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jueves, 29 de noviembre de 2018

DESESPERACION. LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER, de Svetlana Alexievich

DESESPERACION. LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER, de Svetlana Alexievich

   «Una mañana los soldados del destacamento punitivo prendieron fuego a nuestra aldea… Solo se salvaron los que escaparon al bosque. Huyeron sin nada, con las manos vacías, no cogieron ni un trozo de pan. Ni huevos, ni manteca. De noche, la tía Nastia, nuestra vecina, azotaba a su hija porque la niña no paraba de llorar. La tía Nastia se escapó con sus cinco hijos. Yulia, mi amiguita, era muy débil. Siempre estaba malita… Los otros cuatro niños, todos pequeños, pedían comida. Y la tía Nastia se volvió loca, aullaba: “Uh-uh-uh-uh… Uh-uh-uh-uh…”. Una noche oí que Yulia sollozaba: “Mamá, no me ahogues. No lo haré… No te diré más que tengo hambre. No lo diré…”.

    »Al día siguiente ya nadie vio a Yulia… Nunca más…»

   La tía Nastia… Volvimos a la aldea hecha cenizas… Todo estaba quemado. Al poco tiempo, la tía Nastia se ahorcó en el manzano negro de su jardín. Colgaba muy, muy bajo. Los niños la rodearon y pedían comida…»

miércoles, 28 de noviembre de 2018

FRANCO CONTRA PRIMO DE RIVERA. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda

FRANCO CONTRA PRIMO DE RIVERA. FRANCO, EL ASCENSO AL PODER DE UN DICTADOR, de Andrés Rueda 

   "Ramón Serrano Súñer entrega una carta de Franco a Gil Robles, donde solicita su inclusión, como independiente, en la candidatura derechista para la repetición de las elecciones en Cuenca, ya que fueron anuladas las del 16 de febrero. El comité electoral de la CEDA acepta la petición de Franco y el cuñado, Serrano Súñer, vuelve a Santa Cruz de Tenerife para comunicarle la vía libre a su deseo. Los diarios de derechas dan la noticia el día 23, pero José Antonio Primo de Rivera, que está en la cárcel, se opone a dicha candidatura, que incluye a Franco, porque él también estaba incluido en la misma candidatura por Cuenca. El jefe de la Falange no quiere ver su nombre junto a Franco en unas elecciones. Por fin, Serrano Súñer vuelve de nuevo a Tenerife y convence a Franco de que José Antonio no quiere ser incluido con él. «No me parece viable una candidatura en que figuremos él y yo», dijo José Antonio, según transcribe Gil Robles.
   Este hecho preelectoral dejará amargo recuerdo en Franco, que no olvidará jamás. Su nombre ha sido rechazado, con exigencia, por José Antonio, el fundador de la Falange e hijo del dictador Primo de Rivera. Franco se ve despreciado en su alta estima, en su honor y en su orgullo; en el subconsciente guardará mal recuerdo de José Antonio. Cuando en el otoño de 1936, en los primeros meses de la Guerra Civil se realizan gestiones para salvar a José Antonio, que está en la cárcel de Alicante, para canjearlo por el hijo de Largo Caballero, a propuesta de Indalecio Prieto, Franco no accede a ello. Y deja a José Antonio a su suerte, abandonado y sin esperanza. La frustración de Franco por la candidatura de Cuenca con José Antonio, dará después sus frutos de rencor y venganza. Cuando un hombre inseguro y rencoroso se venga, calmará su conciencia, justificando una mitología de José Antonio e iniciando un culto a su recuerdo, para acallar su culpabilidad."

¿QUÉ ES VIAJAR? EL TURISTA DESNUDO. de Lawrence Osborne

¿HACER TURISMO O VIAJAR? EL TURISTA DESNUDO. de Lawrence Osborne 

     "...el viaje es un concepto obsoleto, pues ya nadie viaja en el sentido de trasladarse a culturas desconocidas. El viaje se ha visto reemplazado de forma apabullante por el turismo. Pero el turismo en sí es algo tan improbable, tan fantástico, que se trata de un proceso casi imposible de aprehender, a menos que dediquemos un rato a estudiar brevemente su historia. Porque, como ya he sugerido, el turista moderno es el descendiente no sólo del peregrino, sino también del grand tourist y de los viajeros organizados de la era imperial. ¿Cómo se produjo esta evolución? El término «Grand Tour» aparece por primera vez en 1670, en la obra de Richard Lassels The Voyage of Italy. Describe un viaje informal al continente concebido para jóvenes aristócratas británicos, habitualmente acompañados de un preceptor llamado bear leader («guía de osos»), en el transcurso del cual visitaban un abanico de atracciones culturales en Francia, Suiza e Italia. El «Tour», como acabó llamándose, surgió como consecuencia de la nueva riqueza de los ingleses —que los convirtió en los turistas más prósperos de Europa—, pero también expresaba un incómodo complejo de inferioridad cultural, una necesidad de europeizar los modales de su tosca progenie, esos «muchachos tan verdes», en palabras de Tobias Smollett. El viaje duraba meses y su objetivo era inculcar el buen gusto y mejorar los «modales mundanos». En 1749, el culto anticuario Thomas Nugent escribió una popular guía llamada The Grand Tour en que exponía sus principios: «Enriquecer la mente con conocimiento, rectificar el criterio, eliminar los prejuicios de la educación, adquirir modales, en definitiva, formar al auténtico caballero». El objetivo era crear «conocedores» que apreciasen la belleza (el término «connoisseur» entraría en esta época en la lengua inglesa), pero también inculcar sofisticación, urbanidad…, es decir, crear lo que posteriormente se llamaría «cosmopolitas». Una nación encaminada a alcanzar la supremacía imperial también daría alas a un paralelo complejo de superioridad. Los británicos fueron los norteamericanos zafios de principios del siglo XVIII . El historiador británico Ian Littlewood comenta: «El Tour proporciona el modelo de lo que se ha convertido en la forma estandarizada de turismo cultural. Las guías actuales, con sus listas de monumentos y sus consejos para adquirir productos locales, son descendientes directas de la de Nugent»."
Edimburgo

martes, 27 de noviembre de 2018

A LA DERIVA, de Penelope Fitzgerald

A LA DERIVA, de Penelope Fitzgerald 

      "No me rendiré sin luchar, se dijo Nenna. Me casé con Edward porque deseaba vivir con él y aún lo deseo. Mientras planchaba la acartonada ropa interior de Willis, que aunque se aireaba a diario no terminaba de secarse nunca, las acusaciones contra ella, no en el interior de su mente, sino en algún lugar ajeno a ésta, prosiguieron sin pausa. Resultaban tanto más tediosas cuanto que todas ellas quedaban reducidas, a efectos prácticos, a una única pregunta: ¿por qué, después de todo lo que se ha dicho en este tribunal, no ha hecho usted aún el menor intento de visitar el número 42 b de Milvain Street? Nenna deseaba replicar que no era por lo que cabía imaginar: por orgullo, por resentimiento, ni siquiera por el peculiar carácter que acababan teniendo las gentes del río y que les hace sentirse perdidos en las calles de Londres. No; es porque ése es mi último recurso. Mientras no lo pierda puedo aferrarme a él cuando lo desee, y ahora aún lo conservo. Si lo pierdo no me quedará nada."

lunes, 26 de noviembre de 2018

LAS CARTAS DEL ENEMIGO. UN RUMOR DE GUERRA, de Philip Caputo

LAS CARTAS DEL ENEMIGO. UN RUMOR DE GUERRA, de Philip Caputo 

"Seguimos avanzando, sin dejar de comprobar, nerviosos, si había trampas de alambre y explosivas. El campamento sólo podía haber albergado a pocos hombres y contenía camas de juncos entretejidos bien tensos, una sobre otra, apiladas como literas. El mosquitero estaba retorcido y desgarrado. Sentí admiración por los vietcongs: exigía mucho entusiasmo vivir en un lugar semejante, donde apenas se veía el sol, el aire era tan espeso que se podía cortar y los mosquitos se elevaban en nubes desde las charcas de agua estancada.
Alrededor del campamento encontramos fragmentos de equipos y muchos documentos. Parecía que el guerrillero —en el supuesto de que hubiera pasado por allí— había buscado apresuradamente algo. Por otro lado, era posible que lo hubiera esparcido todo con el fin de desviar nuestra atención de su búsqueda. Si éste era su propósito, lo había logrado. La jungla parecía aún más espesa adelante y el barranco era oscuro como una cueva. Se evaporó mi espíritu agresivo. No seguiría adelante. Charlie viviría para luchar otro día o, si estaba gravemente herido, se arrastraría a un matorral para morir en él.
Comenzamos a examinar los documentos, entre los que había un gran número de libretas donde habían escrito apretados párrafos y numerados. Parecían órdenes de operaciones, lo que me llevó a preguntarme si no habríamos tropezado con el cuartel general de una pequeña unidad. Estaba a punto de felicitarme a mí mismo por tan valioso e inteligente descubrimiento cuando uno de mis marines exclamó:
—Eh, teniente, mire esto.
Me entregó un pequeño paquete de cartas y fotografías. Una de las fotografías mostraba a los vietcongs con sus uniformes multicolores, en poses heroicas; otra correspondía a uno de los guerrilleros con su familia. También había varios retratos de tamaño cartera que correspondían a amigas o esposas de los vietcongs. Las notas escritas en las esquinas de estas últimas fotografías, probablemente, expresiones de amor y fidelidad; me pregunté si los del otro lado tenían un sistema, como nosotros, para notificar las bajas a los familiares. Abrigué la esperanza de que así fuera. No me gustaba pensar en esas mujeres que soñaban con retornos que nunca se producirían, que aguardaban cartas que nunca llegarían y se preguntarían a qué se debía la falta de noticias, imaginando una docena de razones justificadoras, todas salvo la que más temían, y su temor creciente a medida que cada largo día sin noticias se oscurecía en una noche más larga aún.
Un pequeño grupo de marines se reunió y contempló las cartas y las fotografías. No sé qué sintieron ellos, pero yo estaba embargado de emociones encontradas. Lo que habíamos encontrado otorgaba al enemigo la humanidad que yo deseaba negarle. Resultaba reconfortante comprender que los vietcongs estaban hechos de carne y hueso y que no eran los misteriosos fantasmas que yo había pensado, pero esta misma idea me produjo una perdurable sensación de remordimiento. Aquéllos eran hombres a los que habíamos contribuido a matar, hombres cuyas muertes afligirían a otras personas con sus pérdidas irrevocables. Nadie dijo nada, pero más tarde, de vuelta en el campamento base, el soldado de primera Lockhart expresó lo que seguramente era una emoción colectiva:
—Son jóvenes —me comentó—. Son como nosotros, teniente. Siempre son los jóvenes quienes mueren.
Permanecimos allí unos minutos, tratando de encontrar algún sentido a todo aquello. La compañía sólo había hecho lo que se esperaba que hiciera y lo que le habían enseñado a hacer: había matado al enemigo. Todo lo que habíamos aprendido en el Cuerpo de Infantes de Marina nos indicaba que debíamos sentirnos orgullosos y así nos sentíamos casi todos, pero no comprendíamos por qué se mezclaban con nuestro orgullo sentimientos de piedad y culpa. La respuesta era sencilla, aunque en aquel momento no resultaba evidente para nosotros: pese a su intensidad, nuestro entrenamiento en el Cuerpo de Infantes de Marina no había borrado por entero los años que habíamos pasado en el hogar, en la escuela, en la iglesia, aprendiendo que la vida humana era preciosa y que tomarla estaba mal. Los campos de ejercicios y nuestros dos primeros meses en Vietnam habían embotado, pero no anulado, nuestra sensibilidad. Manteníamos la capacidad de remordimiento y todavía no habíamos alcanzado la etapa de insensibilidad moral y emocional.
O al menos así le ocurría a la mayoría de nosotros. Había excepciones. Como mínimo un marine de la compañía ya había superado la callosidad y pasado al salvajismo..."

EL DIOS DEL BOSQUE. LOS SENDEROS DEL MAR, de María Belmonte

EL DIOS DEL BOSQUE. LOS SENDEROS DEL MAR, de María Belmonte

  "Otra de las emociones que pueden asaltar al viajero cuando se interna en lugares agrestes y solitarios es lo que es los antiguos griegos conocían como terror pánico. Pan era el dios que encarnaba las fuerzas primitivas de la naturaleza,  lo salvaje y lo indómito, lo no sometido a la civilización humana. Se rumoreaba que, aparte de perseguir, ninfas uno de sus entretenimientos favoritos era infundir miedo en los caminantes que transitaban por los espesos e interminables bosques que hace muchos siglos cubrían Europa. Al dios Pan le divertía inquietar a los viajeros produciendo ruidos y rumores en el bosque o mostrando fugazmente su sombra escondido entre los árboles. El caminante comenzaba a sentirse como si fuera perseguido por un animal, se volvía y no eran más que el vaivén del agua en la cantimplora. Oía ruidos de pasos detrás de él y al volverse se daba cuenta de que era el eco de sus propias pisadas. A medida que el miedo crecía en intensidad se convertía en lo que hemos dado en llamar pánico y no remitía hasta que hallaba refugio entre sus congéneres"

domingo, 25 de noviembre de 2018

¿PUEDE JUSTIFICARSE UN ASESINATO?- UN ESPIA ENTRE AMIGOS, de Ben Macintyre

¿PUEDE JUSTIFICARSE UN ASESINATO?- UN ESPIA ENTRE AMIGOS, de Ben Macintyre

"Elliot presencio los festejos con una mezcla de sobrecogimiento y horror desde un apartamento en una sexta planta en Charlottenburger Chausse que pertenecía al general Noel Mason McFarlane, el agregado militar británico en Berlín. El condecorado Mason Mac era un viejo caballero de batalla, un veterano de las trincheras y del Mandato Británico de Mesopotamia. Al general le resultaba imposible ocultar su repugnancia. Desde el balcón del piso se veía claramente el estrado dónde se encontraba Hitler. Susurrando, Mason McFarlane le comento a Elliot que el Fuhrer se encontraba a tiro: "me siento tentado de aprovechar la ocasión", farfullo y agregó que "despachar al desgraciado ese desde aquí sería pan comido". Elliot 'lo animo a que lo intentará'. Mason McFarlane rechazo la idea, aunque más adelante solicito permiso formalmente para asesinar a Hitler desde su balcón. Por desgracia para la humanidad, se lo denegaron"


sábado, 24 de noviembre de 2018

VIDA DE RESISTENTES FRANCESES TRAS LA LIBERACIÓN. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

VIDA DE RESISTENTES FRANCESES TRAS LA LIBERACIÓN. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "La depresión a la que se enfrentaron muchos exmiembros de la Resistencia supuso que las relaciones se forjaban a menudo en hospitales para enfermos mentales en los que pasaron tiempo recuperándose física y psíquicamente tras la guerra. Denise Domenach, que padecía agotamiento físico y mental tras su conmovedora experiencia con el MLN en París, fue enviada a casa, pero sus hermanos se habían marchado: Jean-Marie se había casado y René se había alistado. Fue incapaz de concentrarse en sus estudios. Su médico la envió a Combloux, un sanatorio en los Alpes, donde conoció a un joven yugoslavo, Bernard Lallich, que había participado en una red de inteligencia francesa, había sido torturado por la Gestapo y escapó del convoy de deportados que partió el 15 de agosto de 1944. Los jóvenes que regresaban de los campos de concentración le parecían como «zombis». No lo entendía y durante mucho tiempo no quiso saber. Prefería cantar en el coro organizado por Lallich. «Decidimos afrontar nuestro futuro juntos y volvimos para reanudar nuestros estudios —escribió ella—. Juntos decidimos vivir»."
Denise Domenach

viernes, 23 de noviembre de 2018

LO QUE MUCHOS SE NIEGAN A RECONOCER´LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal

LO QUE MUCHOS SE NIEGAN A RECONOCER. LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal

    "Los códigos criminales de todas las naciones civilizadas conocen la definición de «asesinato». Los juristas que redactaron las leyes tenían en el pensamiento el asesinato de una persona, de dos, de cincuenta o quizá de mil personas. Pero el exterminio sistemático de seis millones de personas rebasa los cálculos de toda ley. Como ocurre con la fuerza explosiva de la bomba H, hay personas que no quieren ni pensar en ella. Eichmann lo comprendía muy bien cuando, en 1944, dijo en Budapest a unos amigos: «Un centenar de muertos es una catástrofe. Cinco millones de muertos es estadística».
Dachau

EL TURISTA DESNUDO, de Lawrence Osborne

    EL TURISTA DESNUDO, de Lawrence Osborne

    "...el problema del viajero actual es que no le quedan destinos. El mundo entero es una instalación turística y el desagradable sabor a simulacro se eterniza en la boca. Busqué por todas partes, pero ningún lugar satisfacía mi necesidad de salir del mundo. Me planteé fugazmente registrarme en un hotel de Hawái y pasarme dos semanas sentado delante del televisor. Quizá un sitio como el Hilton Waikoloa, donde pudiese holgazanear en una playa artificial y desplazarme a la discoteca del hotel en monorraíl. Eso sería más interesante que dedicarme al senderismo en grupos reducidos por la Patagonia, o sobrevolar en funicular la selva tropical de Costa Rica. También podía quedarme en Nueva York y desplazarme en metro hasta la abandonada casa de Edgar Allan Poe en el Bronx. Nadie va allí. Eran posibilidades exóticas, pero no eran muy exóticas… Y yo quería algo exótico de verdad."