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viernes, 1 de febrero de 2013

SIETE VIDAS, de David Howath


     Llega el invierno y con ello una saturación de vídeos de freeriders, los esquiadores lanzándose a tumba abierta por pendientes imposibles. No esta mal. Ahora pongamos a los moradores de una aldea en su lugar,  viéndoles hacer algo parecido con el equipo de hace casi 100 años, por un territorio invernal que no osan pisar cuando arrecian las tempestades por paramos y cordilleras solitarias. Sin cobertura ni GPS. Arrastrando a un tío en un trineo, un tal Jan, de Oslo, que ha estado desorientado por valles vacíos de vida humana, cegado por la nieve, recién salido de un alud y un tiroteo. Los hombres del fiordo, pescadores que llevan una vida de subsistencia, deben buscar un trayecto fuera de los caminos conocidos, y desean salvar a Jan a toda costa porque se le están gangrenando los pies. 

    Sin duda pensaremos que la penuria es infinita, y que la belleza de esos paisajes nórdicos, los fiordos en torno a Tromso y la cordillera de Lyngen está muy bien en la pantalla de TV, pero que aquello puede ser un laberinto de trampas debido a la mala climatologia al final del invierno y a la ausencia de recursos humanos en esa región deshabitada. Esta historia, la de Jan luchando por sobrevivir en la nieve y afectado por congelaciones, nos recordaría las agonías de Joe Simpson y su Tocando el vacío, el libro y la película que se hicieron de ello. Si a este cuadro le agregamos unos cuantos pescadores noruegos, que viven cerca de Tromso y de Nordkapp, por encima del Circulo Polar Artico, y los contemplamos esquiando por esos parajes hasta que los lapones se hagan cargo de él y lo pongan a salvo en Suecia, ya solo nos queda agregar el último ingrediente de este libro: a unos malos muy malos persiguiéndolos, los nazis. Así el cuadro está completo, tenemos una historia completa, real, y digna de Spielberg y su Salvar al soldado Ryan.
    La realidad de la historia es que Jan Baalsrud se fugó de Oslo cuando Noruega fue ocupada por los nazis, los británicos lo entrenaron y partió con una docena de compañeros para desarrollar una campaña de sabotaje contra instalaciones militares alemanas en la región de Tromso. Todo salió mal desde el principio, y solo sobrevivió Jan del conjunto del comando. Pero intentó, pese a todo, salir bien parado siendo que, para él, esa región ártica de su país le era desconocida. Todo hubiera sido una historia más de guerra si no le hubiera caído el alud y hubiera sobrevivido, solo, a las condiciones de intemperie en el invierno ártico de forma milagrosa. El interés del libro recae en conocer la vida rural de un país hoy muy rico pero entonces muy pobre, y en lo difícil que es esquiar y sobrevivir fuera del refugio de una casa en los temporales que por allí arrecian. Lo de menos son los soldados alemanes en la narración, y si el ambiente que se respira de la naturaleza amenazadora para un hombre en las últimas y los que le ayudan, arriesgando la vida, a llegar a una nación neutral.

    El libro recoge algunas fotos en las que los mismos protagonistas, años después, recrean todos los sucesos en los mismos lugares: la cabaña aislada del fiordo donde se escondió, el trineo, el lapón que lo sacó de allí, etc. De los 9 dedos de los pies que el mismo se cortó (gracias a eso salvó el resto), de la cueva entre la nieve donde se hospedó semanas a punto ya de la inanición, o de la explosión del barco no hay registro gráfico.

     El viaje fue ese, téngase en cuenta que si ahora no hay palmo de terreno sin explorar, por entonces hacer aquel viaje precario era todo un mundo de dificultades y desconocimiento. Los únicos que si conocían el terreno que pisaban eran los lapones, a quienes la guerra no les implicaba y que eran una cultura aparte y hasta un poco menospreciada según se aprecia en la actitud del mismo autor al hablar sobre ellos.

    Años después se creó una ruta excursionista que sigue el mismo trazado descrito en el libro: http://karlsoy.com/baalsrud/. En el mapa adjunto aparece como linea azul.

    Las guerras cruentas suelen tener historias peculiares como estas, que no van de guerra sino de gente puesta al limite como en este caso. Este libro lo encontré en una feria del libro antiguo, y venia con la firma autógrafa del mismo Jan Baalsrud, toda una sorpresa. La historia es buena, el autor no lo estropea demasiado, y tuvo a su Spielberg en Arne Skouen, que la rodó en 1959 bajo el título Ni Liv (Nueve vidas, pero ¿por qué la traducción castellana es Siete Vidas?), llegando a ser nominada para los Oscars de entonces. El libro original se titulaba We die alone, y su autor es otro soldado entrenado para misiones especiales de la II Guerra Mundial. Howarth es un escritor mediocre, pudo haber sacado mucho más de esa historia.

    Los últimos años de Jan los pasó en Tenerife, casado con una isleña. Esa parte de su vida ya es más normal de encontrar.

Siete vidas, de David Howarth. Editado por Litografía A. Romero, 1975. 260 páginas, en librerías de segunda mano

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