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lunes, 4 de mayo de 2020

AJUSTES DE CUENTAS TRAS LA LIBERACIÓN FRANCESA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

AJUSTES DE CUENTAS TRAS LA LIBERACIÓN FRANCESA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

Copia de mujer-francesa-colaboracionista-horizontal-alemanes ...    "La liberación de los campos desencadenó un ajuste de cuentas a medida que los deportados de la resistencia supervivientes, como si de Furias se tratara, regresaron para exigir que se hiciera justicia con quienes los habían delatado. Los malhechores que habían mantenido bajo el perfil se vieron por fin expuestos y cosecharon el fruto de su traición. En mayo de 1946, Germaine Tillion declaró ante un magistrado contra Robert Alesch, el falso cura de Luxemburgo que había delatado a docenas de otros combatientes de la Resistencia, incluida su propia madre y Anise Girard. Había huido a Bélgica pero fue detenido por las autoridades estadounidenses en julio de 1945 y enviado de vuelta a Francia para enfrentarse a la Justicia. Fue condenado a muerte por la Corte de Justicia del Sena el 26 de mayo de 1948 y fue fusilado el 25 de enero de 1949.
El despiadado castigo de la Resistencia francesa a las mujeres que ...    También fue ajusticiado otro traidor que había intentado reinventarse a sí mismo como resistente y soldado: Roland Farjon. La Organisation Civile et Militaire (OCM) quedó devastada en enero de 1945 al descubrir que uno de los cadáveres hallados en las fosas comunes en la fortaleza de Arras, donde habían sido fusilados por los alemanes, era el del coronel Alfred Touny. El 13 y el 14 de julio de 1945, los deportados supervivientes de la OCM declararon ante el comisario de Policía Georges Descroisettes. Cada uno de ellos le contó el relato de su detención y luego que su compañero de presidio Farjon les dijo que los alemanes lo sabían todo y que no tenía ningún sentido no hablar: «Jugamos y perdimos», era su estribillo habitual. Al intercambiar miradas y palabras entre sí, se dieron cuenta de que era un topo y un traidor. Farjon intentó justificarse apelando al líder de la OCM Maxime Blocq-Mascart, pero sin éxito. También intentó ver a De Gaulle, pero el general se negó a recibirle. El 21 de julio de 1945 se arrojó al Sena. En su maletín se encontró una carta dirigida a Blocq-Mascart: «Quiera Dios que tú y mis camaradas de la Resistencia veáis que este suicidio es un acto de valor, pues así estoy actuando».
Segunda Guerra Mundial: Francia afeitó la cabeza de sus mujeres
    Los ajustes de cuentas con resistentes británicos que presuntamente habían cometido delitos fueron mucho menos severos. Cabe decir, en efecto, que el establishment estaba dispuesto a encubrir episodios repelentes de la vida de la Resistencia a fin de conservar la narrativa del heroísmo británico. Cuando Maurice Southgate fue detenido y conducido al Cuartel General de la Gestapo en París, en la avenida Foch, le sorprendió ver al agente del EOE Bob Starr —el hermano menor de George Starr— de ánimo relajado con los alemanes, fumando y charlando con ellos. Se le ocurrió, así como a otros que vieron a Starr allí con ellos, que trabajaba para los alemanes. Más tarde Starr fue deportado a Sachsenhausen como prisionero de guerra, no como espía. Interrogado a su vuelta, objetó que había descodificado mensajes de la BBC que los alemanes ya poseían, y que como artista, dibujó mapas a partir de información de la que ya disponían. No fue procesado ni bajo la Treachery Act de 1940 ni bajo la Army Act de 1901. Entretanto, George Starr fue criticado por su correo, Anne-Marie Walters, a la que había enviado de vuelta a Gran Bretaña. Esta alegó que, en compañía de su guardaespaldas, un ruso que había sido miembro de la Legión Extranjera, de nombre Buresie, «personaje peligroso y sanguinario y también un tanto desequilibrado», Starr había disfrutado torturando a los miembros de la Milicia Francesa capturados: «Mantuvieron los pies de uno de aquellos hombres dentro del fuego durante veinte minutos, hasta que se le consumieron lentamente hasta llegar a las rodillas; otras torturas son demasiado horribles para mencionar siquiera. También se fusiló a bastante gente». Llegados a ese punto, el EOE cerró filas. Cuando Walters solicitó volver a Francia para trabajar para el EOE, Maurice Buckmaster se negó a entrevistarse con ella y más tarde le dijo a su padre que su hija «se había comportado con muy poca cortesía. Es más, la gente chapada a la antigua, como yo, nos sentiríamos inclinados a calificarlo de grosería pura y dura». Ella encontró una nueva salida para sus ambiciones concediendo entrevistas y escribiendo una narración ligeramente novelada de sus aventuras, Moondrop to Gascony. En el ínterin, en febrero de 1945 se reunió una comisión de investigación más bien simbólica para evaluar las alegaciones hechas contra Starr. No se adoptó medida alguna; es más, se le concedió la DSO"

jueves, 9 de mayo de 2019

FRANCESES DE LA RESISTENCIA III. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

FRANCESES DE LA RESISTENCIA III. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "Hélène Mordkovitch, quien tiempo después se encontraría con Geneviève de Gaulle en el mismo grupo de la Resistencia, había seguido una trayectoria muy distinta. Su familia estaba dividida entre rusos rojos y rusos blancos. Su padre era un ruso que había servido en el Ejército francés en la Primera Guerra Mundial y que había conocido a su madre mientras ella era estudiante de Medicina en el hospital francorruso. En 1917 su padre regresó a Rusia para tomar parte en la revolución y Hélène, que nació en París ese mismo año, no lo conoció jamás. Su madre contrajo de nuevo matrimonio con un ruso blanco y consiguió un trabajo en las cocinas del colegio ruso en Boulogne-Billancourt, al que asistían emigrantes de la Rusia blanca. En búsqueda de su propia identidad, Hélène optó por ser francesa: «¿No os da vergüenza que una niñita rusa sea la mejor en francés?», preguntaba el maestro a la clase. Entró en la Sorbona en 1937 y, después de que su madre falleciera el año siguiente, se ganó la vida con un trabajo a tiempo parcial como bibliotecaria del departamento de Geografía Física de la Sorbona. En 1940 se unió al éxodo de refugiados que iban rumbo al sur y quedó horrorizada ante el egoísmo y la pasividad que los franceses mostraban ante la derrota. Se hospedó en casa de una familia de Rodez en la que el abuelo se metió en cama y murió, a los padres solo les preocupaba la cosecha de fruta y los niños salieron a aplaudir a los alemanes que marchaban por las calles. «Esas tres generaciones —consideraba— reflejaban a la perfección en qué se había convertido Francia». Hasta ese momento no había tenido conciencia de ser judía, pero el 6 de septiembre de 1940, en un tren de refugiados que regresaban al norte, a París, el guardia dijo que estaba prohibido que los judíos pasaran la frontera de entrada a la zona ocupada. En el puesto de frontera de Vierzon ondeaba una enorme bandera con la esvástica y su reacción fue mejor que la de Madeleine Riffaud: «Estábamos entrando en Alemania. Estaba tan nerviosa que le di un bofetón al soldado alemán que se dirigió a nosotros»"

miércoles, 8 de mayo de 2019

FRANCESES EN LA RESISTENCIA II. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

FRANCESES EN LA RESISTENCIA II. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

"Jacques Lecompte-Boinet pertenecía al segundo grupo: el de quienes fueron incapaces de estar a la altura de sus heroicos padres y sintieron que su virilidad estaba en tela de juicio. En 1939, en los albores de la guerra, anotó en su diario: «Estoy obsesionado con el recuerdo de mi padre. Me viene a la mente ese día, el 2 de agosto de 1914, cuando mi padre dio las últimas recomendaciones a mi madre antes de partir para la guerra a caballo. Lo que me queda en el recuerdo es la imagen de él diciéndole a mi madre que escondiera las fotos que evocaran la guerra de 1870 en un armario que había detrás del vestidor y creo que las cosas eran más sencillas hace veinticinco años». Su padre había caído en el frente en 1916, cuando Jacques tenía once años, y él no fue capaz de igualar su heroísmo en 1939. Funcionario de impuestos en la Prefectura de París, no se incorporó a filas por el mal estado de su vista y porque tenía cuatro hijos. En lugar de ello, se le dio un puesto en la estación de Saint-Lazare, donde daba direcciones a los refugiados que salían hacia Normandía. Su sentimiento de incompetencia militar se agravaba con el hecho de que se había casado con una de las hijas del legendario general Mangin y, además, otro de los yernos de Mangin, Diego Brosset, tenía un brillante expediente militar. El 13 de junio de 1940 Lecompte-Boinet, junto a otros dos compañeros, se unió con su bicicleta al éxodo que se dirigía hacia el sur y se quedó perplejo ante la reacción que había provocado el anuncio del armisticio entre aquellos que le rodeaban, como la de «un maestro de escuela que criticaba al agitador monárquico Maurras por ser demasiado de izquierdas y que no veía más que una cosa: “los judíos se irán y se restablecerá el orden”». Dos años más tarde, ya inmerso plenamente en la Resistencia y tras el nacimiento de su quinto hijo, escribió: «Pienso continuamente en mi padre. No he podido luchar en la guerra, pero tampoco quería que mis hijos recordaran a su padre como alguien que había vivido ese tiempo cómodamente instalado, esperando a que todo pasara»"

lunes, 4 de febrero de 2019

LA LIBERACIÓN DE LOS CAMPOS DE EXTERMINIO. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

LA LIBERACIÓN DE LOS CAMPOS DE EXTERMINIO. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea 

    "Las noticias del horror de los campos llegaron muy pronto. Marie-Hélène Lefaucheux regresó a Alemania para visitar varios campos con la esperanza de sacar de ellos a otros camaradas, igual que había sacado a su marido. El 27 de abril presentó un informe ante la comisión de deportados de la Asamblea Consultiva. Lecompte-Boinet, que estaba entre el auditorio, acompañó la mirada de Marie-Hélène al descubrir Bergen-Belsen:

    En mitad de un gran bosque, en un claro, allí, tras las alambradas, en cobertizos expuestos al viento, está el campo de exterminio, que contiene a sesenta mil deportados raciales. Los únicos que aún se mantienen de pie son los que lograron decidirse a comerse los cadáveres. Madame Lefaucheux comentó que los judíos tendían a comerse el hígado mientras que los demás comían lo que quedaba de la carne.

    La liberación de los campos en abril de 1945 no fue necesariamente motivo de regocijo. Los antiguos internos fueron llevados poco a poco a casa y procesados en el Hôtel Lutetia de París. Las familias acudían a ver si habían aparecido sus seres queridos. Los que regresaron esperaban reunirse con sus familias. Paulette Sliwka había sido deportada a Auschwitz, y cuando finalmente volvió a París el 29 de mayo, su familia no estaba en el punto de bienvenida. Fue caminando hasta casa, en Belleville, donde se encontró a su padre afeitándose y a su madre preparándole la fiambrera para que fuera a trabajar. «Fui mimada y objeto de atención» por parte de la familia y luego por amigos que vinieron corriendo. Roger Trugnan no tuvo tanta suerte. Recordaba haber cantado La Marsellesa cuando se liberó Buchenwald el 19 de abril de 1945. Solo cinco de los treinta y cinco o treinta y seis integrantes de su grupo regresaron. Llegó al Hôtel Lutetia y «esperé hasta las dos de la madrugada. Nadie vino a buscarme. Tuve una especie de premonición acerca de lo que había pasado». 

    Finalmente, se enteró por su tía de la suerte que habían corrido sus padres y su hermana pequeña. En el lado opuesto, Maurice Lubczanski esperó en vano a que reapareciera su familia deportada y se hundió en una depresión: «Después de la insurrección y todo lo sucedido —dijo— sufrí mi primera depresión. Fue una depresión muy profunda, porque no esperaba la liberación de esa forma»"
Regreso de los deportados al Hotel Lutetia

miércoles, 16 de enero de 2019

RESISTENCIA EN FRANCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

LA RESISTENCIA FRANCESA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "La Resistencia francesa movilizó solo a una minoría de franceses. La inmensa mayoría aprendió a ir tirando bajo la ocupación alemana y admiró durante largo tiempo al mariscal Pétain, incluso cuando rompieron en cierto modo con el Gobierno de Vichy encabezado por Pierre Laval. Los comunistas, los judíos y los extranjeros fueron perseguidos por los alemanes, por Vichy y hasta por la República francesa en 1939. Los republicanos españoles y los veteranos de las Brigadas Internacionales que huían de la derrota en España fueron internados por los franceses en campos situados junto a la frontera española y pronto, tras el pacto nazi-soviético, se unieron a ellos los comunistas y los alemanes antinazis al declararse la guerra. La persecución de lo que fue calificado como la «anti-Francia» fue intensificada por el régimen de Vichy. Alemania desencadenó una ira letal contra los comunistas cuando invadió la Unión Soviética e intensificó sus redadas de judíos extranjeros. La mayor parte de la población judía en Francia, progresivamente excluida de la sociedad y abocada a la destrucción, prefirió huir u ocultarse antes que resistir. Ahora bien, al tener menos que perder y menos sitios donde esconderse, los comunistas, los judíos y los extranjeros tenían mayores incentivos para resistir que el francés medio."

sábado, 24 de noviembre de 2018

VIDA DE RESISTENTES FRANCESES TRAS LA LIBERACIÓN. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

VIDA DE RESISTENTES FRANCESES TRAS LA LIBERACIÓN. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "La depresión a la que se enfrentaron muchos exmiembros de la Resistencia supuso que las relaciones se forjaban a menudo en hospitales para enfermos mentales en los que pasaron tiempo recuperándose física y psíquicamente tras la guerra. Denise Domenach, que padecía agotamiento físico y mental tras su conmovedora experiencia con el MLN en París, fue enviada a casa, pero sus hermanos se habían marchado: Jean-Marie se había casado y René se había alistado. Fue incapaz de concentrarse en sus estudios. Su médico la envió a Combloux, un sanatorio en los Alpes, donde conoció a un joven yugoslavo, Bernard Lallich, que había participado en una red de inteligencia francesa, había sido torturado por la Gestapo y escapó del convoy de deportados que partió el 15 de agosto de 1944. Los jóvenes que regresaban de los campos de concentración le parecían como «zombis». No lo entendía y durante mucho tiempo no quiso saber. Prefería cantar en el coro organizado por Lallich. «Decidimos afrontar nuestro futuro juntos y volvimos para reanudar nuestros estudios —escribió ella—. Juntos decidimos vivir»."
Denise Domenach

miércoles, 14 de noviembre de 2018

LA RESISTENCIA FRANCESA 1940-1945. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea.

LA RESISTENCIA FRANCESA 1940-1945. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea.

    "...el impacto producido por la derrota de Francia y el armisticio de 1940. Mientras que la mayoría del pueblo francés vivió el fin de la guerra como un alivio, confió en que el mariscal Pétain defendería sus intereses y convivió más o menos pacíficamente con las fuerzas de ocupación alemanas, unos pocos se negaron a hacerlo. Procedían de todos los sectores sociales, desde la extrema izquierda a la extrema derecha, cultos e incultos, soldados franceses que abandonaron la Francia derrotada y se marcharon a Inglaterra o que seguían invictos en las colonias. ¿Eran seres raros, excéntricos o idealistas que habían recibido un aprendizaje político y que se movían por principios? ¿Estaban de alguna manera condicionados por sus familias y entornos, o tuvieron algo que ver la contingencia y el azar?
(...)
    ....el fracaso de los varones a la hora de defender su país en 1940 y el hecho de que un millón y medio de ellos pasaran a ser prisioneros de guerra hizo que recayera sobre ellas bastante responsabilidad. Las mujeres se movían entre el cumplimiento de las expectativas establecidas por sus roles de género y las posibilidades que se abrían para la realización de extraordinarias hazañas (...)
    Tras la derrota de la República española en 1939, muchos de ellos se marcharon a continuar la lucha en suelo francés. Esta guerra también se libró en los Países Bajos, en Europa central, en los Balcanes y en la retaguardia alemana del frente oriental. Hombres y mujeres de origen judío desempeñaron un papel importante en la Resistencia francesa, luchando contra Alemania, pero también librando otra «guerra dentro de la guerra» contra los alemanes y contra Vichy para evitar su exterminio. A menudo eran jóvenes judíos que habían perdido a sus padres y a otros familiares en los confinamientos y deportaciones, y que se habían unido a los grupos de la Resistencia como la única manera de sobrevivir. Había judíos franceses cuyo objetivo principal era conseguir una Francia libre y tolerante, pero había también judíos polacos y rumanos que soñaban con establecer repúblicas socialistas en los países de los que se habían exiliado o, incluso, que deseaban abandonar la vieja Europa y fundar un nuevo hogar en Palestina, en aquel entonces bajo mandato británico."

jueves, 18 de octubre de 2018

EL REGRESO DURO A LA FRANCIA LIBRE, de Robert Gildea

EL REGRESO DURO A LA FRANCIA LIBRE,  de Robert Gildea

    "...una vez terminadas las celebraciones no resultaba fácil regresar a la normalidad. La gente volvía del frente, o de combatir tras las líneas alemanas, o de campos y prisiones, habiendo conocido momentos de euforia pero también de terrible sufrimiento. A menudo las familias a las que volvían habían quedado rotas por el exilio, la deportación o la muerte: esposos y esposas sin pareja, madres sin hijos, hijos sin padres o hermanos. La sociedad estaba demasiado marcada por los traslados en masa forzosos, la escasez de alimentos, los bombardeos aliados, las represalias alemanas y por conflictos que en algunas partes del país estaban al borde de la guerra civil.
    La derrota, la ocupación, la resistencia y la liberación se cobraron un elevado precio sobre la vida privada. La intensa experiencia de la resistencia creó nuevas relaciones y privó de sentido a las antiguas. Se reunieron individuos de orígenes muy distintos que jamás se habrían conocido de haber prevalecido las convenciones sociales de tiempos de paz. La resistencia engendró hermandades masculinas y femeninas de heroísmo y sufrimiento que solo quienes la hubieran experimentado podían compartir. Estas nuevas relaciones, sin embargo, fueron creadas en condiciones dramáticas y artificiales que a menudo las trastornaron y no siempre perduraron.
    Maurice Lubczanski había trabajado estrechamente en Carmagnole con Jeanette Regal durante la ocupación. Tenían unos orígenes muy distintos: él era un inmigrante judío polaco, y ella pertenecía a una familia judía francesa asimilada. El padre de ella había muerto durante la guerra y ella no había asistido al funeral por motivos de seguridad. Cuando decidieron casarse, la madre de Jeanette se opuso al matrimonio de su hija con un extranjero y dijo que los comunistas habían secuestrado a su hija. Entretanto, Maurice recibió formación teatral en Lyon y fundó una compañía de teatro. Se trasladaron a París para emprender una nueva vida profesional y familiar. En 1940, Hélène Mordkovitch había retado a Philippe Viannay para que se involucrara en la resistencia y la mirada que se cruzaron se convirtió en ese amor que estaba en el meollo de Défense de la France. Tras la guerra, sin embargo, Philippe no hizo una carrera de su pasado como resistente. Se concentró en las obras de caridad y se negó a cobrar por ellas. Esto afectó a su familia y Hélène Viannay admitió más tarde que sus condiciones de vida eran «abominables, inenarrables. Yo estaba profundamente deprimida, era incapaz de pensar. Estuve desnutrida durante años, y los niños también».
    La reunificación de las familias fue en ocasiones motivo por igual de alegría que de dolor. Damira Titonel había sido deportada a Ravensbrück por su labor con la 35.ª Brigada Marcel Langer. Cuando regresó, su familia, compuesta por inmigrantes italianos estrechamente unidos entre sí, estaba hecha jirones. Su madre la saludó entre lágrimas y su padre lo hizo cojeando, pues se había lesionado en un tren de deportados que partía rumbo a los campos. Su hermano Titan también regresó de los campos, y Armand de la cárcel, mientras que Mathieu había combatido con el maquis en la batalla de Castelnau a las órdenes de Robert Wachspress. Damira rompió con su prometido, que ahora ya no significaba nada para ella después del tiempo que había pasado en los campos, y se casó con un joven local, Gilles. Sin embargo, bautizó a su hijo Robert en honor del hombre de su vida, «el comandante al que admiraba tanto, para que el chico creciera y fuera como él». Albergaba la esperanza de un mundo mejor y se unió al Partido Comunista pero eso solo le complicó más la existencia. Cuando en 1947 se declaró en huelga, el carnicero se negó a fiarle y la llamó «vaga». El cura local se negó a confirmar a sus hijos y el Gobierno rechazó su solicitud de regentar un estanco porque era comunista. Hasta 1983 no se encontró con sus camaradas de la Brigada Marcel Langer para fundar una asociación que los agrupara a todos."

martes, 9 de octubre de 2018

MUJERES DE LA RESISTENCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

MUJERES DE LA RESISTENCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "...cabe afirmar que la derrota de 1940 supuso una débâcle tanto en el plano político y social como en el militar. Las circunstancias excepcionales que se vivieron dieron pie a hazañas igualmente excepcionales. Vichy intentaba reforzar el viejo orden con su culto del Trabajo, la Familia y la Patria, pero para muchas mujeres la resistencia no significaba solo resistirse a la ocupación alemana, sino también a los estereotipos de género. En mayo de 1942, Marguerite Gonnet, la líder de Libération-Sud en el Isère, arrestada e interrogada por un tribunal militar alemán en Lyon acerca de por qué había tomado las armas, contestó: «Muy sencillo, coronel, porque los hombres las habían depuesto»"

martes, 19 de junio de 2018

MUJERES DE LA RESISTENCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

MUJERES DE LA RESISTENCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "En 1984, se entrevistó a Jeanette, una viuda de setenta años que había sido agente de enlace en la zona carbonera del Pas-de-Calais, y comenzó afirmando: «No tengo gran cosa que contar». Su esposo había sido prisionero de guerra en un campo de concentración en Alemania y no tenían hijos, de modo que cuando un amigo comunista de su esposo le pidió ayuda, ella contestó afirmativamente. Continuó después: «A partir de octubre de 1943, ingresé en los FTP. Llevaba armas y dinamita que los mineros escamoteaban de los pozos. Los tapaba con lechugas y puerros que salían rebosando de mi cesta». Los alemanes solo la pararon una vez:
    'Llevaba cuatro cartuchos de dinamita que iban a ser empleados para volar una torre de tensión. Los había escondido en unas remolachas huecas y con cuidado les había vuelto a poner el extremo más grueso. Les dije a los alemanes: «Son para mis conejos». No siguieron preguntando. Eso sí, continué pedaleando con gran dificultad. Tenía las rodillas entumecidas por los nervios'.
   Es difícil saber por qué Jeanette consideraba que había hecho muy poco por la Resistencia. Quizá no quería eclipsar a su esposo, que había pasado la guerra en un campo de prisioneros de guerra, aunque en el momento de la entrevista ya había fallecido. Quizá consideraba que, ya que solo había transportado armas y explosivos en lugar de manejarlos, su contribución era menos significativa que la de los hombres, que habían apretado los gatillos, aunque se había arriesgado a la deportación y a la muerte tanto como ellos. Quizá era tan solo una de aquellas resistentes cuya modestia era tan grande como su heroísmo."

miércoles, 25 de abril de 2018

LA EVASIÓN DE NIÑOS JUDÍOS. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

LA EVASIÓN DE NIÑOS JUDÍOS. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "Garely y Andrée Salomon organizaron una red de evasión que llevara a los niños a un lugar seguro en Suiza. Esta tarea fue confiada a Georges Loinger, de origen judeoestrasburgués, y a Emmanuel Racine, nacido en Moscú, que a su vez reclutaron la asistencia de Jean Deffaught, el alcalde de Annemasse (Alta Saboya), en la frontera suiza. Uno de los trucos de Loinger era organizar partidos de fútbol con los niños en la frontera, y cuando la pelota entraba en Suiza los niños se escabullían por la línea fronteriza"

lunes, 16 de abril de 2018

VIDAS DE RESISTENTES FRANCESES TRAS LA LIBERACIÓN 2

"El camino recorrido por Madeleine Riffaud fue algo más trágico. No se le había permitido alistarse tras la liberación de París y luego se enteró de que sus camaradas comunistas de la brigada de Fabien habían sido enviados al otro lado del Rin en botes de goma para permitir al mando calibrar de dónde procedía el fuego enemigo, y no regresaron. Ella había escapado del convoy del 15 de agosto y acudía con frecuencia al Hôtel Lutetia para ver si alguna de las mujeres que había emprendido aquel viaje había vuelto, pero ninguna lo había hecho. Su prometido de la Resistencia se estaba muriendo y se había peleado con sus padres: «Quise matarme, porque me sentía sola. No tenía amigos». Como consecuencia del recrudecimiento de la tuberculosis que padecía, acudió al sanatorio de Combloux, donde conoció al joven militante comunista Pierre Daix, que había regresado de Mauthausen. Él la veía como La libertad guiando al pueblo, de Delacroix, y ella lo veía a él como un héroe de la Resistencia, pero «por dentro estaba deshecho y yo también». Juntos tuvieron una criatura, pero a Madeleine le dijeron que había sido infectada por la enfermedad de la que ella era portadora. Se la quitaron y la metieron en una incubadora durante dos años.
Existía, sin embargo, un rayo de esperanza. El 11 de noviembre de 1944, tras una noche de insomnio y «con una terrible depresión», asistió a un desfile de la victoria y luego fue a una cafetería a tomar algo caliente en compañía de un grupo de poetas a los que había conocido través del Partido Comunista: «La persona que me salvó por encima de todo fue Paul Éluard», quien, en efecto, la adoptó y lanzó su carrera. Éluard escribió el prólogo a un volumen de poemas, obsesionados con la muerte, llamado Le Poing fermé, y Picasso le hizo un retrato a pluma para la portada. Conoció a Vercors, que quedó fascinado por ella y ella decidió que hubiera preferido haber escrito El silencio del mar en lugar de haber empuñado una metralleta. Contraatacó a través del periodismo, escribiendo acerca de la huelga de los mineros de 1947. En la cuenca minera descubrió las hazañas y el diario de Charles Debarge, y publicó una edición del mismo en 1951. El punto culminante de su carrera llegó más tarde, como corresponsal de guerra en Vietnam"

VIDAS DE RESISTENTES FRANCESES TRAS LA LIBERACIÓN FRANCESA

VIDAS DE RESISTENTES FRANCESES TRAS LA LIBERACIÓN FRANCESA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "...dio pie en ocasiones a resentimientos entre los «perdedores» del relato de la Resistencia, que permanecieron con los naufragados, y los «triunfadores» de la Resistencia, que lo modularon a su conveniencia. Tales contradicciones de las secuelas de la liberación quedan bien ejemplificadas en el caso de Génia Deschamps. Hija de inmigrantes judíos rusos, se había casado justo antes de la guerra, pero su marido había muerto en Champagne el 12 de septiembre de 1944. Lo cierto es que se había ido alejando de él porque no compartieron una experiencia común de resistencia, y fue a través de la Resistencia, y en particular del Mouvement de Libération Nationale, como conoció a Jean Gemähling, de Combat, y se casó con él. La Resistencia la había sacado de aquel «mundillo de los inmigrantes rusos» y la había integrado en la sociedad francesa; sin aquello, le dijo a su marido, «no te habría llegado a conocer». Pese a todo eso, sin embargo, siguió identificándose con quienes sufrían las penalidades de ser refugiados o deportados y la ruina de sus vidas como consecuencia de la guerra y la resistencia a la opresión. Ayudó a los deportados que volvían de los campos a encontrar trabajo y a obtener las prestaciones a las que tenían derecho. Asistió a refugiados e inmigrantes a través del COSE, y gracias a sus conocimientos de ruso, polaco y español, en 1946 trabajó durante ocho meses en Alemania para el departamento de salud de la Comisión de Control Aliada. La Resistencia, se dio cuenta, había permitido hacer carrera a una pequeña minoría, pero habían sido muchísimos más los que habían sufrido material y moralmente por su entrega a una causa, y esas minusvalías habían sido transmitidas a la siguiente generación, cuya educación se convirtió en otra prioridad:
    [Robert] Salmon se fabricó una plataforma de lanzamiento. No tuvo ningún problema en pasar por encima de los cadáveres de los demás para ir subiendo peldaños. La Resistencia le sirvió, al igual que a [Michel] Debré, por ejemplo. [Pero] la mayoría de la gente perdió tres o cuatro años de su carrera. Quedaron destrozados física o psíquicamente y a menudo eso afectó a la siguiente generación, a la que a menudo se olvida. Porque si los padres no eran psíquicamente fuertes, nueve de cada diez veces sus hijos tampoco lo eran […]. Y por tanto, no hemos terminado de pagar por todo esto.
   El veredicto de Génia Gemähling capta un estado de ánimo generalizado de desilusión. En la Francia posterior a la liberación existía una fuerte tensión entre las imágenes de mujeres abrazando a las tripulaciones de los carros de combate estadounidenses o vitoreando durante el desfile de la victoria de De Gaulle en los Campos Elíseos, y las realidades con las que se topaban los hombres y mujeres de a pie y de las que dejaron constancia en sus testimonios. Voluntarios que se habían unido a las Forces Françaises de l’Interieur para las batallas posteriores al Día D fueron o bien enviados a su casa o enrolados en el nuevo Ejército francés, que no quería saber nada de poses revolucionarias y que condujo a muchos de ellos a la muerte. Los miembros de las organizaciones de resistencia que esperaban formar un amplio movimiento reformador se vieron decepcionados al ver cómo los políticos de partido y los burócratas restablecían un orden político muy conocido. Muchos resistentes de origen extranjero regresaron a partes de Europa liberadas del nazismo pero que pronto cayeron en garras del estalinismo o navegaron hasta Palestina a despecho de los enérgicos esfuerzos de los británicos para impedírselo. Finalmente, quienes volvieron de los campos descubrieron con harta frecuencia que sus familias estaban deshechas, que los traidores seguían en libertad y que los oportunistas habían acaparado para sí poder e influencias."

La resistente Simone Ségouin combate en París en 1944
Ensañamiento contra mujeres amigas de los nazis

miércoles, 28 de marzo de 2018

EL LIBRO DE LA RESISTENCIA FRANCESA

EL LIBRO DE LA RESISTENCIA FRANCESA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

   "De Gaulle en persona le pidió a Joseph Kessel que escribiera un libro sobre la Resistencia. L’Armée des ombres [El ejército de las sombras] se publicó en Argelia en noviembre de 1943 y en Nueva York en marzo de 1944. Seguía los movimientos de un grupo de resistentes en torno a Philippe Gerlier, que había escapado de un campo de internamiento y que sostenía que «el héroe nacional es el hombre en la clandestinidad, el fuera de la ley». De forma curiosa pero comprensible, Kessel diría que el libro no era ficción en absoluto: «Ningún detalle ha sido exagerado o inventado. En él solo se encontrarán hechos auténticos, comprobados y contrastados. Hechos cotidianos de la vida francesa».

   Algunos detalles estaban basados en conversaciones que Kessel había mantenido en Londres con resistentes que estaban de paso, y el libro retrata de forma brillante el mundo secreto de la recopilación de información, redes de evasión, imprentas clandestinas y emboscadas en la «cárcel» que era Francia. La principal verdad, sin embargo, era la verosimilitud del drama moral de la Resistencia, la tensión entre apariencia y realidad, confianza y traición, y la ausencia de otras leyes que no fueran las dictadas por las circunstancias. Comienza con la ejecución de un confidente masculino por resistentes disfrazados de policías franceses, y termina con la ejecución de una resistente francesa presentada como propagandista infatigable, agente de enlace y maestra de fugas, personaje que estaba basado, al menos en parte, en Lucie Aubrac. Kessel se inventa un punto débil, que por supuesto tenían muchos resistentes, pues es madre de seis hijos y lleva encima una fotografía de uno de ellos. Cuando por fin la arresta la Gestapo y se descubre la fotografía, habla antes de ver a su hija enviada a un burdel polaco para uso de los soldados que regresaban del frente oriental. Al ser puesta en libertad, su ejecución por la Resistencia se representaba como inevitable y banal. La ficción era el tenue velo de una realidad brutal. Como concluyó Philippe Gerbier: «Hoy es casi siempre muerte, muerte y más muerte. Y por nuestro lado matamos, matamos, y matamos»"