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lunes, 8 de octubre de 2018

EL RAMO DE FLORES. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

EL RAMO DE FLORES. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

"Un día Vladia y yo fuimos a llevar un chal de plumón a una compradora... Un objeto hermoso destinado a alguien que habitaba un mundo distinto del nuestro. Un encargo acabado. Vladia era muy buena tejiendo y su habilidad era nuestro único sustento. Tras pagar lo acordado, la mujer nos dijo: 'dejadme que os corte unas flores'. ¡No dábamos crédito! ¿Flores? ¿Para nosotras? Dos niñas pobres, vestidas con trozos de saco, hambrientas, heladas... ¿y aquella mujer quería regalarnos flores? Vivíamos soñando con mendrugos y aquella mujer supo percibir que también éramos capaces de anhelar algo más. Estás aislado, secuestrado por la miseria, y de repente te abren una ventanilla... ¡Una ventana entera que nos abrían de par en par! Resultaba que no era pan lo único que nos podían regalar. ¡También podían obsequiarnos un ramo de flores! Luego, no éramos diferentes de los demás. Éramos como cualquier otro hijo de vecino. Al regalarnos flores, aquella mujer se estaba saltando las reglas. No decía que las arrancaría de algún parterre o las recogería del campo. ¡No! ¡Las iba a recoger de su propio jardín! A partir de entonces... Puede que aquella fuera la llave que yo necesitaba... Puede que ella me diera la llave... Aquello significó un vuelco en mi vida... Recuerdo bien aquel ramo... Un gran ramo de girasoles. Ahora no dejo de plantarlas en mi dacha."


lunes, 9 de abril de 2018

EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

"El dragón pasea por el bosque y se encuentra al oso
-Oso, -le dice el dragón- mañana cenaré a las ocho de la noche. Pásate por casa que te comeré.
Un poco más adelante se tropieza con el zorro:
-Zorro -le dice- mañana desayunare a las 7 de la mañana. Pásate por casa que te comeré.
Más adelante el dragón se cruza con la liebre:
-Liebre -le dice-, mañana comeré a las dos de la tarde. Pásate por casa y serás mi plato".
La liebre levanta una pata y dice:
-¿Puedo hacer una pregunta?
-Pregunta lo que quieras,- le dice el dragón.
-¿Puedo no venir?
-Pues claro, simplemente te borro de la lista y ya está,- le explica el dragón.
Lo que pasa es que hay muy poca gente que tenga la hombría necesaria para hacer esa pregunta... joder!"

viernes, 23 de marzo de 2018

MILITARISMO. ENCICLOPEDIA POLÍTICA RUSA, de Yegor Gaidar a través de ÉL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

MILITARISMO. ENCICLOPEDIA POLÍTICA RUSA, de Yegor Gaidar a través de ÉL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

    "En la década de 1970 la URSS producia 20 veces más carros de combate que Estados Unidos.
   Pregunta de G. Shajnazarov, ayudante de Mijail Gorbachov, secretario general del PCUS en la década de 1980: "¿Porque estamos produciendo tal cantidad de armamento?"
    Respuesta de S. Ajromeiev, jefe del Estado Mayor del Ejército: "Porque hemos puesto en marcha fábricas de primera tan eficientes como las de los estadounidenses, y lo hemos hecho pagando un alto precio por ello. ¿Que propone usted, que interrumpamos la producción de armamento y la dediquemos a producir hoyas?"

lunes, 19 de marzo de 2018

ALEKSANDR LASKOVICH, SOLDADO, EMPRENDEDOR, EMIGRANTE. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

ALEKSANDR LASKOVICH, SOLDADO, EMPRENDEDOR, EMIGRANTE. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

    "Cuando era niño, teníamos un árbol en el patio, un viejo arce... yo le hablaba, era mi amigo. Lloré mucho cuando murió mi abuelo. Me pase el día desgañitandome. Yo tenía 5 años entonces y aquel día supe que acabaría muriendo como todas las personas que me rodeaban. Me horrorizó pensar que todos los demás morirían antes que yo y me quedaría solo en el mundo. Imaginé la terrible soledad que me aguardaba. Mamá me consolaba cómo podía. Papá en cambio me dijo: 'enjugate esas lágrimas, que tú eres un hombre y los hombres no lloran'. Yo todavía no sabía muy bien que era exactamente. Nunca me había gustado ser varón, ni jugar a la guerra. Pero nadie me permitió elegir... eligieron ellos por mi... mamá había soñado con tener una niña y papá... papá, como siempre, quiso que abortara"

viernes, 9 de marzo de 2018

LEER EN TIEMPOS DE CENSURA. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

LEER EN TIEMPOS DE CENSURA. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

  "La Policía Montada tenía que cercar los estadios. Las palabras eran actos entonces. Tomar la palabra en una reunión para decir la verdad era un acto, porque entrañaba un peligro. O salir a manifestarse en una plaza... Era un subidón, una inyección de adrenalina, una bocanada de aire fresco que te llenaba los pulmones... la palabra era el canal por el que se decía todo... Hoy nos resulta increíble todo aquello, porque ahora se privilegia la acción y la palabra se ha depreciado. Hoy puedes decir lo que te dé la gana,  pero la palabra no tiene poder alguno. Nos gustaría creer en cualquier cosa pero no podemos. Ahora todo nos importa un bledo y el futuro es una mierda. No era así antes... ¡ni hablar! Las palabras... los versos... la palabra.
    Tuve una aventura amorosa cuando cursaba décimo. Él vivía en Moscú y fui a verlo. Solo teníamos 3 días para estar juntos. En la estación de ferrocarriles unos amigos suyos nos pasaron un ejemplar mimeografiado de las memorias de Nadiezhda Mandelstam, que corrían de mano en mano entonces. Teníamos que devolverlo al día siguiente a las 4 de la madrugada. Dejárselo a alguien que llegaría a aquella misma estación de trenes. Nos pasamos un día entero leyendo sin pausa. Solo paramos unos instantes para bajar a comprar algo de pan y leche. Ni siquiera nos besamos, entretenidos como estábamos en pasarnos las hojas del libro. La sensación de tener aquel libro en las manos, de leer las páginas una a una, nos sumió en una suerte de ensoñación, de delirio... Transcurrido el día de gracia, atravesamos la ciudad a la carrera -todavía no circulaba el transporte público- para entregar el libro. Recuerdo bien la ciudad en penumbras, el libro en el bolso que colgaba de mi hombro. Lo llevábamos como quien carga un arma secreta... ¡Tal era nuestra fe en que las palabras podían cambiar, sacudir el mundo!"

miércoles, 7 de marzo de 2018

RECUERDOS DE LA URSS. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

RECUERDOS DE LA URSS. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich 

"Recuerdo ver marchar a los estudiantes de la última clase de nuestro colegio a labrar tierras vírgenes. Avanzaban formando una columna con las mochilas a la espalda y una bandera ondeando en la cabeza de la marcha. Algunos llevaban guitarras. '¡Son verdaderos héroes!', pensé al verlos alejarse. Muchos de ellos regresaron enfermos. Y ni siquiera llegaron a ninguna tierra virgen: trabajaron en la construcción de una vía férrea que cruzaba la taiga, cargaban los rieles sobre sus hombros con el agua por la cintura, no había maquinaria... Se alimentaban con patatas podridas y muchos contrajeron escorbuto. ¡Pero esos jóvenes dieron un paso al frente! ¡Esos jóvenes existieron! Y existió también la niña que los despedío alborozada. ¡Yo fui esa niña! Todo esto que guardo en mi memoria no se lo entregaré a nadie... Ni a los comunistas, ni a los demócratas, ni a la gente de la bolsa... ¡Mi memoria es mía! ¡Y de nadie más! yo puedo de prescindir de todo. No necesito mucho dinero, ni comida cara, ni ropa de moda... Tampoco un coche de lujo. Nosotros recorrimos toda la URSS en nuestros coches Zhiguli. Conocí Karelia, el lago Sevan y el País. Todo aquello formaba parte de mi patria. ¡Mi patria, la URSS! Puedo vivir con poco. Pero lo que no puedo es vivir sin el país que tuvimos antes."

jueves, 8 de febrero de 2018

ALMA DE RUSO. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

ALMA DE RUSO. EL FIN DEL HOMO SOVIETICUS, de Svetlana Aleksievich

    -Recuerdo haber visto al empresario Polonsky preguntando a alguien en un programa de televisión si tenía mil millones de rublos. Al escuchar la respuesta negativa le contestó: '¡Ah, ¿no? ¡Pues entonces vete a tomar por el culo! Yo soy una de esas tantas personas a las que el señor oligarca mando a tomar por el culo. Provengo de una familia de lo más común: mi padre está alcoholizado y mi madre se deja el pellejo por unos céntimos en una guardería. Para todos esos ricos, nosotros no somos más que mierda, una carga. Suelo acudir a muchas marchas y concentraciones... Las que organizan los patriotas, los nacionalista de... Y prestó oídos a lo que se dice en ellas. Llegará el día en que alguien me pondrá un fusil en las manos. ¡Llegará! Y yo lo empuñare.
    -El capitalismo no encontrará un suelo propicio aquí. Nos es ajeno. No ha conseguido extenderse más allá de Moscú. El clima es distinto. Y los hombres son otros. Los rusos no son personas racionales, carecen de espíritu mercantilista. Un ruso te puede dar su última camisa sin pensárselo dos veces, pero también podría robarla. El ruso es franco, más dado a la cavilación que a la acción. Y es capaz de contentarse con muy poco. Lo suyo no es el ahorro, pues le aburre ahorra. Posee un sentido de la justicia muy aguzado. Es un pueblo de bolcheviques. Y por si fuera poco, a los rusos no nos basta con vivir y punto; tenemos que vivir para algo. Queremos participar de algo grande, algo que nos trascienda como individuos. Entre nosotros resulta más fácil encontrar a un santo,  que a un hombre honrado y de éxito. Leed a los clásicos rusos y lo veréis..."