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domingo, 25 de noviembre de 2018

¿PUEDE JUSTIFICARSE UN ASESINATO?- UN ESPIA ENTRE AMIGOS, de Ben Macintyre

¿PUEDE JUSTIFICARSE UN ASESINATO?- UN ESPIA ENTRE AMIGOS, de Ben Macintyre

"Elliot presencio los festejos con una mezcla de sobrecogimiento y horror desde un apartamento en una sexta planta en Charlottenburger Chausse que pertenecía al general Noel Mason McFarlane, el agregado militar británico en Berlín. El condecorado Mason Mac era un viejo caballero de batalla, un veterano de las trincheras y del Mandato Británico de Mesopotamia. Al general le resultaba imposible ocultar su repugnancia. Desde el balcón del piso se veía claramente el estrado dónde se encontraba Hitler. Susurrando, Mason McFarlane le comento a Elliot que el Fuhrer se encontraba a tiro: "me siento tentado de aprovechar la ocasión", farfullo y agregó que "despachar al desgraciado ese desde aquí sería pan comido". Elliot 'lo animo a que lo intentará'. Mason McFarlane rechazo la idea, aunque más adelante solicito permiso formalmente para asesinar a Hitler desde su balcón. Por desgracia para la humanidad, se lo denegaron"


lunes, 8 de octubre de 2018

CONSPIRACIÓN. UN ESPÍA ENTRE AMIGOS, de Ben Macintyre

CONSPIRACIÓN. UN ESPÍA ENTRE AMIGOS,  de Ben Macintyre

    "Elliot presencio los festejos con una mezcla de sobrecogimiento y horror desde un apartamento en una sexta planta en Charlottenburger Chausse que pertenecía al general Noel Mason McFarlane, el agregado militar británico en Berlín. El condecorado Mason Mac era un viejo caballero de batalla, un veterano de las trincheras y del Mandato Británico de Mesopotamia. Al general le resultaba imposible ocultar su repugnancia. Desde el balcón del piso se veía claramente el estrado dónde se encontraba Hitler. Susurrando, Mason McFarlane le comento a Elliot que el Fuhrer se encontraba a tiro: "me siento tentado de aprovechar la ocasión", farfullo y agregó que "despachar al desgraciado ese desde aquí sería pan comido". Elliot 'lo animo a que lo intentará'. Mason McFarlane rechazo la idea, aunque más adelante solicito permiso formalmente para asesinar a Hitler desde su balcón. Por desgracia para la humanidad, se lo denegaron"
Su tumba en Moscu

lunes, 4 de diciembre de 2017

¿POR QUE ESPIABA KIM PHILBY? UN ESPIA ENTRE AMIGOS, de Ben Macintyre

¿POR QUE ESPIABA KIM PHILBY? UN ESPIA ENTRE AMIGOS, de Ben Macintyre

    "En Beirut, Philby era un hombre de costumbres fijas. A mediodía recalaba en el Hotel Normandie, menos llamativo y más barato que el St. Georges, para tomarse la primera copa del día (vodka con V8), abrir el correo y leer los periódicos. Una tarde, un joven corpulento de unos treinta años, a todas luces extranjero, se acercó a la mesa que Philby ocupaba en un rincón y le extendió una tarjeta: «Petujov, Misión Comercial Soviética»

    «He leído sus artículos en el Observer y en el Economist, señor Philby —explicó—. Me parecen muy profundos. Le he buscado para preguntarle si me concedería algo de tiempo para que pudiéramos conversar. Me interesa especialmente el proyecto de un mercado común para los países árabes».

    Philby pudo haber puesto fin a su doble vida en ese preciso instante. Pudo haberle dicho a Petujov que no tenía ningún interés en hablar con él sobre la economía árabe, y con ello le habría dado a entender al KGB que para él el juego se había acabado. Otros agentes captados en la década de 1930, incluido Anthony Blunt, habían logrado desvincularse con éxito de la inteligencia soviética. Tenía una vida nueva, una amante nueva y dos trabajos interesantes y bien remunerados; además, gracias a la protección de Nicholas Elliott, estaba a salvo de nuevas investigaciones por parte del MI5; su reputación como periodista y experto en Oriente Próximo iba en aumento. Podría haber rechazado al enviado del KGB y salir indemne. Sin embargo, invitó a Petujov a tomar té en su apartamento.

    Más tarde, Philby justificaría su decisión diciendo que fue un acto de pureza ideológica coherente con el «inquebrantable compromiso adquirido con la Unión Soviética» a los veintiún años. En su opinión, si hizo lo que hizo, fue por pura convicción política, el principio rector de toda su vida. Philby menospreciaba a quienes tras contemplar los horrores del estalinismo se habían bajado del barco. «Yo seguí con mi rumbo —escribió— con la fe de que los principios de la revolución sobrevivirían a las aberraciones de los individuos». Más tarde, Philby afirmaría que había vivido momentos de duda, y que sus ideas se habían visto «influenciadas y modificadas, en ocasiones de forma brusca, por los penosos acontecimientos de mi vida». Con todo, no hay pruebas de que en ningún momento se cuestionara la ideología que había descubierto en Cambridge, ni de que cambiara de opinión o reconociera seriamente las iniquidades del comunismo práctico. Philby nunca compartió ni discutió sus opiniones, ni con amigos ni con enemigos; su fe se sustentaba sin necesidad de popes ni de compañeros de viaje, en perfecto aislamiento. Philby se consideraba un ideólogo y un lealista; en realidad, era un dogmático que no valoraba más que una opinión: la suya.

    No obstante, había algo más que política en el entusiasta retorno de Philby a los brazos del KGB. Philby disfrutaba con el engaño. Es difícil renunciar al secretismo, del mismo modo que puede serlo renunciar a la erótica de la infidelidad. A algunas personas les gusta hacer ostentación de sus conocimientos; otras se deleitan en el hecho de poseer información que se niegan a compartir y en el íntimo sentimiento de superioridad que de ello se deriva. Philby era un marido infiel, pero un amante atento, un buen amigo, un padre delicado y un anfitrión generoso. Tenía un don para la ternura. Pero también se refocilaba ocultando la verdad a quienes tenía más cerca; uno era el Philby al que los demás conocían, y otro, el Philby al que solo él conocía. El alcohol le ayudaba a mantener esa doble vida, ya que el alcohólico vive divorciado de su verdadero ser, enganchado como está a una realidad artificial. Philby no quería abandonar el espionaje, y probablemente no habría podido aunque hubiera querido: porque estaba enganchado.

    Al día siguiente de su encuentro en el Normandie, Petujov se presentó en el apartamento de Philby a las tres de la tarde; era un lugar peligroso para reunirse, y, de hecho, sería la última vez que se vieran ahí. La cita sirvió para establecer las directrices básicas: cuando Philby quisiera convocar una reunión, saldría al balcón con un periódico a una hora determinada; cuando necesitara ver a Petujov con urgencia, lo haría con un libro. En adelante, Philby y su nuevo supervisor se reunirían a intervalos regulares, siempre después del anochecer, siempre en Beirut y siempre en algún rincón discreto de la ciudad. Según Yuri Modin, el cuartel del KGB en Beirut era «un hormiguero de actividad», con agentes desplegados por todo Oriente Próximo. A Philby le dijeron que su primera prioridad sería «averiguar las intenciones de los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña en la zona». Se puso manos a la obra encantado."

El sello de correos que le dedicó la URSS

lunes, 27 de noviembre de 2017

ORIGEN DE JAMES BOND. UN ESPIA ENTRE AMIGOS, de Ben Macintyre

EL ORIGEN DE JAMES BOND. UN ESPIA ENTRE AMIGOS, de Ben Macintyre

    

    La tarea Nicholas Elliott de atacar a la inteligencia alemana en los Países Bajos, su antiguo territorio, era una misión distinta y más complicada. La Abwehr de la Holanda ocupada era sumamente eficaz: captaba, entrenaba y enviaba espías a raudales a Gran Bretaña. En cambio, resultaba muy difícil infiltrar agentes en los Países Bajos. Las pocas redes que habían sobrevivido al incidente de Venlo estaban plagadas de informadores nazis.

    En una ocasión que parece sacada de una película de James Bond (y que tiene todos los números de ser un jugada de Elliott), un agente holandés llamado Peter Tazelaar desembarcó cerca del casino situado en la costa de Scheveningen; iba vestido con ropa de gala, cubierta con un traje de goma para que no se mojase. Una vez en tierra, Tazelaar se quitó el traje externo y empezó 'a mezclarse entre la multitud' con su chaqueta de gala, rociada con brandi para acentuar su imagen de «persona ociosa». Gracias a su ropa formal y el perfume alcohólico, Tazelaar logró burlar a los guardias alemanes y se hizo con una radio que había sido lanzada previamente con un paracaídas. El parecido con 007 no es una coincidencia: entre los jovencitos de la inteligencia británica de la época se encontraba un oficial del Departamento de Inteligencia Naval llamado Ian Fleming, futuro autor de los libros de James Bond. Ian Fleming y Nicholas Elliott habían sufrido el trauma de ser educados en la Durnford School y eran amigos íntimos.

    Peter Tazelaar fue de los pocos que logró volver a Gran Bretaña. De los quince agentes enviados a Holanda entre junio de 1940 y diciembre de 1941, solo cuatro sobrevivieron, gracias a la brutal eficacia del mayor Hermann Giskes, director de contrainteligencia de la Abwehr en Holanda, el homólogo de Elliott. En agosto de 1941, Giskes interceptó a un grupo de agentes holandeses de la SOE que habían sido enviados a los Países Bajos a bordo de un torpedero y los obligó, amenazándolos de muerte, a enviar mensajes de radio encriptados a Gran Bretaña y atraer así a más espías. Unos cincuenta y cinco agentes neerlandeses fueron capturados y decenas ejecutados en una operación denominada Englandspiel (Juego Inglés), hasta que dos agentes lograron escapar y alertar a los británicos de que se trataba de un engaño. Para dar el toque final, Giskes envió un mensaje de escarnio: «Que sea la última vez que intentáis hacer negocios en los Países Bajos sin nuestra ayuda Stop creemos que es bastante injusto considerando nuestra larga y exitosa cooperación como vuestros agentes exclusivos Stop cuando decidáis visitar el continente os garantizamos que seréis recibidos con el mismo afecto dispensado a quienes nos habéis enviado hasta ahora Stop hasta la vista»