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jueves, 2 de mayo de 2019

LOS PASTORES DEL LEJANO OESTE. MI PRIMER VERANO EN LA SIERRA, de John Muir

LOS PASTORES DEL LEJANO OESTE. MI PRIMER VERANO EN LA SIERRA, de John Muir

    "En el caso del pastor es aún peor, especialmente en invierno cuando vive a solas en su cabaña, pues, aunque a veces se anime con la esperanza de un día ser dueño de un rebaño y hacerse rico como su jefe, al mismo tiempo es probable que se degenere debido a la vida que lleva, y rara vez alcanza la dignidad o las ventajas (o desventajas) de poseer su propio rebaño. La causa de esta degeneración no hay que buscarla muy lejos. El pastor pasa en solitario casi todo el año, y la soledad para la mayoría de la gente es difícil de soportar. Pocas veces se entretiene y ejercita su mente con libros. Cuando vuelve de noche a su cabaña, agotado, no encuentra nada con lo que equilibrar su vida con el universo. No, después de todo el día arrastrando las ovejas, debe procurarse la cena, y lo más probable es que trate de esquivar esta tarea y mate su hambre con lo primero que tenga a mano. Quizás no haya cocido pan alguno, y entonces se preparará unas pocas tortitas grasientas en la sartén sin limpiar, hervirá un té y freirá tal vez unas lonchas de beicon. Normalmente hay melocotones o manzanas secos en la cabaña, pero aborrece tener que molestarse en cocinarlos, así que traga el beicon y las tortitas, y para el resto confía en el efecto estupefaciente del tabaco. Luego a la cama, a menudo sin quitarse la ropa después de llevarla puesta todo el día. Por supuesto, su salud sufre y ello afecta a su mente, y después de semanas o meses sin ver a nadie, acaba medio loco o loco por completo."
Nevada


LA MATANZA DE PARACUELLOS. EL CASO ORLOV, de de Boris Volodarsky

LA MATANZA DE PARACUELLOS. EL CASO ORLOV, de Boris Volodarsky

    "Al terminar la guerra, los vencedores iniciaron una investigación estatal masiva sobre la represión en toda la zona republicana, incluidos los asesinatos de prisioneros trasladados de Madrid a Paracuellos-Torrejón, conocidos como la Causa General. Desde entonces muchos investigadores de España y otros lugares llegaron a la conclusión de que Santiago Carrillo había decidido personalmente quiénes eran los asesinados. Por lo menos uno de sus colegas más próximos, Federico Melchor Fernández, se encontraba entre los que lo acompañaron a Moscú en febrero-marzo de 1936. Los nombres de los ejecutores se encuentran en las transcripciones de los interrogatorios realizados en noviembre de 1939: Manuel Rascón Ramírez, Manuel Ramos Martínez, Agapito Sainz, Andrés Urresola Ochoa, Lino Delgado. Algunos confesaron y dieron testimonios detallados. Como suele ocurrir, la mayoría de los principales actores lograron escapar.

    Serrano Poncela, otro amigo que, según los testimonios, «clasificaba» a los prisioneros por categorías («militares, aristocracia, trabajadores, personas sin ocupación conocida»), era el editor del periódico socialista Claridad. Tras convertirse en jefe de la seguridad de Madrid, Carrillo nombró a Serrano Poncela su adjunto con el título de delegado de Orden Público (equivalente a director general de seguridad). Todos los documentos disponibles y varias declaraciones indican que él fue el impulsor de muchos asesinatos en masa perpetrados durante el mes de noviembre, quien dio la orden a los gobernadores de las cárceles de liberar a los prisioneros, y quien envió a sus subordinados a recogerlos.

Santiago Carrillo
     Durante los interrogatorios en noviembre de 1939, Ramón Torrecilla Guijarro contó que la noche del 8 de noviembre llegó a la cárcel Modelo junto con otras cinco personas enviadas por Serrano Poncela. Exigieron ver el fichero de registro y empezaron a clasificar prisioneros. Cuando, de madrugada, había realizado la mitad del trabajo, apareció su jefe Poncela y ordenó que todos los pertenecientes a las categorías 1 y 2 (militares y burgueses) se prepararan para ser trasladados en los autobuses que aguardaban. Añadió que el hombre que dirigía esta expedición ya había recibido instrucciones sobre qué hacer con los prisioneros. También dijo que Ángel Galarza, ministro de Interior, llamó por teléfono desde Tarancón de camino a Valencia y ordenó que fuera una «evacuación definitiva». Más adelante, Serrano Poncela emigró de España y vivió durante veintitantos años en la República Dominicana, donde fue un célebre profesor, autor de varias obras literarias. Jamás regresó a España y vivió en el exilio."

    Una ultima referencia al citado libro sobre el agente sovietico aqui


miércoles, 1 de mayo de 2019

LOS INICIOS DE LOS ROLLING STONES. VIDA, de Keith Richards

LOS INICIOS DE LOS ROLLING STONES. VIDA, de Keith Richards 


    "Lo único que nos interesaba en este mundo era que no nos cortaran la luz y cómo mangar unas cuantas cosas del supermercado. Las mujeres, realmente, ocupaban el tercer puesto de la lista. Electricidad, comida y luego, ¡oye, igual tenías suerte y pillabas! Necesitábamos trabajar juntos, necesitábamos ensayar, necesitábamos escuchar música, necesitábamos hacer lo que queríamos hacer. Era una obsesión. No teníamos nada que envidiarles a los monjes benedictinos. Y cualquiera que se alejara del nido para echar un polvo (o intentarlo) era un traidor. Se suponía que tenías que dedicarte en cuerpo y alma a estudiar a Jimmy Reed, Muddy Waters, Little Walter, Howlin’ Wolf, Robert Johnson. Ésa era nuestra verdadera misión, y cualquier minuto que le quitaras era poco menos que un pecado. Vivíamos en ese ambiente, con esa actitud. Las mujeres que había más o menos cerca quedaban ciertamente en la periferia. Era increíble el empuje que tenía el grupo (Brian, Mick y yo), estudiábamos sin descanso aunque no en el sentido académico, más bien era cuestión de atraparlo intuitivamente. Pero luego advertimos, como muchos otros jóvenes, que el blues no se aprende en un monasterio: tienes que salir al mundo para que te rompan el corazón (a poder ser varias veces), y luego vuelves y entonces sí que puedes cantarlo. En aquellos días lo estábamos asimilando en un plano puramente musical y olvidábamos que aquellos tipos, de hecho, cantaban sobre su vida. Primero tienes que vivirlo y luego quizá puedes cantar sobre ello. Yo pensaba que quería a mi madre, pero me marché, y ella seguía lavándome la ropa; y me rompieron el corazón, pero no inmediatamente porque todavía seguía sin tener ojos más que para Lee Mohamed."


ESCRIBIR. PUERCA TIERRA, de John Berger

ESCRIBIR. PUERCA TIERRA, de John Berger 

    "Nunca he pensado que escribir fuera una profesión. Es una actividad independiente, solitaria, en la que la práctica nunca otorga un grado de veteranía. Por suerte, cualquiera puede dedicarse a esta actividad. Sean cuales sean los motivos políticos o personales que me conducen a escribir algo, en cuanto empiezo la escritura se convierte en una lucha por dar significado a la experiencia. Todas las profesiones tienen unos límites que definen la esfera de su competencia, pero también tienen un territorio propio. La escritura, tal como yo la concibo, no tiene un territorio propio. El acto de escribir no es más que el acto de aproximarse a la experiencia sobre la que se escribe; del mismo modo, se espera que el acto de leer el texto escrito sea otro acto de aproximación parecido.

    Aproximarse a la experiencia, sin embargo, no es lo mismo que acercarse a una casa. «La vida», como dice el proverbio ruso, «no es un paseo por el campo». La experiencia es indivisible y continua, al menos en el transcurso de una vida y tal vez en el de muchas."

martes, 30 de abril de 2019

EL PAPEL NACIONALISTA DE SERBIA. SLOBO, de Francisco Veiga

EL PAPEL NACIONALISTA DE SERBIA. SLOBO, de Francisco Veiga

    "...Serbia se estaba convirtiendo en el niño con el que nadie quiere jugar en el recreo. Y en solitario tampoco se consideraba un candidato tan claramente predestinado a incluirse u obtener beneficios inmediatos del nuevo proceso de integración europea. Por eso, y tanto si le gustaba como si no, caso de que deseara seguir en el poder, Slobo tenía que jugar al «premio nacionalista», ofrecer gloria y nuevas fronteras, unión de los serbios, la herencia institucional o moral de la destruida Yugoslavia, incluyendo el Ejército. En consecuencia, Slobo sacó de su chistera todo lo que pudo para justificar que Serbia obtendría excelentes beneficios del expolio de la federación; aún más: Serbia podría abandonar Yugoslavia y además seguir siendo Yugoslavia."

viernes, 26 de abril de 2019

LA BELLEZA DE YOSEMITE. MI PRIMER VERANO EN LA SIERRA, de John Muir

LA BELLEZA DE YOSEMITE. MI PRIMER VERANO EN LA SIERRA, de John Muir

    "No es de extrañar que las colinas y las arboledas fueran los primeros templos de Dios, y cuanto más se talan y se talla su madera para hacer catedrales e iglesias, más lejano y ausente se encuentra el Señor. Lo mismo puede decirse de los tempos de piedra. A lo lejos, al este del bosquete donde tenemos nuestro campamento, se alza una de las catedrales de la naturaleza, labrada sobre la roca desnuda, de aspecto casi común y unos dos mil pies de alto, adornada noblemente con agujas y pináculos, y que vibra ante las riadas de luz como si tuviera vida cual una arboleda sagrada. Tiene un nombre de lo más acertado: Cathedral Peak. Incluso el pastor Billy se gira de vez en cuando hacia este maravilloso edificio, a pesar de que él parece incapaz de oír los sermones de las rocas. Si la nieve se negara a fundirse en el fuego, ello no sería más increíble que su permanente indiferencia ante los rayos de esta belleza divina. He intentado convencerle de que vaya hasta el borde de Yosemite para admirar la vista, ofreciéndome a cuidar yo las ovejas durante un día, mientras él disfruta lo que los turistas de todo el mundo vienen aquí a ver. Pero a pesar de estar a menos de una milla del valle, no va a ir hasta allí ni siquiera por mera curiosidad.

    —¿Qué es Yosemite —dice— sino un cañón? Muchas piedras, un agujero en el suelo, un lugar peligroso en el que puedes caerte, un maldito lugar del que lo mejor es mantenerse alejado

    —Pero piensa en las cascadas, Billy. Solo piensa en ese gran río que cruzamos el otro día, cayendo media milla por el aire; piensa en ello y en el ruido que debe hacer. Mira, puedes oírlo ahora mismo como si fuera el rugir del mar.

    Así, como un misionero llevando el evangelio, le intenté convencer de ir hacia Yosemite, pero él hacía oídos sordos."

miércoles, 24 de abril de 2019

LA BARBARIE COTIDIANA DE LOS CRUZADOS. LAS CRUZADAS VISTAS POR LOS ÁRABES, de Amín Maalouf

LA BARBARIE COTIDIANA DE LOS CRUZADOS. LAS CRUZADAS VISTAS POR LOS ÁRABES, de Amín Maalouf

"...otros testimonios, recogidos a lo largo de sus frecuentes visitas al reino de Jerusalén. 

    Me hallaba en Tiberíades un día en que los frany celebraban una de sus fiestas. Los caballeros habían salido de la ciudad para practicar un juego de lanzas. Habían obligado a dos ancianas decrépitas a que los acompañaran y las habían colocado en un extremo del hipódromo mientras que, en el otro lado, había un cerdo colgado de una roca. Los caballeros habían organizado entonces una carrera entre ambas viejas. Cada una iba avanzando, escoltada por un grupo de caballeros que no las dejaban pasar. A cada paso que daban, se caían y volvían a levantarse, entre grandes carcajadas de los espectadores. Por fin, una de las viejas, la que había llegado la primera, se quedó con el cerdo como premio a su victoria. 

   A un emir tan culto y refinado como Usama no pueden gustarle esas bromas, pero su mohín condescendiente se convierte en mueca de asco cuando observa lo que es la justicia de los frany. 


    En Maplusa —cuenta— tuve ocasión de asistir a un curioso espectáculo. Dos hombres habían de enfrentarse en un combate singular. El motivo era el siguiente: unos bandoleros musulmanes habían invadido una aldea vecina y se sospechaba que un labrador les había servido de guía. Éste había huido, pero había tenido que volver en seguida pues el rey Foulques había encarcelado a sus hijos. «Trátame con equidad —le había pedido el labrador—, y permite que mida mis fuerzas con el que me ha acusado.» El rey le había dicho entonces al señor que había recibido la aldea en feudo: «Manda venir al adversario.» El señor había elegido a un herrero que trabajaba en la aldea, diciéndole: «Tú irás a batirte en duelo.» Lo que menos quería el dueño del feudo era que uno de sus campesinos muriera, por temor a que se resintieran sus cultivos. Vi, pues, a aquel herrero. Era un joven fuerte pero que, andando o sentado, siempre tenía que pedir algo de beber. En cuanto al acusado, era un anciano valeroso que chasqueaba los dedos en señal de desafío. El vizconde, gobernador de Nablus, se acercó, les dio a cada uno una lanza y un escudo y mandó que los espectadores hicieran corro a su alrededor. 


  Empezó la lucha —prosigue Usama—. El anciano empujaba al herrero hacia atrás, lo hacía retroceder hacia la muchedumbre y luego regresaba hacia el centro del corro. Se cruzaron unos golpes tan violentos que los rivales parecían no formar más que una única columna de sangre. El combate se alargó, a pesar de las exhortaciones del vizconde que quería acelerar el desenlace. «¡Más deprisa!», les gritaba. Por fin, el anciano quedó agotado y el herrero, aprovechando su experiencia en el manejo del martillo, le asestó un golpe que lo derribó y le hizo soltar la lanza. Luego, se puso en cuclillas sobre él para meterle los dedos por los ojos pero sin conseguirlo debido a los raudales de sangre que corrían. El herrero se levantó entonces y remató a su adversario de una lanzada. Inmediatamente después, ataron una cuerda al cuello del cadáver y lo arrastraron con ella hacia la horca donde lo colgaron. ¡Ved, con este ejemplo, lo que es la justicia de los frany! 


   Nada más natural que esta indignación del emir pues, para los árabes del siglo XII, la justicia era algo serio. Los jueces, los cadíes, eran unos personajes sumamente respetados que, antes de dictar sentencia, tenían la obligación de atenerse a unos procedimientos muy concretos que fija el Corán: requisitoria, defensa, testimonios. El «juicio de Dios» al que los occidentales recurren con frecuencia, les parece una farsa macabra. El duelo que describe el cronista no es sino una de las formas de ordalía, la prueba del fuego es otra, y también está el suplicio del agua que descubre Usama con horror: 


   Habían instalado una enorme cuba llena de agua. Al joven sospechoso, lo ataron, lo colgaron por los omóplatos de una cuerda y lo arrojaron a la cuba. Si era inocente, decían, se hundiría con el agua y lo sacarían tirando de esa cuerda. Si era culpable, no conseguiría hundirse en el agua. El desdichado, cuando lo echaron a la cuba, se esforzó por llegar hasta el fondo, pero no lo consiguió y hubo de someterse a los rigores de su ley. ¡Dios los maldiga! Le pasaron entonces por los ojos un punzón de plata al rojo y lo cegaron.


   La opinión del emir sirio sobre los «bárbaros» sigue siendo prácticamente la misma cuando habla de sus conocimientos. En el siglo XII los frany están muy atrasados en relación con los árabes en todos los campos científicos y técnicos. Pero es en medicina donde la diferencia es mayor entre el Oriente desarrollado y el Occidente primitivo. Usama observa la disparidad: 


   Un día —cuenta—, el gobernador franco de Muneitra, en el monte Líbano, escribió a su tío Sultán, emir de Shayzar, para rogarle que le enviara un médico para tratar algunos casos urgentes. Mi tío escogió a un médico cristiano de nuestra tierra llamado Thabet. Éste sólo se ausentó unos días y luego regresó entre nosotros. Todos sentíamos gran curiosidad por saber cómo había podido conseguir tan pronto la curación de los enfermos y lo acosamos a preguntas. Thabet contestó: «Han traído a mi presencia a un caballero que tenía un absceso en la pierna y a una mujer que padecía de consunción. Le puse un emplasto al caballero; el tumor se abrió y mejoró. A la mujer le prescribí una dieta para refrescarle el temperamento. Pero llegó entonces un médico franco y dijo: "¡Este hombre no sabe tratarlos!" Y, dirigiéndose al caballero, le preguntó: "¿Qué prefieres, vivir con una sola pierna o morir con las dos?" Como el paciente contestó que prefería vivir con una sola pierna, el médico ordenó: "Traedme un caballero fuerte con un hacha bien afilada." Pronto vi llegar al caballero con el hacha. El médico franco colocó la pierna en un tajo de madera, diciéndole al que acababa de llegar: "¡Dale un buen hachazo para cortársela de un tajo!" Ante mi vista, el hombre le asestó a la pierna un primer hachazo y, luego, como la pierna seguía unida, le dio un segundo tajo. La médula de la pierna salió fuera y el herido murió en el acto. En cuanto a la mujer, el médico franco la examinó y dijo: "Tiene un demonio en la cabeza que está enamorado de ella. ¡Cortadle el pelo!" Se lo cortaron. La mujer volvió a empezar entonces a tomar las comidas de los francos con ajo y mostaza, lo que le agravó la consunción. "Eso quiere decir que se le ha metido el demonio en la cabeza", afirmó el médico. Y, tomando una navaja barbera, le hizo una incisión en forma de cruz, dejó al descubierto el hueso de la cabeza y lo frotó con sal. La mujer murió en el acto. Entonces, yo pregunté: "¿Ya no me necesitáis?" Me dijeron que no y regresé tras haber aprendido muchas cosas que ignoraba sobre la medicina de los frany». 


   Si Usama se escandaliza ante la ignorancia de los occidentales..."

martes, 23 de abril de 2019

ROY ORBISON. VIDA, de Keith Richards

ROY ORBISON. VIDA, de Keith Richards

    "¡El increíble Roy Orbison! Era uno de esos tejanos que pueden con todo, incluida su propia vida sembrada de tragedias: pierde a sus hijos en un incendio y a su mujer en un accidente de tráfico; en lo personal, nada le fue bien al gran O, pero no puedo pensar en un caballero más amable, ni en una personalidad más estoica. Tenía un talento increíble para crecerse pasando de su escaso metro setenta a convertirse en un coloso de dos metros cuando se subía a un escenario. Era increíble verlo. Igual venía de haberse pasado el día al sol, rojo como un cangrejo y en pantalones cortos y nosotros estábamos por allí tocando la guitarra, charlando, bebiendo y fumando y nos decía: «Toco en cinco minutos». Ya por curiosidad, nos asomábamos a ver el número que abría el espectáculo y… era impresionante: el que salía al escenario era un tipo completamente transformado que parecía haber crecido por lo menos treinta centímetros en presencia y control de la situación y el público. Hace un minuto estaba en pantalón corto, ¿cómo lo hacía? Es una de las cosas más impresionantes de subirte a un escenario: que entre bastidores igual sólo eres un colgado, pero en cuanto se oye el «damas y caballeros» o el «con todos ustedes», ya eres otra persona."

lunes, 22 de abril de 2019

LA GUERRA DE VIETNAM. UN RUMOR DE GUERRA, de Philip Caputo

LA GUERRA DE VIETNAM. UN RUMOR DE GUERRA, de Philip Caputo 

    "La estrategia de agotamiento del general Westmoreland también tuvo repercusiones importantes en nuestra conducta. Nuestra misión no consistía en ganar terreno o tomar posiciones, sino, simplemente, en matar: matar comunistas, tantos como fuera posible. Apilarlos como leña. La victoria consistía en un elevado número de cadáveres; la derrota, en una proporción de pocas muertes; la guerra era una cuestión de aritmética. Era intenso el apremio que se hacía a los comandantes de unidades para producir cadáveres enemigos y aquéllos, a su vez, lo transmitían a sus tropas. Esto condujo a prácticas semejantes a la de contar a los civiles como miembros del Vietcong. «Si está muerto y es vietnamita, es uno del Vietcong», era una regla empírica del monte. En consecuencia, no resulta sorprendente que algunos hombres manifestaran desdén por la vida humana y cierta predilección a cortarla."

LA BANDA DE LOS SACCO, de Andrea Camilleri

LA BANDA DE LOS SACCO, de Andrea Camilleri 

"Los Sacco tienen muy claro que, detrás de todas estas maniobras contra ellos, está el verdadero líder de la mafia en Raffadali, el inteligentísimo y poderosísimo abogado C.

Es él quien decide las personas que deben pagar, es él quien establece las cifras, es siempre él quien diseña las estrategias más adecuadas, es decir, a quién matar y a quién no, a quién quemarle la casa y la cosecha, a quién mandarle el último aviso antes de acabar con él. 


Pero sabe mantenerse en la sombra, no hay manera de relacionarle con la mafia, aunque todos en el pueblo saben que los mafiosos hacen lo que él quiere. 


El abogado C. se desplaza siempre de Raffadali a sus campos con un cochecito de dos plazas, un tílburi que conduce él mismo. 


Un día, pasada la hora de comer, el abogado está regresando solo al pueblo. Se le ha hecho tarde, por eso tiene la fusta en la mano y con ella cada tanto incita al caballo a correr. 


Y así, en un momento dado, mientras levanta la fusta para hacerla caer sobre el caballo, oye un disparo que proviene de detrás de una mata de hierba silvestre que hay en el margen del camino.


El disparo, muy preciso, ha destrozado la fusta. En la mano no le queda más que la empuñadura. 

Ni siquiera tiene tiempo de entender qué está ocurriendo cuando un segundo disparo, tan preciso como el anterior, le hace volar el sombrero. Muerto de miedo, mientras espera el tercer golpe, el que le quitará la vida, se pone a dar voces como un loco animando al caballo a correr. 


Al final, el abogado consigue llegar sano y salvo a su casa, y encerrarse dentro. Ha entendido la advertencia. 


Pero no puede quedarse eternamente escondido en casa diciéndoles a todos que se siente un poco indispuesto.


Un día u otro deberá salir para ocuparse de sus asuntos. 

Y Vanni Sacco lo espera. 

Una mañana, antes del amanecer, el abogado sale cautelosamente de su casa, mira a su alrededor y pone un pie fuera. No le ocurre nada. 

Al día siguiente hace lo mismo y se siente con ánimos de acercarse hasta la plaza. 

Después de una semana recupera su vida y vuelve a ser tan presuntuoso como siempre. 

No sabe que Vanni está jugando con él como el gato con el ratón. 

Una tarde reúne en su casa de campo a una decena de mafiosos para decidir cómo resolver la situación de los Sacco. 

Al oscurecer, la reunión termina y tres o cuatro mafiosos lo esperan a caballo para escoltarlo al pueblo. El abogado está cerrando la puerta con llave cuando una ráfaga de disparos de mosquete estampan su silueta sobre la madera de la puerta. 

Cuando los mafiosos advierten que el abogado ha caído desvanecido al suelo, se ponen a disparar, pero están apretando el gatillo en vano: no tienen un blanco, sólo hacen ruido, porque el tirador ha desaparecido. 

De vuelta a Raffadali, más muerto que vivo, el abogado se entierra en casa. Sólo saldrá cuando sus secuaces o los carabineros consigan atrapar a los hermanos Sacco. 

Pero ha perdido todo su prestigio y todo su poder. 

Vanni, Alfonso y Salvatore ahora parecen inasibles. 

La población, feliz y contenta de que la desaparición de la mafia los haya ayudado a recuperar la tranquilidad, ayuda a los Sacco con todos los medios posibles. 

No sólo el pueblo llano o los aldeanos, sino también algunos «señores» que antes se veían obligados a pagarle grandes cifras a la mafia. 

Pero la orden es que hay que coger a los Sacco, vivos o muertos. 

También porque ahora hay quien sostiene que, si en la época de la marcha sobre Roma todos los socialistas hubieran actuado como están haciendo ahora los Sacco, el fascismo nunca habría alcanzado el poder."