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miércoles, 28 de noviembre de 2018

FRANCO CONTRA PRIMO DE RIVERA. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda

FRANCO CONTRA PRIMO DE RIVERA. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda 

   "Ramón Serrano Súñer entrega una carta de Franco a Gil Robles, donde solicita su inclusión, como independiente, en la candidatura derechista para la repetición de las elecciones en Cuenca, ya que fueron anuladas las del 16 de febrero. El comité electoral de la CEDA acepta la petición de Franco y el cuñado, Serrano Súñer, vuelve a Santa Cruz de Tenerife para comunicarle la vía libre a su deseo. Los diarios de derechas dan la noticia el día 23, pero José Antonio Primo de Rivera, que está en la cárcel, se opone a dicha candidatura, que incluye a Franco, porque él también estaba incluido en la misma candidatura por Cuenca. El jefe de la Falange no quiere ver su nombre junto a Franco en unas elecciones. Por fin, Serrano Súñer vuelve de nuevo a Tenerife y convence a Franco de que José Antonio no quiere ser incluido con él. «No me parece viable una candidatura en que figuremos él y yo», dijo José Antonio, según transcribe Gil Robles.
   Este hecho preelectoral dejará amargo recuerdo en Franco, que no olvidará jamás. Su nombre ha sido rechazado, con exigencia, por José Antonio, el fundador de la Falange e hijo del dictador Primo de Rivera. Franco se ve despreciado en su alta estima, en su honor y en su orgullo; en el subconsciente guardará mal recuerdo de José Antonio. Cuando en el otoño de 1936, en los primeros meses de la Guerra Civil se realizan gestiones para salvar a José Antonio, que está en la cárcel de Alicante, para canjearlo por el hijo de Largo Caballero, a propuesta de Indalecio Prieto, Franco no accede a ello. Y deja a José Antonio a su suerte, abandonado y sin esperanza. La frustración de Franco por la candidatura de Cuenca con José Antonio, dará después sus frutos de rencor y venganza. Cuando un hombre inseguro y rencoroso se venga, calmará su conciencia, justificando una mitología de José Antonio e iniciando un culto a su recuerdo, para acallar su culpabilidad."

miércoles, 30 de mayo de 2018

RAZONES DE LA GUERRA CIVIL PARA AZAÑA. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda

RAZONES DE LA GUERRA CIVIL PARA AZAÑA. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda 

  "Manuel Azaña en La velada en Benicarló. La revolución abortada hace un diagnóstico exacto de las motivaciones del 18 de julio: «Odio destilado lentamente durante años, en el corazón de los desposeídos. Odio de los soberbios, poco dispuestos a soportar la insolencia de los humildes. Odio de las ideologías contrapuestas, especie de odio teológico, con que pretenden justificarse la intolerancia y el fanatismo».

miércoles, 18 de abril de 2018

18 DE JULIO DE 1936. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda

18 DE JULIO DE 1936. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda 

   "Franco no está seguro de lo que pueda acontecer en las horas siguientes y, sabe que se le puede ver, como cabeza visible de la sublevación, envuelto en un pronunciamiento militar de rebeldía. Cautamente prefiere ausentarse hasta que los acontecimientos se presenten claros e inequívocos. Entonces decide salir a primeras horas de la tarde en el avión inglés, rumbo a Marruecos, pero con la secreta intención de pernoctar en territorio francés. Saliendo por la tarde no tendrá tiempo de llegar a Tetuán, y tiene que pasar la noche en territorio francés. Llega a últimas horas de la tarde, al anochecer, a Casablanca, después de repostar gasolina en Agadir. Necesita ganar tiempo. Mientras tanto, Balbín permanecía impaciente en Casablanca a la espera del Dragon Rapide inglés. El diario La Dépêche Marocaine titula así: «Sublevación militar en el Marruecos español. En Melilla, población de la zona oriental del Protectorado vecino, un grupo de oficiales se ha sublevado contra el gobierno de la República». Y a continuación ampliaba: «El general Franco, llamado por el Gobierno para sofocar la rebelión, se encuentra en pleno vuelo desde Canarias a Madrid».
   La actitud de Franco el 18 de julio resulta extraña, pero es propia de su mentalidad insegura, que no arriesga hasta ver clara la solución, aunque ese día la solución se la van a dar resuelta otros hombres. El 18 de julio Franco declara el Estado de guerra en Canarias y se ausenta de territorio nacional hasta comprobar en qué situación desemboca la rebelión militar frente al gobierno. Durante esa noche del 18 en el Marruecos francés, en Casablanca, trata de informarse a través de Bolín del éxito o fracaso de la rebelión. Logran averiguar que el Marruecos español se ha sublevado frente al gobierno de Madrid, frente a la República. Asegurado ya y en poder del ejército marroquí el territorio, en la mañana del 19 despega el avión de Casablanca hasta Tetuán. Pero Franco sigue desconfiando y ordena al piloto que sobrevuele varias veces el aeropuerto para comprobar la situación. Franco no arriesga nada. Por fin distingue en el aeropuerto a un subordinado, Sáenz de Buruaga. Al tratarse de un implicado en la sublevación ya está seguro y decide aterrizar.
   «Vengo a salvar España», exclama nada más pisar tierra. Se hace cargo de la situación y se pone al frente del mando del ejército. Piensa que por el solo hecho de estar mandando el ejército de Marruecos es motivo suficiente —y también amedrentador— para que el gobierno de la República entregue el poder. Franco y Mola están equivocados y han subestimado al pueblo español.
   El 18 de julio solamente se sublevan Franco en Canarias y Queipo de Llano en Sevilla. Y al anochecer, ya cuarenta y ocho horas después de iniciarse el Alzamiento en Melilla, lo hará Mola en Pamplona. El 19 lo harán la mayoría de los otros sublevados. Pero Franco establecerá más tarde la fecha símbolo del alzamiento el día 18: su fecha. El día en que durmió en suelo extranjero, mientras muchos españoles estaban atónitos o aterrados. Todo un símbolo de su personalidad."
Tenerife a principios de julio de 1936

lunes, 9 de abril de 2018

UNAMUNO CONTRA MILLÁN ASTRAY. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda

UNAMUNO CONTRA MILLÁN ASTRAY. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda 

  "El día 12 de octubre, fiesta de la raza española, se produce un incidente grave en un acto oficial de la España nacionalista, que revela el fanatismo e intransigencia militar frente a los intelectuales; algo que perdurará durante el franquismo.
  Con motivo de la fiesta de la raza se celebra un acto académico en la Universidad de Salamanca, al que asiste la esposa de Franco, el obispo Plá y Deniel y don Miguel de Unamuno. Tras los discursos patrioteros, cierra el acto, con unas breves palabras, Unamuno, que dice lo siguiente:
  Dije que no quería hablar, porque me conozco; pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la cavilación cristiana; yo mismo lo he hecho otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. Nací arrullado por una guerra civil y sé lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisición. Se ha hablado también de los catalanes y los vascos, llamándoles la anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis. Ese sí es Imperio, el de la lengua española, y no…
  Unamuno no pudo terminar la frase; fue interrumpido por el grito de «¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!» pronunciado por Millán Astray, que se encontraba en el salón. Ante el grito histérico de «¡Viva la muerte!» Erich Fromm ha tratado y analizado psicológicamente el tema con las siguientes palabras:
  La palabra «necrófilo» para designar un rasgo de carácter y no un acto perverso en el sentido tradicional la empleó el filósofo español Miguel de Unamuno en 1936 con ocasión de un discurso pronunciado por el general nacionalista Millán Astray en la Universidad de Salamanca, de la que era rector Unamuno al empezar la Guerra Civil española. La divisa favorita del general era «¡Viva la muerte!», y uno de sus partidarios la voceó desde el fondo del salón. Cuando el general hubo terminado su discurso, Unamuno se levantó y dijo:
  Acabo de oír el necrófilo e insensato grito: «¡Viva la muerte!». Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta pensar que el general Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de las masas. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor.
  A esto Millán Astray, incapaz de reprimirse más tiempo, gritó: «¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!». Los falangistas aclamaron esta réplica. Pero Unamuno prosiguió: «Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España. He dicho». Y puntualiza Erich Fromm en Anatomía de la destructividad humana: «La necrofilia en sentido caracterológico puede describirse como la atracción apasionada por todo lo muerto, corrompido, pútrido y enfermizo; es la pasión de transformar lo viviente en algo no vivo, de destruir por destruir, y el interés exclusivo por todo lo puramente mecánico. Es la pasión de destrozar las estructuras vivas».
  A primeros de diciembre, Unamuno escribe una carta a su amigo Quintín de la Torre y dice: «[…] Aquí mismo [Salamanca] se fusila sin formación de proceso y sin justificación alguna. A alguno, porque dicen que es masón, que yo no sé qué es esto ni lo saben los bestias que fusilan por ello»."

domingo, 11 de marzo de 2018

FRANCO PROCLAMADO JEFE DE LOS SUBLEVADOS. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda

FRANCO PROCLAMADO JEFE DE LOS SUBLEVADOS. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda 

  "El general Cabanellas, general sublevado y presidente de la Junta de Defensa, no podía dirigir realmente la guerra, que se presentaba a la vista, por ser de edad avanzada (tenía 64 años) y republicano convencido, que no se entendía con los monárquicos, ni estos con él. Pero el principal inconveniente que presentaba era su reconocida fama de masón.
  Su hijo Guillermo escribirá en 1976, refiriéndose al acto de la toma de posesión de Franco como Generalísimo el día 1 de octubre en Burgos: «Ustedes no saben lo que han hecho, porque no lo conocen como yo, que lo tuve a mis órdenes en el ejército de África, como jefe de una de las unidades de la columna a mi mando y si, como quieren, va a dársele en estos momentos España, va a creerse que ya es suya y no dejará que nadie lo sustituya en la guerra, ni después de ella, hasta su muerte».
  Otro conocedor de aquella historia, Serrano Súñer, comenta en sus Memorias que Cabanellas le dijo:
«Emilio me quiere; Franquito, no». […] Cabanellas pasa a desempeñar un cargo, prácticamente sin función, que se titula Inspector del Ejército. En realidad, queda apartado de todo. Franco no le hace ningún caso, incluso se resiste a recibirlo, muchas veces, cuando pide audiencia. […] Dice Franco que he sido masón, lo que es muy cierto pero eso ya lo sabían cuando contaron con mi colaboración y si sobre ello tiene alguna duda, para asegurarse no tiene más que preguntarlo a persona próxima, ya que juntos asistimos a las mismas reuniones en la logia.
  Franco rechaza claramente a Cabanellas —según Serrano Súñer— y se resiste a recibirlo. Es la imagen del padre. Pero Cabanellas hace una insinuación aquí, que implica al hermano Ramón como masón, y tal vez también a Nicolás.
  Pedro Sáinz Rodríguez narra en Testimonio y recuerdos la conversación que tuvo con Mola en Ávila, en la que el general le preguntó: «¿Usted cree que Franco lo hará bien?» y Mola le dijo a continuación: «Es que yo tengo la idea de que todo esto ha de ser políticamente revisado, cuando se termine la guerra y he pensado que Franco no tiene ambiciones políticas, sino militares, y no pondrá obstáculos, cuando todo acabe, para que se haga esa revisión».
  Si nos atenemos a la versión dada por Sáinz Rodríguez respecto a la opinión sobre Franco, que emite el general Mola, director de la sublevación, nos encontramos con la confirmación de que el mando único era revisable «cuando se termine la guerra». Pero sobre todo, el error de Mola es manifiesto al opinar que «Franco no tiene ambiciones políticas, sino militares», según se pudo comprobar a lo largo de cuarenta años. Un error demasiado largo; tal vez la opinión de Mola se apoyaba en la consulta que hizo Sanjurjo, como presunto Jefe del Estado, a los generales implicados en la conspiración sobre el puesto que deseaban, una vez alcanzado el poder. Escribe Sáinz Rodríguez: «Yo supe la respuesta de Franco. La ambición del general no era ser ministro, ni jefe de Gobierno, ni cargo alguno de índole política: pidió la Alta Comisaría de España en Marruecos»."