso un antes y un después para la interpretación del genocidio de los indios del Amazonas, porque se hizo visible en el Sunday Times y horrendo para las conciencias. Inspiró la creación de Survival International.

El Expreso de Rangún, Genocidio y otros relatos. Crónicas de viajes 1, de Norman Lewis, En la colección Heterodoxos de la Editorial Altair, 2010, 198 paginas

sábado, 12 de enero de 2013

EN MARES SALVAJES, de Javier Reverte

isla de baffin
    La historia de la exploración mundial la han protagonizado enamorados del riesgo y de la diversidad geográfica. Pero siempre ha tenido que ver con un estímulo más crematístico: hacer negocio. El business y la exploración van de la mano la mayor parte de las veces. Y un ejemplo está en la exploración del ártico,  especialmente en la búsqueda a lo largo de los siglos de un paso al norte de Norteamérica que conectara por vía marítima el Pacifico y el Atlántico  La necesidad de los británicos, además de holandeses y rusos, de llegar antes a las riquezas de oriente empujó a la Corona y a varias sociedades comerciales a enviar grupos de exploradores por el norte de Canadá y a fletar muchas embarcaciones que durante siglos se atascarían con la barrera del hielo. Los canales que conforman todas esas islas que, como una rica constelación,  vemos en esa zona del globo terráqueo,  se vuelven caprichosos y unos años el hielo se abre en verano, y otros no. El frío, como es de suponer es indecible, los osos polares ven presa fácil en un bípedo implume debilitado por el escorbuto, tiritando, asustado y armado con un viejo mosquetón. Los meses de oscuridad cuando se decide invernar en tierras salvajes pueden desanimar al más optimista, y el contacto con los inuit (a veces poco conciliador), a los que durante siglos se mira con superioridad y de los que no se aprende ninguna técnica de supervivencia ni modo de atajar enfermedades, debieron poner a prueba el sentido de tanto esfuerzo. Para la Corona y la Sociedad Geográfica Británica, que ponía el dinero y se quedaba en casa, los informes recibidos a vuelta de expedición de las riquezas encontradas, el tipo de gente del lugar y la cartografía realizada ,eran ya un fruto valioso de ellas y pasaban a ser secretos de estado. Baste decir que sigue hoy día siendo mas corto el viaje marítimo por el Norte que por Panamá para una viaje a Japón desde Europa o el este de EEUU. Y que eso traerá más contaminación, más turismo, mas explotación de recursos y más población a regiones casi vírgenes desde que el cambio climático ha favorecido la retirada de la masa helada hacia el Polo Norte.
    Lo que Javier Reverte ha hecho es recolectar toda esa información enciclopédica y resumirla en su libro, En Mares Salvajes, mientras nos cuenta su experiencia en el segundo crucero que organiza una agencia australiana en un barco rompehielos ruso, Akademik Ioffe, durante 13 días del año 2008. Aprovecha estos tiempos de calentamiento climático en que, por derretirse el Polo Norte, el famoso Paso del Noroeste se ha abierto. Lo mismo ha pasado con el tramo ártico sobre Siberia. En si mismo, el viaje que hizo es algo parecido a cruzar un parque nacional de una punta a otra por la carretera sin bajar del autobús: le apean donde le dicen, mira lo que puede y el mal tiempo le consiente, esta rodeado de gente, y se pierde casi todo (después de haber pagado, supongo, un dineral. Hasta para los canadienses viajar a esas regiones es muy caro). Es la excusa de hacer historia de la exploración ártica, y por eso es un libro de historia y pocas vivencias personales.


    La historia de poner los pies en el ártico se remonta al griego Piteas, al monje celta Ducuil y a los vikingos, esos artistas de la navegación. Los ingleses inician su interés en el Paso del Noroeste cuando Enrique VII no quiso quedarse rezagado en llegar el también a las Indias en 1497, cuando envió a Cabot: al menos descubrió los bancos pesqueros de Terranova, que no esta mal. La lista de flotas enviadas por otros reinos europeos, frenados todos igualmente por tempestades y bancos de hielo, (barcos atrapados en el hielo) es bastante larga, y con eso Reverte ya llena un tercio del libro. Incluye a Barents, Baffin, Cook, Hudson. Los hubo que quedaron en la memoria de los inuit, cuya tradición oral se tiene como bastante verídica. Y en los libros de historia inglesa quedan las pifias británicas como la de traer cientos de toneladas presuntamente auríferas a su patria desde Canadá. Carlsten encontró 272 años después la cabaña intacta en la que invernaron Barents, De Veer (que lo contó en un diario encontrado allí) y otros (la mayoría no lo superaron) en 1597. A Hudson y sus dos hijos los abandonaron sus hombres amotinados mientras también buscaba el Paso del NO. Y si: hasta lo estirados miembros del Imperio Británico, en caso de aislamiento, también se asesinaban y deglutían los unos a los otros a dos carrillos. De todas las frustradas expediciones, la que más esfuerzos, imaginación y tiempo se dedico en rescatar fue la de John Franklin, un mal marino que se convirtió en mito y cuya suerte merece un libro a parte: 50 expediciones se fletaron para intentar saber qué pasó con aquel capitan y los suyos. Los inuit fueron los únicos que los vieron y dieron noticias a los británicos, pero Franklin despreciaba su estilo de vida para sobrevivir.  Fue una historia muy comercial en los medios de su época. La tragedia, histórica. La solución del enigma, en el libro de Reverte.
    El rosario de intentos encontró al noruego Amundsen aprendiendo de errores anteriores y de las virtudes esquimales con la obsesión de hacer el paso del NO en un solo viaje. En su viaje de 1903-1906 lo logró.

    El viaje de Reverte tiene una segunda parte, menor en extensión y pretensiones, en la que sigue el curso del río Mackenzie desde su delta hasta Yellowknife, persiguiendo una aventura fluvial que no termina de concretarse como en otras ocasiones. Allí, sin embargo, se siente por fin apreciado y bien acogido en una población de inmigrantes de todo el mundo, donde impera la riqueza del oro, el petroleo, el gas, la plata, el uranio, el cobre, etc, y está alguno de los mejores pubs del Canadá como es el Gold Ranch. De paso nos contará las aventuras del Albert Johnson, también conocido como el Trampeador Loco, y la lamentable experiencia del inspector Francis J. Fitzgerald y sus tres ayudantes que perecieron de forma miserable por las tormentas de nieve. El viaje, hasta entonces, había sido mucho menos comunicativo con los autóctonos porque los inuit guardan gran recelo a los blancos: obligados a colonizar nuevos poblados, perdieron sus tradiciones y viven en gran medida de subvenciones estatales y doblegados por el alcoholismo y altas tasas de diabetes. Con eso sí nos da una idea de lo que nos encontraríamos ahora.

En mares salvajes, de Javier Reverte, Editorial Plaza&Janes, 448 pág, Año 2010

miércoles, 2 de enero de 2013



NAPOLES 1944


    No me decidía a reseñar este libro porque narra un aspecto de la Segunda Guerra Mundial, más concretamente la ocupación de Napoles y su área por los aliados. Pero me dije: "¡Este libro es la leche!". ¿Es un libro de viajes? Si, porque Norman Lewis era un chaval trasladado de su país a otro que no conocía y lo que vio le dejó con el pálpito de lo extraordinario. ¿Vivió experiencias que merecen contarse? Sin duda alguna. Porque Lewis no pega un tiro en toda su estancia en Napoles desde el famoso desembarco norteamericano en Salerno, y porque el texto es hilarante, con esa flema tan british como de no querer hacerte reír para  no dejar de hacerlo (hay que leer las primeras paginas antes de entrar en el meollo, que también están muy bien). No le hace falta forzar la letra; la materia del asunto, lo que cuenta este libro, es tan real y divertido como cabria esperar de la trayectoria de su autor (este fue su primer libro), y como cabria esperar de la Italia Sur profunda, muy profunda, casi cavernícola, paradójica... vamos, como las viejas películas de Totó o Alberto Sordi, esa misma vena de humor tan desmedida y surrealista de Fellini antes de Fellini. Cada día de Lewis traía una preocupación distinta para salvaguardar la seguridad del ejercito norteamericano, un grupo humano a veces sórdido, muy desordenado (¡y ganaron la guerra!), en el que una unidad del Servicio de Inteligencia Británica se incrustó para que nadie, ningún mando superior, les hiciera maldito caso.

    Vistas así las cosas, Lewis se dedicó a hacer amigos entre los napolitanos (véase el tío de Roma, toda una institución funeraria), a perseguir chivatazos entre vecinos enemistados, comerse los peces del zoológico en invitaciones de amigos, a visitar Capri o las innumerables catacumbas protegidas por monjes cavernicolas. El relato de la famosa erupción de el Etna de aquel entonces es impagable, con procesiones cristianas enfrentando la cola de lava para que se detuviera. También esta el compañero de oficina enamorado desesperadamente de la italiana de turno a la que su chulo no quita el ojo. La lista de sucesos es muy larga.

    El libro no cuenta con más hilo conductor que la estancia del autor y las observaciones que hace de tan insólita sociedad. Tremebundo. Una gente variopinta, pintoresca, preocupada por las apariencias ante todo, dando espacio a situaciones cómicas unas tras otras, la mayoría de las veces mientras se mueren de hambre y los alemanes bombardean la zona. El atraso que el autor constata en sus excursiones por la zona montañosa de los alrededores es increíble, con las vendettas, la sumisión a los hacendados. También es increíble cómo puede llegar a ganar la guerra un ejercito al que le roban material de guerra a toneladas ante sus narices. 

    De esto va el libro en el fondo: de napolitanos en trance de convertirse (a la fuerza) en hombres modernos, de gente que ha creado un entramado sociológico tan particular que dar risa. ¿Seguirá la cosa igual entre Amalfi, Salerno, Nola, Sorrento, Pozzuoli y Napoles? Las noticias que siempre llegan son las de un lugar cargado de historia, cultura... y gente en la omertá. Si alguien quiere saber cómo eran las cosas hasta no hace mucho en Napoles y comarca, este es un libro que no dejara indiferente: es un viaje en el tiempo excelente. Todo esto Lewis lo reseña atónito: no le hace falta artificio literario alguno para dejarnos con la boca abierta.
    Finalmente, añado dos vídeos de la época: El primero, que dura 2 minutos, es la ciudad de Napoles bajo los efectos de la guerra y lo que Lewis encontró, y el segundo vídeo muestra unas imágenes espectaculares de 9 minutos sobre la erupción del Vesuvio (un reportaje que hicieron los americanos).



Napoles 1944, de Norman Lewis, RBA Libros 2012, 256 paginas