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jueves, 9 de noviembre de 2017

ESPAÑA PREVIA A LA GUERRA CIVIL. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg

ESPAÑA PREVIA A LA GUERRA CIVIL. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg 

    "Vi subido a la tribuna a Rafael Alberti. No se parecía en absoluto a Maiakovski, tenía el aspecto de un delicado soñador. Hasta hacía poco había escrito versos líricos. Por aquel entonces recitaba un romancero de la actualidad; los versos irrumpían en la multitud como el viento contra las copas de los árboles, y la gente, emocionada, inundaba las calles. Los jóvenes socialistas llevaban camisas de tela roja; los jóvenes comunistas, camisas azules con la corbata roja. Los curas volvían la cabeza; las viejas, horrorizadas, se santiguaban; los burgueses, presos del terror, miraban a su alrededor; los fascistas disparaban desde las ventanas. El sol deslumbrante había dado paso a nubarrones pesados y lilas.
    Era, aquélla, una primavera insólita en España: casi cada día caían ruidosos aguaceros, y la tierra arcillosa de Castilla cegaba con su verdor. ¡Dios mío, cuántas alegres proclamas oí, cuántos proyectos notables, cuántos juramentos e imprecaciones! Recuerdo que durante un mitin obrero en la villa asturiana de Mieres, un viejo minero de rostro alargado, manteniendo en alto su lámpara minera, decía: «Tres mil compañeros han muerto para que no hubiese más fascistas. Y no los habrá. Estaremos nosotros. ¡Y nadie más, sólo nosotros, españoles!».
    En Oviedo vi las ruinas de la universidad. La gente decía, como el viejo minero: «¡No, eso no se repetirá nunca más!».
    En el pueblo de Sama, Fernando Rodríguez me acompañó a la Casa del Pueblo, donde en 1934 los represores habían torturado y ejecutado a los sublevados. En las paredes se distinguían manchas de sangre descolorida, los nombres de los fusilados escritos con las uñas. Fernando Rodríguez relataba: «A mí me colgaron de las manos y me tiraban de los pies…, a eso lo llamaban “el avión”. Me vertían agua hirviendo sobre el vientre, luego agua helada. Me pinchaban… Pese a todo, no dije dónde habíamos escondido las armas».
(...)
    El periódico monárquico ABC exigía abiertamente la intervención extranjera: «Hitler ha dicho que no lo permitirá. […] Europa no quiere vivir bajo las tenazas bolcheviques». Este mismo periódico organizó una colecta. Transcribí algunas líneas: «Un admirador de Hitler: 1 peseta. Por Dios y por España: 10 pesetas. ¡Despierta, España!: 5 pesetas. Un nacionalsindicalista: 10 pesetas. Un partidario de Falange: 5 pesetas».
(...)
    Las Cortes aprobaron un proyecto de ley en virtud del cual los generales que se levantaran contra el gobierno perderían la pensión de jubilación. Los militares sonreían con desdén: el Frente Popular no duraría mucho. Los generales Sanjurjo, Franco y Mola no ocultaban sus planes. Sanjurjo decía: «Sólo una operación quirúrgica puede salvar a España». Los curas y los monjes incitaban a la lucha por Dios y por el orden social. En las paredes alguien escribía con tiza: «¡Despierta, España!». Los gobernantes de antes se paseaban con total tranquilidad por las calles de Madrid. Una vez vi a Gil-Robles tomando un café con leche en la terraza de un local. Durante su permanencia en el poder, doscientos mil fascistas obtuvieron la licencia de armas y nadie había intentado quitárselas.
    Hablé con los socialistas, con el presidente de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys, preso en la cárcel hasta la victoria del Frente Popular. Todos entendían el peligro de la situación, pero decían que su deber era mantenerse fieles a la Constitución: era imposible restringir la libertad.
    Lo que infundía temor no era el robusto caballero, de aspecto pulcro y de nombre Gil-Robles, ni los artículos de los periódicos fascistas, ni siquiera los sermones de los clérigos exaltados. Lo que daba miedo era que los campesinos mostraban con aire entusiasmado sus viejas escopetas de caza y los obreros desarmados levantaban el puño. Los falangistas, en cambio, disparaban. En las iglesias a veces se encontraban «casualmente» ametralladoras. La policía, la Guardia Civil y el ejército contemplaban los artículos de la Constitución con mucha menos reverencia que el flamante ministro de la Gobernación de España, Casares Quiroga, que el socialista Indalecio Prieto o que el impetuoso Lluís Companys."

EL CANAL DE ERIE. EN CASA, UNA BREVE HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA, de Bill Bryson

EL CANAL DE ERIE. EN CASA, UNA BREVE HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA, de Bill Bryson 

    "Pero en 1810, De Witt Clinton, por aquel entonces alcalde de la ciudad de Nueva York y muy pronto gobernador del estado homónimo, tuvo una idea que muchos consideraron una locura pero que fue ciertamente ilusoria. Propuso la construcción de un canal que cruzara el estado hasta el lago Erie y conectara de este modo la ciudad de Nueva York con los Grandes Lagos y las ricas tierras de cultivo que se extendían más allá. La gente lo llamaba «la locura de Clinton», y no es de extrañar. El canal tendría que cavarse a base de pico y pala, hasta alcanzar una profundidad de doce metros, a lo largo de seiscientos kilómetros de páramo. Se necesitarían ochenta y tres esclusas, cada una de ellas de 27,5 metros de longitud, para solventar los cambios de elevación. A lo largo de algunos tramos, el desnivel no sería como media de más de un par de centímetros por kilómetro. En ningún lugar del mundo civilizado se había intentado jamás construir un canal con este nivel de desafío, y mucho menos en plena naturaleza. Y ese era el tema. Estados Unidos no tenía ni un solo ingeniero de origen nativo que hubiera trabajado en su vida en un canal. Thomas Jefferson, que normalmente veneraba la ambición, lo consideró una idea demencial. «Es un proyecto espléndido, y tal vez pueda construirse de aquí a un siglo —reconoció después de revisar los planos, aunque enseguida añadió—: Pensar en esto hoy en día linda con la locura.» El presidente James Madison se negó a conceder ayuda federal, en gran parte motivado por el deseo de mantener el centro de gravedad comercial más al sur y alejado de aquel baluarte unionista. De modo que a Nueva York no le quedó otra alternativa que apañárselas sin nadie u olvidarse del proyecto. A pesar del coste, los riesgos y la prácticamente total ausencia de las aptitudes necesarias, decidió subvencionarse a sí misma el proyecto. Se designaron cuatro hombres para llevarlo a cabo: Charles Broadhead, James Geddes, Nathan Roberts y Benjamin Wright. Tres de ellos eran jueces; el cuarto era maestro de escuela. Ninguno había visto jamás un canal, y mucho menos intentado construirlo. Lo único que tenían en común era cierta experiencia en prospecciones. Pero con la ayuda de lecturas, consultas e inspirada experimentación, lograron diseñar y supervisar el mayor proyecto de ingeniería que el Nuevo Mundo hubiera visto jamás. Se convirtieron en los primeros hombres de la historia en aprender a construir un canal construyendo un canal. Desde el principio quedó claro el problema que amenazaba la viabilidad de la iniciativa: la falta de cemento hidráulico. Para que el canal fuera estanco se necesitaban medio millón de fanegas de cemento hidráulico (una fanega equivale a 35 litros, por lo que 500.000 fanegas son muchos litros). En el caso de que el agua se filtrara por alguna sección, sería un desastre para la totalidad del canal, razón por la cual era un problema de urgente solución. Por desgracia, nadie sabía cómo superarlo. Un joven empleado del canal llamado Canvass White se presentó como voluntario para viajar a Inglaterra costeándose él mismo los gastos para ver qué podía aprender allí. Durante casi un año, White se desplazó por todo lo ancho y largo de Gran Bretaña —3.300 kilómetros realizó en total— estudiando canales y aprendiendo cómo estaban construidos y cómo se mantenían ensamblados, prestando especial atención a su estanqueidad. Por casualidad, resultó que el cemento Parker Roman, que como ya hemos visto desempeñó un destacado papel en el derrumbamiento de Fonthill Abbey, de William Beckford, debido a su falta de fuerza como material para la construcción de edificios, funcionaba inesperadamente bien como cemento hidráulico, donde se utilizaba a modo de mortero resistente al agua. Por desgracia su inventor, el reverendo Parker, de Gravesend, no se hizo rico con esto pues vendió la patente al año de su invención y después, casi irónicamente, emigró a América, donde murió al cabo de poco tiempo. Su cemento, sin embargo, funcionó a las mil maravillas hasta que quedó desfasado, a partir de 1820, con la aparición de variedades superiores, pero sirvió para darle a Canvass White la esperanza de imaginar la posibilidad de obtener algo similar con materiales norteamericanos. De vuelta a casa, y armado con ciertos conocimientos sobre los principios científicos de la adhesión, White experimentó con diversos ingredientes nativos y enseguida formuló un compuesto que funcionaba incluso mejor que el cemento de Parker. Fue un gran momento para la historia tecnológica de Estados Unidos —de hecho, podría decirse que fue el principio de la historia tecnológica de Estados Unidos—, por el que White habría merecido hacerse rico y famoso. Pero no sucedió ninguna de esas dos cosas. Las patentes de White le daban derecho a un royalty de 4 céntimos por fanega vendida —una suma bastante ridícula—, pero los fabricantes se negaron a compartir con él sus beneficios. Presentó diversas reclamaciones en los tribunales, pero no consiguió ni un solo fallo a su favor. El resultado fue un largo descenso hacia la penuria. Y los fabricantes se hicieron ricos produciendo lo que se convirtió en el mejor cemento hidráulico del mundo. Gracias en gran parte a la inventiva de White, el canal se inauguró pronto, en 1825, después de tan solo ocho años de obras. Fue un triunfo de entrada. Lo utilizaron tantas embarcaciones —trece mil en su primer año—, que de noche sus luces parecían enjambres de luciérnagas sobre el agua, según un embelesado testigo. Gracias al canal, el coste de enviar una tonelada de harina de Buffalo a la ciudad de Nueva York cayó de 120 dólares la tonelada a solamente 6 dólares, y el tiempo de transporte pasó de tres semanas a una. Las consecuencias sobre la fortuna de Nueva York fueron espectaculares. Su porcentaje en el total de exportaciones nacionales pasó de menos del 10 % en 1800 a más del 60 % a mediados de siglo; y durante ese mismo periodo, de forma más sorprendente si cabe, su población pasó de diez mil habitantes a más de medio millón. Seguramente ningún producto manufacturado de la historia ha hecho más para cambiar el destino de una ciudad que el cemento hidráulico de Canvass White, y con toda seguridad, ninguno ha caído más en el olvido. El canal de Erie no solo garantizó la primacía económica de Nueva York en Estados Unidos, sino que, muy posiblemente, de Estados Unidos en el mundo. Sin el canal de Erie, Canadá habría quedado posicionado de un modo ideal para convertirse en el motor de Norteamérica, con el río San Lorenzo como conducto hacia los Grandes Lagos y las ricas tierras que se extienden más allá de ellos. El gran, y no debidamente reconocido, Canvass White no solo hizo rica a la ciudad de Nueva York, sino que además ayudó de una forma inmensa a Estados Unidos. En 1834, agotado por sus batallas legales y enfermo de una dolencia grave pero no concretada —seguramente tisis—, viajó a St. Augustine, Florida, con la esperanza de recuperarse, pero falleció poco después de su llegada. La historia lo había olvidado ya y era tan pobre que su esposa apenas pudo permitirse pagarle el entierro. Y esta es, con toda probabilidad, la última vez que oirá usted hablar de él."



miércoles, 8 de noviembre de 2017

EL BURDEL DE BENGHAZI. AL OESTE CON LA NOCHE, de Beryl Markham

EL BURDEL DE BENGHAZI. AL OESTE CON LA NOCHE, de Beryl Markham 

    "Blix prefirió hablar de la dueña del burdel. Con la paciencia de un novelista esperanzado intercambiando un holandés deformado había conseguido sacar de ella una especie de sinopsis de su vida. Era una vida que más valía dejarla en sinopsis, demasiado sórdida y demasiado miserable incluso para permitirse el lujo de hacer un romance.
    A la edad de seis o siete años la robaron de las manos de sus padres y la llevaron a África en barco. Recordaba que el barco era blanco por fuera y que se había mareado durante el viaje, pero no podía recordar nada más. A veces le pegaban, pero no demasiado. No había tenido momentos grandiosos y memorables de terror o sufrimiento, ni tampoco interludios especiales de felicidad como para recordar. Nada estaba muy claro, le había dicho a Blix. No sentía rencor por nada, pero últimamente el pensamiento del primer período cuyas fechas y lugares no recordaba bien había empezado a preocuparle mucho.
   -Tenía unos dieciséis años -dijo Blix- antes de saber que la habían vendido a la prostitución. Algo he leído sobre la trata de blancas, pero jamás supuse que iba a encontrarme con una víctima de ella. Ni siquiera sabía que era trata de blancas hasta que alguien se lo dijo; sólo creía que la vida era así.
   -¿Qué piensa ahora?
   -Quiere salir de aquí, pero no tiene dinero. Quiere volver al país donde nació. Cree que podría ser Holanda, pero no lo sabe. Dice que tiene árboles con fruta y que a veces refrescaba. Es todo lo que sabe. Creo que se ha vuelto imbécil intentando recordar más. Es espantoso que eso le pase a alguien; es como despertarse y no saber dónde has pasado la noche anterior, sólo que peor. ¡Imagínate no saber dónde has nacido!
   -¿Cuál era su idioma original?
   -Eso también es un misterio -dijo Blix-. Aprendió el holandés con un marino holandés y algo de árabe, italiano y otros ligeros conocimientos en uno y otro burdel. Lo mezcla todo.
   -Bueno, es muy triste, pero no puedes hacer nada al respecto.
   -Puedo hacer un poco. Voy a darle algo de dinero.
   Mientras permanecíamos en El Cairo a Blix le habían robado doscientas libras esterlinas en una barbería. Era casi todo lo que había ahorrado de su último safari. Calculé que le quedaban unas cincuenta, pero sabía que era un filántropo incorregible. Imagino que cualquier hombre que intentara timar a Blix un chelín arriesgaría su vida, pero si el mismo hombre le pidiera un chelín, sin duda recibiría veinte.
   -Es tu dinero y tus buenos sentimientos -dije-, pero ¿cómo sabes que dice la verdad?
    Blix se levantó y se encogió de hombros.
   -Cuando te pisotean hasta el fondo del pozo como la han pisoteado a ella, no estás obligado a decir la verdad, pero creo que me ha dicho parte. De todas formas no esperes oír la verdad bíblica por unas cuantas libras.
   Subimos e intentamos dormir un poco. Retiré el colchón de la cama y me estiré encima de los muelles, totalmente vestida. Al cabo de unos diez minutos oí los ronquidos de Blix con magnífica resonancia, pues se había tumbado en el suelo de su habitación, encontrándolo tan cómodo, yo lo sabía, como la tierra de la jungla que durante años había sido su cama.
   No sé cuándo ni cómo le entregó a la mujer su contribución a la cruzada contra la opresión de este mundo; quizá ya lo había hecho cuando me anunció sus intenciones. Por lo menos, cuando nos preparábamos para salir de la lastimosa y triste casa de infamia a las cuatro y media de la mañana, nuestra mesonera estaba levantada y danzando en la cocina.
   No puedo decir que su rostro estuviera iluminado por una nueva esperanza o que sus ojos brillaran con una luz más sugerente. Estaba pálida, desaliñada y todo lo abandonada que podía estar una mujer. Pero preparó una tetera y retiró las omnipresentes cucarachas de la mesa con un gesto indignado. Y después de bebernos el té, cruzar el patio y subir la calle que todavía estaba casi a oscuras, la dueña del burdel permaneció largo rato ante su burdel con la vela encendida que lloraba sebo sobre sus manos. Fue la única luz que pudimos ver en cualquier lugar del jardín de los Dioses."

LA RELIGION DE UN CAMPO DE PETROLEO. rUMBO A LA GLORIA, de Woody Guthrie

LA RELIGION DE UN CAMPO DE PETROLEO. RUMBO A LA GLORIA, de Woody Guthrie

    "La religión de un campo de petroleo, decían los hombres, era hacer caja y fundírtela rápido antes de acabar tú en una"

martes, 7 de noviembre de 2017

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg 

    "Las reticencias, los gazapos, las equivocaciones me impedían comprender el significado del texto. Observaba muchas cosas monstruosas, veía la maldad y la ignorancia, pero no veía lo esencial. Se estaba haciendo realidad aquello con lo que había soñado de adolescente, aquello que imaginaba en las celdas de las cárceles. La vida nunca se parece a los sueños. Las adivinadoras hablan de la «línea de la vida». Esa línea en realidad existe no en la palma de la mano, sino en el destino del hombre: cuanto antes se vea y se tome conciencia de ella, más fácil resultará superar las dudas. Esta línea se compone no sólo de ideas elevadas, sino también de acontecimientos reales; no sólo de atracciones, sino también de repulsiones; no sólo de sentimientos apasionados, sino también de reflexiones. Lo último que quiero decir con esto es que, según una definición común, el fin justifica los medios; sé demasiado bien que los medios pueden modificar cualquier fin. Pienso sólo en la fidelidad de un hombre, de un pueblo y de un siglo a la línea de la vida. Más tarde, al igual que todos mis contemporáneos, tuve que hacer frente a no pocas pruebas; estaba preparado. A los cuarenta y seis años la línea de la vida me resultaba mucho más clara que a los veintiséis… Sabía que es necesario aprender a vivir apretando los dientes, que es imposible abordar los acontecimientos como si se corrigiera un dictado, subrayando las faltas, que el camino del futuro no es una carretera bien asfaltada. Como dijo el poeta Tvardovski, «aquí nada hay que quitar, nada hay que añadir»; en la historia, al igual que en la vida de un individuo, hay muchas páginas amargas, no todo se desarrolla como uno quisiera… Ahora para todo el mundo resulta clara la proeza que realizó nuestro pueblo en un país mísero, tenebroso y hambriento, cuando en otoño de 1917 echó a andar por un camino nuevo, nunca antes transitado. Pero entonces no sólo yo, sino tampoco muchos escritores de la vieja generación, e incluso mis coetáneos, no comprendíamos la dimensión de los acontecimientos. Sin embargo fue entonces cuando un joven poeta de Petrogrado a quien consideraban poeta de salón, pseudoclásico, alejado de la vida, enclenque y suspicaz, Ósip Mandelstam, escribió unos versos maravillosos: «Y bien, probemos: un enorme, torpe | y chirriante golpe de timón. | La tierra flota. ¡Ánimo, hombres! | ¡El océano se abrirá como un arado! | Y hasta en el frío del Leteo recordaremos | que diez cielos nos costó la tierra»."

TRABAJOS FORZADOS. UN GUARDIA CIVIL EN LA SELVA, de Gustau Nerin


TRABAJOS FORZADOS. UN GUARDIA CIVIL EN LA SELVA, de Gustau Nerin


    Así fue como llegó a la selva la denominada «prestación», que oficialmente ya estaba en vigor en toda Guinea. No era más que una variante de los trabajos forzados. Los colonizadores argumentaban que, en la colonia, todo el mundo tenía que contribuir a las obras públicas, porque revertían en beneficio de todos. Cuando el Gobierno colonial necesitaba mano de obra, obligaba a los líderes locales a entregar un número determinado de hombres. Pero los fang se planteaban el tema de forma muy distinta, ya que consideraban que las obras públicas se realizaban para provecho exclusivo de los colonizadores y de sus negocios. Y, pese a ser los principales beneficiarios de los trabajos colectivos, los blancos no estaban dispuestos a asumir dichas tareas. Varias disposiciones legales garantizaban que los blancos no llevasen a cabo trabajos que requirieran esfuerzo físico en la colonia; se consideraba que el prestigio de la «raza» correría peligro si los negros vieran a los blancos realizando labores manuales. Los guineanos que fueron obligados a participar sin paga alguna en las obras públicas veían con escepticismo la situación. En una reciente entrevista, uno de aquellos guineanos me reprochaba el comportamiento abusivo de los españoles durante la colonización: «Blanco tiene dinero, blanco tiene la fuerza. Pero blanco no hace nada…».
(...)

    Resistirse a las prestaciones era algo prácticamente imposible para los fang. Ayala, cuando necesitaba trabajadores, enviaba una notificación a los jefes de los poblados para que enviasen a unos cuantos «voluntarios» que se dedicaran a las tareas colectivas. Si no llegaban, el teniente ordenaba a los guardias coloniales que fuesen a buscarlos. Por medio de las armas, los áscaris obligaban a algunos jóvenes del lugar a ir al destacamento. Si los hombres habían huido al bosque (algo relativamente frecuente), se llevaban a algunas de las mujeres del pueblo al puesto como rehenes para obligar a los fugitivos a personarse ante Ayala. Y si encontraban el poblado totalmente vacío, robaban cuanto querían, destruían las casas y talaban los árboles.
    Cualquier resistencia a la autoridad se castigaba de forma contundente. Algunos fang del este del Muni, por haber rechazado las prestaciones, fueron ejecutados. En una encuesta oficial, un testimonio aseguró que Ayala había ordenado el fusilamiento de treinta personas que se habían negado taxativamente a participar en las prestaciones. En 1925, un guardia llegó a un poblado de la zona de Ebibeyín y exigió braceros para la construcción de un puente. Los habitantes de la aldea le desarmaron, le ataron y le devolvieron al destacamento. Antes de soltarle, el jefe le formuló una seria advertencia: «En este pueblo no quiero ver guardia ninguno, y nosotros no trabajamos ni en el puente ni en los caminos». El áscari volvió del puesto junto a varios compañeros, y arrestaron al jefe y a unos cuantos hombres del pueblo. Los militares les dieron una paliza brutal. Luego los sometieron a juicio. Se les condenó a cuatro años de trabajos forzados en las plantaciones de Fernando Poo («Marfil», como denominaban los fang a la isla).
(...)

    Pero las condiciones laborales de la isla no eran, ni por asomo, atractivas para los fang. En primer lugar, había que firmar un contrato para un período de dos años y era imposible echarse atrás durante su vigencia (la Guardia Colonial detenía a los «vagabundos» que escapaban de las plantaciones y no dejaba que embarcaran hacia el Muni). Por si fuera poco, los sueldos en las fincas de cacao eran muy bajos. Para garantizar que los braceros volviesen a su pueblo con algunos ahorros, sólo recibían parte de su salario cada mes; el resto lo cobraban al finalizar el contrato, a fin de que comprasen productos y se los llevaran a su pueblo.
    Un médico colonial definió Fernando Poo como un «inmenso cementerio que anualmente se traga más de la veinteava parte de los braceros que acuden allí». En las plantaciones la alimentación era escasa, y el trato pésimo. Un catalán que estuvo en la colonia por aquel entonces contaba que, cuando llegó, los plantadores veteranos le instruyeron acerca del trato que debía dispensar a los negros: «Para que obedezcan, para que trabajen, para que rindan, no hay más que un recurso: el látigo. Argumentar, explicar, razonar es inútil». Según reconocía el propio gobernador, en las fincas se trabajaba durante unas 54 horas semanales..."



lunes, 6 de noviembre de 2017

VIVIR EMOCIONES. EL PERIODISTA DEPORTIVO, de Richard Ford

VIVIR EMOCIONES. EL PERIODISTA DEPORTIVO, de Richard Ford 

    "Cuando vives plenamente tus emociones, cuando son lo bastante simples y atractivas como para disfrutarlas y se acorta la distancia entre lo que sientes y lo que también podrías sentir, entonces puedes confiar en tus instintos. Es la diferencia que hay entre un hombre que deja su trabajo para convertirse en guía de pesca en el lago Big Trout, y que un día, mientras rema hacia el muelle al atardecer, deja de remar para contemplar la puesta de sol y se da cuenta de lo mucho que desea ser guía en ese lago; y otro hombre que ha tomado la misma decisión, deja de remar al mismo tiempo, siente la misma alegría, pero al mismo tiempo, piensa que podría hacerlo también en el lago Windigo, y que también podría ganarse la vida vendiendo canoas. Otra forma de describirlo sería hablar de la diferencia que hay entre ser literal y ser factual. Un ser literal es el que, cuando su avión se retrasa y tiene que quedarse en el aeropuerto de Chicago, disfruta durante toda una tarde observando a la gente, mientras que un ser factual no puede dejar de preguntarse por qué su avión habrá salido con retraso de Salt Lake, y si en el avión servirán cena o sólo un refrigerio. Además, cuando le digo «te quiero» a Vicki Arcenault, sólo estoy diciendo algo evidente. ¿A quién le importa si la querré para siempre? ¿O ella a mí? Nada persiste. Ahora la quiero y no me estoy engañando ni engañándola a ella. ¿Qué otra cosa debería sustentar la verdad?"

EL EXILIO EN EL INTERIOR. LA ESPAÑA VACÍA, de Sergio del Molino

EL EXILIO EN EL INTERIOR ESPAÑOL. LA ESPAÑA VACÍA, de Sergio del Molino 

    "Los gobernantes españoles han tenido desde muy antiguo la costumbre de desterrar a sus enemigos políticos a comarcas aisladas. Quevedo, por ejemplo, lo sufrió en la Torre de San Juan Abad, hoy en Ciudad Real. Cuando se quería castigar o perder de vista a alguien, se lo mandaba al campo. Mucho antes de que hubiese zares en Rusia, mucho antes de que se popularizasen los destierros a Siberia y de que se inventara la palabra gulag, inquisidores, reyes, validos y dictadorzuelos usaban la meseta inmensa que rodeaba Madrid para borrar del panorama a los que se pasaban de listos."

domingo, 5 de noviembre de 2017




Esta tierra es tu tierra
Woody Guthrie



Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra
desde California hasta la isla de Nueva York
desde el bosque de secuoyas rojas hasta las aguas corrientes del golfo
esta tierra fue creada para ti y para mí

Mientras caminaba por una autopista como una cinta
vi sobre mí una ruta aérea sin fin
vi bajo mí un valle dorado
esta tierra fue creada para ti y para mí
Nevada

Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra
desde California hasta la isla de Nueva York
desde el bosque de secuoyas rojas hasta las aguas corrientes del golfo
esta tierra fue creada para ti y para mí

He vagado y he paseado, y he seguido mis propios pasos
hasta las centelleantes arenas de sus desiertos de diamante
y a mi alrededor una voz sonaba
esta tierra fue creada para ti y para mí
Venice, Oregon
Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra
desde California hasta la isla de Nueva York
desde el bosque de secuoyas rojas hasta las aguas corrientes del golfo
esta tierra fue creada para ti y para mí

El sol llegó, brillante mientras iba paseando
los campos de trigo ondeaban y las nubes de polvo giraban
la niebla se levantó y una voz llegó, coreando
esta tierra fue creada para ti y para mí

Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra
desde California a la isla de Nueva York
desde el bosque de secuoyas rojas hasta las aguas corrientes del golfo
esta tierra fue creada para ti y para mí

Oregon

Mientras estaba caminando vi una señal allá
y en la señal ponía "propiedad privada"
pero en el otro lado... ¡no ponía nada!
¡y ese lado fue creado para ti y para mí!

Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra
desde California hasta la isla de Nueva York
desde el bosque de secuoyas rojas hasta las aguas corrientes del golfo
esta tierra fue creada para ti y para mí
Austin, Nevada
En las plazas de la ciudad - a la sombra del campanario
cerca de la oficina de ayuda - veo a mi gente
y algunos se quejan y algunos se preguntan
si esta tierra aún fue creada para ti y para mí

Esta tierra es tu tierra, esta tierra es mi tierra
desde California hasta la isla de Nueva York
desde el bosque de secuoyas rojas hasta las aguas corrientes del golfo
esta tierra fue creada para ti y para mí

viernes, 3 de noviembre de 2017

DIVORCIOS. EL PERIODISTA DEPORTIVO, de Richard Ford

DIVORCIOS. EL PERIODISTA DEPORTIVO, de Richard Ford 

  "No crean que el divorcio le convierte a uno en un alegre mujeriego o le abre las puertas a una vida exótica que nunca había imaginado. Ni mucho menos. Lo bueno dura poco. Es algo que he descubierto en el Club de Divorciados de esta ciudad. Cuando nos reunimos, no hablamos mucho de mujeres, y es un alivio estar solo entre hombres. Y, tanto a mí como a mis camaradas, el divorcio nos ha llevado al celibato y a la fidelidad total, aunque sin nadie a quien ser fiel o por quien seguir siendo célibe. En definitiva una gran sensación de vacío. De todas formas, todo el mundo tendría que vivir solo alguna vez en la vida. No como cuando eras pequeño, esos veranos en que tenías que dormir solo en la habitación de algún cochambroso colegio, sino de mayor. Entonces es cuando la soledad puede estar muy bien. Al final uno es más consciente de sí mismo, como los mejores deportistas, lo cual merece la pena."