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lunes, 18 de marzo de 2024

SOBRE LOS HUESOS DE LOS MUERTOS, de Olga Tokarczuk

SOBRE LOS HUESOS DE LOS MUERTOS, de Olga Tokarczuk 



Desde la primera página la narradora, Janina Duszejko, se descubre como una persona mayor un tanto especial. Resulta agradable descubrir cómo la autora elige las mínimas pinceladas para lograrlo al principio, y no sólo cuando busca explicaciones astrológicas al carácter de las personas: hace alusiones a ángeles, habla con animales, se entiende mejor con los inadaptados, vive casi encerrada, etc. Es decir, es una mujer poco convencional. En realidad, es de esas personas de las que más de uno calificarla de chifladas. No hay más que leer las dos cartas a la policía, pero son todo ejemplos muy interesantes del desarrollo de sus pensamientos. Porque esa es la forma de narrar que ha elegido Olga Tokarczuk en este caso: seguir sus pensamientos. Es como cotillear dentro de un cerebro excéntrico, cada vez lo flipas más; pero sin sentirse culpable porque es un personaje ficticio. 

Solo al final veremos que esa mujer es de la estirpe de don Quijote en cuanto a chifladuras. ¿Que es verosímil y qué no lo es en la interpretación de los crímenes? A mitad de libro hace una revelación nada inocente: es ingeniera, levanta puentes. En latín, pontífice. Está claro que estudia a la gente, pero bajo los parámetros de los planetas. Y esta narradora lo cuenta con humor y con cartas astrales que fallan menos que la policía. En el pueblo, la vida es dura en invierno, hay poca gente y los tres que no se van a la ciudad en esos meses tampoco se juntan. Esta es la situación inicial, pero cambiará. 

Poderosa imaginación para recurrir a ciertos detalles de las escenas para hacerlas avanzar con vigor, y dentro de una coherencia entre los detalles y el hilo de la historia. Me ha resultado muy fácil de seguir en todo momento porque además los personajes resultan tan vivos y posibles que me recuerdan a personajes de las grandes novelas del siglo XIX. Pero solo hasta ahí, porque aquí no hay melodramas decimonónicos. Además, aunque tarde, uno se acaba dando cuenta que la autora te ha estado ocultando cosas a la vista. Vamos, que ha jugado un poco contigo.

Sigue teniendo detalles, aunque menos que en Los errantes, en el que la autora vuelve a mostrar su gusto por la casquería. Y la influencia de William Blake está en todos los capítulos, a veces en sólo los títulos, a veces también en citas.

En general, se entiende bastante bien el motivo por qué está mujer ha decidido vivir apartada de la sociedad polaca. Para empezar, hay un hilo de unión entre la humanidad, la naturaleza y los astros que la primera parte de esta ecuación parece querer destruir a tiros. Es fácil ver el embrutecimiento de mucha gente, principalmente policías, pero también muchos otros colectivos como el de los cazadores. Mentes obtusas desde su perspectiva animalista. Pero la percepción de los otros también es más realista: ahí está la conversación con el guarda forestal. Aunque también funciona como una metáfora del capitalismo más salvaje. La protagonista, Janina, siempre encuentra una réplica a sus discursos emocionales, desde la brutalidad (policía, cazadores) o desde la racionalidad (sus amigos). En todo caso, Janina es una mujer aislada por los demás, pero no hasta el punto de no observarlos. Los describe con fina ironía, sobre todo a los elementos más respetables de una sociedad rural, burócratas, fuerzas del estado y el sacerdote del pueblo. En el triplete de humanidad, naturaleza y sentido de la vida (ciencia astral), no parece que los primeros estén en la cúspide de nada. la autora baja continuamente a la humanidad del pedestal al que se subió hace siglos.

Ya cuando llego al tercer muerto en cuestión de meses de la novela empiezo a plantearme que de verdad son asesinatos. Aunque no me creo aquello con lo que se despacha la protagonista: cada uno ha caído a manos de la fauna y de la naturaleza en general empujados por animales concretos a causa de sus crímenes contra ellos. Eran un furtivo, un empresario con una granja de zorros y un policía corrupto. 

Con el cuarto fallecido hay una inesperada elipsis, con el quinto, ya hemos alcanzado el paroxismo de la novela negra que no había al principio, porque todo lo demás hasta entonces, la vida cotidiana de esta mujer mayor, sus recuerdos, sus observaciones de la naturaleza y las personas, todo queda borrado ante la pregunta de qué está pasando, y qué eslabón une a nuestra protagonista con los crímenes. Ella tiene su propia justificación, las cartas astrales. 

En cuanto a locuras, el párroco se despacha desde el púlpito con una defensa de la caza que da asco. Pensé que era ficción, pero no: al final del libro Olga Tokarczuk avisa que es una recopilación de sermones reales que se encuentran en Internet. Por cierto, el año pasado viaje por esa zona del sur de Polonia pegado a Chequia y es muy verde y bonita.

Leo en otros lugares que esta novela se vende como novela negra. En mi opinión, siendo esta la tercera novela que leo de Tokarczuk, entiendo que vuelve a remitirse a la vida humana para copiarla: es una mezcla de géneros. Hay epístolas, hay autobiografía, hay realismo y también esoterismo... podria seguir asi porque ¿que no hay en las novelas de Olga Tokarczuk como pasa en la vida? Seguramente seguridades. Se vende como un thriller, pero es mucho mas, es contemplar a un elefante vestido dentro de la cacharrería.

Es una de esas premios nobel de las que unos dudan en cuanto a su valía, mientras otros no comprendemos cómo no oímos nada de ella hasta que se le concedió el premio. No hay vida suficiente para descubrir tanta cosa buena.

lunes, 11 de marzo de 2024

LOS ERRANTES, de Olga Tokarczuk

LOS ERRANTES, de Olga Tokarczuk



"Mi peregrinación es siempre en pos de otro peregrino"

Los errantes es un libro extraño, muy peculiar. El típico libro para preguntarse: ¿qué está queriendo decir? No es una novela, pero hay varios relatos separados en capítulos e insertados en medio de otros muchos que son consideraciones en torno a temas como la muerte, los cadáveres, el paso del tiempo y los viajes fundamentalmente. Pero este no es un libro de viajes, aunque muchos de las historias contadas pasen en un hotel, en un aeropuerto o en un destino vacacional.

Lo veo más como una mezcla de géneros acerca de la necesidad física y mental de moverse. Ella, la narradora, pertenece esa tribu de errantes por el mundo, cuyo lenguaje es universal porque lo necesario no es recorrer distancias sino sentirse entre dos puntos, el de conocido origen y otro de destino incierto, de modo que está en un sentimiento continuo de duda y observación del entorno. Como si renunciara a esos puntos de referencia que nos facilitan el traslado por la vida: tengo esto, quiero esto otro, origen y destino. Se siente extraña, busca lo diferente y poco común, como los cuerpos o partes de seres atrofiados en museos, por ejemplo. Como el tema de la plastinación: entramos en historias excéntricas que nos sacan de nuestras sensaciones habituales para colarnos en otras que cada uno entenderá a su manera. En mi opinión, hablamos del paso del tiempo, y en cómo nos afecta.  

Es fácil entender a la narradora como a Tokarczuk. Viajar ocupa una parte importante del libro: trenes nocturnos, esperas en aeropuertos, un polaco que pierde a su familia misteriosamente en una isla del adriático, consideraciones a las guías de viaje, y otras muchas historias peculiares. Algunos de los capítulos, como los dedicados al doctor Blau, parecen ser cuentos insertos con la excusa temática de guardar trozos humanos en tarros, etc, algo que se irá repitiendo a lo largo del libro. Me doy cuenta que gran parte del mensaje del libro es su propia estructura, fragmentada, un caleidoscopio de imágenes. ¿Es acaso otra cosa la realidad de nuestras vidas sobresaturadas de información muy diversa? Es un libro en contra de las certezas aceptadas, muy en contra de como hemos leido la vida en el sentido mas practico y convencional de la vida con personajes claros, tramas de inicio, nudo y desenlace, o de persecuciones de alguna verdad mayor o menor

Hay varias páginas dedicadas a cadáveres plastinados que se acompañan de un personaje de mente calenturienta. Es otro personaje entre el pasaje de un avión de los muchos que pululan por estas páginas. Algunos capítulos me han hecho perder el interés por este libro, en general eran cortos y me preguntó si hubiera perdido algo importante el conjunto de ellos en caso de no estar, pero si por sí solos, no cuentan mucho, parecen necesarios en el conjunto. Esa es una de las claves de la sensación que deja el libro al final. Los hay muy desiguales de forma y de fondo. Pero tiene otros que son todo lo contrario: con el tiempo, según avanzaba mi lectura, comprendí que eran auténticas paradojas. Tiene toques de humor, como ese pendiente perdido en el camarote de un crucero, que te meten muchísimo en la narración por lo bien traído que está, por la sorpresa que produce ese cambio de perspectiva puntual que te abre una dimensión de veracidad más al relato. Pero al menos hay una cosa clara: no hay personajes a quienes seguir a lo largo del libro. Los que hay tienen poco recorrido. No hay trama que descubrir, en eso es errático de principio a fin. Es sumamente reflexivo. Lo que tiene continuidad es el tema tratado, las sensaciones que te deja. Así que depende de lo que uno busque, este libro puede decepcionar. O no.

Conforme avanza la lectura, se desprenden algunas preguntas inquietantes: por ejemplo, si algo nos duele, o sentimos vivamente, algo que no vemos, ¿es acaso una confirmación de su existencia? ¿Que significa este desorden de los efímeros argumentos? Sin duda, un libro exigente para inconformistas, para aquellos que no temen verse decepcionados porque siempre sacan algo bueno, a veces tan bueno que no se ven decepcionados al cerrar este libro de 400 páginas. No hay dos lectores iguales, por suerte.

El tema de fondo, tal como yo lo veo, es el tiempo, su paso o su instante, y el deceso que provoca en la vida humana. La congelación del tiempo en los cuerpos u órganos conservados en formol, y esa variedad de cuentos que ilustran cómo nos maltrata de principio a fin en sucesivas visiones que la autora nos describe. O cómo somos capaces de detener el tiempo, el propio o la estimación del ajeno, con la muerte. Hay mucha contemplación de la muerte en forma cadavérica (Chopin, por ejemplo) , pero también algo parecido pasa en los tiempos muertos de los aeropuertos. 

Por debajo del original planteamiento de la autora sobre el tiempo y la muerte, uno se encuentra motivaciones propias para cada cuento, al menos de los largos.

De los cuentos cortos, me gustó El estado de la red, El siguiente, Esvásticas, Es una pequeña broma.

Una entrevista con la autora y la traductora al inglés de este libro, aqui


domingo, 10 de diciembre de 2023

UN LUGAR LLAMADO ANTAÑO, de Olga Tokarczuk

UN LUGAR LLAMADO ANTAÑO, de Olga Tokarczuk 

He aquí una de las primeras novelas de la premio nobel de literatura del 2018, la polaca Olga Tokarczuk, original, profunda y sencilla de leer en conjunto. Aunque el comienzo, al situarnos en el lugar de Antaño, como si nos describiera los accidentes geográficos de un mapa, me echó un poco para atrás. Pero después de esas páginas todo empieza a funcionar como un reloj. Básicamente, creo que sirve para trasladarnos a otro lugar que no sea aquel desde el que nos disponemos a empezar esta novela. Como diciendote: "esto es otra cosa". Es la historia de tres generaciones de polacos de la aislada comarca de Antaño desde 1914 hasta la época de gobierno comunista. Aquí comienza una historia de personas dentro de la Historia. Cada capítulo va de una persona que no solo se relaciona con otras, sino con el tiempo, con los objetos cotidianos, con los animales, con los recuerdos. La originalidad de estas relaciones entre todos estos sujetos descubre una profunda intimidad entre este ellos. Esta es la parte que mas me ha interesado.

Una de las cosas que más me ha gustado es la capacidad de evocación de objetos materiales que acaban por impregnarse de vida humana, o también la síntesis tan evocadora de ciertas personas en un giro de su vida. Eso me ha parecido magistral. Por ejemplo, lo que hace con el molinillo de café es genial, me recordó al Aleph de Borges sin copiarlo, dando un giro distinto. Hay que decir que muchas situaciones se justifican o remiten directamente a un ser superior, a Dios como entidad natural. 

Es con esa clase de realidad con la que se relacionan los personajes, una relaciones trascendentes con sencillez. Como dije en relación al molinillo de café, se relacionan con esa parte de los objetos, personas o animales que no está en lo visible de ellos, en su superficie, sino en la parte más profunda e invisible de sus apariencias, como lo sería la parte sumergida de un iceberg. ¿En qué consiste esa parte invisible con la que, de alguna manera, dialogan los personajes? Esa es la gracia del asunto en esta novela. Cada personaje lo hace a su manera, le da un sentido peculiar según sus propias necesidades, aficiones, deseos más promiscuo, etc. Muy gráfico cuando Misia, por ejemplo, siente que el mercurio de un termómetro es una animal vivo y juega con el. O dicho de otro modo, aunque el capítulo cuente una pequeña historia costumbrista, suele aparecer algún objeto común al que un significado particular provoca un giro de la narración. La explicación puede ser que cada persona tiene su ángel.

Si cada persona es un mundo como se suele decir a veces, cada uno de los personajes vive en un universo propio lleno de matices simbólicos. La naturaleza del paisaje rural influye en sus vidas incluso con un hálito mágico. Una planta puede ser el amante de una mujer, o un río el enemigo del cura al que se le ocurre azotar con una rama. A veces, incluso una persona se convierte en un animal o un espíritu. Tal y como lo relata Olga, cada historia parece un cuento unas veces realistas, pero las más de las veces con elementos mágicos 

Los capítulos son cortos, centrados en una persona de Antaño, que está pasando, al principio, por los efectos de la I Guerra Mundial traumaticamente. Se encuentra en algún lugar de Polonia, a una distancia indeterminada del frente oriental. El orden de los acontecimientos es cronológico, pero el tiempo de cada experiencia que sufre o disfruta cada individuo tiene una levedad extraña que parece romper esa rueda temporal. Parece que el tiempo se detiene, que tiene un antes y un después infinitos en el proceso de la experiencia. Es un tiempo elástico, unas veces va rápido y otras se detiene en el ánimo de la gente. Lo mismo pasa, desde el primer capítulo, con el espacio: Antaño en un microcosmos que se abastece de sus propias historias. A veces, los niños, con su imaginación sienten que no pueden traspasar sus límites. Cuanto más maduros se hacen, más lejos llegan. Y más amargas se vuelven sus vidas: van perdiendo esos momentos luminosos de sus vidas, y los sinsabores no tienen ya ningún sentido, el deseo de seguir viviendo va convirtiéndose en pura inercia. Desde luego, la transformación de la vida de esta gente de Antaño es contada con la levedad y la profundidad de los sueños.

Después vendrán los nazis y la contraofensiva soviética, escenas estas donde el costumbrismo rural queda enterrado bajo toneladas de crueldad sin ninguna magia y sin el candor de los tiempos buenos o malos de siempre.

Hablando como lo hace de un periodo de tres generaciones, me recordó en cierto modo a los Budenbrook de Thomas Mann, de quien la autora se confiesa admiradora. Pero mientras el alemán vuelca todo un bagaje cultural para entender a sus personajes, ya que son un complicado engranaje psicologico con trasfondo en la cultura alemana, estos personajes de Olga parecen más motivados por sus impulsos naturales y, en algunos casos significativos, animales. La fuerza de la tierra es poderosa en los avatares de la historia,  y el capítulo dedicado a perales y manzanos parece confirmarlo. Por ejemplo, la vida obedece más a ciclos naturales que a los esfuerzos humanos por romperlos. A veces la muerte infligida violentamente obedece más a un placer por matar que por una necesidad vital o un elaborado calculo, ya sea de un humano o por una bestia. Otra obsesión en la novela de principio a fin es que una cosa es la suma de sus partes, empieza con el cuerpo humano y acaba haciendo series de 4 cosas muy relacionadas. Lo importante es esa enumeración, esa sugerencia multiplicidad de definiciones para sumar una entidad superior.