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jueves, 30 de octubre de 2014

CASTILLO DE POSANGES

En la región de Borgoña,departamento de Côte-d'Or, en el distrito de Montbard y cantón de Vitteaux. Surge en un momento en que hay peleas internas entre los señores de la region a lo largo del siglo XV. Fue construido entre 1440 y 1445 por Guillaume de Bois, mayordomo del duque de Borgoña. Entre 1964 y 1974 fue una fabrica de paños. Ahora, en el 2014, con el cambio de dueño, se esta restaurando para recibir visitas del publico








lunes, 20 de octubre de 2014





COLLONGES LA ROUGE, FRANCIA

Un pueblo que destaca por la arquitectura de sus casas, tan tradicional aunque recuperada ddel saqueo de la piedra a comienzos del siglo XX, y por el color rojizo. Como siempre recomendar la visita fuera de temporada porque aquello se pone imposible de gente.
Parece que el origen de la poblacion esta en los monjes de la abadía de Charroux, que fundaron un convento en el siglo octavo que atrajo a una población de campesinos, artesanos y comerciantes, todos ellos prosperaron en torno a sus murallas. Las guerras de religion en los siglo XVI y la Revolucion Francesa echo a perder esa prosperidad, con un leve repunte en el siglo XIX, hasta que una asociacion de amigos de Collonges puso en valor y recuperó este pueblo a lo largo del siglo XX. Las murallas son del siglo XIV, y la mayoria de los edificios del siglo XVI.






Maison de la Sirène, posee un pórtico abovedado y se remonta al siglo 16. Perteneció a Henry de Jouvenel, uno de los maridos de la escritora francesa Colette. Está catalogado como un monumento histórico. Un sello de correos de 3 francos en representación de la Maison de la Sirène fue emitido el 03 de julio 1982 




Iglesia de San Pedro













Castel de Vassinhac, izquierda











jueves, 2 de octubre de 2014

VIAJES POR ALASKA


    "Dia tras dia, disfrutando de un tiempo magnifico, pareciamos flotar en una tierra de hadas y cada paisaje nuevo parecia sorprendernos con su hermosura y superar al anterior. Nunca me había sentido envuelto en un paisaje tan inefable"

 
john muir en su casa de Martinez, California
  Creo sinceramente que conocer a John Muir por sus obras y sus libros es algo que todos deberiamos hacer como preparación para saber de que va esto de circular por la vida, saber que es lo que hay por el mundo, mantener una actitud constructiva. Porque John Muir significa un legado de obras de gran valor actual, y porque rastrear su vida en la naturaleza y su disposicion ante las personas de cualquier raza y condicion es de un valor imperecedero. No nos sobran ejemplares humanos como él. 
 
    "Me parece maravilloso que estas gentes, mal llamadas salvajes, le puedan hacer sentirse a uno en casa entre sus familias. Su educación, inteligencia y destreza en el uso de cualquier herramienta, me parecen muy superiores a la de la mayoria de nuestros trabajadores blancos no cualificados. No les he visto nunca maltratar a un niño, ni siquiera levantarles la voz. Las regañinas, tan detestables y extendidas en la civilización, son aquí totalmente desconocidas. Al contario, a los jovenes se les mima con cariño sin malcriarlos. Rara vez se oyen llantos."

    Cuando Muir hace su primer viaje de los cuatro a Alaska, venia de una década de descubrimiento de Sierra Nevada en California, especialmente de Yosemite, destino turistico de la época que comenzaba a cobrar fuerza. Sus comparaciones entre Alaska y Yosemite son continuas en el libro. Describe los fiordos como el mismo valle de Yosemite surcado por antiguas lenguas de hielo que la formaron.

    "En las montañas de California, a lo largo de la mayor parte del año, apenas si se percibe la presencia de la atmosfera, y la blanca, fina y eterea luz de la mañana alcanza los picos y los glaciares como pura esencia espiritual, la más impresionante de las manifestaciones terrenales de Dios. En Alaska, incluso el aire más despejado tiene siempre una sustancia apreciable..."

Muir y sus queridos arboles
Navegando en el fiordo
     La primera vez que pisó la tierra de Alaska era 1879: nos describe la costa brumosa, los bosques, los glaciares que oradan valles y lamen el agua salada... desde el vapor en el que navega el mar es una sucesion de picos y valles. El paisaje es una pura emocion, como los dedos que tocan una melodia en el alma hasta hacerla vibrar y proferir a Muir un canto de alabanza hacia la naturaleza, su bondad con él, la armonia y el bienestar que le produce. El libro destila optimismo en ese ambiente salvaje donde los unicos humanos en pasearse han sido los indios. De estos siempre admiró lo mucho que querían a sus hijos, su integracion en el medio natural, y denuncia la maldad del estilo de vida blanco que se iba inculcando en sus costumbres: armas, alcohol, el sentido de la propiedad mercantilista, etc, estaban ya desarticulando sus milenarios valores humanos.

    "Fui invitado tanto a las cenas como a las danzas, fui adoptado por la tribu stickeen y me dieron un nombre indio, Ancoutaban, que significa jefe adoptado. Me inclinaba a considerar este honor como de escaso valor práctico, pero el señor Vanderbilt y el señor Young, entre otros, me aseguraron que me supondría una gran protección mientras vajaba entre las distintas tribus del archipielago. A los viajeros sin nombre indio podian matarlos y robarlos sin que al que cometiera el delito se le pudiera achacar nada, siempre que el crimen se mantuviera en secreto para que no se enteraran los blancos. Pero, al ser adoptado por los stickeen, ningun miembro de otras tribus se atrevería a atacarme, pues sabian que los stickeen les harían responsables"

    Es curiosa la respuesta de los indios a la predica del cristianismo, a la llegada de la civilizacion blanca: todo lo aceptan, a todo sucumben.

    "Toda la vida del cañon parece desbocada, igual que los torrentes. En otoño llega la calma, como si el trabajo del año se hubiera acabado. El sol baña las paredes a través de un halo de bruma y hace florecer las ultimas gencianas y varas de oro; los bosques matorrales y praderas florecen de nuevo cuando sus hojas pasan al rojo y amarillo; también las rocas y los glaciares parecen florecer, como las plantas, bajo una suave luz dorada. Y asi continua la vida, con cambios que se suceden en sublime armonía, al ritmo de las hermosas estaciones y el clima"

Alaska
Glaciar Taku
    El estilo de la narración es llano, intenso y muy descriptivo, por lo que puede hacerse pesado o lento. Merece una lectura lenta, tranquila, sin nada que hacer con urgencia, y abandonada a la imaginacion de pueblos indios, los totems, las cimas nevadas y los campos de hielo anfractuosos. En una epoca de pocas fotos del lugar, y estas de poca calidad, Muir intenta fijar en la cabeza del lector parajes alaskeños con imaginacion y un fluido relato. Muir estuvo en otros lugares de Alaska como Barrow, mucho mas al norte, pero practicamente se centra en el sur, en la costa del canal de Lynn. Tiene unos 140 km de las entradas del río Chilkat sur ​​hasta el estrecho de Chatham y el Stephens Pasaje. Tiene más de 610 m de profundidad, Lynn Canal es el más profundo fiordo en América del Norte y uno de los más profundos y más largos del mundo también. Es un escenario importante en la fiebre del oro de Klondike

    "Estes donde estes, siempre parece que sea el mejor lugar de todos en ese momento, y tienes la sensacion de que quien no sea feliz alli, no podrá serlo en ningun lugar, ni de este mundo ni de otro. Las horas de mejor luz del dia las pasé tomando notas y dibujando bosquejos para retener mejor las maravillas de esta increible region."

    Es un gran observador, juicioso en las circunstancias claras en las que se desarrolla un conflicto, como el caso en que un blanco ordena a los indios que corten el pedazo de totem tallado porque se lo quiere llevar, sin importarle el valor o a quien pertenece. (pg 69), o el del amigo misionero que le acompaña a la cima de una montaña y acaba con luxaciones en ambos hombros.

las distintas fases historicas del glaciar muir: efectos del cambio climatico
    Si algo destaca en la actitud de Muir es que busca el contacto total con aquello que ama. En al menos tres momentos se mete voluntariamente en situaciones que al final resultan comprometidas para su vida: al cruzar 2 glaciares y, al final del libro, cuando rema en canoa a traves de un pasillo de icebergs en una bahia, y se da cuenta que el pasillo se cierra, que los bloques de hielo se aprisionan entre ellos y chocan hasta crujir y él debe recular a toda velocidad antes de acabar crujido también. El relato que hace de la travesia de glaciares, campos de hielo tortuosos y peligrosos de atravesar, resquebrajados, es genial y altamente explosivo cuando llegan las dificultades y las cosas no salen como pensaba: avanzar a tientas, pasar la noche en el hielo, estar asustado por los lobos que escucha pero no ve, los puentes de hielo que franquea a horcajadas, la talla de escalones para superar resaltes, quedarse ciego por el brillo del sol (conjuntivitis),... en la mejor tradición de Jack London, pero mucho más comprometido con lo que hace. Porque también para Muir la exploracion es un gusto, pero además su profesion y vocación. Un unico pero: el libro acaba demasiado abruptamente. 
Glaciar Muir

    "Era una delicia ver el amor simple y pueril que sentía Le CLaire por la naturaleza, conservado intacto a lo largo de toda una vida ardua en un entorno salvaje. Adoraba los paisajes abiertos, con sus lagos y ríos, sus plantas y animales. Le gustaban sobre todo los pajaros que anidaban cerca de su cabaña, estaba pendiente de los pollos y, cuando había tormentas, ayudaba a sus padres a alimentarlos y darles cobijo. Algunas especies eran tan confiadas que se posaban en su hombro y picoteaban las migas de su mano (...) Le Claire vio que yo sabia escuchar, y me contó muchas historias de sus aventuras con los indios, osos y lobos. Historias de nieve y de hambre, y de muchas acampadas en los bosques canadienses..."

Al final del libro, Muir queda maravillado con las auroras boreales
    El tercer viaje a Alaska de Muir en 1880 empezó en la bahía de Sum Dum, utilizando siempre como base Fort Wangrell. Después se casó e inició viajes por otros lugares del mundo: America del Sur, Africa, Australia,.... hasta que se presenta de nuevo en Alaska en 1890. Aquí el relato es a modo de diario, y el relato incluye ya a los primeros turistas en Alaska: turismo de masas bajando del crucero sin interesarse por lo que ven sino por comprar los abalorios de los indios fabricados solo para ellos como autenticas antiguedades (¿os suena?). Pero Muir se baja del barco y su vocacion exploradora nos hace sonreir en nuestra época tecnologica, porque para eso hay que valer. Sin miedo, sin desgaste aparente, disfrutando al máximo. En un mundo globalizado, estandarizado al máximo para evitar esforzarse en lo que no sea producir, en un mundo en el que se anestesian las dudas frente a la realidad envolvente, Muir es la actitud y la respuesta. Hay que leerlo, urgentemente. Creo que con calma, sin prisas, demorandose con él en las descripciones para saborear la naturaleza y sus valores, conocer ese medio para cuando vayamos nosotros también con igual respeto.
Fort Wrangell, Alaska
    "Disfruté muchísimo este pequeño viaje al interior. En mi memoria quedan preciosos recuerdos de sus inmensos panoramas, de sus mineros a lo largo de los afluentes del gran rio, atareados como topos y castores, de hombres jovenes que sueñan, que esperan hacerse ricos y regresar corriendo a su hogar para casarse con sus fieles prometidas, otros con la esperanza de cancelar la pesada hipoteca de su granja y mejorar las vidas de su padres inquietos, pero la mayoría, supongo, con ganas de encontrar oro suficiente para hacerse ricos el resto de sus vidas. Disfruté familiarizandome con los arboles, sobre todo con las hermosas piceas y abetos blancos, con los jardines floridos y las grandes praderas..."

Un enlace a un trozo del libro, el que relata las auroras boreales:

VIAJES POR ALASKA, de John Muir, edicion del año 2004 en editorial Desnivel que se corresponde con el original de 1915. Unas 239 páginas sin fotos

martes, 23 de septiembre de 2014

SAINT CIRQ LAPOPIE

Saint-Cirq Lapopie, pueblo medieval declarado monumento histórico, es uno de los más bonitos de Francia. Encaramado sobre un acantilado a 100 metros por encima del rio Lot, Saint-Cirq Lapopie constituye uno de los parajes más importantes del valle.

Fue Oldoric, Vizconde de Saint Cirq, quien a partir del siglo X hizo construir en ella el primer castillo, la Fortaleza de Saint-Cirq Lapopie que domina y protege el pueblo. El vizcondado de Saint-Cirq Lapopie, uno de los tres de Quercy, se repartió después, en la Edad Media, entre tres dinastías feudales: los Lapopie, los Gourdon y los Cardaillac. Como consecuencia de ello, varios castillos y fortalezas constituyeron el fuerte de Lapopie dominando el pueblo. Desde el siglo XIII, rindiendo homenaje al Conde de Tolosa y a los Reyes de Francia. 

El Castillo de los Lapopie se erigía sobre la parte más alta del peñasco, llamada "el peñasco de La Popie". El de los Gourdon no fue encontrado sobre la Fortaleza pero se supone que habrían construido una torre. En cuanto al Castillo de los Cardaillac, se sitúa más abajo. A partir del siglo XVI, los castillos fueron abandonados por sus señores. Actualmente de algunos solo quedan los cimientos.


Hoy en día sólo se aprecian los cimientos de algunos edificios o partes muy remodeladas de los Castillos: una torre del siglo XIII, un edificio principal y un recinto autónomo que data de finales del siglo XIII a principios del XIV.


De esa epoca se conservan un buen numero de casas por debajo de la Fortaleza, casas antiguas cuyas fachadas de piedra o entramado de madera datan, en su mayoría, de los siglos XIII a XVI. Son de tejados de teja plana y fuerte pendiente, las calles, empinadas, empedradas y estrechas, como un laberinto.


Las calles, han vuelto a acoger en nuestros días un monton de comercios, hosteleros en su mayoria, o tiendas de souvenirs, pero también algunos trabajos artesanos que recuerdan la misma actividad antigua de Saint-Cirq: con todo, ya no estan los antiguos peleteros de la calle de la Pélissaria, caldereros de la calle de la Peyrolerie y sobre todo torneros en madera o "roubinetaïres", en cuyos talleres se fabricaban moldes para botones, escudillas, vasos y grifos de toneles.


Hasta aquí la parte más legendaria de Saint-Cirq.  En el siglo XX los valles del Lot y del Célé han inspirado a artistas de todos los tiempos, estilos y géneros. Saint-Cirq Lapopie es base para conocer desde el arte neolítico al arte contemporáneo. Para satisfacer gustos variados.


Así lo entendió el pintor catalán Pierre Daura (Pedro Francisco Daura y García. Menorca, 21 de febrero de 1896 – Rockbridge Baths, Virginia, Estados Unidos, 1976), que  se estableció en Saint-Cirq Lapopie. La casa que restauró y habitó pertenece ahora a la Región Midi-Pyrénées, albergando a los artistas internacionales en residencia y sus exposiciones de verano. Es una casa del siglo XIII, un antiguo hospicio, saliendo de la callejuela de la Fourdonne, no lejos del Tornero. Está dedicada en la actualidad a la creación contemporánea y administrada por la Casa de las Artes Georges Pompidou de Cajarc.

Pierre Daura, de origen español, estudió en la escuela de Bellas Artes de Barcelona y más tarde hizo carrera en Estados Unidos, sobre todo en Virginia, en donde pintó paisajes. Vivió en la bella mansión de Saint-Cirq de 1930 a 1939 con su mujer Louise Blair y su hija Martha, y allí pasó cada período estival hasta su muerte ocurrida en 1976. El pintor encontró en el pueblecito medieval del Lot, al que estaba particularmente apegado, un remanso de paz y una fuente de inspiración, y trabó amistad con su vecino André Breton.



El pueblo ha sido residencia de 11 artistas. Por estas calles han vivido Henri Martin, Pierre Daura, Othon Friesz, Paul Paquereau, Joseph Rignault, que aquí desarrollaron su actividad.

Joseph Rignault, coleccionista de arte de comienzos del siglo XX, invitó a su vez a numerosos artistas, con ocasión de las obras expuestas en su mansión (por ejemplo las de Soutine, que él descubrirá), o albergándoles en su casa, como a Man Ray, quien dejó como recuerdo un dibujo original en el Libro de Oro de los Amigos de Saint-Cirq.





Nacido en Normandía, André Breton (Tinchebray, 19 de febrero de 1896 - París, 28 de septiembre de 1966), escritor, poeta, ensayista y teórico del Surrealismo, se convertirá en el transcurso de sus búsquedas y encuentros en «ciudadano del mundo». De este modo acaba encontrándose, en junio de 1950, en Saint-Cirq Lapopie. Acababa de inaugurar en Cahors, junto a su amigo Robert Sarazac, la Primera Carretera mundial sin fronteras. Una treintena de kilómetros más lejos, Saint-Cirq Lapopie se mobilizaba para recibir uno de los mojones. Del descubrimiento de Saint-Cirq, es Breton quien mejor lo cuenta, en el testimonio que dejó en el libro de oro de la asociación «Los Amigos de Saint-Cirq», al comprar un año más tarde el antiguo Albergue de los marineros, en la parte baja del pueblo:

«Al término del paseo en coche que, en junio de 1950, consagraba la apertura de la Primera Carretera Mundial, única carretera de la esperanza, apareció ante mí Saint-Cirq encendida por los fuegos de bengala, como una rosa imposible en la noche.

Debió de tratarse de un flechazo, si pienso que, a la mañana siguiente, volvía a la tentación de posarme en el corazón de esa flor: maravilla que, aunque había dejado de arder, permanecía intacta.

Más que tantos otros parajes –de América, de Europa– Saint-Cirq me había lanzado el único hechizo: aquél que se clava para siempre. Dejé de desear estar en otra parte. Creo que el secreto de su poesía se emparenta con el de algunas iluminaciones de Rimbaud, es el producto de un raro equilibrio en la más perfecta desnivelación de planos. La enumeración de sus otros recursos está muy lejos de agotar este secreto… Cada día, al despertar, tengo la impresión de abrir la ventana a las riquísimas horas, no sólo del Arte, sino de la naturaleza y de la Vida.» (3 de septiembre de 1951). ¡Qué homenaje, viniendo de aquél que se definía como buscador del «oro del tiempo»! Breton vendrá a pasar todos los veranos a Saint-Cirq, hasta su muerte en septiembre de 1966.

La casa no está abierta al público ya que fue comprada por particulares, pero sigue resonando en ella el recuerdo de André Breton, pues quienes viven hoy allí son artistas, que trabajan rodeados de algunos objetos que pertenecieron al escritor.





El castillo de la Gardette se encuentra enclavado en el reborde del acantilado. Fue construido por el señor Hébrard de Saint-Sulpice, más abajo del fuerte de Saint-Cirq Lapopie, el que que albergaba originalmente a las cuatro familias del pueblo, los Lapopie, los Gourdon, los Cardaillac y los Castelnau. Émile-Joseph Rignault, nieto de barquero, pasó parte de su infancia en la Charité-sur-Loire y en París. Nacido en 1874, y apasionado por el arte, Rignault adquirió la propiedad y sus casi ruinas en 1922 y emprendió profundas reformas. Era un marchante de obras pictoricas: Callot, Van Dyck, Oudry, Fragonard, Boucher... . Se convirtió en un entendido y aficionado a las obras de sus contemporáneos, uno de los primeros buscadores de talentos de los años veinte. Fue otro enamorado de de Saint-Cirq-Lapopie, por entonces maltrecho tras la Gran Guerra. Entre sus invitados a su casa cabe citar a Man Ray. Vendio sus obras al Museo Calvet de Aviñón en 1946. Ese mismo año, con el deseo de demostrar su apego al Lot, dona su residencia al Consejo General del Lot, con su mobiliario y los objetos de arte que la adornan. Muere en 1962. Su tumba vela ahora al pie del acantilado, contemplando la estrave de ese paraje romántico y sublime.




El Camino de Santiago pasa cerca. En la vía Podiensis, entre Figeac y Cahors, se abren dos itinerarios. A la altura de Béduer, siguiendo el GR651 tendrás la posibilidad de dirigirte hacia este célebre pueblo medieval, Saint-Cirq Lapopie.



Al pie del peñasco de Lapopie, molinos, embalses, puertos, esclusas y camino de sirga evocan las épocas de una actividad barquera que fuera floreciente.


La Fortaleza de Saint-Cirq Lapopie, imagenes de las vistas sobre el valle, de donde se sube por los peldaños hasta el peñasco de La Popie; podrás admirar el pueblo medieval pero también el valle del Lot, con sus molinos, embalses, puertos, esclusas y el célebre Camino de Sirga.


Durante siglos, el Lot tuvo un tráfico fluvial importante, sobre todo de gabarras, barcos de fondo plano de 25 m de eslora que podían transportar hasta 36 toneladas de mercancía. Los "gabarots", barcos más pequeños, alcanzaban, por su parte, 7 metros de eslora.

En 1845, en la roca entre Bouziès y Saint-Cirq Lapopie se crea el camino de sirga para evitar accidentes en ese trayecto que, debido a las corrientes, era demasiado peligroso para los marineros.

El camino de sirga, es decir el acondicionamiento tallado en la roca a nivel del río, permitía a los animales o a los hombres tirar de las gabarras a lo largo del Lot. Las gabarras transportaban mercancías tales como vinos de Cahors y producciones de los torneros en madera con destino a Burdeos.



El arte contemporaneo ha dado a Saint Cirq Lapopie una nueva identidad, en positivo, mientras que el turismo de masas, ese que se pasea a un ritmo de 400.000 al año por sus calles, lamentablemente le despoja de su alma. Una contradiccion en el corazón de este bello pueblo. La solución, ir cuando es temporada baja, porque aquello puede quedarse en un mero "yo estuve alli" que no aporta nada.