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jueves, 7 de noviembre de 2019

VIDA INTIMA DE LA SOCIEDAD COMUNISTA EN CHECOSLOVAQUIA. HAVEL, de Michael Zantovsky

VIDA INTIMA DE LA SOCIEDAD COMUNISTA EN CHECOSLOVAQUIA. HAVEL, de Michael Zantovsky

Resultado de imagen de CHECOSLOVAQUIA    "De hecho, la amplitud de la opresión era inmensa, aunque su intensidad no fuera, en la mayoría de los casos directamente mortífera. Docenas de personas fueron encarceladas. Decenas de miles de checoslovacos abandonaron el país para empezar una nueva vida en otro lugar, a menudo para no regresar jamás. Más de 300.000 personas fueron expulsadas del partido comunista, no ya por haber apoyado las reformas liberales, sino por ser reacias abjurar de su herejia y a realizar humillantes actos públicos de arrepentimiento.

    La estrategia de normalizacion, pues este era el eufemismo oficial por el que se justificaba incesantemente en unos medios sometidos a una renovada censura, logro hacer que la vida en el país pareciera 'normal'. La gente iba a trabajar y veía la televisión por la tarde, seguían haciendo bebés, y los trenes llegaban más o menos a su hora. 
    Sin embargo, por debajo de la superficie toda la vida pública y social se detuvo en seco. En los medios, el fermento de 2 años atrás fue sustituido por una interminable, repetitiva y soporifera sarta de sandeces. Se disolvieron todas las organizaciones y asociaciones independientes, se repudiaba cualquier tipo de pensamiento autónomo. Los libros de texto eran purgados de cualquier contenido remotamente inconsistente con la línea oficial, o que oliera a creatividad y originalidad individual, que ahora se incluían en la lista de pecados mortales. Se arrasaron muchos barrios antiguos y hermosos, y el centro de muchos pueblos, a fin de poder hacer sitio para enormes bloques de viviendas donde se podía alojar y supervisar eficazmente a un gran número de personas, que así se veían obligadas a vigilarse mutuamente. Los viajes al extranjero se redujeron al mínimo, y solo se concedían a unos pocos elegidos; era necesario un permiso especial de salida incluso para viajar a la Yugoslavia socialista.

Resultado de imagen de CHECOSLOVAQUIA    Era comprensible que la gente intentara compensar en su vida privada el vacío y la desolación. El florecimiento de la industria de las casas de campo en sentido literal, la necesidad de disponer de un lugar en el campo donde la gente pudiera refugiarse en privado con la familia y sus amigos, y dedicar los fines de semana a un agotador pero para variar fructífero trabajo manual a fin de hacer habitables y embellecer aquellas viviendas, no era más que uno de los síntomas. Otro síntoma eran los bares a rebosar, donde la gente podía pasarse las tardes emborrachándose con cerveza barata pero excelente, o con vino barato pero espantoso. Otro indicio eran las costumbres sexuales más bien relajadas. Las distintas combinaciones de esos tres factores daban lugar a una interminable sucesión de fiestas y otro tipo de reuniones cuyo objetivo era matar el tiempo de la forma más absurda y placentera. Había numerosos establecimientos muy conocidos, y refugios abiertos hasta la madrugada, lugares como el Junior Club, no lejos de la casa de Havel, donde uno siempre podía encontrar a un compañero de borrachera o ligar con alguna chica. Había un salón, que Havel frecuentaba de vez en cuando, en casa del escritor Jiri Mucha, hijo de Alphonse, dónde hacía de anfitriona su amante, Marta Kadlecikova, y sobre el que circulaban turbias historias de orgías sexuales e intrigas politicas, algunas de las cuales eran verdaderas. Había una Sociedad, cuya misión era escribir su propia crónica en italiano, aunque ninguno de sus miembros sabía italiano, así como proporcionar transporte a las amigas de la misma, colectivamente denominadas cuerpo auxiliar intercambiable de mujeres, hasta las residencias campestres de sus miembros para su alojamiento durante los fines de semana. Había un Club de Vuelo Aerostático, donde unos pocos efectivamente echaban a volar sus globos, pero muchos eran más, entre ellos Havel, asistían a su baile anual. La más antigua, famosa y sofisticada de aquellas asociaciones era un club de artistas, cineastas y atletas amado La paleta de la patria. Entre sus muchas actividades, que incluyan un baile de gala anual donde abundaban las corbatas blancas y los trajes largos, y un equipo de hockey sobre hielo, estaba el Rally de Monte Patria anual, que en 1971 contó entre sus pilotos con un caballero de aspecto mexicano a bordo de un gran Mercedes, y que no era otro que Vaclav Havel.
(...)
    No obstante, para la mayoría de la gente, este tipo de consuelo era temporal en el mejor de los casos, y a fin de cuentas no podía mitigar lo desesperado de la situación ni la ausencia de cualquier perspectiva de mejora. Las cosas iban a ser siempre así, recuerdo que pensaba yo para mis adentros, yendo de una fiesta a otra, emborrachándome con la misma gente y acostándome con perfectas desconocidas, y despertándome por la mañana con una sensación que iba desde la suave indiferencia, pasando por una vaga nausea, hasta la desesperación total."

jueves, 21 de febrero de 2019

TENER ESPERANZAS. HAVEL, de Michael Zantovsky

    "...comprendí, con una nueva sensación de urgencia, que la única verdadera fuente de las ganas de vivir es la esperanza, la esperanza como certeza interior de que las cosas que pueden incluso parecernos puramente disparatadas pueden tener su propio significado profundo, y nuestra mision es buscarlo. Y comprendí, acaso mejor que antes, por qué la vida humana deja de ser una vida que vale la pena vivirse cuando falta el amor de las personas más próximas"

martes, 12 de febrero de 2019

OTROS VALORES POLITICOS. HAVEL, de Michael Zantovsky

OTROS VALORES POLITICOS. HAVEL, de Michael Zantovsky

    "...todo ese complejo estático de los partidos políticos de masas, esclerotizados, llenos de verborrea y cuya finalidad política acaba en ellos mismos, que dominan con su aparato de profesionales y que vacían a los ciudadanos de cualquier responsabilidad concreta y personal..., difícilmente puede ser considerado como la vía futura que llevara al individuo a reencontrarse a si mismo", tal ves se nos antoja más cierto hoy que hace 35 años. Puede que su llamamiento a su "rehabilitación de valores como la confianza, las sinceridad, la responsabilidad, la solidaridad y el amor" como motores principales de la acción política suene un tanto ingenuo, por muy deseable que sea en esta época de desconfianza, inseguridad, irresponsabilidad, hostilidad y frustacion. Su argumento, con mucho sentido común, de que "la autoridad de los dirigentes debiera brotar de su personalidad", tras haber sido sometida a prueba en su entorno en particular "y no de su posición en la escala jerárquica" difícilmente puede traducirse en una reivindicación de unos "lideres carismáticos y poderosos"

miércoles, 5 de diciembre de 2018

UN HUMANISTA EN LA POLÍTICA. HAVEL, de Michael Zantovsky

UN HUMANISTA EN LA POLÍTICA. HAVEL, de Michael Zantovsky

    "... indudablemente Havel empatizaba con la enorme liberación de energía juvenil que represento el año 1968, puede que admirara el 'carácter intrínseco -fuerte, pero en ningún caso fanático-, de las manifestaciones contra la guerra, y regreso de Occidente con una permanente fascinación por el rock and roll y los músicos de rock. Sin embargo, no hay pruebas de que defendiera, ni entonces ni después, el acceso a la libertad a través de la violencia, de las visiones alucinatorias o del sexo libre, que llevaron a todo tipo de extremismos a tantos jóvenes estadounidenses y europeos. Apoyaba  su derecho a manifestarse y a protestar, de la misma forma que le desagradaba su violencia sin sentido, su destrucción gratuita y sus cerebros embotados. También lo asombraba que la gente pudiera soñar con introducir voluntariamente el mismo tipo de sistema doctrinario y tiránico que él y sus compatriotas se afanaban por desmantelar justo en aquellos momentos.

    De hecho Havel era un candidato a revolucionario que dejaba mucho que desear, lo que puede que tuviera cierta influencia en el carácter aterciopelado de la única revolución en la que llego a involucrarse directa y memorablemente. Lo único que tenía en común con los revolucionarios era el impulso interior que le confiere a un hombre la energía para hacer cosas extraordinarias. Sin embargo, al mismo tiempo su fuerte sentido del orden y la armonía era totalmente incompatible con la tendencia revolucionaria a desbaratarlo todo, su elevado umbral de tolerancia hacía de él un recluta poco idóneo para formar parte de una falange sedienta de sangre, y sus extraordinaria amabilidad y cortesía lo descalificaban a la hora de mostrar a sus enemigos el rostro vengativo de la revolución. Soy demasiado educado para ser un buen disidente, admitía unos años después. Su sentido de la introspección y de la reflexión sobre la vida, también muy acusado, hacía que siempre dudara de sí mismo y de sus propios móviles, y lo mantenía a salvo de adquirir la dureza requerida para llevar a cabo una revolución violenta. Por debajo de todo, había una carencia aún más profunda para un revolucionario. Havel no tenía, ni jamás desarrollo siquiera, un concepto del Enemigo. A lo largo de las décadas de su crítica contra el régimen comunista, Havel siempre se esforzó por plantearla en forma de diálogo, en el que se tomaba muchas molestias para intentar comprender, en vez de demonizar, los móviles de sus interlocutores y, a ser posible, siempre intentaba concederles el beneficio de la duda. Más tarde ese enfoque llego a ser un tanto polémico, cuando tuvo que vérselas primero en calidad de líder de la Revolución de Terciopelo y después como presidente de su país, con la naturaleza asimétrica de las relaciones políticas. El hecho de que él no reconociera enemigos no significaba que él y la revolución no los tuvieran. Su postura dio lugar a que lo acusaran de ser muy blando con los exponentes del régimen anterior, o incluso de que podría existir alguna connivencia secreta con ellos. Por otra parte, su falta de ardor por la justicia revolucionaria indudablemente contribuyó a que los checos y los eslovacos evitarán el derramamiento de sangre, las humillaciones públicas y los demenciales juicios populares, como el que condenó al matrimonio Ceausescu a morir ante un pelotón de fusilamiento en Rumanía"