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lunes, 25 de marzo de 2019

EL MAFIOSO GENTILE. GOTAS DE SICILIA, de Andrea Camilleri

EL MAFIOSO GENTILE. GOTAS DE SICILIA, de Andrea Camilleri

    "Gentile parece un personaje de museo, y ciertamente lo es, teniendo en cuenta la rápida deriva de la mafia hacia una violencia ciega e indiscriminada. En un encuentro posterior, Gentile me dijo: «Si quieres que alguien haga algo que no quiere hacer, tienes que persuadirlo con paciencia, tienes que demostrarle que lo mejor para todos es que haga lo que quieres; si por el contrario pierdes la paciencia y lo matas, él se muere, es cierto, pero la batalla la pierdes también tú porque no has logrado lo que querías. Para matar vale cualquiera». Una lógica perversa y criminal, sin duda, pero alejadísima de la idea de masacre."

Trapani, Sicilia 

jueves, 21 de marzo de 2019

YOSEMITE. MI PRIMER VERANO EN LA SIERRA, de John Muir

YOSEMITE. MI PRIMER VERANO EN LA SIERRA, de John Muir

    "Me gustaría vivir aquí siempre. Es todo tan tranquilo y retirado, y al mismo tiempo abierto al universo y en plena comunión con todo lo bueno. Al norte de esta pradera idílica, descubrí el campamento de unos cazadores indios. Su fuego seguía ardiendo, pero no habían regresado aún de la caza.De pradera en pradera, todas ellas más hermosas de lo que puede contarse, y de lago en lago a través de arboledas y franjas de arboles afilados, continué mi camino hacia el norte en dirección al monte Conness y encontré en todas partes una belleza elocuente, al tiempo que las montañas que me rodeaban me decían «Ven». Ojala pueda escalar todas ellas."

miércoles, 20 de marzo de 2019

EL NACIMIENTO DE PIRANDELLO. BIOGRAFÍA DEL HIJO CAMBIADO,de Andrea Camilleri

EL NACIMIENTO DE PIRANDELLO. BIOGRAFÍA DEL HIJO CAMBIADO,de Andrea Camilleri

    "Así cuenta Pirandello, en uno de sus cuentos, el nacimiento de Puerto Empédocles, que él llama Nisia. Y en verdad la vida tenía que ser allí apremiante si el pequeño pueblo, tal y como se podía leer en el Diccionario Topográfico de Sicilia de 1859, tenía un importante establecimiento para el refinamiento del azufre, poseía un telégrafo, era sede de numerosos consulados extranjeros y aparecía bastante desarrollado y en vías de continua expansión. La línea fronteriza entre los dos municipios, a lo largo del litoral, fue establecida a la altura del estuario de un río desecado desde hacía tiempo inmemorial que cortaba en dos un poblado, llamado bien «u Càvusu» o bien «‘u Càusu», tan tupido de árboles que parecía un bosque. Ahora bien, en dialecto siciliano, tanto càvusu como càuso significan lo mismo: pantalones. Y verdaderamente un par de pantalones debía de parecerle aquel trozo de altiplano a quien lo mirase llegando por mar, partido en dos como estaba por aquella seca alpañata, árida y pedregosa que se extendía en medio. De este Càvusu, por lo tanto, una mitad pertenecía al Municipio de Puerto Empédocles y la otra al Municipio de Agrigento. Un buen día a algún empleado del registro civil le ha parecido que no era cosa de escribir que cualquier hijo de viddrani había nacido dentro de un par de pantalones y cambió aquel vulgar «Càusu» por «Caos». Y desde entonces aquella barriada se llamó así: Caos.
(...)
   Le dirá a un amigo en una carta: Yo por lo tanto soy hijo del Caos, y no alegóricamente, sino en justa realidad, porque he nacido en una parte de nuestra campiña que se encuentra en el interior de un intrincado bosque denominado en dialecto Càvasu por los habitantes de Girgenti… corrupción dialectal del genuino y antiguo vocablo griego Káos… De Càvasu a Caos y de Caos a Káos el nominativo nobiliario del lugar se vuelve necesario: «Los nombres son consecuentes con las cosas, pero también las cosas son consecuentes con los nombres», señalará Leonardo Sciascia."

viernes, 15 de marzo de 2019

JAGGER Y RICHARDS, INTERCAMBIO DE PAREJAS. VIDA, de Keith Richards

JAGGER Y RICHARDS, INTERCAMBIO DE PAREJAS. VIDA, de Keith Richards

    "No soy un tipo demasiado celoso. Ya sabía de dónde venía Anita: había estado con Mario Schifano, que era un pintor famoso, y con otro tipo que era marchante en Nueva York. Nunca tuve intención de atarla en corto. Aquello abrió una brecha considerable entre Mick y yo, pero sobre todo por parte de Mick, no por la mía. Y probablemente para siempre. 
    A Mick no le dije nada en relación con Anita y decidí esperar a ver en qué acababa todo. No era la primera vez que competíamos por una mujer, había ocurrido incluso con algún ligue pasajero estando en la carretera. «¿Quién se va a llevar a ésa? ¿Quién es el Tarzán por aquí?». Era una pelea de machos alfa. Todavía lo es, la verdad. Pero, claro, eso no sienta una base muy sólida para la amistad, ¿verdad? Podría haber montado un buen numerito con ella por todo aquel tema, ¿pero qué sentido tenía? Estábamos juntos. Yo pasaba mucho tiempo en la carretera y me había vuelto demasiado cínico con el rollo ese. Me refiero a que yo se la había robado a Brian y podía suponer que Mick se la tiraría bajo la dirección de Donald Cammell. Dudo que hubiese ocurrido de no ser por Cammell. Pero ¿sabes?, mientras tanto yo me estaba tirando a Marianne, tío. Vaya lo uno por lo otro. De hecho, un día tuve que abandonar la casa de forma bastante abrupta cuando se presentó el titular. Fue sólo esa vez: tórrido, mucho sudor. Estábamos allí echados, envueltos en lo que Mick llama el resplandor de después en «Let Me Down Slow», yo tenía la cabeza entre esas dos peras maravillosas, y en esto que oímos el coche: levántate de un salto, carreras por la habitación buscando la ropa… Tuve que salir por la ventana: agarré los zapatos, salté por la ventana y me largué por el jardín, pero entonces me di cuenta de que me había dejado los calcetines. Bueno, Mick no es de los que se pone a buscar calcetines. Marianne y yo todavía bromeamos con eso, me manda mensajes: «Sigo sin encontrar tus calcetines».
   Anita es de las que juegan arriesgando, y todos los jugadores la cagan en una apuesta de vez en cuando. Por aquel entonces, el concepto de statu quo estaba terminantemente prohibido para ella, todo tenía que cambiar. Y además no estábamos casados, éramos libres, lo que sea. Eres libre siempre y cuando me mantengas informado. En cualquier caso no se lo pasó demasiado bien con el pequeño picha floja: me consta que tienes unos cojones como una piano, pero con eso no basta para estar a la altura, ¿verdad que no? No me sorprendió, en realidad me lo esperaba, por eso estaba aquel día en casa de Robert Fraser escribiendo I feel the storm is threatening my very life today "


jueves, 14 de marzo de 2019

ALEMANES INOCENTES. LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiessenthal

ALEMANES INOCENTES. LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiessenthal

    "Son sus «clientes» los que fueron SS y rabiosos miembros del Partido. Después de repetidas conversaciones con ellos y años de estudio y observación, Wiesenthal ha llegado a la conclusión de que en su gran mayoría «o no tenían conciencia desde un principio o consiguieron suprimirla por completo». Se libraron de la conciencia como otros se libran del apéndice. «Befehl ist Befehl» (órdenes son órdenes). El Führer daba las órdenes y ellos las cumplían. Los alemanes tienen una expresión para esa clase de obediencia: «Kadavergehorsam» (la total obediencia del cadáver). El concepto de «Befehlsnotstand» (órdenes necesariamente ineludibles) es aceptado muchas veces como circunstancia atenuante por jurados alemanes o austríacos. Pero esos jurados nunca exigen prueba alguna de que si el acusado se hubiera negado efectivamente a cumplir la orden, hubiera puesto en peligro la vida. Semejante prueba no existe. Algunos hombres se negaron a cumplir la orden criminal y fueron encarcelados o enviados al frente. Los que de entre ellos sobrevivieron, tienen hoy la conciencia, tranquila."

miércoles, 13 de marzo de 2019

LOS MOSCOVITAS. DE VIAJE POR EUROPA DEL ESTE, de Gabriel Garcia Marquez

LOS MOSCOVITAS. DE VIAJE POR EUROPA DEL ESTE, de Gabriel Garcia Marquez

    "La sencillez, la bondad, la franqueza de la gente que andaba por la calle con los zapatos rotos no podía ser una consigna de festival. Yo pregunté muchas veces, con una crudeza deliberada, nada más para ver qué ocurría: "¿Es cierto que Stalin era un criminal?". Ellos respondían imperturbables con pedazos del informe Krutchev. No hubo un solo indicio de agresividad. Por el contrario siempre encontré la intención deliberada de que nos lleváramos un recuerdo grato del país. Eso es lo único que me permite pensar que los soviéticos -de una manera general- son leales a su gobierno. No era una multitud cargante. No se apresuraban a decirnos las cosas. Nos miraban pasar con su timidez aldeana, con su parsimonia de ganso, sin atreverse a perturbarnos. Cuando uno tenía deseos de conversar le decia a la multitud, sin dirigirse a nadie en particular: "Drushva". Es decir: "Amistad". Entonces nos asaltaban con insignias y monedas a cambio de autógrafos y direcciones. Es un pueblo que está desesperado por tener amigos."



martes, 12 de marzo de 2019

PUERCA TIERRA, de John Berger

PUERCA TIERRA, de John Berger

"...La productividad no reduce la escasez. La expansión del conocimiento no lleva inequivocamente a una mayor democracia. El advenimiento del ocio en las sociedades industrializadas no ha traído mayor satisfacción personal, sino una mayor manipulación de las masas"
PUERCA TIERRA, 1979

lunes, 11 de marzo de 2019

VIDA, de Keith Richards

VIDA, de Keith Richards 

    "Por aquel entonces, no paraba de absorber música de aquí y de allá, aunque sin saberlo. Inglaterra era un país envuelto en niebla, sí, pero es que además la niebla también se instalaba entre las personas: no se mostraban las emociones, la verdad es que en general se hablaba poco y, cuando se hablaba, era alrededor de las cosas, con códigos y eufemismos… Había cosas que no se podían decir, ni siquiera aludir a ellas. Todo aquello era todavía el poso de la era victoriana y quedaba maravillosamente reflejado en las películas en blanco y negro de los sesenta como Sábado noche, domingo mañana y El ingenuo salvaje. La vida era en blanco y negro; el tecnicolor estaba a la vuelta de la esquina pero en 1959 todavía no había llegado. Y, aun con todo, la gente quiere llegar al otro, al corazón del otro, por eso existe la música: si no eres capaz de decirlo, cántalo. No hay más que escuchar las canciones de aquella época: tremendamente mordaces por un lado y románticas por otro, y que intentaban decir cosas que no se podían decir en prosa ni sobre el papel: «Hace bueno. Ya son las siete y media y el viento ha parado. PD: Te quiero». 

    Doris era diferente porque, igual que a Gus, le encantaba la música. A los cuatro o cinco años, al acabar la guerra, yo ya escuchaba a Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan, Big Bill Broonzy, Louis Armstrong. Era una música que simplemente me llegaba, era lo que escuchaba todos los días porque era lo que ponía mi madre en la radio. Creo que habría acabado descubriéndola yo de no haber sido el caso, pero mi madre me entrenó el oído para tirar siempre hacia el barrio negro de la ciudad sin ni tan siquiera saber que lo estaba haciendo. Yo entonces no tenía la menor idea de si los cantantes eran blancos, negros o verdes pero, al cabo de un tiempo, si tienes un mínimo de oído musical, acabas notando la diferencia entre «ain’t That a Shame» cantada por Pat Boone y «ain’t That a Shame» cantada por Fats Domino. No es que Pat Boone fuera malo, de hecho cantaba muy bien, pero sonaba artificial, tenía poca profundidad, en cambio la versión de Fats era tan natural… A Doris también le gustaba la música de Gus, que solía recomendarle que escuchara a Stephane Grappelli, al Hot Club de Django Reinhardt (esa maravillosa guitarra de swing) y a Bix Beirderbecke. A ella le gustaba el swing tirando a jazz. Unos años después, le encantaba ir a escuchar a Charlie Watts al club de jazz de Ronnie Scott. 

    Tardamos mucho en tener tocadiscos así que, en casa, casi toda la música la oíamos en la radio, sobre todo en la BBC; mi madre era una maestra del dial. Había algunos artistas británicos buenísimos, tipos que tocaban en las orquestas de baile del norte y actuaban también en programas de variedades. Muy buenos. No eran precisamente mancos. Si había algo bueno por ahí, mi madre lo descubría. Así que me crié en ese ambiente buscando sin descanso música nueva. Ella siempre opinaba sobre quién era bueno y quién era malo, hasta cuando estaba conmigo. Tenía oído para la música, mucho oído. A veces oía cantar a alguien y comentaba «aulladora», cuando a todos los demás les parecía una soprano excelente. Esto era antes de que hubiera televisión. Crecí escuchando música realmente buena, incluyendo también un poco de Mozart y Bach de música de fondo, aunque en su día no entendí nada, pero aun así fue calando. Puede decirse que era una auténtica esponja musical, y además me fascinaba ver a la gente tocar: si había alguien tocando en la calle, indefectiblemente acababa acercándome, o me ponía al lado del pianista en el pub, donde fuera. Mis oídos lo iban asimilando todo, nota por nota. No importaba si desafinaban o no: había notas musicales, había ritmo y armonías, y todo eso empezaba a dar vueltas en mi cabeza. Era algo muy parecido a una droga. De hecho, era una droga mucho más potente que el caballo: el caballo siempre lo puedes dejar, la música no. Una nota lleva a la otra y nunca sabes exactamente qué viene después, y tampoco quieres. Es como caminar por una bellísima cuerda floja. 

    Creo que el primer single que me compré fue «Long Tall Sally» de Little Richard, una canción fantástica, incluso hoy. Las buenas, con el tiempo se hacen mejores. Pero la que me hizo despegar de verdad, la que fue como una explosión en medio de la oscuridad, la oí en Radio Luxemburgo una noche que estaba escuchando música en un transistor pequeñajo que tenía, cuando se suponía que ya estaba en la cama y dormido: «Heartbreak Hotel». Esa fue la que me dejó sin palabras. No la había oído nunca antes, ni esa canción ni nada parecido. Jamás había oído hablar de Elvis. Fue casi como si hubiera estado esperando a que ocurriera algo así. Cuando me desperté al día siguiente era otra persona; de repente, había tanto que escuchar que me abrumaba: Buddy Holly, Eddie Cochran, Little Richard, Fats… Radio Luxemburgo era conocida por lo difícil que era no perder la señal: yo tenía un trasto pequeño con antena y me pasaba las horas dando vueltas por la habitación con la radio pegada a la oreja mientras movía la antena, y todo eso sin hacer ruido porque si no iba a despertar a mis padres. Si conseguía tener buena señal, entonces me podía meter en la cama con la radio, dejando la antena fuera para moverla de vez en cuando si hacía falta. Se suponía que tenía que estar durmiendo; se suponía que tenía que ir al colegio a la mañana siguiente… Ponían muchos anuncios de James Walker («sus joyeros de confianza a la vuelta de la esquina») y también de las casas de apuestas irlandesas, con las que Radio Lux tenía algún tipo de acuerdo. La señal era perfecta durante los anuncios… «Y ahora vamos a escuchar a Fats Domino cantando “Blueberry Hill”» y… ¡joder, se iba la señal! 

    Y también ponían cosas como «Since My Baby Left Me». Era el sonido, eso fue el detonante: fue el primer rock and roll que escuché en mi vida y era completamente diferente, en la manera de interpretar; era un sonido totalmente distinto, descarnado, calcinado, nada de gilipolleces; ni violines ni coros femeninos ni sensiblerías; era completamente distinto, desnudo, iba directamente a unas raíces que sospechabas que estaban ahí pero que todavía no habías escuchado. Tengo que quitarme el sombrero ante Elvis por eso. El silencio es el lienzo en blanco, el marco, sobre lo que trabajas; y no tratas de ahogarlo. Eso fue «Heartbreak Hotel» para mí: la primera vez que oía algo tan profundamente marcado. Así que no pude evitar ponerme a investigar sobre lo que había estado haciendo aquel tío antes. Por suerte me quedé con el nombre porque la señal de Radio Luxemburgo volvió justo a tiempo: «Hemos escuchado a Elvis Presley interpretando “Heartbreak Hotel”». ¡Joooder! 

    Hacia 1959 (yo tenía quince años), Doris me compró mi primera guitarra..."


Joan Margarit

EL MALDITO, de Joan Margarit

Morir mientras se espera un inicio de alba
tras esta oscuridad es lo más digno
para un poeta. Pero levantarse temprano,
trabajar todo el día detrás de algún lluvioso
cristal en la ciudad, tener una mujer
cansada ya de versos y de libros,
que cada noche ha de dormirse sola
—él, a esa hora, está escribiendo—
con frecuencia es su suerte.
Muere por nada y por bien poco vive.

viernes, 8 de marzo de 2019

CATHEDRAL PEAK. MI PRIMER VERANO EN LA SIERRA, de John Muir

CATHEDRAL PEAK. MI PRIMER VERANO EN LA SIERRA, de John Muir

    "...¡Qué delicia estar solo aqui! Qué agreste es todo: ¡agreste como el cielo e igual de puro! Jamás olvidaré este dia enorme, divino: el Cathedral y sus miles de campanas de cassiope, y los paisajes a su alrededor, y este campamento entre los grandes riscos sobre los árboles, con sus estrellas y arroyuelos y nieve"

Cathedral Peak, verano del 2014.  Llamarlo bello es poco