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martes, 11 de abril de 2017

Cap I: EL MAR LAVA TODOS LOS CRIMENES DE LOS HOMBRES

    "Así, por ejemplo, un misterio rodeó largo tiempo la suerte del Zuytdorp : había zarpado del Cabo en 1712 con destino a Batavia, pero nadie lo volvió a ver nunca más. Doscientos años más tarde, en 1927, un pastor australiano descubrió en lo alto de un acantilado salvaje diversos objetos erosionados por el tiempo y por la herrumbre, pero con las marcas claramente legibles: habían pertenecido a miembros de la tripulación del navío perdido; y poco después, en efecto, unos submarinistas encontraron entre los arrecifes, en el fondo marino, lo que quedaba de su pecio. Era evidente que, tras el naufragio, un cierto número de supervivientes había conseguido escalar el acantilado, y posteriormente sobrevivir durante un tiempo en estos lugares desolados. ¿Acaso fueron finalmente adoptados por una tribu aborigen de la región? Un grupo local de estos indígenas presenta, todavía hoy, unos rasgos genotípicos que, parece, no podrían explicarse a no ser por un aporte de sangre holandesa."

Acantilados de Zuytdorp, Australia
LOS NAUFRAGOS DEL BATAVIA, Anatomia de una masacre, de Simon Leys

martes, 21 de marzo de 2017

LOS NAUFRAGOS DEL BATAVIA, de Simon Leys

    "Si, al comienzo, las primeras iniciativas de Cornelisz se habían correspondido con las necesidades reales de la pequeña comunidad de los supervivientes, ahora, por el contrario, solo apuntaban a la consolidación de su poder personal, y en adelante se antepondría este imperativo a cualquier otra consideración. Sus actuaciones iban paulatinamente a hacerse cada vez más monstruosas, pero no eran en absoluto irracionales: las inspiraba una lógica implacable, la del control absoluto que tenía que mantener sobre todo su pequeño reino. Por el momento, su principal problema era que los amotinados todavía no constituían más que una muy débil minoría: apenas una sexta parte de la población de la isla. Para rectificar esta peligrosa desproporción, concibió una solución radical; simplemente había que reducir el número de supervivientes. Y a partir de este momento se aplicó a esta tarea con todo su ingenio. Invocando la falta de espacio y de recursos del Cementerio, Cornelisz organizó un traslado de población hacia los otros dos islotes, prometiendo a los deportados que disfrutarían allí de unas condiciones de vida mejores, cuando, en realidad, su plan era abandonarles para que muriesen de hambre y de sed."


viernes, 10 de marzo de 2017

LA VERDADERA VIDA A BORDO DE UN GALEON

    "...Samuel Johnson resumió perfectamente este sentimiento: «Ningún hombre se hará nunca marinero si encuentra alguna manera de que lo envíen a prisión. Pues la vida a bordo de un barco es ni más ni menos la de una cárcel, con el riesgo añadido de morir ahogado». Y era, efectivamente, una vida de una inimaginable brutalidad; el catálogo de sus horrores es interminable: la desagradable fetidez (a bordo del Batavia no había, para más de trescientas personas, más que cuatro letrinas, dos de ellas a cielo abierto y directamente barridas por el rocío del mar; solo la élite de la gran cabina tenía derecho además a un servicio de orinales), la promiscuidad, la falta de aire y de espacio, la perpetua humedad, el calor, el frío, las ratas, los parásitos, la mugre (para economizar el agua dulce, los marineros se veían obligados a veces a lavar su ropa blanca con su propia orina), los víveres estropeados, enmohecidos o rebosantes de gusanos, el agua estancada, la grosería de los compañeros de a bordo, la ferocidad sádica de la disciplina, la amenaza perpetua y aterradora del escorbuto, que hinchaba y podría las carnes de sus víctimas, transformando estas en cadáveres ambulantes antes incluso de rematarlas (a bordo de los navíos que hacían la ruta de Insulindia el escorbuto se llevaba una media de veinte a treinta hombres por viaje)"

Reproduccion de un velero en el puerto de Goteborg, Suecia
LOS NAUFRAGOS DEL BATAVIA, Anatomia de una masacre, de Simon Leys

martes, 21 de febrero de 2017

LOS NAUFRAGOS DEL BATAVIA, de Simon Leys

    La gran tragedia de los naufragos del Batavia haría correr ríos de tinta real y catódica si hoy se diera el caso. Seria como si a los participantes del programa cutre de la Isla de los Famosos les diera por matarse unos a otros... La historia es real y espeluznante. Pero la maestría de Leys para no convertirla en un  espectaculo de masas, o un producto mas de entretenimiento es por lo que la traigo a este blog. Para ello se ha servido de una máxima  por todos conocida: "Lo bueno y breve, dos veces bueno". Porque en 80 páginas condensa la infamia del boticario Cornelisz y sus secuaces, el porqué naufragaron y que pasó al final. Sin tremendismos, sin regodeo en el infierno. Solo lo que pasó, que ya es bastante sin tener que novelar el asunto. Las segunda perspectiva que añade Leys es la más interesante y necesaria para romper con la inercia de "otra masacre mas en la historia", y profundizar en los hechos. En realidad, Leys saca conclusiones de esta pequeña sociedad creada a partir del naufragio de unos pocos cientos de personas de todas las edades y sexos, enfrentadas a una mente perversa que los va a humillar y aniquilar por conveniencia y placer. Nos podríamos preguntar: ¿que haría un dictador demente en el poder de una isla completamente aislada?. De este experimento social, Leys saca unas conclusiones que tal vez hayamos advertido en otros momentos de la historia mas recientes, incluso actuales: Franco, Stalin, Pinochet o algunos políticos actuales (2017). Convierte una historia del pasado en una reflexion para todas las edades del hombre. 
Simon Leys


    "Los habitantes del Cementerio, concentrados en la orilla, asistieron a la persecución. Ante sus miradas horrorizadas, los hombres de Cornelisz, que eran los únicos que iban armados y disponían de mejores embarcaciones, apresaron las balsas y masacraron sin piedad a todos sus ocupantes, hombres, mujeres y niños."


    "Cumplido este rito, no por ello dejó de seguir degollando al excedente de sus súbditos: primero fueron masacrados todos juntos los enfermos y los inválidos que habían sido reagrupados en una tienda; luego se seleccionó individualmente día a día otras víctimas con diversos pretextos, o sin ningún motivo, pues es su arbitrariedad misma la que constituye la esencia eficaz y sin apelación de todo Terror («Para esto no hay un porqué», responderán en el siglo XX los verdugos de Auschwitz"


    "Cornelisz —que había adoptado ahora el título de capitán general— y sus acólitos formaban una casta de señores: ocupaban las mejores tiendas, disponían a su capricho de las mujeres a las que su juventud había permitido sobrevivir; se pavoneaban en uniformes de fantasía, trajes con galones y cintas, se bebían los vinos del Batavia y circulaban por el islote equipados con espadas, hachas, cuchillos y macanas; cualquiera que llamase de alguna manera su atención se veía de inmediato intimado a probar su lealtad y su sumisión al capitán general."





    "Sin Cornelisz, sus dos docenas de acólitos probablemente no habrían descubierto nunca el verdadero fondo de su propia naturaleza. No cabe ninguna duda de que fueron la personalidad y la acción del ex boticario las únicas que hicieron posible el establecimiento de ese extravagante reino del crimen, y su mantenimiento durante tres meses sobre una población de unas doscientas cincuenta personas honradas. A fin de cuentas, el propio Cornelisz sigue siendo un enigma."

    "Cornelisz no había tardado en darse cuenta de que la sola existencia de Hayes y de sus partidarios constituía un desafío intolerable para su régimen."

Beacon Island
    "...la arbitrariedad misma es la que constituye la esencia eficaz y sin apelación de todo Terror... Una sociedad civilizada no es necesariamente una sociedad que tiene una proporción menos de individuos criminales y perversos (…), sino aquella que simplemente les brinda menos oportunidades de manifestar y de satisfacer sus inclinaciones"

Un enlace con noticias de los estudios arqueológicos que han sacado a la luz más detalles de este naufragio aqui

LOS NAUFRAGOS DEL BATAVIA, de Simon Leys, en editorial Acantilado, de una obra editada en 2003. Son 80 paginas.

viernes, 17 de febrero de 2017

LOS NAUFRAGOS DEL BATAVIA. Anatomía de una masacre, de Simon Leys

    "Estos macizos veleros de panza redonda, lentos y escasamente maniobrables (respondían mal al timón, y se hacía necesario utilizar todos los recursos del velamen para conseguir hacerlos virar de bordo), se desplazaban a una velocidad media de dos nudos y medio (4,5 km/h). Pero como, en los mercados occidentales de especias, el tiempo era oro, la VOC imponía a todos sus capitanes un itinerario que había perfeccionado la experiencia, y que comportaba ciertos rodeos —pues, a vela, la ruta más rápida raramente coincide con el camino más corto: se trata sobre todo de evitar las zonas de calma chicha y de buscar las regiones en las que se puede contar con vientos constantes y favorables—. Así, tras el cabo de Buena Esperanza (la única escala prevista, para renovar las provisiones de agua y embarcar víveres frescos), en lugar de dirigirse directamente hacia Java pasando por el norte de Madagascar, los navíos descendían primero hacia el sur, casi hasta el límite del océano Antártico, para aprovechar los fuertes vientos del oeste que giran alrededor del globo a partir del paralelo 40 —«los rugientes 40»—. Empujados rápidamente por el viento y la corriente, hacían ruta hacia el este, hasta que consideraban que casi habían alcanzado la longitud del estrecho de la Sonda; llegados a este punto hipotético que nada, en medio de un océano vacío, les permitía situar con certeza, cambiaban de rumbo y, con los vientos alisios del sudeste entonces a favor, navegaban por alta mar, rumbo al norte, para ganar Java, distante aún unas dos mil millas. No obstante, si este cambio de rumbo se producía demasiado tarde —y los errores de cálculo eran frecuentes, pues la fuerza del viento y de la corriente llevaba a algunos navíos a cubrir una distancia a menudo muy superior a aquella que su modesta velocidad aparente habría podido hacer suponer—, las consecuencias eran a veces fatales, pues entonces se veían enfrentados a una de las costas más inhóspitas que existen, la de la Australia occidental, que opone a lo largo de cientos de millas, sin interrupción ni abrigo natural alguno, sus abruptos paredones a la violencia del océano Indico. Todo barco que se acerca de noche a esta tierra, o que se ve empujado hacia ella por una fresca brisa marina, corre el riesgo de no poder alejarse de ella a tiempo; con más razón, esos pesados veleros de aparejo de vela cangreja, incapaces de virar con rapidez, se veían entonces implacablemente arrastrados contra los acantilados. Por eso la consigna de seguridad que la VOC daba a todos sus capitanes era evitar absolutamente las inmediaciones de esa Terra Australis Incognita de perfiles todavía inciertos. Los holandeses, que habían sido los primeros navegantes occidentales en descubrir la existencia de esta costa hostil, no intentaron nunca conocerla mejor, tras llegar enseguida al convencimiento de que no había nada bueno que sacar de ella".