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jueves, 20 de junio de 2024

EL LIBRO DEL MAR, de Morten A. Stroksnes

EL LIBRO DEL MAR, de Morten A. Stroksnes


Dos noruegos, un periodista y un pescador de las Lofoten, viejos amigos, deciden pescar un tiburón boreal, y con las salidas en lancha por el golfo de Vestfjorden, con la silueta de la Muralla de sus picos de imagen de fondo, hacen varias salidas en lancha a lo largo de un año para intentarlo. Con esa excusa, el autor nos lleva de viaje geográfico y cultural por la costa Noruega, especialmente las islas Lofoten. Por ejemplo, la historia de la oceanografía noruega, la historia de los barcos de la familia de uno de los dos protagonistas, curiosidades marítimas y de algunas personas relacionadas con el mar: maestros del lugar, la pesca del bacalao, caza de ballenas, la vida del plancton, los vientos, las tormentas, el secado del bacalao, peces abisales... pero la estrella es el tiburón boreal. 

La contaminación de los océanos por micropartículas de plástico, la historia de escandinavia contada en la Edad media, la geografía de las Islas Lofoten (el Muro de las Lofoten), las estaciones del año y sus particularidades sobre el océano. La barrera de coral al norte de las Islas. También acaba describiendo la vida animal en las playas, o las grandes desapariciones de vida causadas por caídas de meteoritos, etc. La destrucción de ecosistemas submarinos por pesca de arrastre y petroleras. Hay de todo un poco.

Muchas de las cosas que cuenta son datos biológicos, históricos o geológicos que podríamos encontrar en otros libros propios de cada tema. Lo que más me gustó es cuando se ciñe al archipiélago o a la costa noruega. Pero eso no ocurre siempre en este libro, y es lo que me ha dejado un sabor agridulce. Podía haberlo compensado con historias de tierra adentro noruegas, pero esa no ha sido su elección. 

No esta mal.


SEPTOLOGIA, de Jon Fosse

SEPTOLOGIA, de Jon Fosse


Si hay un libro capaz de arrasar y reconstruir la experiencia lectora hasta un grado de excelencia inusual, gracias a elementos propios y muy personales de su autor, ese es Septologia. ¿Me ha impresionado? Esa es una sensación que de vez en cuando tengo la suerte de experimentar con los libros que elijo. Pero lo de Septologia va más allá. No es fácil de leer, algún editor, cuando lo empezó, pensaba que estaba mal escrito por motivos como los siguientes: se permite empezar frases y párrafos con la conjunción Y: "Y me veo de pie, mirando el cuadro con las dos rayas, una morada y una marrón, que se cruzan en el medio, un cuadro alargado, y veo que he trazado las rayas despacio y con un óleo espeso, y se ha corrido, y donde se cruzan la línea marrón y la morada el color ha producido una bella mezcla que corre hacia abajo y pienso que esto no es un cuadro, pero que al mismo tiempo el cuadro es como debe ser, está terminado, no cabe hacer más , pienso, y tengo que apartarlo, no quiero tenerlo más en el caballete, no quiero seguir mirándolo, pienso, y pienso que hoy es lunes y que tengo que dejar el cuadro con los otros cuadros en los que estoy trabajando, pero que aun no he terminado, los que tengo colocados con el bastidor hacia afuera entre la puerta de la alcoba y la de la entrada, debajo del gancho del que cuelga el bolso marrón de cuero, ese en el que guardo el lápiz y el cuaderno de bocetos... ". Hay muchísimas escenas que se repiten a lo largo de 788 páginas con ligeras pero esenciales variantes, y en un mismo párrafo repite muchas palabra y nombres: "Asle, Ales, dice, piensa..." Por no hablar de que no existe la puntuación. Para colmo habla muchas veces de su particular intimidad con Dios a la vez que nos abre la suya propia, pero tampoco es una monserga teológica sino la experiencia de una elección madura del personaje (como en tantas cosas de este libro, un detalle también autobiográfico: Fosse pasó de comunista a católico, aunque no parece que del modo político que tenemos los españoles, y de alcohólico a abstemio). Por tanto, con tanta audacia no es fácil que lectores acostumbrados a relatos de accion, de decisiones fatídicas, de sentimientos que van y vienen y se vuelven a ir, extremos, de narraciones sarcásticas o de más denuncia social, las personas que busquen esos argumentos y temas que venden porque son un valor seguro para conseguir editor, audiencia (y dinero) consigan acabar el libro. 

En este libro se cuentan varias historias, pero son historias comunes. Lo que se cuenta es, en esencia, la biografía del autor en primera persona, Asle, un pintor a pocos años de la jubilación, echale unos 55 años. Viudo, viviendo en un pueblo a orillas del mar al norte de Bergen, Noruega. Esas repeticiones de palabras consiguen fácilmente la musicalidad deseada en cada frase y a lo largo del párrafo. Los giros de argumentos, por estos motivos, también consiguen sorprender porque uno está a otra cosa, inmerso en ideas y sensaciones sin demasiadas sorpresas. Más bien todo fluye y evoluciona hasta conseguir una madurez de pensamientos al final del libro que están bien afianzados: Asle es un hombre con pocas certezas, muestra montones de dudas, él mismo dice que se cansa de pensar algunos temas, pero también vemos que es un hombre de una pieza. ¿Conserva verdades? Si, pero solo aquellas que le ayudan a vivir y expresar su emotividad, como al hablar de cuadros. Su vida real corre paralela a otra más intensa, más espiritual que sólo los recuerdos, lo vemos al experimentar a Ales, su esposa muerta, a su lado casi constantemente al final del libro. Y eso que toda la narración transcurre en pocos días. En fin, expresa pensamientos vitales, lo que va quedando con los años, revelados y poco complicados pero intensos.

Hasta cierto punto me ha recordado a Ulisses de J. Joyce en su virtuosismo narrativo. Pero creo que Fosse le supera en profundidad de la historia y en respeto al lector haciendo de ello una verdadera novela y no un juego de malabarismos. Ahí lo dejo, señor Joyce. Muchos se cuelgan la medalla de haber leído tu Ulises: así como hay muchos que fracasaron, son los que Ulises abandonó en el intento. A mi tambien me pasó, hasta que la última vez que lo retomé le cogí el sentido a todo, y me dio tanta rabia la historia que fui yo quien abandonó a Ulises. No merecía la pena seguir la otra mitad del libro. Ahí te quedas, Ulises; que a gusto me quedé rompiendo mitos impuestos.

Por ir de la parte al todo: hay un momento muy Dostoievski en el primer libro, donde el que el protagonista llamado Asle, en primera persona siempre, en medio de una nevada nocturna en Bergen (que aquí se llama mas noruegamente Bjorgvin), se encuentra en una de sus calles buscando una fonda con Bragge, el perro de su amigo, en brazos. Se detiene con una mujer solitaria con la que se cruzó. Un par de horas antes, calculo, se encontró a esa misma persona en un bar medio vacío e igualmente hablaron porque ella le recordaba de tiempo antes, él no. Ella demostraba que lo sabía todo de él. Me recordó, en cierto modo, a El doble, la novela ubicada en San Petersburgo con un tiempo invernal donde el autor se encuentra con su doble. Aquí no es su doble, pero lo es: es alguien íntimo como una alucinación, una contraparte, la que lo complementa, la que lo devuelve a una vida anterior, y todavía no sabemos si mejor o peor, ya iremos viendo, hay seis libros más hasta completar las 788 páginas. Ella juguetea con él, y él habla de ella y de si mismo en su monólogo interior: todo es monólogo interior donde se acogen las palabras del resto de personajes como en un recuerdo. Los diálogos con ella, muy esquemáticos. Y también digresiones sobre la nevada, algo poco importante, junto al tema de los cuadros que pinta, y sobre todo la luz, tema recurrente y mucho más profundo. Porque es uno de los hilos argumentales del libro para penetrar en lo inefable, las cosas más difíciles de contar, de describir, momentos luminosos en la vida presente que casi siempre, en esta novela, retrotraen al protagonista, el mismo autor, a momentos o sensaciones del pasado. Es el momento en que asistamos a una cierta espiritualidad, poco religiosa desde mi perspectiva española, pero en la que también se incluye algún rezo. Ella hace lo mismo contando su vida con El Músico, su compañero de vida al que echó de casa por bebedor, aunque siempre se ha estado arrepintiendo, porque con él y la música de su violín vivió momentos luminosos y felices que no volvió a recuperar. Ella se siente viuda de él, como Asle se siente viudo de Ales.

Todo esto con una prosa evocadora, sencilla, a ratos repetitiva como la de un hombre que duda en su interior, o que trata de convencerse a sí mismo de los detalles que percibe en su mente, o en su recuerdo. A veces yo mismo los siento como párrafos hipnóticos que cualquier otro despacharía con cuatro palabras, sin darle importancia, y de los que Asle, o Fosse, hace un mundo interior de búsqueda de algo más, de ese balbuceo de la palabra adecuada que no existe para una sensación que nadie a logrado nombrar, tan sólo, y como mucho, evocar a grandes rasgos. He aquí lo inefable de Jon Fosse, lo característico de su libro. ¿Que mas hace para lograrlo? Algo muy curioso como es ese juego de espejos que son todos los demás personajes respecto a Asle: unos se llaman como él (es el Tocayo), otra casi como él (Ales), otros le dan la réplica de forma que nunca se siente cómodo con ellos (Asleik)... a veces da la sensación de que son otras tantas posibilidades de hacia donde podía haberse dirigido su vida si, por ejemplo, no hubiera dejado la bebida.  El mismo autor/protagonista lo dice a veces, y es un sentimiento que lo tambalea por dentro. A veces incluye pequeños relatos como el del niño ahogado, Bard. Es otro ejemplo de duplicidad, o de doble, el del encuentro de Asle, de seis años, con Vecino. ¿Qué diferencia había entre Bard y Asle para morir o vivir? El miedo? La desobediencia? La fanfarronería? En mi opinión, la compañía de La Hermana, su hermana. Fosse se demora, repite actos pequeños, pensamientos que demoran la acción dándole una intensidad que no decae, la tensión que provoca el miedo de ella La Hermana, la rebelión de él, el giro final de esta pequeña historia de Bard y las que siguen. Se lee bien, es todo tan sencillo y a la vez tan magnético que, como un mantra, a base de repetir sensaciones con las mismas palabras o muy parecidas, empiezas a experimentar sensaciones, ideas y sentimientos de empatía más profundos hacia los personajes. Una comprensión que excusa las razones, y yo no he leído a nadie como a Fosse para lograrlo. En realidad, y creo que ahí está la clave del estilo de este libro, es una oración. Una que sale con frecuencia en los finales de cada libro, el lector que lo acabe sabrá cual.

También está el tema del arte, hay muchos momentos en los que habla de su forma de pintar, por qué lo hace, lo que siente al hacerlo. Lo que que va en cada pincelada de óleo de su personalidad. Podría decirlo de su estilo de escritura personalísima. Es muy parecido a una confesión de su espiritualidad, sea lo que sea que entendamos por este amplio concepto. Aqui me quedo con la sensación de haberme quedado corto de todo lo que se puede decir de Septologia.

lunes, 3 de junio de 2024

UNO DE LOS NUESTROS, de Asne Seierstad

UNO DE LOS NUESTROS, de Asne Seierstad


El día de autos, un 22 de julio de 2011, me tocó a poca distancia de Cabo Norte, el punto más septentrional de Europa, a 2000 km de la isla de Utoya. Desde entonces he sentido curiosidad por lo que pasó. Nos enteramos por una llamada telefónica a casa, devolviendo los intentos por contactar con nosotros. Hacía solo unos días habíamos cruzado Noruega de sur a norte y ya estábamos de vuelta por el lado sueco. Las comunicaciones no estaban tan extendidas en 2011 como ahora por la península escandinava. Nos enteramos de lo que pasó varios días después de que ocurriera. De hecho, si a Breivik el trabajo de hacer las bombas que estallaron en la zona de edificios gubernamentales no se le hubiera hecho tan pesado y laborioso, allí en su granja perdida en el interior del país noruego, podría habernos pillado cuando visitamos Oslo.

Al seleccionar este libro, buscaba también algo más: que  me explicara cómo era la sociedad Noruega de un tiempo a esta parte, y qué había fallado para que ocurriera aquella matanza. De lo primero uno acaba teniendo una idea de la ingenuidad de los noruegos contado esto por la autora que es noruega y autora de otros libros como El librero de Kabul. Es solo una impresión general, pero de lo que no cabe duda es de que las autoridades, desde el policía de la escala más baja hasta las autoridades de la seguridad noruega, la cagaron a lo grande. Eso ahora ya lo saben ellos también. La cuenta del carnicero: 77 muertos, 99 heridos graves y un monton de gente mas con traumas psicológicos.

El libro empieza mostrando la personalidad de los padres de Anders Breivik, en especial la de su madre, objeto de estudios psiquiátricos y de dudas acerca de su idoneidad para educar a un hijo que, estudiado ya con 4 años, se le predicen graves problemas de conducta en un futuro inmediato si no se le buscaba un hogar alternativo al de su madre y su hermana. De paso, conoceremos las políticas sociales que puso en pie el partido laborista desde antes de los beneficios del gas y el petróleo para Noruega.

Después llegaron los primeros refugiados políticos al barrio en el que vivían. Siendo un enclave de gente blanca total, en 1980 llegaron los primeros inmigrantes, 150 en 1983 y 9000 en 1986. Breivik tenía amigos pakistaníes, pero también llegó a ser veces cruel con la gente y los animales. No iba con neonazis sino con la cuadrilla del hip-hop, eran grafiteros. Cada miembro de una tribu urbana se cuidaba de permanecer fiel a una estética. Oslo se dividió en bandas étnicas, y Anders prefería la de los pakistaníes. 

Por otro lado tenemos a una familia de iraquíes kurdos huyendo de Erbil hasta Oslo donde pasan a ser refugiados políticos. Diez años después recibieron la ciudadanía, con casa comprada por ellos, con trabajos asalariados y la hija mayor, Bano, dispuesta a ser la mejor en cualquier cosa como si fuera una competición, incluida la integración. A los 15 se apuntó a las AUF, juventudes del Partido Laborista. Utoya es una isla que los sindicatos noruegos regalaron en 1950 al partido laborista para actividades propias. Es bastante pequeña. Y esta chica quería ser un modelo de integración.

El otro protagonista es Simon, ejemplo de las nuevas juventudes del partido laborista, otro dispuesto a comerse el mundo con su esfuerzo. Con madera de líder y ejemplo para todos. Quienes le conocían estaban muy orgullosos de él. 

Breivik, interesado en la política desde los 18, se afilió en 1997 al Partido del Progreso, de orígenes racistas, estilo machista y antiliberal. Matriculado en la escuela de comercio, con el objetivo de hacerse rico cuanto antes. Pero no se distinguió por nada: presumiendo siempre de ser alguien, era nada.

Intento muchas cosas, bastante fraudulentas. Otras fueron hacerse masón o apuntarse a una galería de tiro, parece que le sirvió en Utoya. A los 27, deprimido volvió a vivir con su madre. Pasaba mucho tiempo perdido en juegos de ordenador, de ahí pasó a foros de ultraderecha y otros lavados de cerebro como Los caballeros templarios. Se obsesionó con la suplantación del europeo blanco por el árabe o musulmán contra el feminismo, la mezcla de culturas y la islamización europea. La autora cuenta algunos de los problemas que sí supone la llegada de inmigrantes que nada saben del país. Solo ven a la gente con la que se comparan desde que ponen un pies en un país que no es el suyo.

En 2010 escribe un manifiesto con las ideas y actos que le harán famoso pocos meses después. Incluso escribe una autobiografía donde, sin demasiado rencor, deja mal a cada miembro de su familia. Pero la manera en la que trata a su madre, siendo él un parásito de 30 años, sin oficio ni beneficio, encerrado en la pantalla del ordenador, da grima, y un poquito de asco. En ese manifiesto ajusta cuentas con los pocos amigos que tuvo en la infancia, de origen extranjero. Funciona como una declaración de guerra a la multiculturalidad, a los extranjeros no europeos y a quienes los defienden, y una justificación de su vida como origen de sus ideas que es una reinvención total de su pasado, una infamia. 

Una de las cosas aprendidas con Breivick es que da igual conociera negros o asiáticos, o incluso tuviera novias no blancas: si no se siente seguro acaba odiando, se inventará otro pasado que justifique el odio. Pero básicamente, es gente resentida porque no triunfaron en aquello que individualmente se propusieron, como unos iluminados a quienes la sociedad tiene que atender con la lógica de que si se atienden a las minorías, ellos también son minoría, pero una que va a salvar al resto de la sociedad. ¿Que pasa si no se los atiende? ¿Que pasa si un radical, de derechas en este caso, no es atendido y obedecido? Pasa lo que hizo Breivik.

Cuando prepara la bomba en la granja, parece Heisenberg de Breaking Bad, con los productos humeantes en la olla y la máscara antiguas y el mandril.

La forma en que llegó el asesino a la isla, tras la bomba en el centro de Oslo, es de no creerlo. Allí irá cazando chavales como a conejos. En este aspecto, la película Utoya basada en los hechos es bastante peor que este libro a mi parecer. El libro es más explícito, duro y mejor explicado en todo el tiempo que le llevó a hacerlo, sale a un muerto por minuto. La forense describe cómo fueron los últimos instantes de algunos chicos tras la matanza: por su posición sobre el terreno, algunos trataban de proteger con su cuerpo a otras personas. El caso más memorable fue el de Simon... Un montón de gente de ideología opuesta a la de Breivick pero que demostró valer mucho más que él y con la mitad de su edad.

En varias ocasiones se lo juzga como un juguete cuando el se cree un rey: con grafiteros, en las juventudes del partido 

La ineptitud de la policía fue formidable. Una policía entrenada, e incluso obediente a sus mandos, no hubiera ofrecido tanta suerte a Breivick. Tampoco admitió una valiosa ayuda que se le ofreció. Por otro lado, hay que alabar la transparencia informativa. No todos los países serían capaces. 

La última parte está dedicada al juicio a Breivick: si era un enfermo mental o no, sus ideas políticas de justificación, y su espeso ridículo en la sala del tribunal. También otras voces, como las de supervivientes. Y el resentimiento de ciertas familias por la apropiación política del dolor que hizo la AUF ante la sociedad. Por supuesto, el vacío que  dejó en tantos familiares, inextinguible.

sábado, 1 de junio de 2024

MI DIA EN EL OTRO PAIS, de Peter Handke

MI DIA EN EL OTRO PAÍS, de Peter Handke


Libro este de tan solo 107 páginas y letra tirando a gruesa, de esos que dices que te lees en una sentada. Tal vez otros lo logren, pero a mi me ha llevado más tiempo porque, en mi opinión, es una pequeña novela que requiere de concentración, de una lectura demorada en lo que quiere decir este relato nada evidente. Es la imitación de la parábola del endemoniado de Gerasa, con las interpretaciones que Handke ha trasplantado de su historia personal a la conocida historia aportada por tres de los cuatro evangelistas (San Juan no lo cuenta). No sólo habla de las pocas cosas que le pasan al protagonista, sino de como vive en su interior, como le transforman las experiencias. Cómo cambia su mirada posada en cada persona, en cada objeto. Empieza, en una primera parte, como un tipo furibundo que no encaja en su pueblo, que se retira a vivir a las afueras, donde su hermana le ayuda.En la segunda parte todo cambia, se pasa al país de al lado como una persona transformada por el Buen Espectador, y sus percepciones de la realidad han cambiado después de ese encuentro. El caso es que parece una forma de interpretar, y quedar en paz (como hace el endemoniado de Gerasa), con su pasado. Un hombre como Handke (Premio Nobel de Literatura 2019), que se ha metido en un montón de los charcos de su tiempo, parece contarnos que ha aceptado la vida como viene para aceptarse a sí mismo. Por tanto, creo que tiene bastante de autobiográfico, pero utilizando una parábola para no entrar en detalles sino en el fondo del asunto. Aunque, por supuesto, es un texto que se ofrece a varias interpretaciones.

Hay un momento en que te dice claramente que su vida posterior es una representación, no una realidad última, y es cuando imagina comer con dos camioneros, que es la única forma de sentir hambre tras su paso a una vida nueva. ¿Qué significa esto? Muchas cosas. Que las cosas más humanas e instintivas, esas que nos salen sin pensar, son una representación más de la vida, en mi opinión, mientras transmitan vida de una forma trascendente, por ejemplo la idea de hambre (el hambre es consustancial, no lo puedes obviar, es necesario). Como dice en la página 74, "un Algo". Así es como habla también de las nubes y el cielo más adelante, o de la libertad y la felicidad, me resulta un lenguaje metafórico donde las frases frecuentemente encierran otras mas pequeñas que las condicionan desde dentro. Autor y protagonista parecen uno que acepta la realidad, aún la impuesta. Es un relato muy idealista, sin embargo.

Esa representación de la vida, en su propia vida hace que pueda ser tomado por el doble de otro en ese nuevo país, o por innumerables otros que él nunca imaginó ser antes de su encuentro con el Buen Espectador (el trasunto del mesías evangélico). Hasta el punto de sentirse algo de impostor. Es una figura que yo puedo identificar con la del endemoniado de Gerasa: ha descubierto una idea importante, un sentido nuevo de las cosas, pero él no es esa gran idea, sino su representación. Normal que, a veces, se sienta un impostor.

Llegados a la segunda parte, en la que recorre el país de enfrente como un hombre nuevo, sus pensamientos van desarrollándose, unidos a emociones que le provocan los sucesos que experimenta (como los saludos de la gente de este país), de manera que esa representación que ve (¿o imagina?), es la imagen de lo que le va pasando por la cabeza y nos transmite continuamente: "soñar despierto no tiene por qué ser un engaño". Otras veces experimenta una sensación de la que extrae una enseñanza: no buscar tesoros con la mirada, superar la niñez.

El protagonista tiene cierta tendencia a los aforismos que esquematizan una idea que aprende, una especie de ciencia de la madurez que te ahorra un montón de elucubraciones: "quien se alegra del día, se alegra del mundo". La mayoría de las veces no resultan de un significado evidente.

Finalmente encuentra una esposa tan rara como él. Tienen hijos, se hace un digno miembro de la comunidad como el que más, con sus tropiezos con esos vástagos. Es decir, perdió ese filo, la agudeza con la que experimentaba la vida, la saña con la que mostraba la versión más original y profunda de su naturaleza para pasar cómodamente como miembro integral del grupo. Es decir, echa de menos a aquel hombre que vivía en los arrabales porque no podía vivir entre los hombres. Aquel hombre tenía algo insustituible: la duda, el esfuerzo por comprender aunque no lo lograra, las discusiones, el ánimo insobornable. Esa es la lección.

Apenas conozco la obra de este autor, creo que en España no es muy reconocido. Pero ya había oído algunas grescas suyas, hace muchos años, en torno a la guerra de los Balcanes y otras cosas. Ha sido muy polémico. Y ahora, echando la vista atrás con este su último libro, parece comprenderse un impostor respecto de aquel escritor de agudo filo.

jueves, 30 de mayo de 2024

OJOS AZULES, de Toni Morrison

OJOS AZULES, de Toni Morrison


Tenemos la descripción de la vida íntima de los miembros de una familia negra y pobre de Georgia, al sur de EEUU, contada con sinceridad, descarnadamente. Escenas de sexo, de rabia, de miedo  parecen responder a la pregunta de qué es ser negro allí desde  las sensaciones antes que desde las ideas. O a la pregunta de qué les espera a las mujeres negras desde la infancia a la vejez. Se expresan a través de sus anhelos, sus frustraciones, y cierto humor a veces. 

El libro comienza con la narradora presentando a los personajes, es la historia juvenil de Claudia contada y la de su hermana Frieda y otra gente de la comunidad en primera persona.  su lugar en el panorama del barrio negro y pobre donde viven, Es Georgia, 1941. Y nos plantea cómo se fraguó esa historia de tres niñas y un secreto abominable. Se desarrolla en 4 secciones tituladas como las estaciones del año. Unas veces serán más protagonistas unos, y luego otras. Pero todas las historias de los personajes se anclan en Pecola, una niña un tanto especial y no por lo bueno que tiene con su padre. 

Minuciosas observaciones de los adultos, la pobreza que retuerce la vida de los negros hasta darles una apariencia de seres miserables.
Morrison utiliza la ironía cuando busca la palabra adecuada al describir cada situación, a veces rozando el humor. 

Se describe cómo, entre los negros,  se desarrolla la hostilidad frente al mundo en general y contra el entorno cercano en particular. Un resentimiento que nace, entre la marginación y la pobreza, del miedo. Esta hostilidad se concreta en forma de envidia de estas niñas hacia otras, dejando a parte generalmente a los blancos. A veces se cuenta de forma un tanto exagerada y con dosis de humor. Ser negro, en estos personajes, es recibir un insulto social por parte de los demás, incluso de otros negros con tal de denigrar al prójimo, de manera que hasta utilizan el color de la piel para autolesionarse mentalmente, menospreciándose uno mismo.

Recrea con intensidad vidas sufridas de niñas y de adultas, situaciones polémicas. En la propia escala de la sociedad negra, son los que están abajo, los que completan su propia educación con bulos, habladurías y salas de cine. A veces parecen sumidos en una sociedad diseñada para hacerlos sufrir, y no solo por la mano del hombre  blanco. En cualquier caso, ser consciente de esto contribuye a sacar muchas veces lo peor. Parecen predestinados a pasarlo mal, y la vejez ya es solo el comienzo de la liberación. Hay muy pocas momentos de alegría. Analiza en profundidad, capítulos después de presentarlos, los aspectos más traumáticos de sus vidas. Por ejemplo, hay un personaje llamado Cholly. Un tipo odioso, si, pero pasadas unas páginas, sabremos su historia y así podremos juzgar no de oídas o simple vista,  sino con conocimiento de la caus de su bestialidad, lo que lo hace más complicado. Así aprendemos como los hombres y mujeres negros nacen como cualquier humano pero queda irremediablemente deshumanizado por el sistema social de castas heredado de tiempos de la esclavitud en pleno siglo XX. A través de Cholly, leemos una de las mejores evocaciones del jazz que he leído. Y es que hay unas cuantas evocaciones de la orfandad, la sexualidad, la generosidad (Jimmy), el enamoramiento, etc. Tal vez sea esta una de las razones por las que la historia pasa de ser contada por Claudia cuando habla de su familia y sus amigas, a la narradora omnisciente que nos desvela los secretos de Cholly y su familia. 

Tal vez, la crítica que le pongo al desarrollo de los personajes es que me resulta muy determinista, todo conduce a un destino previsible, aunque la autora se encarga muy bien de que sea interesante y conmovedor en todo momento. Pero visto en conjunto, parece que los personas no puedan ser otra cosa. Aunque vista la jugada a miles de km de allí, en mi cultura, debo rendirme a quien conoce mejor el tema que yo, evidentemente. 

Otro aspecto que me resulta muy evidente son las resonancias de Faulkner en la obra: una descarnada realidad, o cómo descubrir el alma de los personajes a través de su violenta carnalidad, sus situaciones desasosegantes. Parece ser que Morrison mantuvo una relación de admiración/recelo en torno a la obra del de Oxford.

Las últimas historias sobre estos personajes se centran en Pecola, la cual ha obtenido unos ojos azules de forma mágica, ojos azules de mujer blanca, lo que la separa de todo el mundo y la deja recluida en su casa y en la incomprensión de unos y el temor de otros. Porque ha adquirido una dimensión sobrenatural, adquirido un rasgo de blanca en su fea cara negra que las ha superado a todas solo por eso, o así lo entiende la comunidad. Y ahora todas recelan de ella. De que haya sido bendecida con algo hermoso que no le es propio, como si lo es que perdiera a su hijo recién nacido por culpa de un hechizo mágico de sus amigas envidiosas. Esos ojos azules se perciben desde los otros con la ambivalencia de una belleza fuera de lo común, pero también una traición a los de su clase. Algo que Pecola pidió como un cambio radical de su funesta suerte pero que nunca logrará disfrutar. Y en el epílogo, la autora se hace una pregunta más profunda: ¿quién convenció a Pecola de la fealdad de su vida para querer algo tan drástico? ¿Quien la puso al límite? "...la dañina interiorización de determinadas premisas de inmutable inferioridad originadas en una mirada externa." Nos cuenta cómo profundizó en el alma de los personajes desde 1962 hasta su publicación en 1970, de los fallos en la estructura que ella ve y cómo influyó en muchos lectores para que no captaran el mensaje total que Morrison buscaba. La autora se estira y nos cuenta la génesis de esta obra, los años en que fue escrita como el momento crucial de EEUU por los derechos civiles, y el momento en que sitúa la novela, también crucial como fue 1941. Explica el comienzo, su esfuerzo por trasladar la oralidad de una conversación entre negros, el punto de vista de unas niñas incapaces de asumir lo grotesco y brutal con sus palabras, pero que lo asumen en su incapacidad de expresarlo. Nota de la casa, lo personal tiene un fuerte influjo desde lo social, y viceversa. Nada es privado del todo, todo lo que se hace público tiene un origen desde la privacidad de las personas. En todo momento Morrison busca con su lenguaje que nuestra distancia con la cultura negra sea la menor posible, que mantengamos la distancia más corta posible con la sensibilidad de los personajes. 


Todo un misterio final para esta novelesca y densa historia en los arrabales de negros de na ciudad de Georgia

miércoles, 15 de mayo de 2024

PLEGARIA EL ASEDIO, de Damir Ovcina

PLEGARIA EN EL ASEDIO, de Damir Ovcina



Plegaria en el asedio está concebido como un monumento al asedio de Sarajevo, desde que las milicias serbias empezaron a controlar muchos barrios y el contorno de la ciudad hasta la entrada de las fuerzas de la ONU a través de las IFOR, en febrero de 1996. Mientras, en aquellos años, el autor Damir Ovcina, como otros muchos, se vio atrapado por el asedio y enterándose, como poco, de muchas de las cosas que se detallan de la mano de su protagonista en el libro. Pero es que, además, no es solo una descripción del asedio desde dentro, está contado con mucho detalle desde la mirada de un adolescente bosnio musulmán (de etnia, no de confesion religiosa) que quedo atrapado sin esperarlo de un dia para otro, en lado equivocado, el serbio. Cristianos contra musulmanes. Aunque sea ficción en el libro, estas cosas pasaban. Veamos que cosas.

El relato, como fue la realidad de un conflicto que ya hemos olvidado muy temerariamente, se inicia un dia de abril de 1992. Un chaval de 17 años se va de su barrio en Sarajevo, llamado Drovinja, para ver a una amiga del barrio de Grbavica. No son barrios que separen etnias, ni mucho menos. Eran fruto del progreso dentro del modelo socialista de Tito. Ese día, los bosnios ocuparon Grbavica y el chaval quedó atrapado durante cuatro años. Ahí empieza una aventura nada envidiable. La línea del frente pasaba a pocos bloques de distancia desde el piso vacío que pudo ocupar, propiedad de unos familiares. Era un barrio de serbios, croatas y bosnios en su mayoría, pero unos se fueron viéndolas venir y a muchos otros se los llevaron. Quedaron pocos. De los personajes no se dan nombres, más alla de algun mote como el Búlgaro, un soldado del lado serbio que se dedica a extorsionar, violar y matar a toda esa gente que no es de su cuerda, es decir, que no es serbio ni les apoya. El chaval en seguida es fichado por las nuevas autoridades e ingresa en un grupo de trabajo: son presos que viven en el piso desalojado que pudieron elegir, o en su casa habitual. Forma parte de esa a la que se busca durante el día y se devuelve de noche a su "hogar", cada portal tiene un informante/vigilante. El chico tiene suerte al principio porque le toca un capataz que si valora que sean personas normales, civiles con mala suerte, y les procura seguridad dentro de los trabajos que les mandan: colocar sacos terreros en trincheras, desvalijar pisos, recoger y enterrar muertos fuera de la ciudad. Aquí hay encuentros con diversos tipos de nacionalistas serbios, los fanatizados, los oportunistas, los que preferirían pasar desapercibidos. Pero la seguridad de estos trabajadores forzados no siempre se puede asegurar. Aquí asistimos a la forma en que se mueven las milicas por el barrio, lo descontroladas que están. Es terrible, da miedo. Los choques armados van metiéndose en el barrio de la familia del chaval, donde vive su padre. Cada vez conoce a mas gente que recoge muerta, o que está robando en las casas, o encañonando a la gente. Posteriormente lo cambian de capataz y el trabajo es mucho más peligroso, en la línea de frente. No regresa a casa en dias. Los tiros zumban sobre su cabeza, los pisos de un edificio se comunican mediante boquetes en los tabiques, muchos pisos los desvalijan a petición de mujeres serbias que lo pagan con sexo a sus protectores del ejército serbio. El frente acaba sobrepasando el bloque de pisos de su padre, y entiendo que entre los muertos que recogen, puede estar él, creo que es único momento de emoción del personaje, casi llora. Después vuelve a trabajar con el capataz anterior un breve tiempo, más tranquilo, pero a este se lo llevan a Belgrado por ser demasiado blando. El caso es que escapa y se pasa el resto de la guerra, tras una breve huida, en los diferentes pisos de la comunidad de vecinos donde se refugiaba cada noche, sobre el piso de la novia a la que fue a ver cuando quedó atrapado, y que desde entonces le hace la vida mucho mas llevadera. El autor consigue que salve la vida con varias tretas aunque queda en Grvabica, tomada por los serbios, donde se esconde más de dos años en unos pisos desvalijados y arruinados, vacíos de gente excepto esa chica y su abuela. El guarda del portal con el tiempo desaparece. 

Así pasa el largo tiempo, su mayor parte, hasta que Sarajevo se libera al final del libro.

Empezando el segundo tercio del libro, cuando está metido en la línea del frente todos los días, cerca del barrio del Aeropuerto, el protagonista empieza a levantar cabeza. No porque le vaya mejor, sino porque empieza a tomar conciencia de lo que está pasando a su alrededor y va tomando nota mentalmente de lo que ve y oye: las atrocidades de un sujeto al que llaman el Búlgaro, las historias de desaparecidos y violadas, las de secuestrados por medio de los que los buscan sin demasiada esperanza. Los robos, incautaciones, palizas a cualquier hora, pero siendo la noche el peor momento. Y, lo más llamativo, las excusas que se ponen los serbios para hacer estas cosas contra la población de origen otomano, de cultura musulmana. O los lamento de quienes se han visto atrapados en esta maquinaria del terror, los serbios atemorizados por serbios nacionalistas. Lo escribe y lo esconde en su refugio.

Hay asesinatos hasta el último día antes de la liberación, con las tanquetas de la ONU dando vueltas por el barrio. Al final todo acaba bien para el protagonista, se salva, y la chica que lo ha ayudado a sobrevivir cada noche y muchos dias tambien. Esa historia de adolescentes que la guerra convierte en adultos es muy bonita, ella le enseña ruso, y algunas otras cosas que quedan a la imaginacion del lector. Ese apoyo mutuo no solo humaniza el dia transcurrido, cuando se juntan al atardecer, sino que hace posible la espera de un futuro mejor. Por supuesto, se enamoran.

Pero este es un libro complejo cuya gestación comienzo al poco de acabar la guerra y que se publicó con éxito en 2016. Incluso ya cuenta con una segunda parte, con el mismo personaje 20 años después. No es un libro sencillo de leer. Trata de que sientas, a través del estilo, el miedo, la incertidumbre, las arcadas al descubrir a un muerto entre la basura tirada junto a los contenedores en la esquina de dos portales más allá del tuyo... Es un relato que no busca el tremendismo en las descripciones, pero, a poco que lo pienses, es duro. No hay muertes en directo apenas. Si mucha gente acojonada en sus casas, o implorando saber del destino de su marido o sus hijos a los zafios robagallinas que han ascendido dentro de las milicias serbias. Nunca se ve a un soldado profesional, no digamos a un oficial que se comporte como militar de carrera. La mirada es desde el lado bosnio al serbio que los tiene cautivos. Pero no se dice nada de lo que pasa al otro lado de la línea de combate, donde los bosnios tienen cautivos a los serbios, tampoco se dice que sean mejores. El chaval piensa muchas veces en escapar, pero no se decide nunca, así que no sabemos qué pasa al otro lado del combate. Todo los dias hay rafagas de metralleta, obuses cayendo sobre los tejados y haciendo temblar los edificios, disparos de francotiradores y gente cruzando agachada algunas calles a todo correr. Todo este conjunto de imágenes y sensaciones nos caen, como lectores, fraguadas en frases que transmiten sensaciones, descripciones de desorden, frío, calor, peligro, vacilaciones, miedo, luces y oscuridades de un sótano, pero no ideas acerca de la guerra, el sufrimiento humano, la injusticia, el peso de la historia. Seguramente es lo que escuchaba el chaval al sintonizar la radio serbia, la bosnia, la BBC, la Voz de América, la emisora francesa o la alemana. Del chaval solo sabemos cómo sobrevivir, refugiarse, no perder el control de la situación, como salir de una ejecución inminente, como vengarse de un asesino, como recoger comida, huir de los perseguidores, o ser sumiso y no mirar a los ojos de los locos que van buscando gente a la que asesinar por placer en medio de una ciudad en ruinas, donde se están llevando frigorificos, mesas y hasta lavabos y montandolos en coches cargados hasta los topes hacia una residencia más segura. Donde los coches abandonados se reaprovechan aunque les falten puertas, donde resuena el crujido de las cadenas de un tanque calle arriba y calle abajo. Donde se eleva el humo desde alguna ventana sin marcos. Donde los meses de espera entre cuatro paredes hay que llenarlos con algo (aquí el relato corre mas rapido). Aunque la biblioteca municipal y el colegio sigan funcionando, que hay gente para todo. Con una sintaxis casi telegráfica, abrupta, demostrando mucha tensión, esa con la que hay que vivir para responder inmediatamente a cualquier emergencia. No se dan nombres, no hay un personaje con nombre y apellidos a quien juzgar dentro del realismo total que se despliega ante nosotros. No es difícil adaptarse a este estilo, más cercano al fotografico que al lirismo. El autor pasó estos 20 años de escritura buscando la verosimilitud en sus recuerdos, en los de otros, visitando los lugares, viendo si era posible lo que planteaba hacer con su personaje. Y descubriendo que nadie quería contar nada de lo que sabía, cosas que implicaban a sus vecinos. Todo está muy reciente y cercano, sigue habiendo dinamita bajo los escombros. Muy lejos de moralinas (el chaval mata a 4 personas sin atisbo de remordimientos, hay que estar en su lugar), y alejado de hacernos conmover con los sentimientos de los protagonistas para llevarnos a una historia de buenos y malos, que es lo normal que nos encontramos  con la mayoría de los autores.

En definitiva, se nos muestra un lado inusual de la guerra: no somos nosotros los que somos acompañados al frente. Es el frente quien llama a nuestra puerta, se presenta en nuestra casa, se cuela hasta la cocina, lo pone todo patas arriba literalmente. Algunos miembros de tu familia saltan por la ventana y no los vuelves a ver. Y el tio que ha entrado en lo más íntimo de tu vida para destrozarlo todo es uno que conoces, tu vecino de enfrente, ese que un dia pudo saludarte con la mano desde el semáforo o con el que intercambiaste unas palabras amigables hace cuatro años frente a un partido del Betis en el bar. Y te quedas tan paralizado que pasas mucho tiempo sin hilar las frases como quisieras, estás en un shock permanente, en una ratonera de la que no sabes cómo huir, pero en la que tienes que sobrevivir con lo que tengas más a mano. Casi 4 años. El peculiar estilo contribuye a comprender y sentir la vida enterrada bajo los escombros de la guerra, es parte de la narración. La única pega, tal vez, que algunos días se repiten, tal vez podría haber sintetizado ciertas experiencias muy parecidas en una sola, reducir las 735 páginas del libro. Por lo demás, un hallazgo.

lunes, 13 de mayo de 2024

NOSOTROS MORIMOS SOLOS, de David Howarth

NOSOTROS MORIMOS SOLOS, de David Howarth

Este libro me ha resultado fascinante de principio a fin, porque es una historia de aventuras total. Sucedió en el Ártico, a Jan Baalsrud (el protagonista) le persiguieron los nazis durante meses y cuenta con muchos momentos de esfuerzo heroico entre la gente más olvidada del mundo. Es real, el autor viajó con el protagonista 10 años después  para volver a hacer el mismo trayecto pero sin el aliento de los nazis en la espalda. Y lo mejor de todo, es que esta semana santa estuve por allí mismo, en la misma época del año en que ocurrió todo, y sin saber que podría poner imagenes actuales a una historia memorable.

Al inicio, el 24 de marzo de 1943, se trata de doce hombres enviados por Inglaterra, 8 tripulantes y 4 comandos o espías, de los que solo escapa Jan en la bahía de Toftefjorden, playa de una de las muchas islas que rodean Tromso, región por encima del Circulo Polar Artico, en Noruega. Alli fueron apresados por la cañonera nazi, uno murió en el momento del tiroteo para atraparlos. Después de la refriega, algunos llegaron heridos a Tromso, pero a los tripulantes del barco y a los espías los fusilaron, aunque dos de ellos murieron torturados en el cuartel de la Gestapo de la ciudad. Además, fusilaron a dos marineros locales que iban a ayudar a los espías, y a dos prominentes miembros de la resistencia antinazi en Tromso los deportaron a Alemania de donde nunca regresaron. Pero Jan, uno de los cuatro espías embarcados que tenían por misión recabar información y formar células de resistencia y sabotaje contra la ocupación nazi, se les escapó desde el principio. 

El relato tiene dos tonos anímicos muy diferenciados: la primera parte en que, aun levemente herido, consigue el apoyo de la población y logra escapar a la persecución con un ánimo esperanzado y alegre de verse cada vez más cerca de la frontera sueca. Se ve ganador. Pero en los Alpes de Lyngen pasa una catástrofe para sus posibilidades, algo terrible. Si parecía un milagro que cada vez burlara a los nazis, después parece un milagro que Jan no muera un montón de veces de frío, de hambre, de miedo y de desesperación. Esta es la parte más dura del relato.


El relato de Howarth esta muy trabajado, se nota que ha conocido el terreno y a la gente que interviene. da importancia a detalles que, en medio de la acción, de la tensión y el sufrimiento en aumento, se nos escaparían, como por ejemplo la importancia del uniforme de la marina mercante mientras esquiaba por las carreteras. O las motivaciones de la gente de las granjas para ocultarlo, darle comida, etc. Era una época en se recurría al brandy para quitar el frío...

Hay momentos en los que el peligro no es que pase una patrulla nazi cerca de donde está escondido Jan. Por ejemplo, en todo momento se trataba de que se supiera de la misión de Jan por cuanta menos gente posible, pero es tal el peligro de muerte de Jan que, o lo dejan morir solo o piden ayuda a todo el mundo para curarlo y sacarlo del país como sea. Por eso se vio involucrada un montón de gente en torno al fjordo de Lyngen, donde había muchos acuartelamientos nazis. Ocultar a espías se penaba con la muerte de toda la familia. Aquí empieza un calvario para Jan porque entre Lyngen y la frontera sueca hay un altiplano congelado a varios grados bajo cero todo el dia por donde hay que pasar sin remedio. No vive nadie arriba, ni hay refugio posible. Como lo perseguían en pueblos y carreteras, allí se mantuvo 27 días en total, aunque con visitas de los vecinos a veces diarias a veces tras casi una semana, sobre el altiplano: un ejemplo brutal de supervivencia, atado a un trineo, sin moverse, a veces enterrado por tormentas de nieve. Era la pesadilla del trineo, con Jan a ratos inconsciente. Este libro también puede leerse como un relato de esquiadores nórdicos a la aventura, o de un episodio de guerra. Es un Salvar al soldado Ryan a toda costa, pero con otras preguntas que las que se hacía a Ryan para merecer ser salvado. Aqui Jan parecía que, en el mejor de los casos, sobreviviría sin pies y destrozado psicológicamente, entonces ¿merecía la pena que tanta gente se jugara el pellejo y el de su familia o pueblo por un hombre que no iba a volver a combatir ni a hacer nada? Por peligroso que fuera, tal y como se describe, la otra alternativa de Jan era que muriera de gangrena o apresado por los nazis. Por suerte, tanto esfuerzo y peligro tuvo un premio que nadie hubiera podido adivinar en los peores momentos. Eso lo dejo para los lectores.

El final de la aventura se atisba unas páginas antes, pero el autor, que se nota muy metido en la historia, nos lo desvela como una sorpresa.

Los noruegos locales que delataron el barco que llego a las costas de Tromso, causa de la muerte de 15 personas, un tendero y un funcionario, fueron condenados tras la guerra a 8 y 14 años de prisión respectivamente, más el desprecio de la población de por vida. El autor procura no cargar las tintas sobre delatores, y menos aún sobre quienes cantaron bajo tortura. Fue la forma que los noruegos de la zona tuvieron para rebelarse contra la ocupación nazi.

Un aspecto que no deja indiferente de la narración es como describe a los lapones. Esta claro que el autor exhibe un conocimiento que no es propio, sino de otros, oido de gente común o leído, y al ser tan poco ambiguo, tan categórico, me queda la duda de si es justo o no con ellos. Tiene toda la pinta de emitir juicios extraídos de opiniones consensuadas pero muy poco científicas, así que las pongo en cuarentena hasta que las pueda contrastar.

lunes, 6 de mayo de 2024

LA FELICIDAD DEL LOBO, de Paolo Cognetti

LA FELICIDAD DEL LOBO, de Paolo Cognetti


Si antes habías leído Las ocho montañas, es muy posible que La felicidad del lobo te parezca una segunda parte de aquella historia.  Más íntima, más corta, con Fausto y Silvia de personajes centrales, el uno escritor frustrado en ésos momentos, y algo perdido en otros aspectos. Ella le sirve de amor, de inspiración y también de anclaje a algún proyecto de vida, aunque parece que se queda en una propuesta al final del libro. 

Los dos son un poco náufragos de sus vidas, un poco refugio el uno del otro (y esta novela corta va de refugios), ella no va buscando seguridades, es la más joven de los dos, el sí. El es inseguro, está dando tumbos y eso le crea cierta frustración con la cual desea romper a su edad de alguna forma. Se conocen como cocinero y camarera en un restaurante italiano alpino, frente a la vertiente del Monte Rosa. Por supuesto, se enamoran y comparten vida en los dos años que dura la historia. 

Hay otra antigua pareja, el ex guarda forestal y Babette, una referencia que se contrapone a como podrían acabar Fausto y Silvia de quedarse, ellos también, en la montaña, por no ser sinceros consigo mismo acerca de lo que están buscando en la vida.

El tercer elemento de esta historia es la montaña, ese famoso valle alpino, sus pastos, el refugio Quintino Sella y la ascensión al Castor que es un cuatromil fácil, todo ello algo que conozco porque yo mismo he hecho esa ascensión,  aunque desde el refugio antiguo del que se habla en el relato. Creo que es la parte que más me ha gustado, es verídica y muy satisfactoria. Por supuesto, es la contraposición de Milán, de las autopistas, de la oficina de un notario. Parece que la naturaleza alpina es lo bueno, pero es fácil quedarse embobado con estos paisajes y no aceptar lo que Cognetti señala: la cantidad horas de trabajo de hostelería para conquistar las manadas de esquiadores, alpinistas y otros turistas. O buscarse la vida fuera de temporada turística con la recolección de fruta, o con trabajos con los leñadores. El es el lobo que se hace mayor, que busca la felicidad perdida a cualquier precio, tal y como la vivió antes, aunque ese precio cada vez sea mayor. Creo que es una sensación que vamos compartiendo todos conforme echamos años. Podría acabar como Santoro, solo y con graves problemas de salud. Silvia es otra loba, pero el precio de sus facturas en la vida todavía no ha subido tanto: vive más al día, se lo puede permitir. Ahi esta, para mi, en este cruce de caminos de Fausto y Silvia, el eje del relato.

En general, la historia va de deseos incumplidos y caminos vitales por descubrir, la desconfianza en uno mismo que te hace descarrilar, o el efecto encarrilador del amor. Mi lectura particular de la relación entre estos no tan jóvenes es que él es un "lobo" que ha buscado sus propias cimas, sus logros, para ser feliz, pero que el tiempo, o la vida misma, le está llevando a valorar más la actitud ante el mundo que el de aquí para allá como pollo sin cabeza para ir logrando tantos a su favor. Eso es lo que le propone a Silvia, pero ella es una loba que está a otra cosa. Tiene sus propias cuentas pendientes que saldar, es un poco más hermética en ese sentido, tal vez porque no ha llegado al punto de replantearse cosas. De ahí surgen las dudas de él, de ese tránsito de madurez, de empezar a vivir con menos certezas que antes porque los objetivos son más difusos: tiene que haber algo más en la vida, seguro. Esta es mi interpretación central de este libro. 

Me ha recordado mucho a Las ocho montañas, pero con menos optimismo, con menos duende que aquella otra novela. 

jueves, 2 de mayo de 2024

LAS DOS AMIGAS, de Toni Morrison

LAS DOS AMIGAS, de Toni Morrison



Un pequeño relato de 1983 sobre dos amigas que se conocen en un orfanato, aunque ellas sean las únicas con progenitores vivos. Posteriormente se encontrarán 2 o 3 veces más en la vida, lo que va a ser motivo de equívocos tal y como cada una de ellas piensa que es una antigua amistad. Hay un recuerdo clave del pasado que ambas interpretan de distinta manera con los años, y a eso se suma las diferencias sobre cómo afrontan los temas comunes de su edad. En realidad, cosas que cualquiera de nosotros hemos experimentado con viejas amistades. Algo así como la canción de "20 de abril del 90", de los Celtas Cortos. El problema suele ser la otra, o lo que las define como amigas por separado (si es que al final del relato aun se puede decir que hay amistad). La distinta suerte que corren sabiendo desde el principio, y aquí está la clave, que una es blanca y la otra negra... pero, ¿quién es quién? ¿Se puede separar ambas identidades desde la amistad? ¿Hay identidades diferentes desde el recuerdo? ¿O desde los gustos, o diferentes identidades desde un lenguaje de clase social o el propio de un lugar de existencia? Puedes diferenciar a una amiga de la otra en todo momento, y sabes desde el principio que una es negra y la otra no, pero no sabes de qué color es cada una. Cada lector tiene su pálpito al respecto, pero no la certeza. Y eso, según vemos a las dos mujeres durante los años, dice más de nosotros y nuestros prejuicios que de ellas.

Aquí está el juego que plantea Morrison, el experimento que propone la autora en el que nosotros somos más el sujeto de estudio que las dos amigas. Y en ello profundiza: cuando se enfrentan por un tema del colegio de sus hijos, parece que una quiere privar a otra de un derecho. Podríamos caer en el tópico de que la blanca es la que quita derechos a la negra en esa comunidad y en ese momento. Pero, ¿quién es quién? No está claro, y además el relato no lo pide. Puedes adjudicar un color u otro a cada una y funciona. Otro tanto pasa con la historia de Maggie, el recuerdo clave, la apaleada en el orfanato: ¿nos diferencia el color de la piel o el resentimiento acumulado con los años? Jugar con los posibles colores de las protagonistas, el que primero nos sale, el que acumula posibilidades, arroja más luz sobre nosotros que sobre las dos amigas: de nuestra educación, de nuestra tradición familiar, de lo que leemos, de nuestra ideología, de nuestros amigos (y enemigos). Es dinamita pura eso de señalar el binarismo negro/blanco y todos los prejuicios asociados. O el rico contra el pobre, el atrasado vs. culto, irlandés/inglés, judío/palestino, etc., con todo el efecto deshumanizador que tiene el plantear todo como blanco o negro.

En mi opinión, la intención de este cuento acaba por dinamitar el supremacismo blanco, es decir, la razón de ser de una parte de la historia humana. Incluso eso pasa con la música negra, ¿es negra de verdad? ¿Jimmy Hendrix, el ejemplo planteado en el relato, es música de negros? ¿Y por qué no de blancos? ¿Tenía importancia el color de Hendrix para ser escuchado? Las dos amigas responden a eso. La raza es una condición subjetiva, la experiencia de algo así es de las cosas más propias de uno. Siempre buscamos empatizar de forma natural, no premeditada, con alguien: ¿con cuál de las dos mujeres será en este caso? ¿Y será blanca o negra? Un juego endiablado. Finalmente entra en juego un último binario en torno a la figura de Maggie: los insignificantes/los significados. Un hallazgo, en relación a las dos amigas, genial. Porque resulta que si no es tan importante el color de la piel, si hay algo mes importante que casi siempre pasamos por alto. Ahí lo dejo para los siguientes lectores de Las dos amigas

Efectivamente, uno puede leer el cuento con toda la inocencia del mundo, con algunas lagunas de incomprensión literal y sin haber entendido gran cosa, o cerrar la última página del relato con la sensación de haber salido de una jodida emboscada por parte de Morrison, y llevarse algún que otro coscorrón en la cabeza. Literatura de alto voltaje, de esa que muy poca gente sabe concentrar en 30 o 40 páginas. Fuera paja, fuera artificios argumentales para rellenar libros. Viene con un esplendido estudio del relato que te hace amar la buena literatura, amar a Toni Morrison, y que ofrece un bello y grato ejercicio de cómo leer con intención de descubrir y no solo de pasar el rato. Qué es lo que a mi me ha pasado.

HISTORIA DE LOS ABUELOS QUE NO TUVE, de Ivan Jablonka

HISTORIA DE LOS ABUELOS QUE NO TUVE, de Ivan Jablonka


En 2007 el autor, nacido en Francia, decidió indagar sobre sus ancestros polacos, principalmente sus abuelos, y pronto supo que ahí había material como para un libro. Se vale de recuerdos familiares, de cartas, de archivos públicos y de la memoria de otras personas semejantes para cubrir los huecos históricos en blanco.

Puesto que su familia quedó esparcida por el mundo con la llegada de políticos xenófobos al gobierno polaco antes de la IIGM, su memoria de los abuelos paternos es casi nula. Ante todo se pregunta por la personalidad de su abuelo, primero siendo un comunista frente a la tradición de sus padres y antepasados judíos, ante la comunidad hebrea y sus lazos culturales milenarios. También frente al sionismo de un lado y frente al gobierno polaco de otro. Pero la pregunta más temible es cómo aguantaba su convicción ideológica estricta frente a la represión gubernamental y la siguiente represión estalinista. ¿Fue un fanático más del soviet? ¿O se avergonzaron sus abuelos de las purgas?

La idea de conocer tus propios orígenes es normal, pero si intuyes que detrás hay una gran historia, puede ser apasionante. El autor persigue a sus abuelos y toda su pasión está volcada en descubrir por qué nunca llegó a conocerlos. La investigación lleva a dos lugares distintos en los que permanecieron esta pareja judía comunista y militante: la Polonia natal y el París de preguerra. Al ser gente muy común, y pobre, el autor encuentra lagunas en su historia. Conocer el ambiente en el que se movió este tipo de gente perseguida en su tierra y en Francia, y hacerlo con la vida de gente muy similar, nos sirve para conocer cómo vivían en la primera mitad del siglo XX europeo, y nos hacemos una idea de los datos que faltan de los abuelos. Finalmente, pese a sortear las redadas de las autoridades policiales francesas, caerán detenidos y desaparecerán definitivamente en Auschwitz. 

El autor da multitud de datos. Los viejos se quedan, los jóvenes emigran, lo más cercano a Francia, pero muchos a Argentina o a Palestina. El gobierno polaco busca la manera de echarlos, y de vez en cuando sufren algún progromo del vecindario polaco. 

El caso es que pasan por Francia, donde pese a las ayudas de grupos de izquierdas, el gobierno les niega el permiso de residencia. Aquí vemos las penurias, los encarcelamiento, las expulsiones, la mala vida de los judíos pobres, de los españoles exiliados o de cualquier otro refugiado político escondido de las autoridades francesas. Sin embargo, el autor viene a contradecir con datos y ejemplos los prejuicios que mantuvo la clase militar francesa del momento con respecto al valor de un soldado sirviendo a Francia en la legión extranjera. A pesar de poner en duda su valor y sinceridad, ellos fueron carne de cañón voluntaria y con una apresurada preparación, como su abuelo. 

Siguiendo el modelo de sus progenitores, el autor se pregunta cómo sobrevivieron los niños judíos huérfanos, que redes de asistencia les ayudó, la infancia que vivieron, y cómo superaron la insidia de los delatores. Y por supuesto, la vida de aquellas personas que se la jugaron por ocultarlos en sus casas. 

El libro acaba en Auschwitz, acompañando a cada uno de sus abuelos al crematorio después de evaluar las distintas posibilidades que tuvieron de sobrevivir dentro hasta ser incinerados. Es un final largo, muy emotivo, un homenaje a la humanidad no por ser judíos, sino por ser fundamentalmente buenos y buscar, hasta el sacrificio, un mundo mejor para todos. Incluso para gente como los sionistas, en las antípodas de la ideología de los abuelos de Ivan Jablonka