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viernes, 21 de junio de 2024

ESTADO DEL MALESTAR, de Nina Lykke

ESTADO DEL MALESTAR,  de Nina Lykke


Una médico de cabecera en Oslo, Elin, nos presenta su vida, contada entre copa y copa de vino. Es una mujer con convicciones de izquierdas, con todas las necesidades cubiertas, una legítima posición social envidiable y un futuro próspero. Y tal vez por eso, un sentimiento de culpa. Estar tan en la cumbre, sin sobresalir, sólo tiene una posibilidad, y es la de caer. Y en esto consiste la novela, a dos niveles paralelos: los problemas con los que llegan los pacientes a su consulta,  y los propios problemas personales: separada con hijos y elevada falta de autoestima. Recuerda un poco a la fórmula genérica de que de jóvenes somos de izquierdas, y de mayores todo lo contrario. La diferencia con Elin está en que las soluciones que da a cada paciente en la consulta,  y las opiniones que elabora de cada uno de ellos en privado, pero que se guarda, no se las aplica a sí misma: ella no deja de ser una paciente de sus propios problemas. Lo sabe pero la supera. ¿Qué tipo de problemas son esos de la consulta? En su mayoría, problemas de gente que se ahogan en un vaso de agua, que hace un castillo de un grano de arena, el problema de que el Estado de bienestar no responde a cualquier malestar de la vida que a uno le ha sobrevenido (o se ha buscado). Tampoco el estado de bienestar soluciona los problemas a los que cualquier persona se enfrenta en su proceso de madurez, pero parece que se le exige igualmente.

La consulta médica funciona de crítica social porque es un muestrario de gente que hace cola en la consulta. Las relaciones, incluso familiares o íntimas, tienen una base u origen instrumental: necesidad de ser atendidos, escuchados, alimentados, recetados médicamente, abrazados... es muy difícil que esta gente pase de eso, o que, al menos. ofrezca otro tanto sin contraprestaciones bien calculadas. Nadie mejora por sí mismo su situación, sino que utiliza a otro como muleta para ir tirando. Cualquier tiempo pasado de la socialdemocracia fue mejor, o eso queremos creer: un sentimiento fácil de asumir. Además, el complejo de culpabilidad propio y el que le hacen sentir otros a la protagonista, especialmente sus pacientes, distorsiona su relación con todo el mundo, aunque una vez a solas, ella les diría otras cosas: derechos sociales que no se utilizan razonablemente, derechos por los que ya nadie ha luchado y que no se valoran, derechos que están fuera de la función biológica de las personas.

La historia continúa con la descripción de la infidelidad de la protagonista: una cosa le llevó a la otra... de los juegos mentales de ella para engañarse y engañar a su marido pasa al malestar que cíclicamente la invade. Esta es la otra parte del libro, aquella en que ella sería paciente de su propia consulta. 

El libro no cuenta nada que cualquiera nos contaría una tarde, con tiempo para analizar el panorama actual, a un amigo, incluidos ejemplos de personas que conoces o chascarrillos que te han contado de fulano o mengana. Explica un poco el sentir de mucha gente de tendencia a la izquierda, pero en la madurez muy desencantada por la inercia que ha tomado todo. Por tanto, funciona perfectamente de retrato social del momento, pero también es el típico libro con el que uno avanza rápidamente porque da forma a lo que pensábamos previamente, por lo que acaba siendo una lectura bastante conservadora en el fondo en cuanto a ideas. También en la forma, a veces juiciosa, casi siempre con sorna. Este humor paródico se agradece y aligera mucho las cosas.

Conforme llegamos al final del libro, la protagonista, Elena, va entonando sus monólogos hacia un estilo más confesional, menos opinable o de menos revanchismo contra la sociedad en general. Se centra más en sus afectos, en sus recuerdos y en su madre senil. Y, después de todo, el melodrama acaba confortablemente. 

jueves, 20 de junio de 2024

EL LIBRO DEL MAR, de Morten A. Stroksnes

EL LIBRO DEL MAR, de Morten A. Stroksnes


Dos noruegos, un periodista y un pescador de las Lofoten, son viejos amigos, y deciden pescar un tiburón boreal. Con la lancha por el golfo de Vestfjorden, y la silueta de la Muralla de sus picos de imagen de fondo, hacen varias salidas en lancha a lo largo de un año para intentarlo. Esta es la excusa del autor para llevarnos de viaje geográfico y cultural por la costa de Noruega, especialmente las islas Lofoten. Por ejemplo, la historia de la oceanografía noruega, la historia de los barcos de la familia de uno de los dos protagonistas, curiosidades marítimas y de algunas personas relacionadas con el mar: maestros del lugar, la pesca del bacalao, caza de ballenas, la vida del plancton, los vientos, las tormentas, el secado del bacalao, peces abisales... pero la estrella es el tiburón boreal. 

La contaminación de los océanos por micropartículas de plástico, la historia de escandinavia contada en la Edad media, la geografía de las Islas Lofoten (el Muro de las Lofoten), las estaciones del año y sus particularidades sobre el océano. La barrera de coral al norte de las Islas. También acaba describiendo la vida animal en las playas, o las grandes desapariciones de vida causadas por caídas de meteoritos, etc. La destrucción de ecosistemas submarinos por pesca de arrastre y petroleras. Hay de todo un poco.

Muchas de las cosas que cuenta son datos biológicos, históricos o geológicos que podríamos encontrar en otros libros propios de cada tema. Lo que más me gustó es cuando se ciñe al archipiélago o a la costa noruega. Pero eso no ocurre siempre en este libro, y es lo que me ha dejado un sabor agridulce; a veces divaga con temas generales. Podía haberlo compensado con historias de tierra adentro noruegas, pero esa no ha sido su elección. 

No está mal.


SEPTOLOGIA, de Jon Fosse

SEPTOLOGIA, de Jon Fosse


Si hay un libro capaz de arrasar y reconstruir la experiencia lectora hasta un grado de excelencia inusual, gracias a elementos propios y muy personales de su autor, ese es Septologia. ¿Me ha impresionado? Esa es una sensación que de vez en cuando tengo la suerte de experimentar con los libros que elijo. Pero lo de Septologia va más allá. No es fácil de leer, algún editor, cuando lo empezó, pensaba que estaba mal escrito por motivos como los siguientes: se permite empezar frases y párrafos con la conjunción Y: "Y me veo de pie, mirando el cuadro con las dos rayas, una morada y una marrón, que se cruzan en el medio, un cuadro alargado, y veo que he trazado las rayas despacio y con un óleo espeso, y se ha corrido, y donde se cruzan la línea marrón y la morada el color ha producido una bella mezcla que corre hacia abajo y pienso que esto no es un cuadro, pero que al mismo tiempo el cuadro es como debe ser, está terminado, no cabe hacer más , pienso, y tengo que apartarlo, no quiero tenerlo más en el caballete, no quiero seguir mirándolo, pienso, y pienso que hoy es lunes y que tengo que dejar el cuadro con los otros cuadros en los que estoy trabajando, pero que aun no he terminado, los que tengo colocados con el bastidor hacia afuera entre la puerta de la alcoba y la de la entrada, debajo del gancho del que cuelga el bolso marrón de cuero, ese en el que guardo el lápiz y el cuaderno de bocetos... ". Hay muchísimas escenas que se repiten a lo largo de 788 páginas con ligeras pero esenciales variantes, y en un mismo párrafo repite muchas palabra y nombres: "Asle, Ales, dice, piensa..." Por no hablar de que no existe la puntuación. Para colmo habla muchas veces de su particular intimidad con Dios a la vez que nos abre la suya propia, pero tampoco es una monserga teológica sino la experiencia de una elección madura del personaje (como en tantas cosas de este libro, un detalle también autobiográfico: Fosse pasó de comunista a católico, aunque no parece que del modo político que tenemos los españoles, y de alcohólico a abstemio). Por tanto, con tanta audacia no es fácil que lectores acostumbrados a relatos de accion, de decisiones fatídicas, de sentimientos que van y vienen y se vuelven a ir, extremos, de narraciones sarcásticas o de más denuncia social, las personas que busquen esos argumentos y temas que venden porque son un valor seguro para conseguir editor, audiencia (y dinero) consigan acabar el libro. 

En este libro se cuentan varias historias, pero son historias comunes. Lo que se cuenta es, en esencia, la biografía del autor en primera persona, Asle, un pintor a pocos años de la jubilación, echale unos 55 años. Viudo, viviendo en un pueblo a orillas del mar al norte de Bergen, Noruega. Esas repeticiones de palabras consiguen fácilmente la musicalidad deseada en cada frase y a lo largo del párrafo. Los giros de argumentos, por estos motivos, también consiguen sorprender porque uno está a otra cosa, inmerso en ideas y sensaciones sin demasiadas sorpresas. Más bien todo fluye y evoluciona hasta conseguir una madurez de pensamientos al final del libro que están bien afianzados: Asle es un hombre con pocas certezas, muestra montones de dudas, él mismo dice que se cansa de pensar algunos temas, pero también vemos que es un hombre de una pieza. ¿Conserva verdades? Si, pero solo aquellas que le ayudan a vivir y expresar su emotividad, como al hablar de cuadros. Su vida real corre paralela a otra más intensa, más espiritual que sólo los recuerdos, lo vemos al experimentar a Ales, su esposa muerta, a su lado casi constantemente al final del libro. Y eso que toda la narración transcurre en pocos días. En fin, expresa pensamientos vitales, lo que va quedando con los años, revelados y poco complicados pero intensos.

Hasta cierto punto me ha recordado a Ulisses de J. Joyce en su virtuosismo narrativo. Pero creo que Fosse le supera en profundidad de la historia y en respeto al lector haciendo de ello una verdadera novela y no un juego de malabarismos. Ahí lo dejo, señor Joyce. Muchos se cuelgan la medalla de haber leído tu Ulises: así como hay muchos que fracasaron, son los que Ulises abandonó en el intento. A mi tambien me pasó, hasta que la última vez que lo retomé le cogí el sentido a todo, y me dio tanta rabia la historia que fui yo quien abandonó a Ulises. No merecía la pena seguir la otra mitad del libro. Ahí te quedas, Ulises; que a gusto me quedé rompiendo mitos impuestos.

Por ir de la parte al todo: hay un momento muy Dostoievski en el primer libro, donde el que el protagonista llamado Asle, en primera persona siempre, en medio de una nevada nocturna en Bergen (que aquí se llama mas noruegamente Bjorgvin), se encuentra en una de sus calles buscando una fonda con Bragge, el perro de su amigo, en brazos. Se detiene con una mujer solitaria con la que se cruzó. Un par de horas antes, calculo, se encontró a esa misma persona en un bar medio vacío e igualmente hablaron porque ella le recordaba de tiempo antes, él no. Ella demostraba que lo sabía todo de él. Me recordó, en cierto modo, a El doble, la novela ubicada en San Petersburgo con un tiempo invernal donde el autor se encuentra con su doble. Aquí no es su doble, pero lo es: es alguien íntimo como una alucinación, una contraparte, la que lo complementa, la que lo devuelve a una vida anterior, y todavía no sabemos si mejor o peor, ya iremos viendo, hay seis libros más hasta completar las 788 páginas. Ella juguetea con él, y él habla de ella y de si mismo en su monólogo interior: todo es monólogo interior donde se acogen las palabras del resto de personajes como en un recuerdo. Los diálogos con ella, muy esquemáticos. Y también digresiones sobre la nevada, algo poco importante, junto al tema de los cuadros que pinta, y sobre todo la luz, tema recurrente y mucho más profundo. Porque es uno de los hilos argumentales del libro para penetrar en lo inefable, las cosas más difíciles de contar, de describir, momentos luminosos en la vida presente que casi siempre, en esta novela, retrotraen al protagonista, el mismo autor, a momentos o sensaciones del pasado. Es el momento en que asistamos a una cierta espiritualidad, poco religiosa desde mi perspectiva española, pero en la que también se incluye algún rezo. Ella hace lo mismo contando su vida con El Músico, su compañero de vida al que echó de casa por bebedor, aunque siempre se ha estado arrepintiendo, porque con él y la música de su violín vivió momentos luminosos y felices que no volvió a recuperar. Ella se siente viuda de él, como Asle se siente viudo de Ales.

Todo esto con una prosa evocadora, sencilla, a ratos repetitiva como la de un hombre que duda en su interior, o que trata de convencerse a sí mismo de los detalles que percibe en su mente, o en su recuerdo. A veces yo mismo los siento como párrafos hipnóticos que cualquier otro despacharía con cuatro palabras, sin darle importancia, y de los que Asle, o Fosse, hace un mundo interior de búsqueda de algo más, de ese balbuceo de la palabra adecuada que no existe para una sensación que nadie a logrado nombrar, tan sólo, y como mucho, evocar a grandes rasgos. He aquí lo inefable de Jon Fosse, lo característico de su libro. ¿Que mas hace para lograrlo? Algo muy curioso como es ese juego de espejos que son todos los demás personajes respecto a Asle: unos se llaman como él (es el Tocayo), otra casi como él (Ales), otros le dan la réplica de forma que nunca se siente cómodo con ellos (Asleik)... a veces da la sensación de que son otras tantas posibilidades de hacia donde podía haberse dirigido su vida si, por ejemplo, no hubiera dejado la bebida.  El mismo autor/protagonista lo dice a veces, y es un sentimiento que lo tambalea por dentro. A veces incluye pequeños relatos como el del niño ahogado, Bard. Es otro ejemplo de duplicidad, o de doble, el del encuentro de Asle, de seis años, con Vecino. ¿Qué diferencia había entre Bard y Asle para morir o vivir? El miedo? La desobediencia? La fanfarronería? En mi opinión, la compañía de La Hermana, su hermana. Fosse se demora, repite actos pequeños, pensamientos que demoran la acción dándole una intensidad que no decae, la tensión que provoca el miedo de ella La Hermana, la rebelión de él, el giro final de esta pequeña historia de Bard y las que siguen. Se lee bien, es todo tan sencillo y a la vez tan magnético que, como un mantra, a base de repetir sensaciones con las mismas palabras o muy parecidas, empiezas a experimentar sensaciones, ideas y sentimientos de empatía más profundos hacia los personajes. Una comprensión que excusa las razones, y yo no he leído a nadie como a Fosse para lograrlo. En realidad, y creo que ahí está la clave del estilo de este libro, es una oración. Una que sale con frecuencia en los finales de cada libro, el lector que lo acabe sabrá cual.

También está el tema del arte, hay muchos momentos en los que habla de su forma de pintar, por qué lo hace, lo que siente al hacerlo. Lo que que va en cada pincelada de óleo de su personalidad. Podría decirlo de su estilo de escritura personalísima. Es muy parecido a una confesión de su espiritualidad, sea lo que sea que entendamos por este amplio concepto. Aqui me quedo con la sensación de haberme quedado corto de todo lo que se puede decir de Septologia.

lunes, 3 de junio de 2024

UNO DE LOS NUESTROS, de Asne Seierstad

UNO DE LOS NUESTROS, de Asne Seierstad


El día de autos, un 22 de julio de 2011, me tocó a poca distancia de Cabo Norte, el punto más septentrional de Europa, a 2000 km de la isla de Utoya. Desde entonces he sentido curiosidad por lo que pasó. Nos enteramos por una llamada telefónica a casa, devolviendo los intentos por contactar con nosotros. Hacía solo unos días habíamos cruzado Noruega de sur a norte y ya estábamos de vuelta por el lado sueco. Las comunicaciones no estaban tan extendidas en 2011 como ahora por la península escandinava. Nos enteramos de lo que pasó varios días después de que ocurriera. De hecho, si a Breivik el trabajo de hacer las bombas que estallaron en la zona de edificios gubernamentales no se le hubiera hecho tan pesado y laborioso, allí en su granja perdida en el interior del país noruego, podría habernos pillado cuando visitamos Oslo.

Al seleccionar este libro, buscaba también algo más: que  me explicara cómo era la sociedad Noruega de un tiempo a esta parte, y qué había fallado para que ocurriera aquella matanza. De lo primero uno acaba teniendo una idea de la ingenuidad de los noruegos contado esto por la autora que es noruega y autora de otros libros como El librero de Kabul. Es solo una impresión general, pero de lo que no cabe duda es de que las autoridades, desde el policía de la escala más baja hasta las autoridades de la seguridad noruega, la cagaron a lo grande. Eso ahora ya lo saben ellos también. La cuenta del carnicero: 77 muertos, 99 heridos graves y un monton de gente mas con traumas psicológicos.

El libro empieza mostrando la personalidad de los padres de Anders Breivik, en especial la de su madre, objeto de estudios psiquiátricos y de dudas acerca de su idoneidad para educar a un hijo que, estudiado ya con 4 años, se le predicen graves problemas de conducta en un futuro inmediato si no se le buscaba un hogar alternativo al de su madre y su hermana. De paso, conoceremos las políticas sociales que puso en pie el partido laborista desde antes de los beneficios del gas y el petróleo para Noruega.

Después llegaron los primeros refugiados políticos al barrio en el que vivían. Siendo un enclave de gente blanca total, en 1980 llegaron los primeros inmigrantes, 150 en 1983 y 9000 en 1986. Breivik tenía amigos pakistaníes, pero también llegó a ser veces cruel con la gente y los animales. No iba con neonazis sino con la cuadrilla del hip-hop, eran grafiteros. Cada miembro de una tribu urbana se cuidaba de permanecer fiel a una estética. Oslo se dividió en bandas étnicas, y Anders prefería la de los pakistaníes. 

Por otro lado tenemos a una familia de iraquíes kurdos huyendo de Erbil hasta Oslo donde pasan a ser refugiados políticos. Diez años después recibieron la ciudadanía, con casa comprada por ellos, con trabajos asalariados y la hija mayor, Bano, dispuesta a ser la mejor en cualquier cosa como si fuera una competición, incluida la integración. A los 15 se apuntó a las AUF, juventudes del Partido Laborista. Utoya es una isla que los sindicatos noruegos regalaron en 1950 al partido laborista para actividades propias. Es bastante pequeña. Y esta chica quería ser un modelo de integración.

El otro protagonista es Simon, ejemplo de las nuevas juventudes del partido laborista, otro dispuesto a comerse el mundo con su esfuerzo. Con madera de líder y ejemplo para todos. Quienes le conocían estaban muy orgullosos de él. 

Breivik, interesado en la política desde los 18, se afilió en 1997 al Partido del Progreso, de orígenes racistas, estilo machista y antiliberal. Matriculado en la escuela de comercio, con el objetivo de hacerse rico cuanto antes. Pero no se distinguió por nada: presumiendo siempre de ser alguien, era nada.

Intento muchas cosas, bastante fraudulentas. Otras fueron hacerse masón o apuntarse a una galería de tiro, parece que le sirvió en Utoya. A los 27, deprimido volvió a vivir con su madre. Pasaba mucho tiempo perdido en juegos de ordenador, de ahí pasó a foros de ultraderecha y otros lavados de cerebro como Los caballeros templarios. Se obsesionó con la suplantación del europeo blanco por el árabe o musulmán contra el feminismo, la mezcla de culturas y la islamización europea. La autora cuenta algunos de los problemas que sí supone la llegada de inmigrantes que nada saben del país. Solo ven a la gente con la que se comparan desde que ponen un pies en un país que no es el suyo.

En 2010 escribe un manifiesto con las ideas y actos que le harán famoso pocos meses después. Incluso escribe una autobiografía donde, sin demasiado rencor, deja mal a cada miembro de su familia. Pero la manera en la que trata a su madre, siendo él un parásito de 30 años, sin oficio ni beneficio, encerrado en la pantalla del ordenador, da grima, y un poquito de asco. En ese manifiesto ajusta cuentas con los pocos amigos que tuvo en la infancia, de origen extranjero. Funciona como una declaración de guerra a la multiculturalidad, a los extranjeros no europeos y a quienes los defienden, y una justificación de su vida como origen de sus ideas que es una reinvención total de su pasado, una infamia. 

Una de las cosas aprendidas con Breivick es que da igual conociera negros o asiáticos, o incluso tuviera novias no blancas: si no se siente seguro acaba odiando, se inventará otro pasado que justifique el odio. Pero básicamente, es gente resentida porque no triunfaron en aquello que individualmente se propusieron, como unos iluminados a quienes la sociedad tiene que atender con la lógica de que si se atienden a las minorías, ellos también son minoría, pero una que va a salvar al resto de la sociedad. ¿Que pasa si no se los atiende? ¿Que pasa si un radical, de derechas en este caso, no es atendido y obedecido? Pasa lo que hizo Breivik.

Cuando prepara la bomba en la granja, parece Heisenberg de Breaking Bad, con los productos humeantes en la olla y la máscara antiguas y el mandril.

La forma en que llegó el asesino a la isla, tras la bomba en el centro de Oslo, es de no creerlo. Allí irá cazando chavales como a conejos. En este aspecto, la película Utoya basada en los hechos es bastante peor que este libro a mi parecer. El libro es más explícito, duro y mejor explicado en todo el tiempo que le llevó a hacerlo, sale a un muerto por minuto. La forense describe cómo fueron los últimos instantes de algunos chicos tras la matanza: por su posición sobre el terreno, algunos trataban de proteger con su cuerpo a otras personas. El caso más memorable fue el de Simon... Un montón de gente de ideología opuesta a la de Breivick pero que demostró valer mucho más que él y con la mitad de su edad.

En varias ocasiones se lo juzga como un juguete cuando el se cree un rey: con grafiteros, en las juventudes del partido 

La ineptitud de la policía fue formidable. Una policía entrenada, e incluso obediente a sus mandos, no hubiera ofrecido tanta suerte a Breivick. Tampoco admitió una valiosa ayuda que se le ofreció. Por otro lado, hay que alabar la transparencia informativa. No todos los países serían capaces. 

La última parte está dedicada al juicio a Breivick: si era un enfermo mental o no, sus ideas políticas de justificación, y su espeso ridículo en la sala del tribunal. También otras voces, como las de supervivientes. Y el resentimiento de ciertas familias por la apropiación política del dolor que hizo la AUF ante la sociedad. Por supuesto, el vacío que  dejó en tantos familiares, inextinguible.

sábado, 1 de junio de 2024

MI DIA EN EL OTRO PAIS, de Peter Handke

MI DIA EN EL OTRO PAÍS, de Peter Handke


Libro este de tan solo 107 páginas y letra tirando a gruesa, de esos que dices que te lees en una sentada. Tal vez otros lo logren, pero a mi me ha llevado más tiempo porque, en mi opinión, es una pequeña novela que requiere de concentración, de una lectura demorada en lo que quiere decir este relato nada evidente. Es la imitación de la parábola del endemoniado de Gerasa, con las interpretaciones que Handke ha trasplantado de su historia personal a la conocida historia aportada por tres de los cuatro evangelistas (San Juan no lo cuenta). No sólo habla de las pocas cosas que le pasan al protagonista, sino de como vive en su interior, como le transforman las experiencias. Cómo cambia su mirada posada en cada persona, en cada objeto. Empieza, en una primera parte, como un tipo furibundo que no encaja en su pueblo, que se retira a vivir a las afueras, donde su hermana le ayuda.En la segunda parte todo cambia, se pasa al país de al lado como una persona transformada por el Buen Espectador, y sus percepciones de la realidad han cambiado después de ese encuentro. El caso es que parece una forma de interpretar, y quedar en paz (como hace el endemoniado de Gerasa), con su pasado. Un hombre como Handke (Premio Nobel de Literatura 2019), que se ha metido en un montón de los charcos de su tiempo, parece contarnos que ha aceptado la vida como viene para aceptarse a sí mismo. Por tanto, creo que tiene bastante de autobiográfico, pero utilizando una parábola para no entrar en detalles sino en el fondo del asunto. Aunque, por supuesto, es un texto que se ofrece a varias interpretaciones.

Hay un momento en que te dice claramente que su vida posterior es una representación, no una realidad última, y es cuando imagina comer con dos camioneros, que es la única forma de sentir hambre tras su paso a una vida nueva. ¿Qué significa esto? Muchas cosas. Que las cosas más humanas e instintivas, esas que nos salen sin pensar, son una representación más de la vida, en mi opinión, mientras transmitan vida de una forma trascendente, por ejemplo la idea de hambre (el hambre es consustancial, no lo puedes obviar, es necesario). Como dice en la página 74, "un Algo". Así es como habla también de las nubes y el cielo más adelante, o de la libertad y la felicidad, me resulta un lenguaje metafórico donde las frases frecuentemente encierran otras mas pequeñas que las condicionan desde dentro. Autor y protagonista parecen uno que acepta la realidad, aún la impuesta. Es un relato muy idealista, sin embargo.

Esa representación de la vida, en su propia vida hace que pueda ser tomado por el doble de otro en ese nuevo país, o por innumerables otros que él nunca imaginó ser antes de su encuentro con el Buen Espectador (el trasunto del mesías evangélico). Hasta el punto de sentirse algo de impostor. Es una figura que yo puedo identificar con la del endemoniado de Gerasa: ha descubierto una idea importante, un sentido nuevo de las cosas, pero él no es esa gran idea, sino su representación. Normal que, a veces, se sienta un impostor.

Llegados a la segunda parte, en la que recorre el país de enfrente como un hombre nuevo, sus pensamientos van desarrollándose, unidos a emociones que le provocan los sucesos que experimenta (como los saludos de la gente de este país), de manera que esa representación que ve (¿o imagina?), es la imagen de lo que le va pasando por la cabeza y nos transmite continuamente: "soñar despierto no tiene por qué ser un engaño". Otras veces experimenta una sensación de la que extrae una enseñanza: no buscar tesoros con la mirada, superar la niñez.

El protagonista tiene cierta tendencia a los aforismos que esquematizan una idea que aprende, una especie de ciencia de la madurez que te ahorra un montón de elucubraciones: "quien se alegra del día, se alegra del mundo". La mayoría de las veces no resultan de un significado evidente.

Finalmente encuentra una esposa tan rara como él. Tienen hijos, se hace un digno miembro de la comunidad como el que más, con sus tropiezos con esos vástagos. Es decir, perdió ese filo, la agudeza con la que experimentaba la vida, la saña con la que mostraba la versión más original y profunda de su naturaleza para pasar cómodamente como miembro integral del grupo. Es decir, echa de menos a aquel hombre que vivía en los arrabales porque no podía vivir entre los hombres. Aquel hombre tenía algo insustituible: la duda, el esfuerzo por comprender aunque no lo lograra, las discusiones, el ánimo insobornable. Esa es la lección.

Apenas conozco la obra de este autor, creo que en España no es muy reconocido. Pero ya había oído algunas grescas suyas, hace muchos años, en torno a la guerra de los Balcanes y otras cosas. Ha sido muy polémico. Y ahora, echando la vista atrás con este su último libro, parece comprenderse un impostor respecto de aquel escritor de agudo filo.