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miércoles, 27 de septiembre de 2017

LOS FRANCESES DE 1939. LA AGONÍA DE FRANCIA, de Manuel Chaves Nogales

LOS FRANCESES DE 1939. LA AGONÍA DE FRANCIA, de Manuel Chaves Nogales 

    "No creo que nadie se haya atrevido a proclamarlo antes de ahora, pero, para mí, la verdad evidente, inconclusa, es que la Francia real valía todavía menos que su representación política, el pueblo francés se había hecho indigno de su régimen democrático, el elector valía menos que el diputado, el administrado menos que el administrador, el lector menos que el escritor, el industrial, el comerciante, el financiero menos que el director general o el ministro del ramo y, en general, el gobernado menos que el gobernante. Aun en los casos flagrantes de incompetencia, debilidad o inmoralidad con que los enemigos de la democracia se gargarizan, el hombre, el político, ha estado siempre por encima de las circunstancias. Poincaré era muy superior a la burguesía francesa que representaba y cuya quiebra fraudulenta contuvo eficazmente."

viernes, 8 de septiembre de 2017

LA DERROTA INTELECTUAL DE FRANCIA. LA AGONÍA DE FRANCIA, de Manuel Chaves Nogales

LA DERROTA INTELECTUAL DE FRANCIA. LA AGONÍA DE FRANCIA, de Manuel Chaves Nogales 

    "La nazificación de las clases superiores de la sociedad francesa era un hecho incuestionable. No había en todo París quien se atreviese a llamarse demócrata sin ser considerado despectivamente como un necio o un mistificador. Las mejores páginas escritas para la Radio Francesa por Giraudoux como justificación y defensa de la democracia y de la guerra que ésta movía a la barbarie totalitaria, eran consideradas, aun por los mismos que admiraban a Giraudoux, como insinceros alegatos de un abogado venal que defiende bien una causa en la que no puede tener fe. A tal extremo había llegado la influencia nazi en Francia que nada que fuese contrario a las doctrinas hitlerianas merecía la menor estimación. Francia estaba intelectualmente gobernada por los nazis mucho antes de que las divisiones blindadas de Hitler ocupasen físicamente el territorio francés: democracia... libertad... parlamentarismo... Vanas palabras que descalificaban a quien osaba invocarlas. ¿Qué dice ese idiota?, preguntaban extrañadas las gentes que las escuchaban. En Francia, dejando a un lado la atmósfera enardecida en que se movían como sonámbulos los hombres políticos, no tenían curso legal más que las ideas de dictadura, fascismo, nazismo, corporativismo, antisemitismo... El triunfo en Francia del antisemitismo nazi era completo. El caso concreto de que en Francia no pudiese ponerse al frente del gobierno porque era de origen judío un hombre como Georges Mandel, alrededor del cual se había forjado la leyenda de que era el único Clemenceau posible de esta guerra, dice hasta qué punto Hitler había triunfado en París antes de que llegasen sus huestes. Y no sé si Mandel hubiese podido salvar a Francia o no —probablemente no —, pero el solo hecho de que un prejuicio típicamente hitleriano le cerrase el camino evitando la posibilidad de que lo hiciera revela hasta qué punto Francia estaba virtual-mente conquistada por el enemigo."

miércoles, 26 de julio de 2017

LA DERROTA SOCIAL. LA AGONÍA DE FRANCIA, de Manuel Chaves Nogales

LA DERROTA SOCIAL. LA AGONÍA DE FRANCIA, de Manuel Chaves Nogales 

    "En la ciudad moderna, en la complejidad de sus servicios se produce este fenómeno terrible que ya hemos señalado al principio. Un Estado puede derrumbarse, un país puede ser invadido sin que se produzca en las masas una reacción profunda, pero en cambio no es posible que el servicio municipal de limpieza deje de recoger las basuras durante cuarenta y ocho horas. Las masas modernas lo soportan todo menos la incomodidad material, física. La independencia de la patria, los derechos del hombre, los destinos de la civilización, son hoy para la gran masa ciudadana puras abstracciones que no tienen ningún sentido frente al hecho cierto, tangible, irritante, de que al salir del trabajo no se pueda tomar el aperitivo o de que haya que perder una hora haciendo cola ante la puerta de una panadería o de que el tráfico rodado no esté cuidadosamente regulado en las encrucijadas por los agentes de la autoridad. El automovilista que se ve obligado a permanecer quince minutos inmovilizado entre cuatro filas de autos por un embotellamiento adquiere inmediatamente la convicción de que el Estado que le gobierna ha fracasado en su función esencial, y en ese momento no le importa lo más mínimo su significación ideológica ni su destino histórico; lo que quiere, nerviosamente, angustiosamente, es que las ruedas de su auto puedan seguir rodando, recorrer el número de kilómetros que se había propuesto salvar en el tiempo a que le da derecho la potencia de la máquina que maneja. Todo lo demás le trae completamente sin cuidado. Este fenómeno de falta de imaginación colectiva es esencialísimo si se quiere comprender la catástrofe de Francia.
(...)
    Mientras en el camino de París a Tours cien mil autos apelotonados marchaban lentamente, tropezándose, empujándose, y quedándose atascados en las cunetas con esa morosidad y esa confusión terrible de los grandes éxodos, los primeros destacamentos alemanes que entraban en París estaban formados por agentes de la circulación que se pusieron tranquilamente a regular el tránsito. París fue conquistado por los agentes de la porra. El último automóvil fugitivo que salía de París tuvo que desviar su ruta en la Puerta de Saint Cloud porque un agente de circulación hitleriano maniobrando las señales luminosas del tráfico había puesto el disco rojo en el cruce para dar paso a los carros de asalto de la primera división motorizada alemana que entraba al asalto de París.
Ésta es una de las grandes revelaciones de la catástrofe de Francia. Tenemos el prejuicio de que las grandes catástrofes de los pueblos sólo son posibles en medio de un apocalíptico desorden; conservamos fielmente la imagen dramática de las guerras clásicas, creemos demasiado en la realidad de las estampas románticas de victorias y derrotas y no acertamos a ver que en nuestro tiempo, dentro de la cuadrícula estrecha de nuestra organización social y urbana, las cosas suceden de una manera mucho más sencilla, con una simplicidad y una facilidad aterradoras. En la Puerta de Saint Cloud un guardia de la circulación había sido sustituido por otro. Esto es todo.
    Un inmenso imperio se ha derrumbado, veinte siglos de civilización han sucumbido."
EL AUTOR, EN EL CENTRO