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lunes, 14 de octubre de 2019

PASEO AL ATARDECER. EL CAMINANTE, de Herman Hesse

PASEO AL ATARDECER. EL CAMINANTE, de Herman Hesse 


Camino tarde por sederos polvorientos,
las sombras de los muros caen oblicuamente,
y puedo vislumbrar a través de los sarmientos
la luna sobre sendas y arroyos silentes.
Canciones que un día entonara en el pasado,
entono una vez más, con acento cansino
y las sombras infinitas de lo que he viajado
se cruzan e interponen en mi camino.
El viento, la nieve y el calor solar
de muchos años tras de mí resuenan,
noches de verano y azul relampaguear,
tormentas e incomodidades que apenan.
Con la piel tostada y del todo invadido
por el esplendor del universo entero,
siempre hacia delante me siento atraído,
hasta que las sombras cubren mi sendero.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

EL VIENTO DE LAS MONTAÑAS. EL CAMINANTE, de Herman Hesse

EL VIENTO DE LAS MONTAÑAS. EL CAMINANTE, de Herman Hesse 

    "Desde las montañas sopla una húmeda ráfaga; al otro lado, azules y celestes islas contemplan nuestras tierras. Bajo aquellos cielos seré feliz a menudo, y también a menudo sentiré la nostalgia del hogar. El perfecto representante de mi especie, el vagabundo puro, no debería conocer esta nostalgia. Yo la conozco, no soy perfecto, y tampoco pretendo serlo. Quiero saborear mi nostalgia como saboreo a mis amigos.

    Este viento hacia el que trepo tiene una maravillosa fragancia de lejanía y de otro mundo, de aguas divisorias y fronteras lingüísticas, de sur y de montañas. Está lleno de promesas."

lunes, 15 de julio de 2019

QUIEN SABE ESCUCHAR A UN ÁRBOL. EL CAMINANTE, de Herman Hesse

QUIEN SABE ESCUCHAR A UN ÁRBOL. EL CAMINANTE, de Herman Hesse 

    "Nada hay más ejemplar y más santo que un árbol hermoso y fuerte. Cuando se ha talado un árbol y éste muestra al mundo su herida mortal, en la clara circunferencia de su cepa y monumento puede leerse toda su historia: en los cercos y deformaciones están descritos con fidelidad todo el sufrimiento, toda la lucha, todas las enfermedades, toda la dicha y prosperidad, los años flacos y los años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas. Y cualquier campesino joven sabe que la madera más dura y noble tiene los cercos más estrechos, que en lo alto de las montañas y en peligro constante crecen los troncos más fuertes, ejemplares e indestructibles.

    Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas, predican, indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida.

    Un árbol dice: en mí se oculta un núcleo, una chispa, un pensamiento, soy vida de la vida eterna. Es única la tentativa y la creación que ha osado en mí la Madre eterna, única es mi forma y únicas las vetas de mi piel, único el juego más insignificante de las hojas de mi copa y la más pequeña cicatriz de mi corteza. Mi misión es dar forma y presentar lo eterno en mis marcas singulares.

    Un árbol dice: mi fuerza es la confianza. No sé nada de mis padres, no sé nada de los miles de retoños que todos los años provienen de mí. Vivo, hasta el fin, el secreto de mi semilla, no tengo otra preocupación. Confío en que Dios está en mí. Confío en que mi tarea es sagrada. Y vivo de esta confianza.

    Cuando estamos tristes y apenas podemos soportar la vida, un árbol puede hablarnos así: ¡Estate quieto! ¡Estate quieto! ¡Contémplame! La vida no es fácil, la vida no es difícil. Estos son pensamientos infantiles. Deja que Dios hable dentro de ti y en seguida enmudecerán. Estás triste porque tu camino te aparta de la madre y de la patria. Pero cada paso y cada día te acerca más a la madre. La patria no está aquí ni allí. La patria está en tu interior, o en ninguna parte.
(...)
    Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es. Esto es la patria. Esto es la felicidad."

martes, 2 de julio de 2019

EL CAMINANTE, de Herman Hesse

EL CAMINANTE, de Herman Hesse

    "Dibujo la casa en mi libreta de apuntes, y mis ojos se despiden del tejado alemán, de las viguerías y frontones alemanes, de muchas cosas íntimas y familiares. Una vez más siento un amor intensificado por todo lo patrio, porque se trata de una despedida. Mañana amaré otros tejados, otras cabañas. No dejaré aquí mi corazón, como se dice en las cartas de amor. Oh, no, el corazón lo llevaré conmigo, también lo necesito en las montañas, y a todas horas. Porque soy nómada, no campesino. Soy un amante de la infidelidad, del cambio, de la fantasía. No me seduce encadenar mi amor a una franja de tierra. Todo cuanto amamos sigue siendo sólo un símil para mí. Cuando nuestro amor se detiene y se convierte en fidelidad y virtud, me resulta sospechoso."
La imagen puede contener: cielo y exterior
Pintura de Herman Hesse para el libro