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sábado, 19 de enero de 2019

CONTRABANDO DE TABACO. JUAN MARCH, de Mercedes Cabrera

CONTRABANDO DE TABACO. JUAN MARCH, de Mercedes Cabrera

    "Entre los casi doscientos mil españoles que residían en la colonia francesa había muchos mallorquines y a comienzos de siglo había importantes fábricas de elaboración de tabaco propiedad de españoles. La ciudad de Orán, menos vigilada, y también Argel eran centros neurálgicos de estas actividades. Juan March dio un paso más allá al fabricar tabaco. En 1904 compró en Orán una fábrica que pertenecía a una familia alicantina, los Jorro. Unos años más tarde, en 1909, se convirtió en copropietario de la que en Argel tenía su convecino de Santa Margarita, José Garau.    Desde ambos puertos, desde Orán y desde Argel, March y Garau, como otros tantos dedicados a lo mismo, embarcaban legalmente su tabaco en barcos, habitualmente de pabellón francés, con despachos en regla hacia Malta, Génova o algún puerto del país vecino. Aprovechando las noches sin luna, el oscuro, una vez en alta mar se trasladaba el tabaco a algún falucho dedicado aparentemente a la pesca. Los barcos volvían a puerto argelino y declaraban que habían tenido que arrojar la carga al mar por el mal tiempo. En la documentación de Aduanas constaban como arrojadas al mar cada año centenares de toneladas de tabaco. Mientras tanto, los faluchos con los alijos se dirigían a la costa andaluza y levantina, y a Baleares, donde descargaban en playas bien conocidas por los contrabandistas y escondían los alijos en cuevas. Había que evitar las noches de lunario, cuando la luz de la luna podía hacer más fácil que se les descubriera. Esos días se aprovechaba para limpiar los barcos y ponerlos a punto.    Eran muchos los que se dedicaban al trasbordo en los primeros años de siglo. La Arrendataria lo sabía. Le resultaba fácil averiguar qué barcos y qué faluchos se dedicaban a ello. Más difícil era demostrar quiénes eran los propietarios de las embarcaciones y más todavía quiénes los contrataban y decidían las operaciones. Con los escasos recursos de que disponían y el frágil apoyo, cuando no el conflicto, con otras autoridades, el Resguardo de la Arrendataria poco podía hacer salvo reunir información, y eso lo hacía con bastante eficacia. "

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