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| hondarribi, donosti: la autora durante el viaje |
domingo, 14 de enero de 2018
NUANNAARPOOOOOOOOQ. LOS SENDEROS DEL MAR, de María Belmonte
miércoles, 16 de agosto de 2017
EN EL MAR. LOS SENDEROS DEL MAR, de María Belmonte
"Cuando te sumerges en el agua dejas atras todas las preocupaciones, todas tus miserias, como un perro cuando se sacude las pulgas. Aquella mañana, en un lugar tan amplio como Laida, abierto al horizonte y rodeado de suaves y verdes montañas, sentí que el tiempo pasaba más despacio, como si una simple mañana equivaliera a unas largas vacaciones. Flotando de espaldas en las tranquilas y cálidas aguas de septiembre mientras miraba alternativamente las nubes dispersas que pasaban sobre mi cabeza o cómo se alejaba el mundo junto con mi ropa y mi mochila en la playa no experimentaba ninguna prisa por nada. Cuando entras en el agua atraviesas un límite, una frontera: la orilla del mar, la ribera del río o del lago o incluso el borde de una piscina. Atrás dejas la tierra, la superficie sólida, y penetras en un mundo nuevo en el que rigen otros valores más elementales. En el agua recuperamos nuestra olvidada condición de animales y debemos esforzarnos por mantenernos a flote".
martes, 8 de agosto de 2017
SEHNSUCHT. LOS SENDEROS DEL MAR, de María Belmonte
"En alemán existe una palabra muy evocadora, SEHNSUCHT, amada por los románticos, que podría traducirse de forma imprecisa como anhelo o añoranza de algo intangible e inexpresable. Para el escritor y viajero Robert Louis Stevenson, lo que mejor expresa esa pasión hacia lo que está más allá es la visión de un camino serpenteante en el horizonte, esa cinta blanca que incita a viajar y que aparece como una cicatriz en el paisaje. Es una sensación indefinible que nos impulsa a subir la próxima colina o llegar hasta la siguiente curva o una nueva colina que salvar."
CAMINAR. LOS SENDEROS DEL MAR, de María Belmonte
"Caminando experimentamos el mundo en nuestros cuerpos, con todos los sentidos. Al andar aprehendemos el paisaje y permitimos que éste se apodere de nosotros (...). Ponerse una mochila a la espalda y calzarse unas botas para lanzarse al camino supone también un humilde acto de subversión, una manera de dar la espalda a una cultura que prima en exceso el beneficio inmediato, la eficacia y la rapidez, y excluye las supuestas incomodidades de la vida al aire libre."
