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domingo, 25 de enero de 2026

LOS VENCIDOS, de Manuel Ciges Aparicio

 LOS VENCIDOS, de Manuel Ciges Aparicio

Este libro, que es parte de una obra mas extensa, viene a ser una de las primeras denuncias sociales que se han escrito para el publico en España. Ciges fue un periodista que fue a ver, para contarlo despues, algo que mucha gente sabia: que eramos una colonia de la gran potencia del momento, Gran Bretaña. Y que hacia de los españoles lo que queria, y eso causaba un daño en la reputacion deEspaña. Por mucho que la derecha sacara pecho de la historia de España, habia un monton de gente, tan española como la que mas, tratada como no se debe tratar a una persona de Andalucia, de Bilbao o del Congo.  Esa derecha se llenaba los bolsillos, mientras un conjunto de españoles pobres no salia de la miseria en las minas de Rio Tinto. Muy al contrario, se dejaban la vida, literalmente, por la falta de escrúpulos de los ingleses y de la clase dirigente española. Como dice Ciges, es la obra de la codicia. Para verlo, él tuvo que infiltrarse, literalmente, entre los trabajadores porque si lo pillaban los agentes de seguridad lo ponian en Huelva capital en dos minutos. Asi es como, ya desde el tren, pudo obtener informacion de gente enferma, de gente amputada, de gente accidentada: como habia ocurrido y como les habia ido despues. La empresa no les compensa, la empresa impide que salga informacion de todo esto desde dentro de la mina. Impide que se hagan otros negocios en el territorio que no sean los suyos, como construir casas para la gente o venderles productos que necesiten. Un estado feudal en el que el gobierno e instituciones forman parte interesada por las mordidas. Una situación en la que cualquier posible lider sindical es expulsado.

Ciges recuerda también la manifestación contra este estado de cosas en 1888. Fue reprimida a tiros. Si alguna vez visitas las minas, se hace de forma guiada, y merece mucho la pena saber cómo vivían los mineros intoxicados por el humo de las teleras.

La segunda parte se refiere a las minas de mercurio en Almaden, Ciudad Real. Actualmente se visitan con un guia que fue de los últimos en trabajar allí. Merece la pena. También se visita un museo que anteriormente fue hospital, el que refiere Ciges en sus artículos. De titularidad estatal, sin embargo, la mina dependía de otra empresa extranjera para su comercialización (Rothschild). Aquí también acababan mal las vidas de los mineros desde muy jóvenes. Además, las galerías de las minas llegaron por debajo del pueblo de la gente y los edificios se fueron derrumbando. Efecto del libre mercado, de la libertad de empresa, del capitalismo sin escrúpulos que dejó a los mineros sin casas, sin familia y sin vida. La industrialización de España por las malas. De nuevo una situación feudal en la que no se consienten periodistas como Ciges, ni curiosos, ni líderes sindicales, ni otros negocios para cubrir las necesidades de la gente. Otra vez, Ciges se infiltra sin dar a conocer su profesión.

Aqui el levantamiento fue en 1874, y la represión fue brutal. Ya no hubo una palabra más alta que otra.

Una de las cosas por las que se recuerdan estos reportajes es el final. Tambien fue motivo para su censura. En el se anima a los trabajadores a ser reactivos contra la crueldad y la humillación. Los Vencidos (1910) forma, con otra obra previa titulada Los Vencedores (1908), un díptico titulado Las luchas de nuestro tiempo. Ciges era un tipo que no se mordía la lengua, republicano convencido y de pocas componendas. Es algo parecido a Vicente Blasco Ibáñez en su preocupación por los conflictos sociales. El alzamiento del 36 le pilló como gobernador de Avila y por eso, y la fama de sus libros, lo fusilaron los nacionales. Tres de sus hijos serían obligados a alistarse en la División Azul, de los cuales uno es el que se convirtió en actor, Luis Ciges.

El libro esta escrito en cortos capítulos muy ágiles e ilustrativos de la miseria moral en la que vivían las autoridades, y la miseria humana que condicionaba la vida de los mineros como esclavos del siglo XX. Mucha descripcion de lo que ve y mucho dialogo con los mineros y algunos otros del lugar

miércoles, 10 de febrero de 2021

EL GERMEN DE LA II GUERRA MUNDIAL LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

EL GERMEN DE LA II GUERRA MUNDIAL  LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth



"...A diferencia de la Primera Guerra Mundial, que se libró con el propósito de obligar al enemigo a aceptar determinadas condiciones de paz (por duras que fueran), la violencia posterior a 1917-1918 fue infinitamente más incontrolable. Se trataba de conflictos existenciales que se libraban para aniquilar al enemigo, ya fuera étnico o de clase —una lógica genocida que posteriormente acabaría prevaleciendo en gran parte de Europa entre 1939 y 1945.

Además, en los conflictos que estallaron después de 1917-1918, cabe destacar que se produjeron al cabo de un siglo en que los estados europeos habían logrado, en mayor o menor medida, reafirmar su monopolio de la violencia legítima, donde los ejércitos nacionales habían pasado a ser la norma, y donde la distinción, de una importancia crucial, entre combatientes y no combatientes había sido codificada (aunque en la práctica ese código se infringiera frecuentemente). Los conflictos de la posguerra invirtieron esa tendencia. En ausencia de unos estados con plenas funciones en los antiguos territorios imperiales de Europa, las milicias de distintas convicciones políticas asumieron por su propia cuenta el papel de Ejército nacional, mientras que la línea divisoria entre amigos y enemigos, entre combatientes y civiles, pasó a ser aterradoramente difusa."

miércoles, 5 de febrero de 2020

EL ORDEN MUNDIAL TRAS LA GRAN GUERRA. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

EL ORDEN MUNDIAL TRAS LA GRAN GUERRA. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth 

Imagen relacionada    "...la transformación de todo un continente previamente dominado por imperios terrestres en un continente formado por «estados nacionales». Esa cuestión tan sólo pasó a ocupar un papel primordial para la Gran Guerra en las fases finales del conflicto. Ni Londres ni París habían ido a la guerra en 1914 con el propósito de crear una «Europa de naciones», y la destrucción de los imperios continentales tan sólo se convirtió en un objetivo explícito de la guerra a partir de los primeros meses de 1918.
    Vale la pena recordar la magnitud de aquella transformación: cuando la Primera Guerra Mundial concluyó oficialmente con una victoria de los Aliados, tres imperios continentales dinásticos gigantescos, y con siglos de antigüedad —los imperios otomano, austrohúngaro y ruso— desaparecieron del mapa. Un cuarto, la Alemania imperial, que se había convertido en uno de los grandes imperios continentales durante la Gran Guerra al conquistar enormes territorios en Europa Central y Oriental, se vio considerablemente reducido, despojado de sus colonias de ultramar y transformado en una democracia parlamentaria, y con lo que muchos alemanes de todo el espectro político denominaban una «frontera sangrante» al este. Y tampoco es que los imperios vencedores de Europa Occidental no se vieran afectados por el cataclismo de la guerra: Irlanda había vivido una fallida sublevación nacionalista en 1916, pero al final logró la independencia en 1922 tras una sangrienta guerra de guerrillas contra las fuerzas británicas. En otros lugares del mundo, desde la India hasta Egipto, los incipientes movimientos nacionalistas tuvieron como fuente de inspiración el discurso público sobre el «desarrollo autónomo» y la «autodeterminación nacional» planteado (con intenciones muy diferentes) tanto por Woodrow Wilson como por Lenin, el líder de los bolcheviques rusos. Los portavoces de los pueblos que aspiraban al reconocimiento de su derecho a tener su propio Estado, entre ellos los sionistas, los armenios y los árabes, viajaron a París para promover sus reivindicaciones de «autodeterminación». Otros nuevos actores, como el primer Congreso Panafricano, exigían lo mismo, mientras que un vietnamita, segundo chef de cocina del hotel Ritz de París, Nguyeễn Sinh Cung (más conocido por su futuro nombre de guerra, Hô Chi Minh), le escribía una carta a Woodrow Wilson para exigir la independencia de su país.

Imagen relacionada    En última instancia, aquellos pequeños movimientos no europeos de descolonización iban a llevarse una decepción ante los resultados de la Conferencia de Paz de París, dado que únicamente se concedió la «autodeterminación nacional» a algunos de los estados europeos sucesores que gozaban del favor de los Aliados, pero se le negó a todos los demás. La decepción muy pronto se transformó en activismo violento: en Egipto, en la India, en Irak, en Afganistán y en Birmania, Gran Bretaña reaccionó al descontento imperial con una fuerza considerable, mientras que, a lo largo de las décadas siguientes, Francia tuvo que luchar contra la resistencia a sus ambiciones imperiales en Argelia, Siria, Indochina y Marruecos. Pero fue en Europa Centro-oriental y en los antiguos territorios del derrotado Imperio otomano donde los efectos de una guerra perdida y la implosión de las estructuras imperiales se dejaron sentir con mayor intensidad, y de una forma muy inmediata. Tras la desintegración de los imperios continentales, de sus ruinas surgieron diez nuevos estados: Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Checoslovaquia, Austria alemana, Hungría, Yugoslavia y Turquía, ya firmemente asentada en Asia. Mientras tanto, en el Levante árabe, que durante siglos había sido gobernado por los otomanos, Gran Bretaña y Francia se inventaban nuevos «estados»: Palestina, Transjordania (Jordania), Siria, Líbano y Mesopotamia (Irak) iban a convertirse en «protectorados» por mandato de la Sociedad de Naciones, administrados por Londres y París"

lunes, 27 de enero de 2020

ESMIRNA 1922.: LOS GRIEGOS ABANDONAN A SU GENTE PARA QUE MUERA. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

ESMIRNA 1922: LOS GRIEGOS ABANDONAN A SU GENTE PARA QUE MUERA. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth 

Resultado de imagen de ESMIRNA 1922    "Se organizaron planes de evacuación improvisados a toda prisa, en un momento en que miles de soldados griegos corrían hacia la costa para llegar a los buques que pudieran ponerlos a salvo. Su evacuación puso fin a una campaña militar que le había costado a Grecia más vidas que la suma de bajas de todas sus guerras entre 1897 y 1918. Las bajas sufridas por el Ejército griego durante la campaña de Asia Menor ascendieron a 23 000 muertos y 50 000 heridos, además de los 18 000 soldados que fueron apresados como prisioneros de guerra. Fue la peor derrota militar de la historia moderna de Grecia.

    Mientras que los soldados fueron evacuados, no se hizo lo mismo con los civiles cristianos de Anatolia. Tras la estela del Ejército en retirada empezaron a llegar a Esmirna decenas de miles de refugiados procedentes de los pueblos de toda Anatolia Occidental. A principios de septiembre la ciudad ya se asemejaba a un enorme campo de refugiados, con miles de ciudadanos de etnia griega acampados por las calles y en los parques. Sus esperanzas de protección contra la venganza de los turcos se centraban en la presencia de los buques y las tropas de los países Aliados estacionados frente a la costa de la ciudad. Lo que no sabían era que los Aliados no tenían la mínima intención de intervenir militarmente en el conflicto greco-turco.


    Además, las autoridades griegas eran reacias a facilitar un éxodo masivo de civiles cristianos de Anatolia Occidental. Si bien Aristeidis Stergiadis, el alto comisionado en Esmirna, en un edicto confidencial del 1 de septiembre, pedía a todos los funcionarios griegos de su administración que hicieran las maletas y se prepararan para una evacuación, al mismo tiempo tranquilizaba públicamente a los cristianos de Esmirna diciéndoles que no tenían nada que temer. Una de las razones para no querer evacuar por lo menos a parte de la población civil de Esmirna era el temor a que una llegada en masa a Atenas de refugiados empobrecidos y politizados pudiera desencadenar una revolución. Como comentaba Stergiadis pocos días antes de que el Ejército turco tomara Esmirna: «Lo mejor es que se queden aquí y sean masacrados por Kemal y que no vayan a Atenas a ponerlo todo patas arriba». El propio Stergiadis abandonó Esmirna a bordo de un buque británico la madrugada del 8 de septiembre. Los griegos habían abandonado Esmirna, dejando a sus habitantes y a los refugiados cristianos con la sola esperanza de que las tropas regulares y las fuerzas irregulares turcas que se disponían a tomar la ciudad se apiadaran de ellos. Como hemos visto en la introducción de este libro, muy pronto esas esperanzas demostraron ser totalmente infundadas.
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    Mientras Esmirna se sumía en el caos, con una cifra de muertos estimada que oscila entre los 12000 y los 30000 cristianos asesinados, las tropas griegas evacuadas hasta las islas de Lesbos y Quíos se amotinaron en protesta contra el Gobierno de Atenas, al que consideraban el responsable de su derrota...."

viernes, 24 de enero de 2020

EL ORIGEN DE LAS GUERRAS EN LA ANTIGUA YUGOSLAVIA. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

EL ORIGEN DE LAS GUERRAS EN LA ANTIGUA YUGOSLAVIA. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth 


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    "...En muchos aspectos, Trumbić era la antítesis de todo lo que representaba Pašić. Era dieciocho años más joven, y procedía de la cosmopolita ciudad croata de Split, a orillas del Adriático. Trumbić había estudiado Derecho en Zagreb, para después cursar estudios de posgrado en Viena. A los treinta y tres años ingresó en la Cámara Baja del Parlamento austrohúngaro. Aunque en los últimos años de la guerra acabó apoyando la idea de un Estado federal de los eslavos del sur, consideraba a los serbios un pueblo culturalmente inferior, en parte debido a su largo sometimiento al dominio otomano. «Espero que no vayan ustedes a comparar —fue el célebre comentario que hizo durante una entrevista con los medios de comunicación franceses— a los croatas, los eslovenos y los dálmatas, a los que siglos de comunión artística, moral e intelectual con Austria, Italia y Hungría han convertido en puros occidentales, con esos serbios a medio civilizar, los híbridos balcánicos de los eslavos y los turcos.»

    La Gran Guerra y la estimulante perspectiva de un Estado de los eslavos del sur fuera de las estructuras imperiales aunaron a Pašić y a Trumbić. Tras el inicio de las hostilidades, Trumbić huyó a Italia, y después a París y a Londres. Él y Pašić colaboraron estrechamente en el Comité Nacional Yugoslavo que se fundó en París en abril de 1915. En julio de 1917 los dos políticos se pusieron de acuerdo en la Declaración de Corfú, que contemplaba Serbia, Croacia y Eslovenia como un Estado unido en la posguerra —una monarquía parlamentaria con un rey de la casa de Karadjordjević que reinaba en Serbia. El nuevo Estado debía garantizar los mismos derechos a todas las confesiones religiosas. Lo que Trumbić y Pašić no llegaron a acordar fue la espinosa cuestión de si la futura Yugoslavia iba a ser un Estado federal, con una autonomía local de gran alcance para los pueblos que la constituían, o un Estado unitario centralizado. Mientras que Trumbić creía que había suscrito un modelo federal, Pašić claramente aspiraba a un Estado unitario, que era lo que más convenía a los intereses de Serbia. Esta cuestión iba a surgir de nuevo inmediatamente después del final de la guerra.

    Además, otras regiones del Estado de los eslavos del sur parecían descontentas con la situación después de 1918. En Montenegro estalló una guerra civil entre los «verdes», que se negaban a ser absorbidos por un Estado de la gran Serbia, y a ver depuesta a su propia familia real, y los «blancos», que preferían una unificación incondicional con Serbia. Italia, decidida a socavar el nuevo Estado de los eslavos del sur siempre que podía, facilitó el descontento y contribuyó a organizar la resistencia armada. Aproximadamente trescientos partidarios del rey Nicolás de Montenegro viajaron en buques italianos hasta el puerto montenegrino de Bar. Allí reunieron a 3000 insurgentes y se dispusieron a atacar Cetinje, la capital montenegrina, pero fueron repelidos por sus oponentes «blancos», que les obligaron a retirarse a Italia.

    En última instancia, el Estado de los eslavos del sur demostraría su incapacidad para salvar el abismo que existía entre las distintas visiones implicadas en el proyecto yugoslavo.

    Aunque tal vez se haya exagerado la inevitabilidad de la incapacidad de Yugoslavia de sobrevivir como Estado nacional, la incapacidad de los políticos de llegar a algún tipo de compromiso sobre la centralización del poder del Estado abocó al fracaso al Estado de los eslavos del sur del periodo de entreguerras, lo que explica muchas cosas sobre los reiterados estallidos de violencia interétnica en la región."

miércoles, 30 de octubre de 2019

UN PROGROMO TIPICO. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

UN PROGROMO TIPICO. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth 

Imagen relacionada    "...Un caso típico de la violencia antisemita en Hungría fue el que denunció Ignaz Bing a la policía de la localidad de Bőhőnye en 1919: «Durante la noche anterior al 1 de octubre, un grupo de sesenta guardias blancos llegó a nuestra comunidad y ordenó que todos los varones judíos debían presentarse de inmediato en la plaza del mercado. Los judíos del pueblo, diecisiete en total, que eran totalmente inocentes de realizar actividades comunistas, obedecieron la orden». Una vez reunidos, «fueron apaleados y torturados y —sin ningún tipo de interrogatorio— [los soldados] empezaron a ahorcarlos». Ese acto de extrema violencia tenía como doble cometido eliminar la «fuente del bolchevismo» y demostrar públicamente lo que podía ocurrirle a cualquier enemigo que cayera en manos de la Guardia Blanca." 

viernes, 25 de octubre de 2019

LA HISTORIA DEL BUEN SOLDADO SVEJK. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

LA HISTORIA DEL BUEN SOLDADO SVEJK. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth 

    "La historia mil veces repetida de que los checos en particular apoyaban a regañadientes el esfuerzo bélico imperial —una idea reflejada en la novela de Jaroslav Hašek El buen soldado Švejk (1921-1923), un éxito de ventas en todo el mundo— es sobre todo una invención de la posguerra, un mito adoptado tanto por los nacionalistas checos, a fin de hacer hincapié en su inveterado odio a la «opresión» austrohúngara, como por los nacionalistas austriacos para explicar la derrota del Ejército imperial."

miércoles, 16 de octubre de 2019

COMO EVITO ALEMANIA UNA REVOLUCIÓN EN 1919. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

COMO EVITO ALEMANIA UNA REVOLUCIÓN EN 1919. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

Resultado de imagen de robert gerwarth los vencidos    "...Ebert y otros destacados socialdemócratas estaban más preocupados por afrontar los problemas más apremiantes del momento: preparar un tratado de paz que pusiera oficialmente fin a la guerra, garantizar un suministro de alimentos adecuado para una población hambrienta, y la desmovilización de varios millones de soldados.Cada uno de esos problemas suponía un enorme desafío para un gobierno sin experiencia. Alemania acababa de perder una guerra de una magnitud y una destructividad sin precedentes —una guerra en la que habían prestado servicio más de trece millones de alemanes (casi el 20 % de la población de 1914), y con dos millones de muertos—. Por añadidura, aproximadamente 2,7 millones de soldados alemanes habían sufrido daños físicos o psicológicos durante la guerra. A diferencia de lo que ocurría en los estados vencedores de la Gran Guerra, el dilema de cómo justificar el sacrificio de un hijo, de un hermano o de un padre después de perder una guerra preocupó (y dividió) al público alemán durante años, igual que a las poblaciones de todos los demás países europeos que fueron derrotados en otoño de 1918.

    Con ese dilema como telón de fondo, el 10 de diciembre de 1918, en la Puerta de Brandeburgo de Berlín, Ebert recibió a las tropas que regresaban del frente con las famosas palabras: «Ningún enemigo os ha vencido». Las palabras de Ebert no eran fruto de ningún delirio, sino más bien surgían del deseo de conseguir el apoyo del Ejército al nuevo régimen ante la posibilidad de una actitud hostil de la oposición de derechas o de los partidarios de una revolución más radical en Alemania. Por esa misma razón, Ebert había llegado a un acuerdo pragmático con el sucesor de Ludendorff en el Alto Mando del Ejército, el general Wilhelm Groener, un acuerdo que a menudo ha sido criticado por quienes lo consideran un pacto faustiano con el antiguo Ejército imperial. El 10 de noviembre, Groener le había garantizado a Ebert la lealtad de las Fuerzas Armadas. A cambio, Ebert prometió que el Gobierno iba a adoptar medidas inmediatas contra cualquier posible sublevación de izquierdas, que iba a convocar elecciones a una Asamblea Nacional, y que el cuerpo de oficiales de carrera iba a seguir ejerciendo el control de la cadena de mando militar.

    Así pues, el cambio negociado, y no la agitación violenta, fue el sello distintivo de la fase inicial de la revolución alemana de noviembre de 1918. Eso era válido tanto para el mundo de la política como para el escenario social: el 15 de noviembre, los líderes empresariales y los sindicatos llegaron a un acuerdo sobre el arbitraje de salarios, la implantación de la jornada laboral de ocho horas, y la representación de los trabajadores en las empresas con más de cincuenta empleados. Aquel pacto, conocido como el acuerdo Stinnes-Legien por sus dos principales firmantes —el destacado industrial Hugo Stinnes y el presidente de los Sindicatos Libres, Carl Legien— excluía de antemano una potencial nacionalización desde abajo o la redistribución radical de la propiedad, algo que no interesaba ni a los patronos ni a los Sindicatos Libres, dominados por el SPD.


    Sin embargo, la cuestión del futuro político de Alemania a largo plazo iba a ser decidida por una Asamblea Nacional constituyente elegida democráticamente —o por lo menos eso era lo que pretendían Ebert, el MSPD y algunos sectores del USPD—. Por esa razón, las elecciones a la Asamblea Constituyente se llevaron a cabo lo más rápidamente posible. Cuando se celebraron las elecciones, el 19 de enero de 1919, el electorado votó, por una abrumadora mayoría del 76 %, a los tres partidos que habían defendido firmemente una renovación democrática para Alemania: el MSPD, el progresista Partido Demócrata Alemán (DDP) y el Partido Católico de Centro."

lunes, 30 de septiembre de 2019

EL TRABAJO HUMANITARIO DEL EXPLORADOR NANSEN. LOS VENCIDOS, de Robert.Gerwarth

EL TRABAJO HUMANITARIO DEL EXPLORADOR NANSEN. LOS VENCIDOS, de Robert.Gerwarth

    "Dado que muchos de aquellos campos de refugiados muy pronto se vieron desbordados, los Aliados no tuvieron más remedio que internar a los famélicos refugiados rusos a bordo de barcos fondeados en el mar de Mármara. «El buque Wladimir, pensado para transportar a seiscientos pasajeros, actualmente tiene ¡a más de 7000 personas a bordo! —informaba desde Constantinopla un miembro de Cruz Roja Internacional—. La mayoría vive al raso en cubierta, otros en la bodega, donde se están asfixiando.»
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    Como reconocimiento a la magnitud de aquella tragedia humana, la Sociedad de Naciones acabó creando una Alta Comisión para los Refugiados en 1921, con el legendario explorador noruego Fridtjof Nansen como primer director. Nansen se había hecho merecedor del puesto no tanto debido a sus expediciones polares de mediados de la década de 1890, muy divulgadas por la prensa, sino a su experiencia en la repatriación de prisioneros de guerra a partir de 1918. Sin embargo, su logro de mayor relevancia histórica fue un documento de validez legal creado en 1922 como respuesta a la crisis de los refugiados rusos: el Pasaporte Nansen, que hacía posible que las personas apátridas circularan y se instalaran en el extranjero bajo el patrocinio de la Sociedad de Naciones y de la Alta Comisión para los Refugiados."

miércoles, 25 de septiembre de 2019

D'ANNUNZIO Y LA MARCHA SOBRE FIUME. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA D'ANNUNZIO Y LA MARCHA SOBRE FIUME. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth 

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    "...Después de la guerra, D’Annunzio, como muchos otros veteranos, esperaba que Italia fuera recompensada por sus sacrificios. Pero a raíz del llamamiento público de Woodrow Wilson a los italianos para que suavizaran sus exigencias territoriales en abril de 1919, en el Ejército se difundió el rumor de que el Gobierno de Roma estaba a punto de ceder a la presión estadounidense. Aquella sospecha se vio ulteriormente reafirmada cuando, el 23 de junio de 1919, el economista Francesco Saverio Nitti, líder del ala radical del Partido Liberal, sustituyó a Orlando como primer ministro tras la destitución de éste. El nombramiento de Nitti fue especialmente bien acogido por las demás delegaciones de las grandes potencias en París, que le consideraban una persona más razonable que Orlando. Pero iban a llevarse una decepción. Ante la presión de la opinión pública, y sobre todo de la derecha, Nitti y su Gobierno se negaron a renunciar a su reivindicación sobre Fiume. Sin embargo, la derecha nacionalista seguía sin estar convencida de que Nitti pudiera zanjar satisfactoriamente la cuestión de Fiume.

Resultado de imagen de D'ANNUNZIO Y LA MARCHA SOBRE FIUM    Y entonces D’Annunzio decidió actuar. El 11 de septiembre inició su famosa «Marcha sobre Fiume» desde Ronchi dei Legionari (Ronke), a aproximadamente 300 kilómetros de distancia al noroeste. Contaba con menos de doscientos soldados, pero en seguida se le sumaron más. Cuando D’Annunzio llegó a las afueras de Fiume a bordo de un Fiat de color rojo vivo, su ejército había aumentado hasta los 2000 hombres, en su mayoría antiguos miembros de las tropas de choque, los arditi. La guarnición multinacional de los ejércitos aliados que custodiaba la ciudad, formada mayoritariamente por soldados italianos, entregó el poder a D’Annunzio sin disparar ni un solo tiro.
    A lo largo de los quince meses siguientes, D’Annunzio gobernó como líder indiscutible (Duce) de lo que había pasado a llamarse Regencia de Carnaro, y que contaba con su propia constitución y su propia moneda. El propio D’Annunzio no era un fascista en ningún sentido relevante, y Fiume siempre fue un lugar asombrosamente no violento para los estándares de la época, pero la nueva ciudad-Estado iba a convertirse en un punto de referencia crucial para los nacionalistas italianos. Mussolini, que en un primer momento se mostró cauto respecto a la aventura de Fiume, posteriormente iba a nutrirse profusamente de los experimentos y rituales políticos de D’Annunzio, ya que imitó algunos elementos de su nacionalismo imperial y secular, y gestos simbólicos (como la Marcha sobre Roma, que en parte se inspiraba en la Marcha sobre Fiume de D’Annunzio).
Resultado de imagen de D'ANNUNZIO Y LA MARCHA SOBRE FIUM    A lo largo de la existencia de la Regencia de Carnaro, el Gobierno de Roma intentó poner fin al poder de D’Annunzio por el procedimiento de mantener un bloqueo naval contra Fiume. Pero el Gobierno italiano siempre rehuyó una ofensiva militar directa contra Fiume, en parte porque temía una probable reacción violenta de los nacionalistas alentada por la simpatía generalizada hacia la insubordinación de D’Annunzio. Roma se decidió a actuar tan sólo en diciembre de 1920, poco después de firmar el Tratado de Rapallo (que convertía a Fiume en un Estado libre). El día de Nochebuena, tras un bombardeo naval italiano, D’Annunzio y sus seguidores rindieron la ciudad. Sin embargo, incluso después de que D’Annunzio se retirara a una villa a orillas del lago de Garda, su legado político subsistió, y Fiume siguió figurando en la agenda de los nacionalistas. Mussolini, que en público ensalzaba la «actitud desafiante» de D’Annunzio, y que imitó su estilo populista, muy pronto revocó algunos puntos del Tratado de Rapallo, y la ciudad volvió a formar parte de Italia desde septiembre de 1923 en adelante."

domingo, 22 de septiembre de 2019

EL CHURCHILL MAS ANTISEMITA. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth

EL CHURCHILL MAS ANTISEMITA. LOS VENCIDOS, de Robert Gerwarth 

Resultado de imagen de churchill    "Desde los tiempos de Spartacus-Weishaupt hasta los de Karl Marx, hasta llegar a Trotski (Rusia), Béla Kun (Hungría), Rosa Luxemburgo (Alemania) y Emma Goldman (Estados Unidos), esta conspiración revolucionaria a escala mundial para el derrocamiento de la civilización y para la reorganización de la sociedad sobre la base de la atrofia, de la malevolencia envidiosa y de una igualdad imposible ha ido creciendo sin cesar. […] Ha sido la fuente principal de todos y cada uno de los movimientos subversivos durante el siglo  XIX; y ahora, por fin, este hatajo de personalidades extraordinarias procedentes de los bajos fondos de las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos tiene agarrado del pelo al pueblo ruso y prácticamente se ha convertido en el amo indiscutible de su enorme imperio. No hace falta exagerar el papel desempeñado por estos judíos internacionales y en su inmensa mayoría ateos en la creación del bolchevismo y en la materialización real de la Revolución rusa. Con toda seguridad es el papel más importante; probablemente tiene más relevancia que todos los demás."