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jueves, 10 de enero de 2019

URBANITAS VIVIENDO EN EL BOSQUE. UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell

URBANITAS VIVIENDO EN EL BOSQUE. UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell

    "Mucha gente que pensó que era mejor ser pobre en el campo se mudó aquí durante la década de 1930; otros, más ricos, creyeron que Franklin Delano Roosevelt era el diablo en persona y quisieron convertir su riqueza en tierras antes de que pudiera arrebatársela. Desde entonces, oleadas de personas para quienes la vida urbana era demasiado complicada han venido aquí, con la intención de llevar vidas basadas en la sencillez. Lo que aún no han descubierto es que una vida es tan sencilla o complicada como la persona que la vive, y que si a una persona le parece abrumador vivir en la ciudad, se lo parecerá aún más vivir aquí, donde es mucho más difícil ganarse la vida. Cuando una persona tiene una fuente regular de ingresos, sus errores pueden amargarle la vida, pero no amenazan su supervivencia. Aquí, donde el dinero escasea, cada decisión es importante, no hay cabida para los errores.
    Los urbanitas ruralizados idealizan a la gente de aquí mientras aún viven en las ciudades; pero aquí la gente no es gente sencilla, ni por asomo. Los ozarkers tienen vidas igual de complicadas que las de todo el mundo. Sin embargo, poseen habilidades y recursos para vivir en estas colinas; aunque se lo tienen callado, de ahí que parezca fácil y… sencillo.
(...)
    Los ozarkers tienen un dicho sobre los urbanitas ruralizados: las zarzas se quedan con su ropa, los paletos se quedan con su dinero y ellos se van con una maleta vacía."

viernes, 14 de septiembre de 2018

DORMIR AL RASO. UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell

DORMIR AL RASO. UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell 

    "Esta noche he dormido al aire libre porque no podía soportar entrar. La cabaña, que este mismo invierno me parecía tan cómoda y acogedora, ha empezado a resultarme sofocante y restrictiva, así que extendí una lona en el suelo para aislar la humedad, puse el saco de dormir encima y me quedé dormida mirando las estrellas. A Tazzie le gusta permanecer a mi lado, y como estaba en el suelo podía acurrucarse contra mi espalda. Pero Andy es un perro conservador, que se preocupa mucho, y no le parecía prudente dormir al descubierto, ya que podría haber serpientes y escarabajos. Gemía con inquietud mientras yo me ponía cómoda, y en una ocasión me despertó a mitad de la noche, acariciándome con el hocico y lloriqueando, suplicándome que le dejase entrar a dormir en su alfombra. Es posible que esté más domesticado que yo, y me pregunto si me estoy asilvestrando. Los elementos y los lugares salvajes me atraen con más fuerza de lo que hiciesen hace unos años, y vivir en la casa, limpiar el polvo y cocinar no me interesa lo más mínimo."


miércoles, 6 de junio de 2018

UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell

UN AÑO EN LOS BOSQUES, de Sue Hubbell

    "La camioneta blanca es espaciosa y fiable, y le tengo mucho cariño. Forma parte de mi vida. Una noche me quedé frita leyendo un libro sobre la naturaleza del alma. Soñé con mi propia alma, y descubrí que es una camioneta blanca, alegre, impaciente; una camioneta que aceleraba a toda prisa —casi demasiado rápido—, de forma imponente, flotando ligerísima sobre la carretera, sin ceñirse a la ruta. Me parecería fabuloso tener un alma así.
    Como muchos de mis vecinos, soy pobre. Vivo con unos ingresos que están muy por debajo del umbral de la pobreza —aunque no parece pobreza cuando el ciclamor y el cornejo florecen a la vez—, y cuando viajo tengo que llevar cuidado con los gastos. Pocas veces como en restaurantes, y siempre duermo en la camioneta: estaciono en un área de servicio, desenrollo mi saco de dormir en el asiento delantero y ahí me quedo, más calentita y cómoda imposible. Por la mañana me lavo los dientes en el baño del área de servicio y me tomo el café matutino en el restaurante. Cuando viajo, la gente apenas me dirige la palabra o se percata de mí. Soy imperceptible en mi anonimato. Si fuera joven y guapa, quizá llamase la atención; pero ya soy demasiado mayor para ser guapa, y además siempre voy desaliñada, con lo que resulto invisible. Es una gozada, pues puedo quedarme sentada en una mesa del área de servicio, beberme mi café y ver sin ser vista."