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martes, 2 de junio de 2020

CAZA DE BRUJAS. TIEMPO DE CANALLAS, de Lilian Hellman

Lillian Hellman, “una mujer inacabada” que defendió su ...
CAZA DE BRUJAS. TIEMPO DE CANALLAS,  de Lilian Hellman

"...En aquel momento el presidente del Comité dejó caer nuevas insinuaciones, y Taylor dio una vuelta de 180 grados en sólo dos oraciones:
J. Parnell Thomas: Señor Taylor, ¿está usted en favor de que la industria cinematográfica haga películas anticomunistas, mostrando los hechos del comunismo?

Taylor: Señor congresista, cuando llegue el momento —y acaso no esté muy lejos— de que este tipo de películas sea necesario, creo que el deber de la industria cinematográfica será hacer películas anticomunistas, y que las hará sin vacilación. Desconozco cuándo llegará exactamente el momento, pero estoy seguro de que se harán, y de que deben hacerse.

Un verdadero miembro de partido se encuentra presto siempre a denunciar su propio pasado a la menor provocación; pero Taylor estableció un nuevo record en su breve comparecencia ante el Comité. Éste, por su parte, logró reducir el país a un solo partido, y el norteamericanismo a su propia «línea» ideológica. El Comité había perfeccionado ya su técnica para apropiarse de posturas ideológicas: el arte de aniquilar al enemigo a base de imitarlo.

Por supuesto, el Comité aún criticaba a los comunistas cuando éstos exigían la conformidad ideológica y las conversiones súbitas."

lunes, 27 de abril de 2020

DIFERENCIA ENTRE IDEÓLOGOS Y RADICALES. TIEMPO DE CANALLAS, de Lillian Hellman

DIFERENCIA ENTRE IDEÓLOGOS Y RADICALES. TIEMPO DE CANALLAS, de Lillian Hellman

A Conversation With Lillian Hellman - Rolling Stone
    "Los liberales de la Guerra Fría eran ideólogos, y los ideólogos suelen encontrarse en unas mismas bases, aunque sólo sea para batallar sobre ellas. Los radicales del tipo de Hellman y Hammett ni siquiera logran encontrarse sobre este territorio común. La imagen popular del radical es la de un tipo irresponsable y enloquecido, «lanza bombas». Pero casi todos los radicales que yo he conocido han sido personas extraordinariamente correctas. Suelen oponerse a la degradación general sin ofrecer «soluciones» programadas, pero con un código personal que permite la vida del respeto propio en un orden social denigrante. No quieren verse implicados en la responsabilidad por los crímenes de la sociedad; lo cual quiere decir que deberán tomar una responsabilidad especial por sus propias actos.

Lillian Hellman y Dashiell Hammet: talento, literatura, militancia ...    La ideología es, por contraste, un escape de la responsabilidad personal. Whittaker Chambers, por ejemplo, quería que le dijeran lo que tenía que hacer: quería ser el esclavo de la historia. Los ideólogos quieren que otros certifiquen que ellos son respetables: los miembros del Comité, o los miembros del Partido, o los de la ADA. Quieren que el programa nacional les dicte sus odios. Mientras el radical piensa en las personas virtuosas, el ideólogo piensa en la ortodoxia. El radical odia a las personas crueles y dañinas, mientras que el ideólogo odia las ideas heréticas, por muy «simpáticos» que puedan ser quienes las defienden. El radical intenta regirse por un código de honor personal en un mundo podrido, como ejemplo los detectives privados de Hammett, que servían a la sociedad, a pesar de no respetarla, que reconocían a los hombres, y no se limitaban a perseguir al crimen, en abstracto, cazando implacablemente a sus víctimas. Hammett blandía ese instrumento que el hombre ha preferido siempre para herirse a sí mismo: la ironía. Y los ironistas suelen ser temibles cruzados. Lo peor que se le podía desear al mundo ratonero de los ideólogos comunistas de los Estados Unidos era haber tenido entre sus filas a una docena más de Hammetts.

    Lillian Hellman creció en el Sur, sitio de feroces ambivalencias morales, pero también de un individualismo intenso. A ella le sucede con la ideología lo que a Faulkner con el racismo: está demasiado envuelta en sus amores y aversiones personales para discernir el odio cuando lo encuentra en un programa. Los radicales suelen ser buenos para el odio, porque saben cómo concentrarlo. El odio ideológico es más frío, pero también más difuso: está hecho de largas listas y de largos recuerdos, de venganzas impersonales, de una paciente voracidad. El rostro helado de la ideología se encuentra tan distante del mundo moral de Lillian Hellman que es prácticamente invisible para ella."

viernes, 31 de enero de 2020

DE LA CARTA DE LILLIAN HELLMAN AL COMITÉ DE ACTIVIDADES ANTIAMERICANANTIAMERICANAS. TIEMPO DE CANALLAS, de Lillian Hellman

DE LA CARTA DE LILLIAN HELLMAN AL COMITÉ DE ACTIVIDADES ANTIAMERICANAS. TIEMPO DE CANALLAS,  de Lillian Hellman 

Resultado de imagen de LILLIAN HELLMAN AL COMITÉ DE ACTIVIDADES ANTIAMERICANA"...hacerle daño a gente inocente que conocí hace muchos años para salvarme yo misma es, en mi opinión, un acto inhumano, indecente y deshonroso. No he de recortar mi conciencia para estar a la moda de este año, a pesar de que hace ya tiempo decidí que mi personalidad no se adecuaba a la política, prefiriendo por ello no pertenecer a ningún grupo o partido."  

jueves, 23 de enero de 2020

TIEMPO DE CANALLAS, de Lillian Hellman

TIEMPO DE CANALLAS, de Lillian Hellman 

"La verdad lo convertía a uno en traidor, como a menudo sucede en tiempos de canallas."
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lunes, 18 de noviembre de 2019

LAS DELACIONES DE ELIA KAZAN. TIEMPO DE CANALLAS,de Lillian Hellman

LAS DELACIONES DE ELIA KAZAN. TIEMPO DE CANALLAS,de Lillian Hellman 

Resultado de imagen de TIEMPO DE CANALLAS,de Lillian Hellman    "....Algunas semanas después de mi cena con Odets, Elia Kazan, a quien todo el mundo llamaba Gadge, me informó que Spyros Skouras le había dicho que, a menos que se presentara ante el Comité como «testigo bien dispuesto», no volvería a hacer otra película en Hollywood. Antes de decirme algo tan sencillo, pasamos una media hora extraña en el bar del hotel Plaza. Me era imposible comprender lo que estaba tratando de decirme, entre tartamudeos e indirectas. Gadge no es un tipo ambiguo; con la excusa de que yo necesitaba hacer una llamada, telefoneé a Kermit Bloomgarden, productor teatral de mis obras y de La muerte de un viajante, dirigida por Kazan. (Kermit y Gadge se conocían desde jóvenes, pero yo nunca había conocido bien a Kazan). Le dije a Kermit por el teléfono que no entendía por qué Kazan me había invitado a unos tragos con él, y que si tenía alguna idea de qué estaba tratando de decirme.

    —Te está diciendo que ha decidido colaborar con el Comité. Lo sé porque me lo confesó esta mañana.

    Cuando regresé de hacer mi llamada, hablamos unos minutos más y me inventé la excusa de un compromiso ineludible. Estaba lloviendo y tuvimos que esperar frente a la puerta del hotel, mientras llegaba un taxi. Yo no quería hablar más con él, y aguardamos allí en silencio un buen rato, hasta que Kazan dijo súbitamente.

    —Para ti es fácil hacer lo que te dé la gana, porque de seguro ya te habrás gastado toda la plata que ganaste.

    Esto me desconcertó durante semanas, hasta que entendí por fin lo que había querido decirme; era lo mismo que mi abuela rica solía repetirle a sus amistades de clase media baja y a sus parientes venidos a menos; lo mismo que en una ocasión le oí decir a su chofer, Fritz, a quien ella había bautizado Hal: «Los pobres tienen menos preocupaciones que los ricos. El dinero no agobia a quienes no lo tienen»."