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viernes, 10 de noviembre de 2017

LA ORIGINALIDAD DE ESPAÑA. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg

LA ORIGINALIDAD DE ESPAÑA. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg 

    "En el otoño de 1931 se produjo un importante acontecimiento en mi vida: vi España por primera vez. El viaje que hice a este país no fue, para mí, uno de tantos, sino un hallazgo. Me ayudó a comprender muchas cosas y a decidirme a hacer otras muchas.
    España me atraía desde hacía tiempo. Como a menudo pasa, empecé a comprenderla a través del arte. En los museos de diferentes ciudades permanecí muchas horas contemplando las telas de Velázquez, Zurbarán, El Greco y Goya. Durante los años de la Primera Guerra Mundial aprendí a leer en español, había traducido fragmentos del Romancero, poemas de Gonzalo de Berceo, del Arcipreste de Hita, de Jorge Manrique, de Quevedo. Lo que me atraía de estas obras tan distintas entre sí eran algunos rasgos comunes, inherentes al genio nacional de España (pueden encontrarse también en Don Quijote, en los dramas de Calderón y en la pintura): un realismo cruel, una ironía omnipresente, la severidad de las piedras de Castilla o de Aragón y, al mismo tiempo, el ardor del cuerpo humano, una elevación desprovista de énfasis, un pensamiento sin retórica, la belleza en la monstruosidad y también la monstruosidad de la belleza.
(...)
    Pero la vida había derribado mis concepciones ingenuas sobre los límites de lo posible, y comprendí que Goya es ante todo un realista. Estoy convencido de que los reyes, las reinas, los condes y las duquesas eran exactamente tal y como él las pintó. Sus visiones de la guerra me impresionan, a pesar de que he visto guerras incomparablemente más terribles que las de Napoleón, pero no eran los uniformes, ni las banderas ni los caudillos militares lo que le interesaba a Goya, sino el rictus, las convulsiones, la locura. Al representar el fusilamiento de los insurgentes españoles por los soldados de Napoleón, no transmitió únicamente toda la medida del sufrimiento humano, sino también la ira del pintor. Tituló a sus pesadillas Caprichos, pero sus fantasmas todavía hoy se pasean, matan, comen, eructan, pueblan la tierra. No tenía miedo a mostrarse intransigente pero nunca simplificaba el mundo ni lo estrechaba.
(...)
    Todo el mundo conoce la novela de Cervantes, pero pocos conocen a Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. Es un poeta extraordinario. Vivió un siglo antes que François Villon y expresó toda la complejidad y toda la dualidad de la larga jornada que el hombre ha de recorrer. Es difícil trazar en sus escritos el límite entre sacrilegio y confesión, entre ironía y lágrimas amargas. Lo describe todo abiertamente, llama las cosas por su nombre y, al mismo tiempo, siempre tiene un segundo plano, una cuarta dimensión, la poesía. En eso veo precisamente la peculiaridad del realismo español y también del carácter de España."
Aviles

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