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martes, 27 de marzo de 2018

NACIMIENTO DE BILLIE HOLIDAY. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

NACIMIENTO DE BILLIE HOLIDAY. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

    "Mamá y papá eran un par de críos cuando se casaron. Él tenía dieciocho años, ella dieciséis y yo tres.
    Mamá trabajaba de criada en casa de una familia blanca. Cuando descubrieron que iba a tener un bebé, la echaron. La familia de papá también estuvo a punto de tener un ataque al enterarse. Era gente de buena sociedad y nunca habían oído hablar de cosas semejantes en su barrio de East Baltimore.
    Pero esos dos chicos eran pobres. Y cuando eres pobre creces deprisa.
    Es un milagro que mi madre no fuera a parar al correccional y yo a la inclusa. Pero Sadie Fagan me quiso desde que yo sólo era un suave puntapié en sus costillas mientras ella fregaba suelos. Se presentó en el hospital e hizo un trato con la jefa. Le dijo que fregaría los suelos y atendería a las golfas que estaban allí para tener a sus hijos, costeando así su parte y la mía. Y lo cumplió. Aquel miércoles 7 de abril de 1915, cuando yo nací en Baltimore, mamá tenía trece años."

miércoles, 31 de enero de 2018

STRANGE FRUIT, LA MAS FAMOSA CANCION DE BILLIE. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

STRANGE FRUIT, LA MAS FAMOSA CANCION DE BILLIE. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

    "Durante mi temporada en el Café Society nació la canción que llegaría a ser mi protesta personal: Strange Fruit. El germen estaba en un poema escrito por Lewis Alien, al que conocí allí. Cuando me mostró el poema, yo no lo podía creer: expresaba todas las cosas que habían matado a papá.
    Además, Alien había oído hablar de la forma en que murió papá y por supuesto se mostró interesado en que la cantara. Sugirió que Sonny White —que me acompañaba— y yo le pusiéramos música. Trabajamos los tres unos veinte días seguidos. También recibí la inapreciable ayuda de Danny Mendelsohn, un compositor que había hecho varios arreglos para mí. Me ayudó con los arreglos para la canción y soportó pacientemente los ensayos. Me esforcé infatigablemente porque no estaba segura de saber transmitir a un público de lujo todo lo que significaba para mí.
    Tenía miedo de que no gustara. La primera vez que la canté pensé que había cometido un error y que había acertado en mis temores. No hubo siquiera un amago de aplauso cuando terminé. Luego una sola persona comenzó a batir palmas, nerviosa. Y de pronto todos estallaron en una salva atronadora de aplausos.
    En poco tiempo prendió y la gente empezó a pedírmela. La versión que grabé para Commodore se convirtió en mi mayor éxito de ventas. Sin embargo, todavía me deprime cada vez que la canto. Me recuerda la forma en que murió papá. Pero tengo que seguir cantándola, no sólo porque me la piden, sino porque veinte años después de su muerte, las cosas que mataron a papá siguen ocurriendo en el Sur.
    A través de los años he vivido muchas experiencias raras como resultado de esa canción. Es útil para distinguir a las personas íntegras de los carcamales y cretinos. Una noche, en Los Ángeles, una zorra que estaba en el club donde yo cantaba, dijo:
   —Billie, ¿por qué no cantas esa canción tan sexy que te ha hecho famosa? La de los cadáveres desnudos que se balancean en los árboles...
     Huelga decir que no la interpreté.
    Pero otra noche, en la Calle 52, terminé la actuación con Strange Fruit y me encaminé, como de costumbre, al lavabo. Siempre hago lo mismo. Cantarla me afecta tanto que me pongo mala. Me deja sin fuerzas.
    Entró una mujer en el lavabo de señoras del Downbeat Club y me encontró desquiciada de tanto llorar. Yo había salido corriendo del escenario, con escalofríos, desdichada y feliz al mismo tiempo. La mujer me miró y se le humedecieron los ojos.
    —Dios mío —dijo—, en mi vida oí algo tan hermoso. En la sala se podía oír volar una mosca.
    Hace unos meses, en un club de Miami llevaba dos semanas de funciones sin haberla interpretado una sola vez. No estaba de humor para que me fastidiaran con las escenas que siempre se montaban cuando la cantaba en el Sur. No quería interpretar nada que no pudiera terminar. Pero una noche, después de que me la pidieran infinitas veces, accedí. Había un personaje muy particular que se presentó varias veces en el club, siempre para pedirme Strange Fruit y Gloomy Sunday. No sé para qué quería oír ninguna de las dos. A mí me parecía un tipo tenebroso. Pero finalmente decidí cantarlas como bis..
    Al llegar al último fraseo de la letra me salió la voz más fervorosa e intensa de los últimos meses y mi pianista interpretó en la misma forma que yo. Cuando dije «...para que el sol los pudra» y después de un punteado en el piano agregué «...para que el viento los azote», ataqué esas palabras con más fuerza que nunca.
    Estaba flagelando al público, pero los aplausos fueron los más resonantes que escuché en mi vida. Salí de escena, subí la escalera y me cambié de ropa; cuando bajé, seguían aplaudiendo.
No son muchos los cantantes que han intentado interpretar Strange Fruit. Yo nunca traté de desalentarlos, pero el público sí. Años después de mi actuación en el Café Society, Josh White apareció con su guitarra y la pechera de la camisa abierta hasta el ombligo, y la cantó. El público le gritó que no se metiera con esa canción."

lunes, 15 de enero de 2018

LA BISABUELA ESCLAVA. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

LA BISABUELA ESCLAVA. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

    "No obstante, quien más me gustaba era mi bisabuela, la madre de mi abuelo.
    Me quería de verdad y yo estaba loca por ella. Había sido esclava en una gran plantación de Virginia y solía hablarme de todo eso. Tenía su casa propia, aunque pequeña, en el fondo de la plantación. El señor Charles Fagan —el apuesto y elegante propietario irlandés de la plantación— tenía a su esposa blanca y sus hijos en la casona. Y a mi bisabuela en la casita del fondo. Tuvo dieciséis hijos de él, ahora todos muertos con excepción del abuelo.
    Solíamos hablar de la vida. Ella me contaba lo que se sentía siendo esclava, perteneciendo en cuerpo y alma a un blanco que era el padre de sus hijos. No sabía leer ni escribir, pero conocía la Biblia de memoria, y siempre estaba dispuesta a contarme una historia de las Escrituras.
    Entonces tenía noventa y seis o noventa y siete años y padecía de hidropesía. Yo me ocupaba de ella todos los días a la salida de la escuela. Nadie más le prestaba la menor atención. De vez en cuando le daba un baño. Siempre le envolvía las piernas con trapos limpios y lavaba los malolientes que le cambiaba.
    La bisabuela había pasado diez años durmiendo en una silla. El médico le había dicho que si se acostaba moriría. Pero yo no lo sabía. Un día, después de cambiarle los paños de las piernas y cuando terminó de contarme una historia, me pidió que la dejara tumbarse. Me dijo que estaba cansada. Yo no quería dejarla, pero ella me rogó y me rogó. Daba lástima.
    Por fin extendí una manta en el suelo y la ayudé a estirarse. Luego me pidió que me acostara con ella porque quería contarme otra historia. Yo también estaba fatigada. Aquella mañana me había levantado temprano para fregar escalones. Me tendí a su lado. No recuerdo la historia que me contó porque enseguida me quedé dormida.
    Desperté cuatro o cinco horas más tarde. El brazo de la bisabuela seguía agarrado a mi cuello y no logré moverlo. Lo intenté varias veces y después me asusté. Estaba muerta y empecé a dar voces. Aparecieron corriendo los vecinos. Tuvieron que romper el brazo de la bisabuela para soltarme. Luego me llevaron a un hospital. Permanecí allí un mes, padeciendo lo que según ellos era un shock."

lunes, 4 de diciembre de 2017

LA SEGREGACIÓN RACIAL EN NORTEAMÉRICA. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

LA SEGREGACIÓN RACIAL EN NORTEAMÉRICA. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

    "Mi bisabuela era la amante de un blanco, o la querida, o la mujer por derecho consuetudinario, o como se quiera llamar. También era esclava de su plantación. Por mal que estuvieran las cosas en aquellos tiempos, los blancos y los negros vivían, al menos, en el mismo mundo. Un mundo que hacían los blancos: construían los alojamientos, decidían quién trabajaría en el campo, quién recogería algodón, quién exprimiría hierbabuena en la casona. Decidían quién comería qué, quién sería comprado, quién sería vendido.
    Las mujeres blancas no tuvieron tanto que ver con eso como los hombres. Pero les bastaba asomarse a la ventana para saber lo que ocurría. Había muy poca «segregación» en las plantaciones durante el día, e incluso menos durante la noche. Más de una noche mi bisabuelo blanco iba al fondo, a la casita donde vivía mi bisabuela... con los hijos de ambos. El no necesitaba que ninguna asistenta social le hablara de «condiciones». Sabía lo que era vivir allí.
    A principios de los treinta, cuando mamá y yo comenzamos a tratar de ganarnos el pan en Harlem, el mundo en que vivíamos seguía siendo el que hacían los blancos, aunque se había transformado en un mundo que ellos casi nunca veían. Es cierto que algunos frecuentaban los lugares de trasnoche; iban al Cotton Club... un lugar que los negros nunca conocían por dentro a menos que fueran músicos, prepararan los cócteles o bailaran el shimmy. Pero éstas sólo eran atracciones secundarias, montadas especialmente para que los blancos fueran allí y pagaran las gracias de los negros.
    Esos lugares no eran reales, aunque sí la vida que vivíamos. Pero todo ocurría entre bambalinas, muy pocos blancos llegaban allí y, si se asomaban, parecían llegados de otro planeta. Todo era novedoso para ellos.
    Las cosas eran muy toscas. A veces me pregunto cómo sobrevivimos. Pero lo logramos."

domingo, 26 de noviembre de 2017

COMO CANTABA BILLIE HOLLIDAY. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

COMO CANTABA BILLIE HOLLIDAY. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

    "A menos que fuesen los discos de Bessie Smith y Louis Armstrong que oí de niña, no sé de nadie que haya influido realmente en mi manera de cantar, ni entonces ni ahora. Siempre admiré el sonido de Bessie y el sentimiento de Pop. Los jóvenes siempre me preguntan de dónde procede mi estilo, cómo evolucionó y todas esas cosas. ¿Qué puedo decirles? Si descubres una melodía y tiene algo que ver contigo, no hay nada que desarrollar. La sientes, sencillamente, y cuando la cantas los que te oyen también sienten algo. En mi caso, no tiene nada que ver con el trabajo, los arreglos ni los ensayos. Dame una canción que me llegue y nunca significará trabajo. Algunas canciones me llegan tanto que no soporto cantarlas, pero ésa es harina de otro costal.
    Si tuviera que cantar Doggie in the Window, sería un trabajo. Pero canciones como The Man I Love o Porgy no significan más trabajo que sentarse a comer pato a la pekinesa... y a mí me encanta el pato a la pekinesa. Canciones como ésas las he vivido, y cuando las canto vuelvo a vivirlas y las adoro"
en plena actuacion

LA VIOLACION. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

LA VIOLACION. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

    "No me pareció mal que me cogiera de la mano y lo acompañé. Llamamos a la puerta de la casa y una mujer nos hizo pasar. Pregunté por mi madre y me dijeron que llegaría enseguida. Creo que me contaron que había llamado por teléfono diciendo que se retrasaría. Fue haciéndose cada vez más tarde y empecé a tener sueño. El señor Dick me vio cabecear y me llevó a un dormitorio trasero, para que me echara hasta que llegara mi madre. Estaba casi dormida cuando el señor Dick cayó sobre mí e intentó hacerme lo mismo que siempre había intentado mi primo Henry. Comencé a patalear y a gritar como una loca. Al oírme, la dueña de la casa entró y trató de sujetarme la cabeza y los brazos para que él pudiera hacerme eso. Les hice pasar un mal rato a base de patadas, rasguños y alaridos. De repente, mientras cobraba aliento, oí más gritos y chillidos. Al instante, mi madre y un policía tiraron abajo la puerta. Nunca olvidaré esa noche. Aunque fueras una prostituta, no te gustaría que te violaran. Una puta puede echarse mil quinientos polvos por día, pero no le gusta que nadie la viole. Es lo peor que puede ocurrirle a una mujer. Y a mí me estaba ocurriendo a los diez años."