Ver Viajes del Mundo en un mapa más grande
Mostrando entradas con la etiqueta Un pie en el paraiso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Un pie en el paraiso. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de febrero de 2019

UN PIÉ EN EL PARAÍSO, de Ron Rash

UN PIÉ EN EL PARAÍSO, de Ron Rash

    "Ahora era un viejo con problemas cardiacos y una granja que algún día se desvanecería como si hubiera sido un sueño; un hombre cuyo hijo mayor se había convertido para él en poco más que un extraño. Miré a través del parabrisas su cara flaca y arrugada como quien observa un objeto que flota en el río a punto de desaparecer en la corriente, pues de repente me di cuenta de que esa podía ser la última vez que lo viese con vida."

martes, 6 de noviembre de 2018

EL GRANJERO QUE SE FUE A LA CIUDAD. UN PIÉ EN EL PARAÍSO, de Ron Rash

EL GRANJERO QUE SE FUE A LA CIUDAD. UN PIÉ EN EL PARAÍSO, de Ron Rash

    "Billy pensaría que había llegado su oportunidad cuando la compañía eléctrica le comprara su propiedad por unos cuantos dólares más la hectárea de lo que él había pagado por ella —al menos hasta que supiera cuánto costaba una granja como la suya en otra parte del condado—. Quizá utilizaría el dinero para trasladarse a Séneca o a Anderson y comprarse una casa con aseo y electricidad, con lo que pensaría que había encontrado el paraíso. Trabajaría en una algodonera o en el aserradero y recibiría un cheque al final de cada semana y no tendría que volver a preocuparse nunca más por la sequía y el granizo, ni por que alguna peste atacara su plantación de tabaco. Se enfrentaría a otros cambios menos agradables, cosas que le harían extrañar los tiempos en que empujaba detrás del caballo y el arado. Tendría que pedir permiso para beber agua o para ir a mear. El trabajo sería el mismo día tras día, semana tras semana, y en la fábrica el calor y la humedad te asfixiarían como si la canícula durara todo el año. Respiraría sumido en una eterna nube de polvo que sus pulmones tratarían de expulsar por las noches durante interminables ataques de tos. Su trabajo no le aportaría la menor satisfacción, pero tendría una mujer y un hijo esperándoles en casa cuando el silbato de la fábrica señalara el final de la jornada y pudiera escaparse. Algunos hombres envidiarían al menos ese aspecto de su vida."