EL SAQUEO DEL ESTADO. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
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viernes, 29 de noviembre de 2019
EL SAQUEO DEL ESTADO. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
martes, 5 de noviembre de 2019
EL PODER DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION SOBRE LA DEMOCRACIA. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
EL PODER DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION SOBRE LA DEMOCRACIA. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
| santiago de chile |
La comparación que hace Brogan con los trenes de juguete resulta reveladora: los periódicos son los juguetes, los muñecos de sus propietarios. E interesarse es un eufemismo ñoño para describir cómo los propietarios estampan su huella ideológica sobre sus periódicos y transforman sus propias agendas políticas en fuerzas públicas que haya que tener en cuenta. «Sería sorprendente que un periódico reflejara un espectro de puntos de vista que no coincidie ran de alguna forma con los de sus propietarios», dice Brogan. El problema de lo que está admitiendo es que cualquiera que sea lo bastante rico como para comprar un periódico tiene un interés creado en mantener un orden que proteja la riqueza y el poder. Si de verdad es inevitable que las opiniones de los periódicos reflejen hasta cierto punto las de sus propietarios, entonces eso garantiza que los medios de comunicación británicos operen como meros portavoces de los intereses de los ricos.
(...)
Rupert Murdoch habla de su poder de forma muy abierta. En el caso del Sun y del antiguo News of the World, él se veía a sí mismo como un «propietario tradicional» que ejercía un «control editorial» tanto sobre uno como sobre el otro, de acuerdo con las pruebas que presentó en 2007 ante un comité de comunicación de la Cámara de los Lores. «El señor Murdoch no oculta para nada el hecho de que él tiene el control tanto económico como editorial —dicen las actas del comité—. Ejerce un control editorial sobre los temas de importancia, como a qué partido hay que respaldar en unas elecciones generales o cuál ha de ser la línea política sobre Europa.» Afirmó que no tenía el mismo poder sobre el Times o el Sunday Times, pero que, aun así, llamaba a los directores para preguntarles: «¿Qué estáis haciendo?». No parece muy probable que, teniendo a Murdoch al otro lado de la línea, a sus directores les diera por llevarle la contraria de ninguna forma. En la Comisión de Investigación Leveson sobre los medios de comunicación británicos de 2012, Murdoch declaró abiertamente: «Si quieren ustedes juzgar mis ideas, miren el Sun». Durante la misma investigación, la exdirectora del News of the World, Rebekah Brooks, explicó que, aunque ella hubiera preferido más noticias de famosos, «en general, y sobre los grandes temas, teníamos puntos de vista parecidos». Murdoch la contrató, básicamente, porque sabía que Brooks garantizaría que el News of the World proyectara las ideas personales de su dueño.
miércoles, 23 de octubre de 2019
EL FRAUDE DE LA DERECHA. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
EL FRAUDE DE LA DERECHA. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
"No son únicamente los izquierdistas declarados quienes critican ese «socialismo para los ricos» que permea el régimen británico; también hay libertarios derechistas que lo reconocen. Douglas Carswell es un parlamentario conservador inconformista que se define a sí mismo como «libertario». Sentados los dos bajo los arcos de la bóveda de cristal de la Casa Portcullis del Parlamento, me cuenta que él se inspira en los niveladores radicales de la Inglaterra del siglo XVII. «Miro a mi alrededor y pienso en las disputas del siglo XVII: seguimos combatiendo a una élite afectada y arrogante que acumula poder y se dedica a chuparnos la sangre a los demás como una sanguijuela —me dice, hablando con ráfagas enfáticas y entrecortadas—. Y, aunque me duele decirlo, porque soy un thatcherista ferviente, sospecho que muchos de los problemas surgieron en los años ochenta. Gran parte de lo que sucedió entonces fue muy positivo, en el sentido de que hizo progresar el mercado libre, pero muchas de las cosas que creamos entonces, creyendo que iban a constituir un mercado libre, han acabado convirtiéndose prácticamente en lo contrario.» En opinión de Carswell, Gran Bretaña se ha convertido en una «oligarquía», víctima de una forma rampante de «amiguismo corporativo», que representa perfectamente el hecho de que las grandes empresas pueden «malversar partes del presupuesto de defensa a través de un sistema completamente inadecuado de obtención de recursos defensivos». Para un utópico de derechas como Carswell, esto no es capitalismo, sino más bien «corporativismo»: «Son las grandes empresas juntándose con el gran gobierno para cortarse a sí mislfíós un trozo enorme del pastel de la economía».
Cuesta no estar de acuerdo con el análisis de Carswell, aunque su solución al problema pasaría por una reducción drástica del Estado que dejaría a la población británica completamente expuesta a las fuerzas desatadas del mercado. Sin embargo, la gente como Carswell sí que pone sobre la mesa una serie de realidades del Establishment moderno. El riesgo y la deuda se han nacionalizado y recaen en la población, mientras que los elementos de beneficio están privatizados. Pese a que la ideología del sistema abomina con pasión del estatalismo, las élites empresariales dependen por completo de la generosidad del Estado. Éste es el tronco del capitalismo moderno y es el que lo sostiene: protegiendo a las grandes empresas, formando a sus trabajadores y subsidiando sus salarios, rescatando su corazón financiero y suplementando directamente los beneficios bancarios."
martes, 22 de octubre de 2019
LA BANDA CALLEJERA MAS GRANDE, LA POLICIA. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
"Poco después de los disturbios que trajeron caos, destrucción y miedo a las calles de muchas ciudades inglesas en 2011, un estudio llevado a cabo por la London School of Economics y el periódico The Guardian reveló que muchos participantes en los altercados estaban resentidos con la policía. Aparecieron testimonios de registros humillantes y de violencia verbal rutinaria, así como una sensación generalizada de que los trataban de forma distinta por el color de la piel. Un año después de los disturbios, entrevisté al veterano trabajador por los derechos raciales Stafford Scott en un café de Tottenham. Scott me hizo mucho hincapié en que el rencor se transfería de una generación a la siguiente, dado que a la sensación de injusticia que experimentaban los jóvenes por cómo los trataba la policía se le sumaba el resentimiento heredado de sus padres y de sus abuelos. De joven, a Scott lo detuvieron y lo multaron bajo la llamada «Ley de Sospechosos», parte de la famosa Ley de Vagos y Maleantes que databa de hacía casi dos siglos y que se mantuvo en vigor hasta 1981. La ley en cuestión daba poder a la policía para detener a alguien por la simple razón de que tal vez fuera a cometer un delito. El resultado fue la criminalización de muchos hombres negros. Al mismo tiempo, durante las décadas de los setenta y de los ochenta se expulsó a grandes cantidades de adolescentes negros de sus escuelas. Tal como me explicó Ken Hinds, presidente del Grupo Haringey de Control de los Registros en la Calle: «En la comunidad negra ya hay tres generaciones que se han visto afectadas de la misma forma por los registros callejeros, lo cual quiere decir que lo que yo viví hace treinta y cinco años hoy lo está viviendo mi nieto».
Entre los jóvenes negros a los que he entrevistado aflora un sentimiento compartido: que la policía «es la banda callejera más grande que hay». Lo inquietante es que esta clase de expresiones las usa la misma policía. A principios de 2012, el inspector jefe de la policía de Enfield, Ian Kibblewhite, advertía a los pandilleros: «Puede que en vuestra banda seáis cien, pero en la nuestra somos treinta y dos mil. Nos llamamos la Policía Metropolitana». Reflexionando sobre algunos de sus antiguos colegas, Brian Paddick dice: «Hay gente de esa generación que acabaron de criminales, y otros en la policía. Podían haber caído tan fácilmente de un lado como del otro». Y se pregunta por las razones: «¿Era por una cuestión de seguridad? ¿Acaso se sentían más vulnerables? ¿Quizá era gente que veía violencia a su alrededor y quería seguridad, quería alistarse en una banda legítima que les ofreciera protección? Las bandas criminales de hoy en día les infunden una sensación de seguridad a los jóvenes; pues tal vez esos agentes pensaban que la policía les podía ofrecer esa misma seguridad a ellos».
lunes, 7 de octubre de 2019
LA SOCIEDAD RESCATANDO A LOS RICOS. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
LA SOCIEDAD RESCATANDO A LOS RICOS. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
"Anthony Browne, director general de la British Bankers’ Association (BBA), es uno de los agentes de presión de la banca más veteranos de Gran Bretaña. «No nací pensando que de mayor iba a ser cabildero de los bancos», me dice riendo cuando nos reunimos en las oficinas sorprendentemente pequeñas que tiene la BBA en el corazón del distrito financiero de Londres. Por sus antecedentes, Browne es más bien un escudero: en el pasado fue director de Policy Exchange, el think tank fundado por figuras de primera fila del Partido Conservador y financiado por intereses privados de derechas. Su carrera posterior refleja a la perfección la «puerta giratoria». Ha trabajado como director de Relaciones con el Gobierno del banco de inversiones Morgan Stanley, como jefe de asesores de Boris Johnson, el alcalde conservador de Londres, y como periodista para la BBC y los periódicos The Observer y The Times. Browne no se muerde la lengua al describir lo que representó el rescate. «Si sale cara, gano yo, y si sale cruz, perdéis vosotros, lo cual no tiene nada que ver con el capitalismo —dice—. Hay un riesgo moral, que es acabar asegurado, básicamente, por el contribuyente. Cuando se obtienen beneficios, éstos van a parar a los accionistas o a los empleados, pero cuando se pierde dinero o se quiebra, los accionistas y los empleados pagan hasta hundirse, pero el contribuyente también paga, y ahí hay un problema muy grave.»
De acuerdo con la Oficina Nacional de Control, la magnitud del rescate estatal a los bancos llegó a la asombrosa cifra de 1.162 billones de libras. A estos bancos, sin embargo, no se les exigió ninguna responsabilidad hacia el pueblo que los había rescatado: los contribuyentes no tenían a ningún representante sentado en sus consejos de administración. Los gobiernos mantuvieron a raya al contribuyente y dejaron que los bancos continuaran actuando como les venía en gana. Tal vez, la definición más asombrosa de este rescate sea la que viene de James, el vicepresidente de uno de los mayores bancos británicos, que —nuevamente, para preservar su carrera— habla conmigo de forma estrictamente extraoficial: «Se trata de un fraude corporativo a escala industrial y permitido por el gobierno».
Vale la pena hacer hincapié en la idea de James. La población pobre de Gran Bretaña ha sido abandonada a su suerte. Si el millón aproximado de familias que dependen todos los meses de usureros legales como Wonga no pueden pagar sus deudas, ahí no hay rescate del gobierno que valga. Lo que sucederá con toda probabilidad es que les llegarán alguaciles a su misma puerta para embargarles los bienes. Los pobres deben obedecer las reglas del capitalismo despiadado. Pero los bancos que han sumido al mundo en la calamidad económica, no. Para ellos hay una red de seguridad: el Estado de bienestar viene a rescatarlos."
martes, 1 de octubre de 2019
PERIODISMO Y MENTIRAS. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
PERIODISMO Y MENTIRAS. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
domingo, 15 de septiembre de 2019
LOS POLITICOS DISTORSIONAN EL LENGUAJE. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
LOS POLITICOS DISTORSIONAN EL LENGUAJE. EL ESTABLISHMENT, de Owen Jones
"El lenguaje es una herramienta crucial para marginar la disensión política. Antaño reforma era un término que se asociaba con la izquierda. La fundación del National Health Service, por ejemplo, la sanidad pública británica, se podía considerar una tremenda reforma. Ahora, en Cambio, reforma suele usarse como nombre en clave para referirse a la clase de políticas que promueve el Establishment, tales como la privatización, el desatar las fuerzas del mercado en los servicios públicos y replegar todavía más las fronteras del Estado. De esta manera, a los opositores de las reformas se les puede representar como si fueran ellos los verdaderos reaccionarios: personas pusilánimes que obstaculizan con su actitud cualquier cambio. Cuando estaba en la oposición, el líder conservador David Cameron solía criticar a Gordon Brown por ser un «obstáculo a las reformas», basándose en que su adversario supuestamente se oponía al plan blairista de aumentar la participación de las compañías privadas en los servicios públicos. Progreso es otro de esos términos que han sido incautados, igual que modernización. «Ir hacia delante y no hacia atrás» era uno de los lugares comunes favoritos del nuevo laborismo, a menudo usado para representar el contraste éntre ellos y una supuesta izquierda que miraba al pasado. Cuando Blair introdujo la expresión fuerzas conservadoras en el léxico político de finales de los años ochenta, la usaba, por lo general, contra los sindicatos y los trabajadores del sector público que se oponían a las políticas que guiaba el mercado. La expresión intereses creados también suele usarse de forma habitual para describir a los sindicatos y a los trabajadores, nunca a los titanes corporativos. Decisiones difíciles también es un elemento habitual en el vocabulario del Establishment, y suele aludir a políticas que reducen el nivel de vida de los demás, o bien que resultan duras para todo el mundo salvo para los políticos, y que implican que los adversarios son débiles o cobardes. El uso incansable de estos términos les da a las ideas del régimen neoliberal un aire progresista, como si mirara al futuro. Es tremendamente irónico, teniendo en cuenta lo reaccionarias que eran las ideas de los escuderos originales, que defendían abiertamente un retorno a la economía liberal clásica y una era libre de (lo que ellos consideraban) la corrupción de la intervención estatal."
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