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lunes, 26 de enero de 2026

UNA MOSCA ATRAVIESA MEDIO BOSQUE, de Herta Müller

 UNA MOSCA ATRAVIESA MEDIO BOSQUE, de Herta Müller

Un libro para muy cafeteros, lo aviso de entrada. Aquí se encuentran varias conferencias sobre temas que, de una forma u otra, Muller también ha abordado en otros libros.

Sin duda, el primer capítulo, que es el que da título a este pequeño libro, es un cuento que justifica la lectura del libro en cuanto a que yo no lo he encontrado en otros libros. Es corto, pero realmente críptico, difícil de entender. Sin embargo, contiene un montón de imágenes poéticas que te llevan hasta el final de esta narración. Como digo, para muy cafeteros.

Del resto de ensayos, hay que partir de la idea de que Muller no deja de ser una exiliada: porque es rumana de origen, y porque la han tratado de exiliada, y no porque eso tenga un acumulo de connotaciones positivas precisamente. Hay una imagen del desarraigo en los libros de esta mujer, incluso viéndola caminar, que siempre me ha atraído.

El primero trata sobre cómo son recibidos los exiliados, su consideración tanto en el extranjero como cuando vuelven al país. Otro sobre lo que te roba una dictadura. Otro sobre Heinrich Boll y los refugiados en otros países. Otro sobre el escritor chino Liao Yiwu y la opresión del Partido Comunista Chino. Otros sobre el humor en la dictadura rumana, la manipulación del lenguaje en las dictaduras, el miedo ejemplificado en un cepillo de dientes, unas cuantas pullas a Alemania con el escritor Goldschmidt en mente y un ejemplo de cómo algunos regímenes convierten lo cotidiano de una persona en actitud política frente a ellos.

Me gusta Muller, pero nunca empezaría a conocerla a través de esta lectura. Esto son, ante todo, meditaciones. Salvo el cuento de inicio, el resto lo leí de un tirón.

martes, 6 de mayo de 2025

SIEMPRE LA MISMA NIEVE Y SIEMPRE EL MISMO TIO, de Herta Müller

 SIEMPRE LA MISMA NIEVE Y SIEMPRE EL MISMO TIO, de Herta Müller

El sentido de todos los ensayos aquí reunidos, en mi opinión, es el de mostrar al lector interesado en la obra de Müller como consigue crear literatura a través de su biografía. Los ultimos capitulos tambien comentan como otros autores, generalmente ya fallecidos y rumanos como ella, consiguieron fabricar las obras que nuestra autora ha llegado a  admirar tanto. Como dice en alguna ocasión, ella escribe en modo ficción, pero ante todo quiere poder decir lo que ocurre y ve a su alrededor. Por eso la biografía es tan importante en su obra, incluso la que puede compartir con un autor, Oskar Pastior, al que ella admiró desde la amistad y el exilio en Alemania. Este es el caso cuando habla de su novela Todo lo que tengo lo llevo conmigo. Pero también reseña a otros autores rumanos desconocidos en España, incluso comenta el valor del folclore rumano como fuente literaria.

No solo habla de su vida. También de las de sus amigos de juventud, de la vida de su padre y cómo le afectó cuando comprendió quién era de verdad. Otro caso es su madre, una mujer tampoco fácil de sobrellevar, pero a la que debe el título de la presenta obra de la que estoy escribiendo. En uno de los mejores capítulos nos cuenta la persecución que sufrió por la Securitate incluso una vez exiliada en Alemania, en otro como fue su salida por la frontera rumana. En otro comenta su lectura de los informes de la Securitate sobre ella (muy mermados) o como fue el descubrimiento de que alguien tan querido como Pastior también espió para este servicio de seguridad estatal. Todos estos descubrimientos los utiliza para señalar el inmenso valor que da a cada palabra para intentar atrapar aquellas experiencias. Sin duda es muy bueno el capítulo que nos habla de como va descubriendo la palabra que necesita dentro de un párrafo. Antes que hablar de creación, hay un acto de meditación sobre esto. Muy ilustrativa su forma de escribir.

Está el discurso del Nobel de Literatura y la razón del título de este libro. No creo que sea la mejor forma forma de adentrarse en el universo literario de Herta Müller pero, sin duda, es una herramienta estupenda para afinar nuestra sensibilidad hacia los libros leídos de esta autora nacida en una comunidad alemana dentro de Rumania.

martes, 4 de marzo de 2025

LA BESTIA DEL CORAZON, de Herta Muller

 LA BESTIA DEL CORAZÓN, de Herta Müller



"Cuando callamos, nos tornamos desagradables, dijo Edgar. Cuando hablamos, nos tornamos ridículos. "

Una chica nos cuenta su vida en la ciudad a la que ha ido a estudiar. Vive en una residencia de estudiantes femenina. Su familia vive en el pueblo. Es como un diario continuo de lo que le pasa sin una diferenciación de capítulos, como una continua experiencia de lo mismo: la bestia del corazón que se instala en su cuerpo o en los objetos que la rodean. Nunca sabremos el nombre de ella (tampoco el del dictador, pero por diferentes motivos). Sobrevive como una más en una sociedad que te niega la humanidad, pero ella se revela contra este estado demostrando que siente, añora, padece, ríe y sufre. Por eso encaja con los tres amigos que la rodean (Georg, Kurt y Edgar), y por eso se previene de otras muchas personas que nos va a ir mostrando por el camino: Lola, compañera de la residencia que parece su alter ego pero tomando el camino no de la fuga de Rumania sino del suicidio, Teresa la amiga que la traiciona, los recuerdos de su alcohólico padre de las SS, la madre y sus dolores por correspondencia, el capitán Pjele y su perro del mismo nombre que interroga y coacciona a los cuatro amigos disidentes... El dictador es una especia de motor primario de todo lo que les pasa.

El relato, de 196 páginas, es rico en simbolismos y profundas metáforas. Por ejemplo, Lola, una compañera de la protagonista, intentó sobrevivir en este mundo desquiciado plegandose a sus exigencias (más corruptas que ideológicas) con el resultado de no poder soportarlo. Lola se suicidó con un cinturón. La protagonista nunca lleva cinturón, pero no le faltan los mismos impulsos. El cinturón es un símbolo continuo.

La novela tiene muchos momentos crípticos: hay momentos en los que parecemos estar viendo escenas de una película de David Lynch. El simbolismo es potente, se recurre a sueños, a momentos de la vida normal intensificados de forma surrealista que pueden ser descifrados con ayuda de esos mismos símbolos utilizados en otros contextos, como el cinturón, o la nieve cuando cae, el cabello, etc.

Más tarde conoce a su interrogador Pjele de las sesiones en comisaría, y su perro que se llama igual (tal vez lo menos sutil de la obra, pero un tipo así se lo merece). Y a Tereza y a Margit, que le alquila una habitación al irse de la residencia. Está última es descrita parodicamente en sus costumbres de beata. Con ellas, y la modista, se sirve para contar, a veces con un cierto humor chusco, como hace la gente para ganarse un espacio pequeño de libertad a espaldas del Estado: el estraperlo, el soborno, echar las cartas para adivinar el futuro, los planes de huida de Rumania. Poner en orden el futuro personal a base de cartomancia es como descifrar lo imprevisible de cualquier esfuerzo individual. ¿Significan estos detalles de la obra un ajuste de cuentas con el régimen rumano? ¿Un echar en  cara lo que durante toda su vida tuvo que callarse? Müller lo publicó en 1994.

La relación de la protagonista con Tereza tiene detalles semejantes a algo que le pasó en realidad a la autora al exiliarse a Alemania, así como en detalles de la vida de su padre y el padre de la protagonista. Seguramente hay bastantes más. En relación a Tereza, nunca había leído una declaración de amor escrita por Herta Müller como la que aquí escribe, a la par que su dolor por la traición a esos sentimientos. Como todo en ella cuando describe un hecho, es un pasaje descarnado, potente, desolador. Casi un grito contra esa bestia del corazón que salta de su acecho insidioso y te abruma hasta las lágrimas de repente. Entonces la actitud de las personas dominadas por la bestia del corazón redunda en crueldad. Pienso que es una paráfrasis del miedo, pero también, según creo, podría definirse como una relación hacia ti mismo o hacia otras personas en las que, pensando que les muestras atención o incluso afecto, los hieres profundamente porque no sabes hacerlo de otra manera. Y cuando los dejas temblando uno mismo siente el gozo de haberlo hecho así. Es muy cruel y retorcido, dos cualidades que sobresalen en la novela, pero esa crueldad es un goteo constante que en la sociedad y en las familias permea de arriba a abajo. Tal vez, el capitán Pjele actua de conciencia social porque espia la intimidad de todos los amigos de la protagonista, habla con ellos por separado y los juzga.

El estilo de Müller es tan profundo y significativo como la trama, más allá de las idas y venidas cronológicas, las evocaciones temporales de la anónima protagonista. Ella misma construye su mundo literario a base de su experiencia dentro del estado totalitario y de un estilo altamente poético, con un potencial de resignificación de las palabras que te admira y te abruma por su peso. O dicho de otra manera, no es una lectura fácil, requiere poner mucha atención (el interés se presupone) pero a cambio reporta muchísimo deleite y admiración por la novela y su autora.

Lo que hace interesante la novela es su capacidad inmersiva en la experiencia de la autora, el totalitarismo. No divierte con estrategias narrativas, te cautiva con un mundo en el que escuchas hasta la caída de la nieve o el jadeo del perro Pjele en el cuarto de los interrogatorios solo por el peso de las palabras.

miércoles, 1 de enero de 2025

EL REY SE INCLINA Y MATA, de Herta Müller

EL REY SE INCLINA Y MATA, de Herta Müller


¿Qué se puede decir de estos ensayos de Herta Müller? Que mientras los silencios en sus novelas son elocuentes y ricos en matices, aquí ella ha decidido hablar. Y según parece, desvelar los trazos de su desgarrada poética en prosa con alusiones a su biografía y al significado de sus metáforas.

El segundo es más complejo, trata de ese rey que parece inoculado en la vida de los rumanos para siempre. Como un virus del miedo que sabotear tu vida hasta destrozarla por medio del miedo a muchas situaciones concretas de la vida, al exilio, a la gente en general. Ese rey es un dictador, un régimen totalitario, un tipo de persona que te viene a buscar a tu hogar a altas horas de la noche... bastante complejo el capítulo al principio, luego las cosas se aclaran desde el hilo de seguir a ciertas palabras que se enriquecen con nuevos significados, entreverado con ilustraciones de la vida real en Alemania o Rumanía, fobias actuales que sufre debidas al regimen de intimidaciones recibidos o los recuerdos de suicidios e interrogatorios con agentes estatales. Cuando el rey se inclina sobre ella, cuando pone en ella sus ojos, es que está a punto de lamentarlo. Además, el texto explica el origen de su afición por los collages de palabras que acaban formando poemas, y también explica el significado profundo de algunos detalles de sus novelas, como los pelos, los cortes de pelo, los lazos, etc.

Los textos son muy autobiográficos, como en el que describe las amenazas de muerte en Berlín, después de otras, y como el estado rumano era capaz de pudrirlo todo. O cuando habla del valor del silencio que ella aprendió en el campo frente al bullicio social de la ciudad. 

En realidad, es una malabarista de las palabras y los objetos. Una palabra puede tener más de un significado como es sabido, pero también añadirse a una palabra otros significados que la experiencia de uno mismo crea. Con los objetos hace lo mismo, y lo ejemplifica en el cuadro de la mujer en camisón del vagón de tren alemán, por dar uno de muchos ejemplos.

Junto con su experiencia en los interrogatorios, rebaja mucho las expectativas de eso que a veces llamamos la Mirada Distinta de los escritores. O la imposibilidad de una forma de ser diferente a causa del adoctrinamiento a los chavales en el colegio.

Explica por qué, al menos en su caso, muchas ideas de países occidentales y con tradición democrática, no las puede compartir por los mismo hechos que ella ha vivido. Es decir, que no son ideas irrefutables en absoluto algunas frases típicas que escuchamos sin atisbo de crítica: que el lenguaje es parte de tu patria (Herta prefiere aquello que recuerda de Jorge Semprun: Patria no es el lenguaje, "patria es lo que hablamos"), que vivir aislado en medio de nuestras vidas urbanas es una bendición, el problema del nacionalismo más o menos excluyente (por más alemana que te sientas habrá otra más alemana que tú), el problema que tienen los alemanes "de toda la vida" con los "nuevos alemanes" (turcos, indios, etc) esos que no se terminan de ver alemanes "de bien" (como diría cierto político español) aun pasadas dos generaciones porque hablan el alemán con matices que no parecen propios... El análisis que como una alemana nueva, por decirlo de alguna manera, hace Müller del nacionalismo, siempre excluyente, a través del lenguaje y de su propia experiencia tiene poquisimas objeciones, y me encanta. Pero lo que hace terrible y actual su análisis es que formula los logros de una dictadura socialista rumana muy cerca de los logros sociales de una democracia ejemplar como la alemana con sus minorías a las que, por otra parte, invita a venir a trabajar desde sus países de origen para después invitar a que se vayan. El análisis es brutal de leer, un auténtico estacazo para la soberbia alemana. Parece que a Müller le encanta derribar ideas asumidas como irrebatibles o ampliamente consensuadas. O dicho de otra manera, con el tiempo puedes acabar detestando aquello que alabas en cuanto cambien las condiciones sociopolíticas del país en el que vivimos.

En el ultimo capitulo, Müller muestra una vez más su ingenio lingüístico para explicar ideas propias desde su experiencia tomando algunas palabras esenciales, como quien mezcla perfumes esenciales para crear uno singular y que se te va meter muy dentro. Esas palabras son miedo y ventoso (creo que se entiende mejor como voluble, pero eso es cosa mía). Se trata de juntar ese miedo de largo recorrido, no el súbito y manejable, con las personas volubles que se encargaron de alimentar ese miedo para que nunca decayera durante la dictadura. La suma de ambos es el "metemiedos", un tipo que, con la caída del régimen, se ha vuelto un defensor, o mejor un vividor, del capitalismo que anteriormente era su enemigo. A veces ese metemiedos era un objeto, como La llave del Cielo. A veces, como acaba el libro, es una asesino a sueldo del régimen de Ceaucescu en Alemania, con el nombre de Herta Müller en su lista de encargos hallada por la policía alemana, un tipo que ahora es "solamente" dueño de una empresa de zumos en Timisoara. Algo así he visto también en España.

Concluyendo, diría que es un libro atípico en cuanto a género que reúne lo biográfico con la lingüística resultando una forma bastante interesante, muy reveladora, de los libros más crípticos de Herta Müller. Yo lo lei a la vez que La piel del zorro, y fue un valioso acompañamiento. Es original, atrevido, no le falta ironía, ni a veces dolor por lo sufrido y visto sufrir en aquellos años de dictadura. Expresa el por qué de una forma de expresarse tan lúcida, entre mágica y realista, de esa rara poética en prosa de temas duros de los que trata de escapar sin perderles el rostro del todo. Me parece un libro espectacular en ese sentido. 

domingo, 29 de diciembre de 2024

LA PIEL DEL ZORRO, de Herta Müller

LA PIEL DEL ZORRO, de Herta Müller


Libro de 1992. El título original era El zorro era ya entonces el cazador (Der Fuchs war damals schon der Jäger), pero ese año la editorial lo suplantó con este otro título más corto, pero menos descriptivo. Cuando vas leyendo estas historias acerca de sus protagonistas, de las que tal vez Adina sea la principal, comprendes que la vida en un pueblo rumano, del Bánato, a unos 30 km de Timisoara, durante la dictadura de Ceaușescu es cualquier cosa menos atrayente, fácil o simple: es la violación de la intimidad, de tu personalidad. Pero si el lector intenta el ejercicio de contar lo que ha leído, es una historia anodina, y puede que él mismo se sienta contrariado por la diferencia entre lo que como lector es capaz de contar y lo que ha sentido, o comprendido, de la experiencia de leer  La piel del zorro. Conclusión: no es fácil decirlo, expresar esa diferencia tan notoria. Si el lector intenta transmitir lo que ha sentido, no lo va ha tener fácil aunque disponga de todo el día para hacerlo: hay muchas imágenes poderosas, metáforas muy fuertes (como por ejemplo el alambre, al que se alude como un símbolo de miseria humana, algo que empobrece el paisaje urbano solo por estar allí, o cuando los propios pájaros viven  sobre ese material enrollado). Faltan palabras para definir lo que les pasa a los personajes porque ellos no se revelan a otros, es la autora quien describe un instante luminoso por momentos en medio de una realidad chusca. Muchos de los momentos reales de la vida de estos personajes son descritos de forma poco realista. Son vivos retazos de impresiones nada sentimentales. Solo son realidades quebradas, como una imagen desde un espejo hecho pedazos. Sin embargo, lo que verdaderamente está hecho pedazos es la piel del zorro, la metáfora más inquietante y potente del libro. A veces comprendes el conjunto del capítulo, en otras no terminas de entender qué suman las partes que la componen, que relación tienen entre ellas, entre las mismas frases de un párrafo. Conviene una lectura sin prisas ni distracciones. La idea precede al sentimiento, y hay que confiar en que este llega, ¡vaya si llega! Lo que cuenta Müller es muy fuerte, por eso su poetica inicial es tan potente, casi desorientadora: hay que recrear las palabras para contar lo que viene en la segunda mitad del libro. Hay que dotar de nuevos matices a las palabras que todos conocemos para luego emplearlas en la historia de la segunda mitad del libro, así funcionan sus 244 páginas. Solo asi, en mi opinión, acabas comprendiendo la imagen total que Müller nos entrega, aunque entiendo que no es fácil. Así es la poética de Herta Müller, una literatura donde las palabras no son capaces de abarcar la vida de una persona por lo que deben ser re-creadas, reacondicionadas a la nueva realidad. Si la realidad de aquella vida era la de un estado totalitario, y una sociedad de continuo espionaje a sus miembros, siempre en peligro de denuncia y extorsión, tenemos ya el caldo de cultivo de esa poética. Por ejemplo, he notado una gradación en cuanto a la intensidad de la vida de lo que se nos cuenta. Una persona simplemente está, o pasa por un lugar, pero es que tal vez lleve algo en la mano, por ejemplo una linterna, o le roza una rama de un rosal, y tanto la linterna como el rosal tienen más vida e intención que la persona. Parece que solo la persona es el objeto apenas animado, mientras que las cosas circunstanciales son las que le dan sentido. Luego hay un paso más en el que todo encaja, un ambiente donde estas cosas suceden y se justifican, como es una puesta de sol al final de la calle, pescar en el río... A Muller le gustan los collages de palabras, se lo escuché en una conferencia en Pamplona, y entiendes entonces que ella da un valor propio, personal, a cada palabra, a cada expresión. Las redimensiona jugando con ellas como piezas sueltas a ver si entre ellas logra decir lo que quiere, que no es por lo que habitualmente se utilizan. El resultado es una experiencia de lectura profunda y muy original. La sensación continua de extrañeza acerca de lo que estamos leyendo, sobretodo en la primera mitad, tiene dos efectos: desmotivar al lector acostumbrado a una prosa más directa en los hechos y evidente en las intenciones, y meter al lector en un mundo imposible de concebir para muchos de nosotros, un estado de cosas irracional, de puro miedo y autocensura brutales: un mundo que Herta Müller y otros millones de rumanos vivieron, y que hasta ahora se sigue viviendo en otras latitudes del mundo y de la historia. Es vivir un estado de ánimo depresivo como lo más habitual del mundo, ese del que nadie, a lo largo de una vida, puede decir que está a salvo, o no le hayan contado de cerca. En Herta Müller, el estilo te lleva al hecho. Si le coges el punto, la experiencia es asombrosa, y si no, tal vez no sea lo que estás buscando.

El ciudadano no es el centro de la humanidad, sino que sus circunstancias son las que le dan lo que es, y no siempre es por humanidad: "Uno dejaría de existir si la luz se posara sobre la rama siguiente". Con el cuento de preservar la sociedad, no existe ni individuo ni sociedad.

Tenemos mucha gente anónima. Dos pescadores en el río, un borracho tirado en una cabina telefónica, un suicida... gente recelosa una de otra, que vive al día no sólo por lo material, sino en cuanto a proyectos, deseos, vida. La vida de cada persona es un misterio para su vecino si piensa en algo más que cubrir las necesidades elementales. Y no rompe esta opacidad de las relaciones humanas el que un personaje se sienta estremecido por algo que le ocurra a otro. Hay muchos símbolos explícitos, como una soga, los álamos como cuchillos o el mechón de Ceaușescu, su ojo negro en un cartel que abunda por todos los lados, paradigma del estado omnipresente y que todo lo estropea. En cuanto a las amenazas de muerte, Müller y sus amigos las recibieron por parte del estado. En realidad, he hecho un ejercicio adicional como lector: he leído El rey se inclina y mata, donde desgrana, de forma bastante abierta e incisiva en su argumentación, cómo su biografía la ha llevado a utilizar este especial gusto por las palabras. También cuenta sus terribles experiencias con los agentes de la Securitate. Merece mucho la pena este contraste entre los dos libros, es muy enriquecedor.

A veces hay momentos de intimidad entre dos personas. Extrañamente, son dos personas que se encuentran alejadas una de la otra por una vigilancia externa: alguien que, incluso sin querer, pasaba por allí. Simplemente se sienten vigilados, es el estado normal de vivir. Eso desata rasgos de penuria material y moral donde debía haber unos minutos de placer, o de libertad, en esos momentos de intimidad. Es el caso del coche metido en el maizal. Parece que todo cuesta lo más valioso en la vida, siempre se retrae, se difumina, se esconde, se acaba disipando en la nada por el miedo al estado. Müller lo cuenta con la naturalidad de todos los días, situaciones engañosamente cotidianas como si contara el paseo de una hora por el patio de la cárcel de un preso condenado a cadena perpetua: quisiera ser lo normal en la vida, convertirlo en un espacio de libertad, pero no lo es, no lo puede ser porque tropìeza con lo muros de la prisión. Dar pocos pasos no es una sensación de libertad. Tampoco lo es el hecho solamente de ir a trabajar todos lo dias o ir al peluquero cuando quieres. Así se mueven los personajes de La piel del zorro

Es una novela compleja de leer no tanto porque no se pueda sino porque al lector este ambiente totalitario, de disgregación del individuo, de sospecha hacia otro, de pobreza pero sin morirte de hambre, nos queda lejos de nuestra mentalidad a dia de hoy. No es nuestra experiencia ni de lejos, y cuesta ponerse en esa vida, interpretar esas sensaciones. Los gestos de los personajes no nos son propios. Esa gente que, da la sensación, no termina de decir lo que quiere decir. Rumania era un país hermético. Contradictorio: lo que debería dar calor, aporta frío. Un sol de invierno, unas manzanas heladas que no calientan el estómago vacío, el humo gélido del tabaco. Las cosas adquieren las características de lo que les rodea; las personas también. 

Crudeza material, es no ser pobres, pero no tener nada. Solo a mitad de novela se empieza a concretar una historia dura de infidelidad, delación, amistades traicionadas y burócratas corruptos. Es una crudeza espiritual la de estos personajes (Clara, Pavel, Ilya, Adena) basada en desviar la atención de cualquier cosa que nos hace humanos o provoque sentimientos de malestar de los que después te debas arrepentir, avergonzar y, sobre todo, esconder ante cualquiera por una delación al estado que por todo está: un mechón de pelo, una peca en el rostro, una polilla en el cuello de la camisa son las marcas de esa persona que te escucha, te pregunta, te observa y te delata... es tremendo el grado de deshumanización alcanzado por estas personas y que generan una apariencia de normalidad exterior. Pero nadie se engaña tanto como para no saber lo que pasa: "yo sé lo que se", frase repetida en la novela, podría haber sido su otro título. La falta de dignidad, la que se roban unos a otros, no lleva a la indignación sino al sometimiento. O como mucho a escapar de Rumania y su dictador cruzando el Danubio a nado. Hasta que alguien estalla en una reacción patética de llanto, claudicación y, finalmente, sometimiento. 

Sin embargo, no todo es tan amargo. El libro avanza y termina con amistades traicionadas, con la poderosa metáfora de la piel del zorro hasta el último día narrado, con la presencia de Ceaușescu más visible y más risible mientras hay dos personajes que deben esconderse de la Securitate. El libro termina con el final del régimen mientras perseguidores y perseguidos, se quedan a verlas venir.

Como lector siento todo lo gris, metafórico y esquemático de la vida bajo la pesada bota de la dictadura, donde seguir un argumento definido es difícil en la primera mitad del libro por lo que comente más arriba. La historia adquiere una línea argumental más definida con lo que les pasa a los protagonistas que escuchan la noticia del colapso del régimen por la radio o el boca a boca. Esa ha sido la estrategia de Müller, atrevida, osada, aún a riesgo de dejar la lectura difícil muy pronto, pero honesta como no puede ser de otra manera en algo tan serio. De esta manera no sólo cuenta el pasado de la gente, sino su futuro porque Ceaușescu no termina nunca de salir de sus cabezas. Lo ha hecho de la mejor manera para que lo sientas, no con una historia típica en la que los personajes se interponen entre el lector y lo que pasó. Aquí se retuerce el lenguaje hasta sacar diamantes expresivos como pocas veces se tiene la oportunidad: es más profundo, veraz y honesto. Y original. 

sábado, 16 de noviembre de 2024

EN TIERRAS BAJAS, de Herta Müller

EN TIERRAS BAJAS, de Herta Müller


Usando el costumbrismo, estos relatos trascienden con mucho cualquier lectura acerca de cómo vivían los rumanos descendientes de alemanes en el oeste del país. Ciertamente es una vida rural, precaria, muy tradicional y apegada a valores ultraconservadores dentro de la población desconectada de la idea de progreso y modernidad. Pero hay un aliento de vida que se resiste a perecer del todo en esta voz de niña que nos habla en cada cuento: una desesperanza tristísima, una pérdida de cualquier horizonte alejado del lugar donde viven, la herencia obligada de unos valores muy poco humanizadores encarnados en los adultos... dentro de un estado comunista, el rumano, allá por la época de Adenauer como refleja alguno de los cuentos. Tiene algo de autobiográfico, así que podrían estar en la década de los sesenta a unos 40 km de Timişoara. Es curioso cómo, sin haber salido de la tierra que los vio nacer, todos estos personajes parecen desarraigados de sí mismos. Como puede suceder esto es de lo que se encarga la autora de mostrarnos.

Me han recordado desde muy pronto el mismo ambiente que se respira en algunas escenas de las películas de Bela Tar, o la película El pájaro pintado de Vaclav Marhoul: un mundo duro, poco estimulante para una niña, en el que vivir a la defensiva, y guardarte tus sentimientos... hasta que ya no merezcan la pena sino para ir tirando en un mundo violento. 

Los dos primeros cuentos ya te dejan noqueado: son cortos de extensión, pero muy largos en el regusto que dejan en el cerebro. De esos que me dejan pensando en esa pregunta tan estimulante: ¿Qué diablos acabo de leer? ¿Cómo es posible haber escrito algo así, con coherencia completa de significado pero del que me siento todavía expulsado? Lo vuelves a leer porque quieres entrar ahí, es cuestión de minutos y vuelves a levantar la cabeza del libro, sorprendido por esa sensación de extrañeza, pero habiendo comenzado a comprender. No es solo una experiencia de la vida distinta a la mía la que transmite Müller, es otro lenguaje mucho más conciso, depurado de palabras superfluas, párrafos tremendistas y frases melodramáticas, el que te propone como envoltura pero también como contenido. Lo costumbrista de las escenas rurales que se cuentan desde una cierta intimidad infantil es solo la pista de despegue de todo lo que nos transmite la autora.

En tierras bajas es el cuento más largo, el central, de este libro de 190 páginas según mi edición de Debolsillo. Son historias que cuenta la niña viviendo en su aldea de suabos con una madre de trato duro, resentida con su marido y amargada por la vida. La abuela con sus supersticiones y manías, el padre hosco, de los que procuran escapar de casa con cualquier pretexto, haciendo negocios con el camión por ahí. Las pequeñas escapadas, chispazos de la imaginación para desaparecer por unos minutos de esa soledad, de ese encierro que es vivir tan atrasados... el relato traspasa con cierto lirismo la cara más anodina y a veces brutal de la vida diaria: desde el sexo hasta la muerte, todo forma un continuo sin mucho significado ni especial interés, y se comentan descarnadamente como algo más dentro del pasar de los días, aunque el sexo sea violación y la muerte la pérdida de alguien querido. Sin embargo la niña no se engaña: se da cuenta que todo esto la está marcando enormemente, pero no sabe cómo salir de esto antes de acabar como los adultos. Desea el afecto y recibe un bofetón. Queda la sensación de que ser feliz en esta tierra es algo que se desconoce y no se enseña: por ejemplo, cuando lo intenta en la bañera, desnuda. Parece ser que es la lección que está aprendiendo esta niña: aguanta hasta que otros te tengan que aguantar. Es ese lenguaje directo de una niña que no se censura como sus mayores, pero que está aprendiendo que es la vía de escape para vivir en esa tierra, las tierras bajas. Por otro lado, el estado parece lejano, aquí la única autoridad es la muy brutal y descarnada que ejerce la familia de una manera, como vemos, muy efectiva. Ellos mismos suplen al estado con su brutalidad sin ser estorbados, lo que retrata al estado que no ve necesidad de intervenir.

El último cuento, muy corto, dedicado al extremo absurdo de la rutina de un día cualquiera. Muy expresivo, como todos, pero directo como no lo hay otro en este libro de cuentos de múltiples lecturas. 

El regusto que me dejó este libro es el de una muy eficaz despliegue de sentimientos elaborados con descripciones certeras, libres de palabras superfluas, y con metáforas candentes ante los ojos, casi explosivas, de la vida diaria. En contraste, encontramos los refugios que encuentra la niña en su imaginación con los mismos elementos de la vida que la rodean. Creo que son sentimientos tal vez muy elaborados, miradas muy perspicaces para una niña, pero tremendamente evocadoras para cualquier adulto que se precie de serlo, ya sea a 40 minutos de Timisoara en coche o al otro lado del mundo. Así es el poder evocador, liberador y universal de Herta Müller en este libro.

viernes, 30 de julio de 2021

HERTA MULLER. A LA SOMBRA DE EUROPA, de Robert D. Kaplan

HERTA MULLER. A LA SOMBRA DE EUROPA, de Robert D. Kaplan


Los alemanes étnicos no solo vivían en Transilvania. Varios centenares de miles se establecieron en la región del Banato, en la zona suroeste de Rumanía, por ejemplo. En el siglo XVIII, los emperadores Habsburgo los animaron a que ocupasen aquella tierra de paso del Imperio Austríaco. Tal vez estos alemanes recibieran el nombre de suabos porque iniciaron el viaje hacia el Banato desde la ciudad de Ulm, al sur de Alemania, al paso del Danubio por Suabia. El régimen de Ceauşescu, cuando fusionó el nacionalismo extremo con el comunismo, inició una fuerte represión contra ellos además de contra otras minorías étnicas, lo que propició que multitud de suabos abandonasen el territorio durante la última fase de la Guerra Fría. Por cada emigrante al que se permitía salir, el régimen de Ceauşescu exigía una recompensa al gobierno de Alemania Occidental. Lo mismo sucedió con el resto de la población alemana étnica que deseaba salir, así como con los judíos (cuya retribución corrió a cargo de los gobiernos israelí y estadounidense). 

He sacado a colación a los suabos por el considerable impacto que la prosa de Herta Müller tuvo sobre mí. En 2009, Müller fue galardonada con el premio Nobel por sus memorias y los relatos biográficos de su niñez, cuando era una suaba en el Banato de la era de Ceauşescu. La opresión aparece en todos sus textos, aunque raras veces escribe abiertamente sobre ella. En lugar de hacerlo directamente, consigue atravesar al lector con unas crudas imágenes de silencio, crueldad y vacuidad: despliega un mundo material que, aun siendo rural y tradicional, está privado de belleza o de una estética edificante. Mientras que el barro y las herramientas u otros objetos vinculados a la tierra pueden considerarse casi joyas cargadas de sensualidad en la poesía del fallecido poeta nacido en la Irlanda del Norte y también premio Nobel Seamus Heaney, en la obra de Müller estas mismas imágenes no dan tregua:


 La nieve cae sobre los perros callejeros. El frío corroe las fachadas con su sal. En algunos sitios se desprenden los letreros. Los hombres embozados que regresan de la taberna bajo sus gorros de piel apolillados pasan de largo sin pensar en nada y hablando solos. Es un agua amarillenta y dura y, al lavar, suelta sémola en vez de espuma y deja la ropa blanca, áspera y gris. Papá llegaba a casa borracho todos los días. Mamá apoyó las palmas de la mano contra la estufa de azulejos y estalló en sollozos. No hay crepúsculo matutino ni vespertino. El crepúsculo está en los rostros de las gentes.

La represión no solo se encuentra en las prisiones y los pelotones de fusilamiento. Puede tratarse también de un tedio más mundano y extenuante, una sensación que Müller reconstruye fielmente.