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martes, 16 de enero de 2018

EL EVEREST. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza

EL EVEREST. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza 

    "El Everest, el Lhotse y su vecino el Nuptse forman un arco de montañas en forma de herradura que no conoce parangón en el Himalaya. La ruta normal de escalada, descubierta y ascendida a principios de los años cincuenta, requiere en primer lugar someterse al destino para cruzar el laberinto de gigantescos bloques de hielo, llamados seracs, que forman la mítica cascada de hielo. Después hemos de recorrer el «valle del silencio», hasta llegar a la pared del Lhotse, que da acceso al collado sur. Desde este lugar, 900 metros separan de la cima a quien le queden fuerzas."
Everest y Nuptse

JIMMY HENDRIX EN VIETNAM. 33 REVOLUCIONES POR MINUTO, de Dorian Linskey

JIMMY HENDRIX EN VIETNAM. 33 REVOLUCIONES POR MINUTO, de Dorian Lynskey 

    "La primera vez que el corresponsal de guerra Michael Herr escuchó a Hendrix, estaba con varios soldados agazapado en un campo de arroz, refugiándose del fuego enemigo, mientras un cabo negro hacía sonar «Fire» a toda mecha en su grabadora.
    En una guerra en la que la gente hablaba del «Respect» de Aretha Franklin del modo en que otros hablan de la Quinta de Mahler, la cosa iba más allá de la música —escribió—. Eran como sus credenciales… Aquella música significaba mucho para ellos. Y nunca oí que la emitieran en la emisora de las Fuerzas Armadas.
    La verdad es que la AFVN (American Forces Vietnam Network), sí que emitía a Hendrix, mientras que las canciones protesta estaban prohibidas y nadie que pudiera evitarlo escuchaba dicha emisora. Un soldado declaró que «aquí, el auténtico símbolo del estatus norteamericano es la grabadora: es como el coche en Estados Unidos»."



lunes, 15 de enero de 2018

LA BISABUELA ESCLAVA. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

LA BISABUELA ESCLAVA. LADY SINGS THE BLUES, de Billie Holliday

    "No obstante, quien más me gustaba era mi bisabuela, la madre de mi abuelo.
    Me quería de verdad y yo estaba loca por ella. Había sido esclava en una gran plantación de Virginia y solía hablarme de todo eso. Tenía su casa propia, aunque pequeña, en el fondo de la plantación. El señor Charles Fagan —el apuesto y elegante propietario irlandés de la plantación— tenía a su esposa blanca y sus hijos en la casona. Y a mi bisabuela en la casita del fondo. Tuvo dieciséis hijos de él, ahora todos muertos con excepción del abuelo.
    Solíamos hablar de la vida. Ella me contaba lo que se sentía siendo esclava, perteneciendo en cuerpo y alma a un blanco que era el padre de sus hijos. No sabía leer ni escribir, pero conocía la Biblia de memoria, y siempre estaba dispuesta a contarme una historia de las Escrituras.
    Entonces tenía noventa y seis o noventa y siete años y padecía de hidropesía. Yo me ocupaba de ella todos los días a la salida de la escuela. Nadie más le prestaba la menor atención. De vez en cuando le daba un baño. Siempre le envolvía las piernas con trapos limpios y lavaba los malolientes que le cambiaba.
    La bisabuela había pasado diez años durmiendo en una silla. El médico le había dicho que si se acostaba moriría. Pero yo no lo sabía. Un día, después de cambiarle los paños de las piernas y cuando terminó de contarme una historia, me pidió que la dejara tumbarse. Me dijo que estaba cansada. Yo no quería dejarla, pero ella me rogó y me rogó. Daba lástima.
    Por fin extendí una manta en el suelo y la ayudé a estirarse. Luego me pidió que me acostara con ella porque quería contarme otra historia. Yo también estaba fatigada. Aquella mañana me había levantado temprano para fregar escalones. Me tendí a su lado. No recuerdo la historia que me contó porque enseguida me quedé dormida.
    Desperté cuatro o cinco horas más tarde. El brazo de la bisabuela seguía agarrado a mi cuello y no logré moverlo. Lo intenté varias veces y después me asusté. Estaba muerta y empecé a dar voces. Aparecieron corriendo los vecinos. Tuvieron que romper el brazo de la bisabuela para soltarme. Luego me llevaron a un hospital. Permanecí allí un mes, padeciendo lo que según ellos era un shock."

UN CAFÉ DE ESCALADA, de Wolfgang Güllich

WOLFGANG GULLICH y un café

    "Wolfgang Güllich: uno no se toma un café después de escalar, tomarse un café es parte de la escalada."

“…la regla decisiva es la voluntad incondicional de poner en juego todas las fuerzas disponibles, incluso a pesar del dolor o cualquier otra condición que suponga un obstáculo… He vuelto a ver claro que únicamente la actitud y la voluntad de resolver un problema son la medida de todas las cosas…"

domingo, 14 de enero de 2018

STALIN ACABA CON LA FAMILIA TROTSKY. LEÓN TROTSKY, de Joshua Rubenstein

STALIN ACABA CON LA FAMILIA TROTSKY. LEÓN TROTSKY, de Joshua Rubenstein 


    "En el invierno de 1937-1938, Lev empezó a encontrarse mal. Vivía sometido a muchas presiones: de su padre, para que trabajara sin parar; de su vida privada, por una serie de complicaciones; de la continua falta de financiación (en una ocasión se quejó a Trotsky de que, a veces, «ni siquiera tenía dinero para comprar sellos») y de las tensiones políticas generalizadas de la época. En el mes de febrero, sus médicos, quienes sospechaban que tenía apendicitis, le sugirieron que se sometiera a una cirugía abdominal. Ingresó bajo seudónimo en una pequeña clínica privada entre cuyo personal había rusos emigrados. La operación transcurrió con normalidad y Lev parecía recuperarse, pero al cabo de varios días sufría unos dolores espantosos y lo encontraron dando tumbos por los pasillos, profiriendo gritos ininteligibles y expulsando espuma por la boca. Los médicos trataron de ayudarlo, pero murió enseguida. Diego Rivera se enteró de la noticia por la radio y corrió a buscar a Trotsky, que había ido a pasar varios días con unos amigos a otro barrio de las afueras. Cuando Rivera le dio la noticia, Trotsky regresó a toda prisa a Cayoacán para contárselo a su esposa. La muerte de Lev Sedov fue un golpe demoledor. Con sus hijas fallecidas y Sergei encarcelado y presuntamente muerto, ahora todos sus hijos, todos, habían desaparecido (...)
    A mediados de la década de 1950, una confesión parcial del propio Zborowski sirvió de ayuda a los especialistas occidentales para que confirmaran que había sido un agente estalinista quien perfectamente pudo haber dispuesto de los medios para asesinar a Lev o asegurarse de que muriera. Lev había sido el colaborador político más importante de su padre. No cabe duda de que Stalin quería quitarlo de en medio; hay algunas evidencias de que hubo agentes que trataron de secuestrar a Lev para llevarlo a Moscú, donde sería juzgado y condenado. En todo caso, nadie ha podido confirmar con precisión qué le sucedió a Lev Sedov durante aquellos días de febrero de 1938.

    La sed de sangre de Stalin no era fácil de saciar. Como le comentó en una ocasión a un colega, «el mayor placer consiste en escoger al enemigo, prepararlo todo, vengarse meticulosamente y, luego, marcharse a dormir». Además de las dos hijas y los dos hijos de Trotsky, cuya muerte estuvo causada directa o indirectamente por Stalin, hubo un buen número de parientes de Trotsky que fueron encerrados en una prisión o ejecutados: su primera esposa,  un hermano mayor, una hermana menor, una sobrina, tres sobrinos y tres yernos fueron fusilados; hubo otras sobrinas y sobrinos y un nieto que padecieron cárcel y exilio; se desconoce cuál fue el destino de dos nietos suyos (de su hija Nina) y de su nieto (de su hijo Lev). Era como si alguien hubiera reunido el árbol genealógico de Trotsky y, luego, lo hubiera despojado sistemáticamente de todas las hojas. También fueron blanco de ataques otras personas que habían colaborado de cerca con Trotsky. Erwin Wolf había trabajado para él en Noruega; acudió a España en 1936, donde fue asesinado por agentes estalinistas. Rudolf Klement, un emigrado alemán que había sido secretario de Trotsky en Francia y, después, secretario de la Cuarta Internacional, fue secuestrado y asesinado en París en el verano de 1938; encontraron su cuerpo mutilado en el Sena."
Trotsky y su familia en Taxco, Mexico

NUANNAARPOOOOOOOOQ. LOS SENDEROS DEL MAR, de María Belmonte

NUANNAARPOOOOOOOOQ. LOS SENDEROS DEL MAR, de María Belmonte 

"Cayeron algunas gotas. La lluvia parecía inminente. Mire a lo lejos, al horizonte. El mar seguía latiendo, como un enorme animal tranquilo. En el cielo se abrió un pequeño claro y unos rayos de sol iluminaron levemente su superficie. Durante mi viaje también había coleccionado palabras, nombres de olas, de playas, de rocas, de animales y de plantas... Pero, en aquel momento, recordé una que me había parecido muy especial. La había aprendido en el extraordinario libro de Barry López 'Sueños articos' y desde entonces la llevo conmigo apuntada en una libreta, aunque ya he conseguido aprendermela de memoria. Se trata de la palabra nuannaarpoq, que los inuit utilizan para expresar el asombro y la alegría por el hecho de estar vivo, y no tengo noticia de que tenga un equivalente en ningún otro idioma. Cerré los ojos y repetir mentalmente nuannaarpoq  varias veces. Los volví a abrir. Había empezado a llover con fuerza. Mientras me alejaba para guarecerme en el coche, todo mi alrededor me pareció profundamente extraño y hermoso. Nuannaarpooooooooq"
hondarribi, donosti: la autora durante el viaje

sábado, 13 de enero de 2018

ORIGEN DEL NAFTA. HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA, de Bill Bryson

ORIGEN DEL NAFTA. HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA, de Bill Bryson 

   "...apareció otro héroe inesperado: un joven brillante llamado George Bissell, que acababa de dimitir de su puesto como inspector escolar en Nueva Orleans después de una breve pero distinguida carrera en la enseñanza pública. En 1853, durante una visita a Hanover (New Hampshire), su ciudad natal, Bissell fue a visitar a un profesor de la universidad donde cursó sus estudios, el Dartmouth College, y allí se fijó en una botella de nafta mineral que dicho profesor guardaba en una estantería de su despacho. El profesor le explicó que la nafta mineral —lo que hoy llamaríamos petróleo— rezumaba a la superficie en el oeste de Pennsylvania. Y que si empapabas un trapo con ella, el trapo se encendía, pero que nadie le había encontrado al producto ningún uso excepto como ingrediente en patentes de fármacos. Bissell llevó a cabo algunos experimentos con la nafta mineral y vio que, de poder extraerse a escala industrial, podía convertirse en un excelente producto para iluminar. Fundó una empresa a la que puso por nombre Pennsylvania Rock Oil Company y arrendó tierras a orillas de un perezoso acuífero llamado Oil Creek, cerca de Titusville, en el oeste de Pennsylvania. La novedosa idea de Bissell consistía en perforar en busca de petróleo, igual que se perforaría para buscar agua. Hasta el momento, lo único que se había hecho era excavar. Para ponerlo todo en marcha, envió a Titusville a un hombre llamado Edwin Drake —que en los libros de historia aparece mencionado siempre como «coronel» Edwin Drake— con instrucciones para iniciar las perforaciones. Drake ni tenía experiencia en perforaciones, ni era coronel. Había trabajado como revisor en los ferrocarriles, puesto que se había visto obligado a abandonar por cuestiones de salud. La única ventaja que presentaba para empresa era que seguía disfrutando de un pase de ferrocarril que le permitía viajar gratis hasta Pennsylvania. Para realzar su categoría, Bissell y sus socios le enviaban la correspondencia a Drake dirigiéndola al «Coronel E. L. Drake». Con un colchón de dinero prestado, Drake reunió a un equipo de perforadores para que empezara a buscar petróleo. Y aunque los perforadores pensaban que Drake era un loco simpático, aceptaron gustosos el trabajo y empezaron a perforar siguiendo sus instrucciones. El proyecto se tropezó casi de entrada con dificultades técnicas. Pero, para el asombro de todos, Drake demostró un inesperado talento natural para solventar los problemas mecánicos y consiguió sacar el proyecto adelante. Estuvieron perforando durante más de año y medio sin que apareciera petróleo. En verano de 1859, Bissell y sus socios se habían quedado sin fondos. A regañadientes, enviaron una carta a Drake ordenándole que diera por terminada la operación. Pero antes de que la carta llegara a su destino, el 27 de agosto de 1859, a solo veintiún metros de profundidad, Drake y sus hombres dieron con el petróleo. No fue el elevado surtidor que tradicionalmente asociamos con los yacimientos de petróleo —aquel petróleo tuvo que ser laboriosamente bombeado hasta la superficie—, pero producía un volumen continuo de un líquido espeso, viscoso y azul verdoso.
Aunque en su momento nadie lo valoró, ni mucho menos, acababan de cambiar el mundo por completo y para siempre. El primer problema para la compañía fue dónde almacenar el petróleo que estaban produciendo. En el lugar del yacimiento no había barriles suficientes, por lo que durante las primeras semanas almacenaron el petróleo en bañeras, aljofainas, cubos y cualquier recipiente que encontraron. Al final, empezaron a construir barriles concebidos expresamente para este fin con una capacidad de 42 galones, el equivalente a 159 litros, el barril que sigue siendo hoy en día la medida estándar del petróleo. Luego estaba la cuestión incluso más apremiante de explotarlo a nivel comercial. En su estado natural, el petróleo no era más que una sustancia viscosa y repugnante. Bissell comenzó a trabajar en su destilación para convertirlo en algo de mayor pureza. Y con ello descubrió que, una vez purificado, no solo era un lubricante excelente, sino que como efecto colateral generaba cantidades muy importantes de gasolina y queroseno. La gasolina no servía para nada —era excesivamente volátil— y por ello se desechaba, pero el queroseno proporcionaba una luz muy brillante, tal y como Bissell esperaba, y a un coste muy inferior al producto derivado del carbón de Gesner. Por fin el mundo tenía un producto para iluminar barato capaz de rivalizar con el aceite de ballena. En cuanto otra gente vio lo fácil que era extraer petróleo y convertirlo en queroseno, se inició un importante movimiento de colonos. Cientos de torres de perforación abarrotaron muy pronto el paisaje en torno a Oil Creek. «En tres meses —apunta John McPhee en In Suspect Terrain —, la que en su día fuera bautizada cariñosamente como Pithole City pasó de tener una población cero a disfrutar de quince mil habitantes, y nacieron muchas otras ciudades en la región: Oil City, Petroleum Center, Red Hot (...)
   El año del descubrimiento de Drake, Estados Unidos produjo dos mil barriles de petróleo; en cuestión de diez años eran más de cuatro millones, y sesenta millones cuarenta años después. Por desgracia, Bissell, Drake y los demás inversores de la compañía (rebautizada posteriormente como Seneca Oil Company) no prosperaron hasta el nivel que pretendían. Otros pozos producían volúmenes muy superiores —uno de ellos, llamado Pool Well, bombeaba hasta tres mil barriles diarios— y la cifra de pozos llegó a generar tal abundancia de producto en el mercado que el precio del petróleo se derrumbó de manera catastrófica, pasando de los 10 dólares el barril que costaba en enero de 1861 hasta solo 10 céntimos el barril al final de aquel mismo año. Era una buena noticia para consumidores y ballenas, pero no tan buena para los petroleros. Cuando el boom amainó, los precios de la tierra cayeron también en picado. En 1878, una parcela se vendía en Pithole City por 4,37 dólares. Trece años antes se habrían pagado por ella 2 millones de dólares. Mientras otros fracasaban e intentaban desesperadamente salir del negocio del petróleo, una pequeña empresa de Cleveland llamada Clarck and Rockefeller, que trataba con cerdos y otros productos ganaderos, decidió entrar en él. Empezó comprando concesiones que se habían ido a pique. En 1877, menos de veinte años después del descubrimiento del petróleo en Pennsylvania, Clarck había desaparecido de escena y John D. Rockefeller controlaba cerca del 90 % del negocio del petróleo de Estados Unidos. El petróleo no solo proporcionaba la materia prima para un tipo de iluminación muy lucrativo, sino que además respondía a la desesperada necesidad de lubricante de todos los motores y máquinas de la nueva era industrial. El monopolio virtual de Rockefeller le permitió mantener precios estables y hacerse increíblemente rico con ello. A finales de siglo, su fortuna personal aumentaba al ritmo de 1.000 millones de dólares anuales, calculado en dinero actual… y en una época donde el impuesto sobre la renta no existía. Ningún ser humano ha sido tan rico en tiempos modernos. Bissell y sus socios corrieron distintas suertes, y a un nivel mucho más modesto. La Seneca Oil Company ganó dinero durante una temporada, pero en 1864, solo cinco años después de la exitosa perforación de Drake, no pudo seguir compitiendo y abandonó el negocio. Drake dilapidó el dinero que había ganado y murió poco después, sin un céntimo e impedido por las neuralgias. Bissell salió mucho mejor parado. Invirtió sus ganancias en un banco y otros negocios, y reunió una pequeña fortuna, la suficiente como para construir en Dartmouth un precioso gimnasio, que sigue todavía en pie."

El oeste de Pensilvania durante la "fiebre del oro negro"

LOUIS ARMSTRONG

33 REVOLUCIONES POR MINUTO, de Dorian Lynskey

"Durante los enfrentamientos por la inscripción electoral de Little Rock en 1957, el habitualmente dócil Louis Armstrong desató la polémica, asqueado, al cancelar una gira por la Unión Soviética promovida por el Departamento de Estado: «Por el modo en que tratan a mi gente en el Sur, el gobierno se puede ir al infierno —declaró ante un periodista atónito—. La gente de allí me pregunta qué demonios está pasando con mi país. ¿Qué se supone que debo decir?»."

viernes, 12 de enero de 2018

SOBREVIVIR AL K2. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza

SOBREVIVIR AL K2. BAJO LOS CIELOS DE ASIA, de Iñaki Ochoa de Olza 

    "Los amigos, la gente, se mueren y ya está. Es simple. Mi propia muerte me la imaginé en el K2. Y si no sucedió no sé bien por qué fue.
    Sin siquiera sospecharlo, esa montaña gigantesca se había instalado firmemente en mi ser. Era ya parte de mi código genético. En los meses anteriores, durante la enfermedad de mi madre, había intuido que la muerte es lo que da sentido a la vida. Y en el salvaje K2 nos había visitado vestida de gala, nunca bienvenida. Entendí entonces que una, la vida, no existe sin la otra, la muerte. Parece sencillo, pero no lo es. Quizá por eso no lo enseñan en la escuela donde, por cierto, sólo se aprenden cosas que parecen complejas e importantes pero no lo son.
    Sólo encontré una manera, nada racional por fortuna, de seguir adelante y no abandonar la vida de las montañas; tirar todo recto y dejar que el camino se revelara por si mismo. No tenía por qué ser tan difícil y además podía aprender de los grandes maestros.
    Dijo el Buda, que debía saber lo suyo, que la felicidad no es algo que esté al final del camino, ni hay un camino hacia ella. Al contrario, la felicidad misma es el camino. Puede pasar. Bob Dylan, algo más flaco pero al menos tan sabio como aquél, dijo por su parte: «¿Feliz?, cualquiera puede ser feliz. ¿Cuál es la finalidad?». Mejor todavía. Y mi amiga Myriam García Pascual, que escuchaba más a Rosendo, escribió en cierta ocasión: «…vivir, que me interesa más que ser feliz». Insuperable.
   Así que una vez que curé mis heridas físicas y entendí que el asunto de la felicidad es puritita patraña para telenovelas, pasé a dedicarme a lo que realmente importa: escalar o, en su defecto, lo que se me vaya poniendo por delante."
K2 desde Concordia

LA TRAICIÓN CONTRA LA PRIMERA MINISTRA. LOS AÑOS DE DOWNING STREET, de Margaret Thatcher

LA TRAICIÓN CONTRA LA PRIMERA MINISTRA. LOS AÑOS DE DOWNING STREET, de Margaret Thatcher 

    "Me sentía descorazonada. Podría haberme resistido ante mis oponentes y mis rivales en potencia, e incluso haberles respetado por el hecho de serlo; pero lo que me dolía era la huida de aquellos a quienes siempre había considerado como amigos y aliados, y las palabras equívocas con las que habían intentado transformar su traición en consejos sinceros y preocupación por mi suerte. Dicté una breve declaración de dimisión para su lectura durante la reunión del Consejo del día siguiente. Sin embargo, dije que volvería al Número 10 para hablar con Denis antes de tomar mi decisión final."