Ver Viajes del Mundo en un mapa más grande

miércoles, 24 de julio de 2019

EL FRENTE DE ASTURIAS SE PIERDE, OCTUBRE DE 1937. YO FUI PILOTO DE CAZA ROJO, de Francisco Tarazona

EL FRENTE DE ASTURIAS SE PIERDE, OCTUBRE  DE 1937. YO FUI PILOTO DE CAZA ROJO, de Francisco Tarazona 

    "Esto es un caos: el Norte se derrumba. Gijón está atestada de heridos, y las carreteras, repletas de soldados en retirada, la mayoría muertos de cansancio y con los nervios deshechos. Todo lo han soportado: bombardeos, ametrallamientos, emboscadas; todo les ha faltado: artillería, apoyo aéreo, atención médica, alimentos, y, sobre todo, esperanza.

     Estoy con Churi. Siente la tragedia desde hace ya algún tiempo, pero no se había atrevido a decírmelo. Hoy lo hace porque nota que mis palabras son falsas, y todo mi optimismo, simulado. Ya para irme, llora. Se tragó las lágrimas mientras estuvo conmigo, como si yo las pudiera entender como un reproche. Tengo remordimiento; he sido un egoísta; he gozado de la paz que ella me ha dado, sin pensar en la soledad en que se quedará. Porque no nos volveremos a ver. Hoy casi no hablé; ella lo dijo todo. A pesar de sus dieciséis años, en sus palabras hubo amargura. Y, de esa amargura, yo tengo parte de culpa. Nos despedimos como si nos hubiéramos dicho todo lo que puede decirse entre una mujer y un hombre. Al regresar al campo, siento que he envejecido."

martes, 23 de julio de 2019

EL VIAJE, SEGUN TERRAY. LOS CONQUISTADORES DE LO INUTIL, de Lionel Terray

EL VIAJE, SEGUN TERRAY. LOS CONQUISTADORES DE LO INUTIL, de Lionel Terray

    "Estuve viviendo como un simple mestizo. Viajaba en camiones haciendo autoestop, dormía en las cabañas y compartía la existencia de los indios dedicándome a recorrer las regiones del sur del país para acabar de rodar el reportaje que había empezado en los poblados quechuas. A partir de ese momento experimenté una verdadera pasión por captar la vida en toda su violencia o toda su poesía. Al buscar las imágenes de mayor fuerza, al analizar los acontecimientos para obtener su síntesis, la acuidad de mis sentidos se multiplicaba por diez; la belleza y el encanto de las cosas adquirían una intensidad mayor que nunca."
Expedicion del Jannu

lunes, 22 de julio de 2019

REFUGIADOS ESPAÑOLES. QUICO SABATE, de Pilar Eyre

REFUGIADOS ESPAÑOLES. QUICO SABATE,  de Pilar Eyre

    «¡Huid y no volváis! ¡Dejadnos y no volváis!». Así les grita el diario Arriba al medio millón de refugiados que se han ido de España al finalizar la Guerra Civil: «No volváis». Muchos años después, cincuenta y ocho exactamente, Carmen Guallar, que huyó de España en aquella época y que ahora vive en Mont de Marsan, explica para este libro, con voz todavía trémula de desconsuelo: «Irnos, irnos de nuestro país, como si sólo ellos fueran españoles… Dejar nuestra lengua, nuestra familia, las fotos, los libros, los amigos de la infancia… Escaparnos como si hubiéramos hecho algo malo, sentirnos avergonzados por ser refugiados, tener que estar agradecidos todavía por un metro cuadrado de un suelo lleno de barro en un campo de concentración, tener que ganarte la vida fregando o como obrera manual, sólo te dejan los trabajos más pesados… Y así un día tras otro, años. Que mueran tus padres sin poder cerrarles los ojos. Tus hijos, que son franceses, se cansan de oírte hablar siempre de España… Quien no ha conocido el exilio no ha conocido lo triste que puede ser la vida».
7000 soldados republicanos con solo cuatro cañones, resistieron durante dos meses a un ejército de 14000 hombres con treinta cañones que además contaba con un fuerte apoyo aéreo. El Esquinazau ordenó la retirada por los viejos caminos de paso a Francia a través de los collados pirenaicos el 9 de junio de 1930. La evacuación acabo el 16 de junio de 1938.


viernes, 19 de julio de 2019

SOLEDAD EN LA SELVA. CONQUISTA DE LO INÚTIL, de Werner Herzog

SOLEDAD EN LA SELVA. CONQUISTA DE LO INÚTIL, de Werner Herzog

    "En la noche he terminado de leer un libro, y como me sentía muy solo, lo he enterrado en la linde de la selva con una pala prestada"

jueves, 18 de julio de 2019

LA HISTORIA SIGUIENTE, de Cees Nooteboom

LA HISTORIA SIGUIENTE, de Cees Nooteboom 

    "Cuando está solo, la multitud se convierte en un enigma para él, entre los otros ya no se conoce a sí mismo. ¿Quiénes son? ¿Conoce su máscara?"



martes, 16 de julio de 2019

LA GUERRA DE TERRAY. LOS CONQUISTADORES DE LO INUTIL, de Lionel Terray

LA GUERRA DE TERRAY. LOS CONQUISTADORES DE LO INUTIL, de Lionel Terray


  "Otra experiencia interesante es la que viví junto a Michel Chevalier, a unos cien metros de la cumbre de la punta de Charbonnel. Con sus 3751 metros, este pico es el punto culminante del macizo. Sin ser realmente una cima difícil, todas sus vertientes son escarpadas y, en invierno, sólo se puede ascender a ella cuando no existe ningún riesgo de aludes.

  Uno de esos días sublimes en los que la montaña resplandece como una joya bajo los afilados rayos de sol, habíamos subido por un estrecho corredor de nieve dura y, a unos cien metros de la cumbre, excavamos en la pendiente una gruta lo bastante amplia como para instalarnos en ella confortablemente. Gracias a esta especie de iglú, íbamos a poder permanecer en esta atalaya durante dos días enteros y observar atentamente los movimientos de los alemanes que, al otro lado del valle de Ribon, acababan de instalarse en el Col de Rousse. Se había previsto un ataque contra esta nueva posición y la Punta Charbonnel era prácticamente el único observatorio desde el cual era posible estudiar discretamente el escenario de la batalla. Teníamos que averiguar con cuántas fuerzas contaba el enemigo, el emplazamiento de los posibles campos de minas y los lugares que ocupaban los centinelas.

  Después de la primera noche en la gruta, Faure y Laurenceau, que habían venido solamente a ayudarnos a excavar, nos dejaron solos en aquella montaña. El cielo seguía siendo de un azul inmaculado y el viento estaba totalmente en calma. A pesar del intenso frío, pasamos el día mirando con los prismáticos. Cuando llegó la noche, perfectamente acomodados en nuestro abrigo y acostados sobre colchones neumáticos, nos dormimos plácidamente no sin antes rendir los honores pertinentes a una copiosa cena. Cuando, hacia las siete de la mañana, retiré la lona que cubría el agujero de nuestra morada, recibí en toda la cara un montón de nieve. El tiempo había cambiado durante la noche y había caído una capa de veinte centímetros de nieve reciente, la misma que casi me sepulta.

  No cesaba de nevar y caían gruesos copos de nieve húmeda. En estas condiciones era imposible bajar el inclinado corredor, que habíamos utilizado para subir, sin desencadenar un alud; podía decirse que estábamos bloqueados en nuestra gruta. La situación no habría revestido ninguna gravedad si hubiésemos tenido víveres en cantidad, pero estaba previsto que nuestra misión acabara ese mismo día y no nos quedaba prácticamente nada para comer. No parecía que el tiempo fuera a cambiar; la capa de nieve no dejaba de aumentar y ningún signo permitía pensar que el alud fuera a desencadenarse voluntariamente. Sin ser trágica, nuestra situación era muy preocupante. A mediodía, más o menos, dejó de nevar y la temperatura fue subiendo poco a poco, aumentando la inestabilidad de la capa de nieve caída durante la noche. El aburrimiento y el hambre empezaban a hacer mella en mí y decidí recurrir a un método audaz, pero que ya había utilizado en otras ocasiones. Me puse los esquís, me dirigí hacia la derecha y atravesé una rampa, no muy inclinada, de unos cuantos metros. Llegué así al extremo del corredor que se perdía cuesta abajo en el valle de Vincendière. Me había dado cuenta de que al otro lado de esta depresión, de unos quince metros de ancho, había una especie de resalte con una cornisa que me serviría de refugio en caso de avalancha. Me di toda la prisa que pude para atravesar en diagonal el corredor sometido a las avalanchas. Tal y como había previsto, los cortes hechos por los esquís sobre la capa de nieve rompieron el inestable equilibrio de ésta y desencadené el alud. Gracias a la velocidad que llevaba, el lapso de tiempo que pasé en el corredor fue más breve del que necesitó la nieve para rasgarse y conseguí llegar a la cresta que me servía de refugio antes de ser arrastrado por la nieve. Una vez limpia la rampa de la capa inestable, no tendríamos más que deslizamos haciendo virajes sobre la nieve dura y lisa que teníamos a nuestros pies.

  El éxito de este método, que utilicé dos o tres veces en mi vida y que no recomiendo a nadie, evidentemente, depende del tipo de nieve y de la inclinación del terreno. Es indispensable alcanzar cierta velocidad en el momento de la ruptura de la capa superficial de nieve y tener la certidumbre de encontrar un poco más lejos un lugar seguro. A pesar de las apariencias, este ejercicio es más impresionante que realmente peligroso cuando es utilizado por un buen esquiador en un terreno favorable.

  Durante esta guerra en los Alpes, pasé el invierno y la primavera yendo de una montaña a otra y recorriéndolas en todos los sentidos, a altitudes que podían variar de los 1500 a los 3000 metros o incluso más. Los imperativos de la táctica militar nos obligaban a veces a cumplir misiones en condiciones meteorológicas o de nieve con las que no habríamos salido nunca en circunstancias normales. Hubiéramos podido abusar de la buena fe de nuestros oficiales y haberles convencido de que algunas de las misiones eran técnicamente imposibles y no habrían podido contradecirnos. Pero siempre jugamos limpio y, en más de una ocasión, cruzamos rampas en las que la capa de nieve estaba próxima a su punto de fractura. Un par de veces me vi envuelto en aludes importantes. La primera vez bajé cuatrocientos metros arrastrado por la bola de nieve y sólo pude salir airoso del lance porque tuve la suerte de perder los esquís y encontrarme en la parte superior del torbellino de nieve cuando se detuvo, al fin, en un lugar casi llano. En la segunda conseguí escaparme lanzándome a tumba abierta hacia un pequeño bosque en el que pude refugiarme. Desgraciadamente, uno de mis compañeros, que esquiaba peor que yo, resultó muerto.

  No hay mucha gente que frecuente la alta montaña cuando está cubierta de nieve. En esta época, el esquí se practica en pistas a baja altitud, y solamente en primavera, cuando las condiciones de la nieve son más favorables, es cuando los adeptos del esquí de travesía se aventuran a subir montañas.

  La mayoría de nuestros oficiales conocía muy mal los problemas de la montaña invernal y, en algunos casos, puede decirse que no tenía ni idea. Casi todas las misiones que nos encomendaban y que, con riesgos evidentes, cumplía con mi grupo o mi sección, carecían de toda utilidad real desde el punto de vista de la estrategia de la guerra… A pesar de ello, y siempre que las posibilidades de éxito me parecían alcanzables, solía presentarme voluntario. La mayor parte de mis compañeros no se hacía tampoco muchas más ilusiones que yo sobre la utilidad de nuestras misiones, pero actuaba de la misma manera. La guerra en la montaña no era para mí más que un juego, pero al igual que hacía con mis otros juegos en la montaña, lo disputaba hasta los límites de mis capacidades y de mi valor.

  La multitud de aventuras realizadas y el hecho de tocar con frecuencia la delgada línea que separa la seguridad y el peligro, línea que muchos transforman en una margen amplia, me permitieron adquirir una gran experiencia en la montaña invernal y en los aludes que muy pocos montañeros tuvieron ocasión de acumular.

  La ciencia que estudia la nieve se compone de datos técnicos relativamente precisos, que todo el mundo puede aprender en un manual, y de una especie de sexto sentido, formado a su vez por una aptitud natural y el almacenamiento de observaciones registradas más por el subconsciente que por la memoria propiamente dicha.

  A lo largo de aquel invierno, aprendí más sobre el comportamiento de la nieve que durante el resto de mi vida y, sin embargo, bien sabe Dios que en mis tiempos jóvenes frecuentaba imprudentemente las laderas peligrosas.

  En nombre de esta experiencia, muchos años más tarde —con motivo de un drama sobre el que prefiero no extenderme, pues fue para mí penoso hasta el punto de que me hizo cuestionar la idea que, hasta entonces, me había hecho de la solidaridad que existe entre montañeros e incluso entre los seres humanos— no dudé en levantar mi voz contra la incompetencia o la falta de valor de algunas personas, a pesar de todos los problemas a los que me exponía al hacerlo.
(...)
Para disparar unas ráfagas de metralleta sobre los supervivientes de un ejército cansado por cinco años de guerra, los oficiales del frente de los Alpes hicieron correr a sus hombres peligros mucho más serios que los que el Mont Blanc presentaba a principios de 1957."
Pico Charbonnel

lunes, 15 de julio de 2019

QUIEN SABE ESCUCHAR A UN ÁRBOL. EL CAMINANTE, de Herman Hesse

QUIEN SABE ESCUCHAR A UN ÁRBOL. EL CAMINANTE, de Herman Hesse 

    "Nada hay más ejemplar y más santo que un árbol hermoso y fuerte. Cuando se ha talado un árbol y éste muestra al mundo su herida mortal, en la clara circunferencia de su cepa y monumento puede leerse toda su historia: en los cercos y deformaciones están descritos con fidelidad todo el sufrimiento, toda la lucha, todas las enfermedades, toda la dicha y prosperidad, los años flacos y los años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas. Y cualquier campesino joven sabe que la madera más dura y noble tiene los cercos más estrechos, que en lo alto de las montañas y en peligro constante crecen los troncos más fuertes, ejemplares e indestructibles.

    Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas, predican, indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida.

    Un árbol dice: en mí se oculta un núcleo, una chispa, un pensamiento, soy vida de la vida eterna. Es única la tentativa y la creación que ha osado en mí la Madre eterna, única es mi forma y únicas las vetas de mi piel, único el juego más insignificante de las hojas de mi copa y la más pequeña cicatriz de mi corteza. Mi misión es dar forma y presentar lo eterno en mis marcas singulares.

    Un árbol dice: mi fuerza es la confianza. No sé nada de mis padres, no sé nada de los miles de retoños que todos los años provienen de mí. Vivo, hasta el fin, el secreto de mi semilla, no tengo otra preocupación. Confío en que Dios está en mí. Confío en que mi tarea es sagrada. Y vivo de esta confianza.

    Cuando estamos tristes y apenas podemos soportar la vida, un árbol puede hablarnos así: ¡Estate quieto! ¡Estate quieto! ¡Contémplame! La vida no es fácil, la vida no es difícil. Estos son pensamientos infantiles. Deja que Dios hable dentro de ti y en seguida enmudecerán. Estás triste porque tu camino te aparta de la madre y de la patria. Pero cada paso y cada día te acerca más a la madre. La patria no está aquí ni allí. La patria está en tu interior, o en ninguna parte.
(...)
    Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es. Esto es la patria. Esto es la felicidad."

miércoles, 3 de julio de 2019

LA OPRESIÓN. EL FIN DE LA ESPERANZA, de Juan Hermanos

LA OPRESIÓN. EL FIN DE LA ESPERANZA, de Juan Hermanos 

    "Uno y otro día las ideas democráticas eran deformadas, ridiculizadas en la prensa y en las cátedras de la Universidad. Se jugaba con las palabras. Libertad, igual a libertinaje. La libertad en España es la voluntad de Franco; él está encargado por Dios y por el destino de asumir la voluntad de su pueblo, mientras que el deseo de los obreros de conseguir la felicidad es puro libertinaje. He ahí por qué se ha organizado la comedia del sindicalismo falangista. Con el fin de que los obreros no se extravíen y no confundan la libertad con el desorden, los representantes son nombrados por el gobierno. La corrupción organizada, las riquezas desigualmente distribuidas, el abandono de las democracias, el miedo acumulado durante años hicieron de nosotros seres sin confianza, llenos todavía de ganas de luchar, pero sin un amigo para sostenernos, sin un resplandor para guiarnos. La fe sobrevive, está en nosotros, en nuestra noche interior, dispuesta a surgir, pero nada ayuda a su impulso. 

    El interés del pueblo es claramente opuesto al del gobierno. Cuanto más pierde el país más gana el enemigo. Todo el mundo lo sabe. Nadie puede nada contra esto. Todos lo aceptan, hasta mis adolescentes compañeros. Los jóvenes revolucionarios de hoy se preguntan, también, si hay otra solución que el renunciamiento. Esto es lo más grave. En tal estado de ánimo nos hallamos."

martes, 2 de julio de 2019

EL CAMINANTE, de Herman Hesse

EL CAMINANTE, de Herman Hesse

    "Dibujo la casa en mi libreta de apuntes, y mis ojos se despiden del tejado alemán, de las viguerías y frontones alemanes, de muchas cosas íntimas y familiares. Una vez más siento un amor intensificado por todo lo patrio, porque se trata de una despedida. Mañana amaré otros tejados, otras cabañas. No dejaré aquí mi corazón, como se dice en las cartas de amor. Oh, no, el corazón lo llevaré conmigo, también lo necesito en las montañas, y a todas horas. Porque soy nómada, no campesino. Soy un amante de la infidelidad, del cambio, de la fantasía. No me seduce encadenar mi amor a una franja de tierra. Todo cuanto amamos sigue siendo sólo un símil para mí. Cuando nuestro amor se detiene y se convierte en fidelidad y virtud, me resulta sospechoso."
La imagen puede contener: cielo y exterior
Pintura de Herman Hesse para el libro