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jueves, 14 de agosto de 2025

UN SECRETO Y OTROS CUENTOS, de Severino Pallaruelo

UN SECRETO Y OTROS CUENTOS, de Severino Pallaruelo

Después de leer Pirineos, tristes montes, tocaba la que se vende como su continuación, una segunda colección de cuentos en la misma zona del Pirineo oscense del autor de Puyarruego, unos kilómetros más arriba de Aínsa. La identificación es total en estilo, temas y ese aire pausado que se da para contar las cosas. 

Cuenta las cosas sin rodeos, los personajes son gente sencilla que, en la comunidad cerrada de los pueblos, alcanza una complejidad bastante asequible. Son transparentes ya sea por los celos, las envidias, las malas lenguas... el cuento que más me impactó es el del hijo que pretende impresionar no solo a sus padres sino a todo el pueblo metiendo un trailer en un pueblo pequeño. Simplemente es el primero que me llega a la cabeza cuando recuerdo este libro de 180 páginas. No es como acaba, es que la congoja en aumento del chofer es una cosa palpable. Pallaruelo es muy certero con estas cosas, sabe ponerte en la piel de ese chofer de camión que parece tener un éxito en la vida allá donde nadie lo auguraba, que luego pasa a temblar como un flan y acaba queriendo esconderse bajo una piedra de vergüenza. Los ambientes pirenaicos descritos con sus sempiternos habitantes no son los de los visitantes ocasionales o los urbanitas con segunda vivienda. Son los que vivían el año completo, al final de una delgada capa de asfalto maltrecho, lejos de un economato para comprar lo más básico y que, por supuesto, ellos o sus hijos, cerraron sus grandes casas, vendieron lo que se podía y se largaron dejando que se arruinara todo muchas de las veces. Lo que estamos leyendo es la vida de otros tiempos. No hay nostalgia de algo que leemos bastante duro, pero el autor no desea que se pierda del todo, y lo recuerda con cariño. Tal vez sea por el sonido de las hojas de la alameda del bosque al mecerse con el viento, las risas que aún perduran en el pueblo con lo que hizo en su día tal personaje, el aire desangelado de los muros oscos y las ventanas como ojos vacíos de una casa que se cae a pedazos. Todas esas cosas que, como montañeros, hemos visto muchas veces en Pirineos y tantos otros sitios.

Para mi es un placer leer a este autor, que conoce y siente su tierra desde hace décadas.


domingo, 17 de septiembre de 2023

PIRINEOS, TRISTES MONTES, de Severino Pallaruelo

 PIRINEOS, TRISTES MONTES, de Severino Pallaruelo

Uno de esos libros que a veces compro en algun pueblo con librería, y pruebo fortuna a ver que pasa. Asi me topé con este afamado libro (a nivel local) de Pallaruelo, un profesor de instituto de Sabiñánigo, además de dedicarse a otras labores como la de escritor. De hecho este libro fue premiado, en 2010, una reedición, en el Salón del Libro Pirenaico de Bagnères-de-Bigorre. Sus inicios en este oficio comenzaron en 1984 y trata temas etnológicos y tradicionales generalmente. 

Pirineos, tristes montes es un libro que habla de personas en pueblos pirenaicos, a veces son pueblos de tamaño mediano, pero la mayoría cuentan historias de pueblos con muy poca gente, casi abandonados, o se remonta a años previos a que esto ocurriera. Son relatos llenos de melancolia por un mundo en vias de extincion, porque muchos son recuerdos de la despoblación. Supongo que el hecho de haber nacido en Puyarruego en 1954, un poco más arriba de Aínsa, como si fueras hacia Añisclo, en Huesca, le da mucho conocimiento de lo que escribe. No solo por lo que ha visto, sino por lo que le han contado, y me refiero a unos cuantos cuentos acerca de la Bolsa de Bielsa, un embolsamiento de tropas republicanas que fueron expulsadas hasta llegar a la frontera francesa por parte del ejército nacional. Hay mucho costumbrismo, muchas descripciones de las generaciones de nuestros padres en casas de piedra mal iluminadas y mal calentadas en invierno, donde se manda a los hijos a estudiar lejos para que tengan otro modo de vida obviando lo duro que se les hace a los chicos esta separación. Hay amargura en algunos de esos personajes que se quedaron allí para siempre, detrás de un escaparate. A veces los cuentos acaban con el personaje frente a un objeto que lo simboliza todo, como por ejemplo el cristal de una ventana. Otro tienen su toque de humor. Y muchos comienzan con un tono coloquial, como en una conversación sin prisas, para poner a uno "de fuera" en situación. Están los hechos luctuosos y con los que se tiene que convivir encerrados en un valle para siempre. Pero no hay odio acumulado a pesar de los pesares, solo un recuerdo melancólico, balsámico, como si dijéramos al final "por suerte, esto ya pasó" pero tampoco reniegas de ello. 

Hay un verismo en estas páginas que contribuye mucho a la voz propia del narrador en cada cuento. Mantiene algunos modismos y giros del habla de la gente del lugar. Al parecer, Pallaruelo inventa pocas historias, en todo caso sabe exponerlas al lector y abrirle una historia oculta detrás de los muros de una casa en ruinas, de un corral hundido o de un camino de herradura casi abandonado. Ya en el primer relato se encarga de quitarnos el idealismo hacia estas montañas: vivir aquí fue muy duro y sacrificado. Y ahora lo será menos, pero aun asi no le debe faltar dureza.

Para los de fuera, que llegamos, hacemos un  rato de turismo por las cimas y nos volvemos a nuestra civilizada localidad, llamar tristes montes a los Pirineos puede ser una contradicción. Pero ahí está lo bueno de estos 28 cuentos. Dejar de ser turistas o montañeros y ponerse en la piel de esta gente, de estos montes.