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jueves, 11 de octubre de 2018

PERDER LA FE EN LA GUERRA. MEMORIAS DE UN OFICIAL DE INFANTERÍA, de Siegfried Sassoon

PERDER LA FE EN LA GUERRA. MEMORIAS DE UN OFICIAL DE INFANTERÍA, de Siegfried Sassoon

    "...Una tarde seguí un sendero que conducía colina abajo hasta una vieja casa en ruinas. Los  mirlos rezongaban entre los arbustos cuando me metí en un descuidado jardín y alguien cortaba leña en un bosquecillo pardo, mas abajo. Ladró  un perro desde algún establo, las gallinas cloquearon y mugió una vaca. Esos  sonidos domésticos resultaban consoladores cuando uno era un exiliado cuya vida pertenecía al ejército. Pensé en los largos crepúsculos primaverales y en el maravilloso despertar del año, olvidado de la 'ofensiva de primavera'. Pero mi olvido solo duró un rato, y la cruel realidad volvió a colmarme en cuanto me deslicé a través del alambre de púas que rodeaba el hospital. Estaba perdiendo la fe en la guerra y anhelaba un poco de aceptación mental... ser como el joven Patterson, que había venido luchar por su país sin ninguna duda, que todavía podía arrodillarse junto a la cama y decir sus simples oraciones, con la rotunda convicción de que su puesto en la artillería contribuye a crear un mundo mejor. Alguna vez yo había creído lo mismo, pero ahora la única plegaria que me parecía digna de ser pronunciada eran las palabras de Omar Khayyam:
    Por todo el pecado ennegrece el rostro humano, el propio hombre da perdón, y lo recibe"

jueves, 27 de septiembre de 2018

AMISTADES EFÍMERAS EN LAS TRINCHERAS. MEMORIAS DE UN OFICIAL DE INFANTERÍA, de Siegfried Sassoon

AMISTADES EFÍMERAS EN LAS TRINCHERAS. MEMORIAS DE UN OFICIAL DE INFANTERÍA, de Siegfried Sassoon 

    "...Empezaba a sentirme bastante arrogante con respecto a 'la gente que está en casa'. Pero mi mente estaba hecha un barullo; la guerra era un acontecimiento demasiado enorme como para que un solo hombre se ocupará de él. Lo único que sabía es que había perdido la fe en ella, y no me quedaba nada en que creer fuera del 'espíritu del batallón'. El 'espíritu de batallón' significaba vivir en consoladora camaradería con los oficiales y suboficiales que me rodeaban; significaba ganarse el respeto, o incluso el afecto, del pelotón y de la compañía. Pero mientras exploraba mi camino, internandome cada vez más en la guerra, había descubierto lo efímero de sus relaciones humanas. Una noche podíamos estar todos juntos en una acogedora habitación de Corby, con Wilmot tocando el piano y Dunning hablándome de las ancianas excentricas que vivían en la pensión que su madre regentaba en Bloomsbury. Una sola metralladora o unos cuantos obuses podían destruir ese cuadro dentro de una semana. El verano pasado el primer batallón había formado parte de mi vida; a mediados de septiembre estaba prácticamente exterminado. Sabía que un soldado se despedía de su independencia al alistarse; estábamos en el frente para luchar, no para pensar. Pero la cosa se ponía muy incómoda cuando uno ni siquiera podía prever nada de lo que ocurriría una semana después".

jueves, 20 de septiembre de 2018

LA BRUTALIDAD CONTRA LOS OBJETORES DE CONCIENCIA. MEMORIAS DE UN OFICIAL DE INFANTERÍA, de Siegfried Sassoon

LA BRUTALIDAD CONTRA LOS OBJETORES DE CONCIENCIA. MEMORIAS DE UN OFICIAL DE INFANTERÍA, de Siegfried Sassoon 


    "...Me parecía que era un hombre de buen corazón, pero su actitud hacia los objetores de conciencia era francamente brutal. Describió, con evidente deleite, sus métodos para tratar con dos de ellos que habían aparecido en el cuartel de la Brigada. Uno había sido un hueso duro de roer, porque era un hombre bien educado, y las autoridades le tenían miedo. Pero el mayor había conseguido que le dieran dos años de trabajos forzados. Le hubiera dado algunos buenos golpes si se lo hubieran permitido, dijo. El otro era un humilde desdichado que se negaba a marchar. Así que el mayor lo había atado a un carro y lo había arrastrado por un camino hasta dejarlo malherido. 'Al cabo de unos 200 metros empezó a gritar que ya era suficiente, y después se convirtió en un soldado bastante decente. Se  portó bien y lo mataron en las trincheras'. Esbozó una torva sonrisa. La disciplina tenía que ser reforzada con la brutalidad, dijo el mayor, y como ya he señalado, no era permeable a ninguna argumentación"