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martes, 26 de junio de 2018

LA JUVENTUD INGLESA DE POSGUERRA. WHO I AM, de Pete Townshend

LA JUVENTUD INGLESA DE POSGUERRA. WHO I AM, de Pete Townshend 

  "Sin duda, yo debía lidiar con problemas psicológicos que mis amigos más cercanos y colegas de grupo no compartían. Yo sufría una honda vergüenza sexual a raíz de mis tratos con Denny, a pesar de que había relegado los detalles fuera del alcance del recuerdo. ¿Por qué debería sentir vergüenza una víctima de abuso infantil? Sigo sin tener la respuesta a esa pregunta, pero la causa puede estar en nuestra tendencia a cargar con las culpas cuando somos niños. Quizá obedezca a la pretensión de que tenemos cierto grado de control sobre nuestras vidas, ya que aceptar lo contrario podría volvernos locos.
  En aquella época no tenía idea de cuántas personas debían lidiar con sentimientos parecidos. En los años de la inmediata posguerra en Gran Bretaña había tantos críos que habían experimentado traumas terribles que resultaba habitual cruzarse con jóvenes tremendamente confundidos. La vergüenza conducía al secretismo; el secretismo, a la alienación. De todos esos sentimientos brotaba en mí la convicción de que los daños colaterales infligidos a los que crecimos en la posguerra debían confrontarse y expresarse a través de todas las formas populares de arte; no sólo de la literatura, de la poesía o del Guernica de Picasso. También de la música. En el camino hacia la verdad, el buen arte no puede más que desbaratar la negación.
  Con los Who sentía que tenía la posibilidad de crear una música que se convirtiera en parte de la vida de los demás. Más que el modo en que nos vestíamos, nuestra música daría voz a todo lo que necesitábamos expresar: como grupo, como pandilla, como hermandad, como sociedad secreta, como subversivos. Yo veía a los artistas del pop como espejos de su audiencia, que desarrollaban maneras de reflejar y decir la verdad sin miedo.
  Con todo, yo tenía más claro el medio que el mensaje. Dios mediante, esperábamos no acabar cantando sobre enamoramientos o incurables añoranzas. Así pues, ¿qué cabía decir?
  Había encontrado un sonido nuevo. Ahora necesitaba las palabras."

viernes, 22 de junio de 2018

EL ATAUD. LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER, de Svetlana Alexievich

EL ATAUD. LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER, de Svetlana Alexievich

»Ya atravesábamos Prusia Oriental, todos hablaban ya de la Victoria. Y él murió… Perdió la vida en el acto… Metralla… Muerte instantánea. En un segundo. Me informaron de que lo habían traído, vine corriendo… Le abracé, no dejé que se llevaran su cuerpo. A sepultar. Cuando la guerra, los enterraban rápidamente: morían de día y, si el combate era corto, enseguida los recogían a todos, traían los cadáveres de todas partes y cavaban un gran hoyo. Echaban tierra por encima. A veces era arena seca. Si mirabas mucho esa arena parecía que estuviera moviéndose. Era estremecedor. La arena se agitaba. Porque debajo… Para mí debajo se encontraban los vivos, hacía nada todos ellos estaban vivos… Los veía, les hablaba… No me lo creía… Nosotros estábamos aquí, pisando el suelo, y no creíamos que ellos ya estaban allí… ¿Dónde?

»No permití que le enterrasen enseguida. Quise que tuviésemos otra noche. Sentarme a su lado. Mirar… Tocar…

»Por la mañana… Decidí que lo llevaría a casa. A Bielorrusia. Estaba a miles de kilómetros. Las carreteras de guerra… El mundo patas arriba… Todos creían que me había vuelto loca de dolor. “Debes calmarte. Necesitas dormir”. ¡No! ¡No! Yo iba de un general a otro y así subí hasta el comandante del frente, Rokossovski. Al principio me lo negó… ¡Es una locura! Cuánta gente había sido sepultada ya en las fosas comunes, en suelo ajeno…

»Logré que me volviera a recibir.

»—¿Quiere que me ponga de rodillas?

»—La comprendo… Pero él está muerto…

»—No tengo hijos de él. Nuestra casa se quemó. Hasta las fotografías se han perdido. No me queda nada. Si lo llevo a casa, al menos tendré su tumba. Y tendré un lugar al que regresar después de la guerra.

»Se calló. Cruzaba el despacho a grandes pasos. Caminaba.

»—¿Alguna vez ha amado usted, camarada mariscal? Yo no entierro a mi marido, entierro a mi amor.

»Silencio.

»—Entonces también quiero morir aquí. ¿Para qué voy a vivir sin él?

»El silencio era largo. Después se me acercó y me besó la mano.

»Me facilitaron un avión especial para una noche. Subí al avión… Abracé el ataúd… y me desmayé…».
Kiev, June 23, 1941

jueves, 21 de junio de 2018

LA GUERRA DE GILA. Y ENTONCES NACÍ YO, de Miguel Gila

LA GUERRA DE GILA. Y ENTONCES NACÍ YO, de Miguel Gila 

    "El teniente instructor, militar de carrera, se colocó en un lugar que se suponía que era el puesto de mando, y cada uno de nosotros entraba para pedir el permiso. Aquello más que una clase teórica fue lo más parecido a un circo. Entró el primero, y de entrada —no había puerta— con la boca imitó el ruido de una llamada, “tam, tam”, al tiempo que golpeaba en el aire con el puño. Los que esperábamos turno no pudimos evitar una carcajada, pero el teniente instructor no se dio por enterado y dijo:
—¡Adelante soldado!
El soldado, un madrileño castizo de Vallecas, pero bruto bruto, dijo:
—A tus órdenes, oye, teniente.
   El teniente, con mucha paciencia, le explicó lo de el usted a los superiores y le dijo que suprimiera el “oye” y lo cambiara por “mi teniente”, luego le mandó salir y entrar de nuevo. El de Vallecas obedeció y volvió a golpear en el aire con el puño y otra vez con la boca el “tam, tam”. Y el teniente:
—¡Adelante soldado!
Y entró el de Vallecas. Esta vez al pie de la letra:
—¡A sus órdenes, mi teniente!
   Nos dieron ganas de aplaudirle.
—¿Qué desea, soldado?
—Quiero que me des, o sea que…, coño me se olvida lo del usté, que me dé usté permiso pa irme a mi casa, porque han bombao el Puente Vallecas y a mi hermana l’an jodío una pierna.
   El teniente le corrigió:
—Han bombardeado.
—Bueno, sí, eso.
—Está bien, soldado, tiene usted cinco días de permiso. El siguiente.
   Y el siguiente, más bruto que el de Vallecas, dijo:
—¿Da su permiso pa’ entrar?
—Adelante.
—Muchas gracias, teniente mío.
   Aquello nos provocó otra carcajada. El teniente también estuvo a punto de reír, pero su condición de teniente se lo impidió; no obstante, con un gran sentido del humor, dijo:
—Procura decir “mi teniente” en lugar de “teniente mío”, porque lo de teniente mío se presta a que yo te conteste: “Pasa vida mía”.


miércoles, 20 de junio de 2018

Y ENTONCES NACÍ YO, de Miguel Gila

Y ENTONCES NACÍ YO, de Miguel Gila

    "Me gusta el invierno, aborrezco el verano y aborrezco a los turistas de playa. Aborrezco a la gente que habla a gritos. Aborrezco a esa gente que entra en un restaurante donde están vacías todas las mesas y se sientan precisamente en la que está junto a la nuestra. Aborrezco a los que, mientras me están contando algo, repiten cada dos minutos: “No sé si me entiendes”, de la misma manera aborrezco a los que acompañan sus palabras dándonos golpecitos en el pecho, en el estómago o en el brazo. Aborrezco a los que cuando sale en la pantalla del cine la torre Eiffel, le dicen a su mujer: “Mira, París”.
    Esto puede parecer irreal, onírico, pero envidio a los pobres, no a los pobres que padecen hambre y no consiguen o no pueden mantener una familia, amo a los pobres vocacionales, a los que han dado la espalda a la sociedad, envidio su libertad, su haber sabido descolgarse de la burocracia, de las cuentas bancarias, de los créditos y los préstamos."

IRSE A LA MILI. UNA SENSACIÓN EXTRAÑA, de Orhan Pamuk

IRSE A LA MILI. UNA SENSACIÓN EXTRAÑA, de Orhan Pamuk

    "Antes de convertirse en un hombre, Mevlut no hacía distinción entre su cuerpo y su mente y su alma, pensaba en todos ellos como el 'yo'. Pero en la mili comprendió, ya desde el primer reconocimiento, que no iba a ser el único dueño de su cuerpo; es más, era mejor encomendárselo a sus oficiales porque eso le permitiría salvar su alma y conservar sus sueños y sus pensamientos para sí mismo"

HENRY DAVID THOREAU,

ARBOLES

    "Veo que la generación que está creciendo en esta ciudad desconoce lo que es un roble o un pino, al haber visto únicamente especímenes inferiores. ¿Contrataremos a un hombre que dé clases de botánica, por ejemplo, sobre los robles, nuestras plantas mas nobles, mientras permitimos que otros talen los escasos y mejores especímenes de estos árboles que quedan? Es como enseñar latín y griego a los niños al tiempo que quemamos los libros escritos en esas lenguas"
 Huckleberries

martes, 19 de junio de 2018

LA CARA OESTE DEL JIRISHANCA. JEFE DE CORDADA, de Ricardo Cassin

LA CARA OESTE DEL JIRISHANCA. JEFE DE CORDADA, de Ricardo Cassin

    "Todos estamos tensos en el esfuerzo de superar el último tramo que nos separa de la cima. Después de una escarpada pendiente de hielo, cubierta de nieve inestable que lleva a una cresta, atravesamos a la derecha y llegamos a una canal, también con nieve inconsistente. Pasado un pequeño collado, debemos vencer la parte superior del hongo que forma la cima, afrontando un hielo poco fiable, esponjoso y suelto en la superficie. El piolet entra entero, el pie cede y no puede impulsarse para el movimiento sucesivo.
    El frágil casquete de hielo de la cima parece querer defender la inviolabilidad de este nevado, de 6126 metros de altura. De repente ya no veo a Ferrari y Lafranconi, que han ido hacia el otro lado para buscar cómo seguir. Vivo instantes trepidantes… He pasado muchos momentos buenos y malos en la montaña: el sufrimiento, la alegría, las emociones se suceden. Además del físico templado es necesaria mucha fuerza de voluntad y orgullo, pero son requisitos que a mí y a mis valerosos compañeros no nos faltan.
    Ferrari, asegurado por Lafranconi, con gran fuerza de carácter no desiste y vuelve a intentarlo, asegurando el paso con tacos de madera (obtenidos cortando leña con los piolets) hasta que consigue superar el último tramo y alzarse en la cima. Son las dos y media e, inmediatamente después, todos llegamos a la cima.
    Estoy emocionado y feliz. Con sesenta años cumplidos, junto a los queridos chicos que son como yo, miro el mundo desde esta cima. Mi mente esta como drogada de un silencio infinito. El abrazo que nos intercambiamos es casi mudo: cada uno de nosotros vive la unión completa con la montaña dominada, cada uno según su propia sensibilidad particular. Abajo en la gruta daremos desahogo a nuestra alegría."
Jirishanca, cara oeste

HENRY DAVID THOUREAU

"Siento que mi vida es muy sencilla y mis placeres, muy baratos. Alegría y pena, éxito y fracaso, grandeza y mezquindad y, de hecho, la mayoría de las palabras no significan para mi lo mismo que para mis vecinos"
Diarios, 18 de octubre de 1856

MUJERES DE LA RESISTENCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

MUJERES DE LA RESISTENCIA. COMBATIENTES EN LA SOMBRA, de Robert Gildea

    "En 1984, se entrevistó a Jeanette, una viuda de setenta años que había sido agente de enlace en la zona carbonera del Pas-de-Calais, y comenzó afirmando: «No tengo gran cosa que contar». Su esposo había sido prisionero de guerra en un campo de concentración en Alemania y no tenían hijos, de modo que cuando un amigo comunista de su esposo le pidió ayuda, ella contestó afirmativamente. Continuó después: «A partir de octubre de 1943, ingresé en los FTP. Llevaba armas y dinamita que los mineros escamoteaban de los pozos. Los tapaba con lechugas y puerros que salían rebosando de mi cesta». Los alemanes solo la pararon una vez:
    'Llevaba cuatro cartuchos de dinamita que iban a ser empleados para volar una torre de tensión. Los había escondido en unas remolachas huecas y con cuidado les había vuelto a poner el extremo más grueso. Les dije a los alemanes: «Son para mis conejos». No siguieron preguntando. Eso sí, continué pedaleando con gran dificultad. Tenía las rodillas entumecidas por los nervios'.
   Es difícil saber por qué Jeanette consideraba que había hecho muy poco por la Resistencia. Quizá no quería eclipsar a su esposo, que había pasado la guerra en un campo de prisioneros de guerra, aunque en el momento de la entrevista ya había fallecido. Quizá consideraba que, ya que solo había transportado armas y explosivos en lugar de manejarlos, su contribución era menos significativa que la de los hombres, que habían apretado los gatillos, aunque se había arriesgado a la deportación y a la muerte tanto como ellos. Quizá era tan solo una de aquellas resistentes cuya modestia era tan grande como su heroísmo."

lunes, 18 de junio de 2018

LOS RECUERDOS DEL ESCRITOR. LIMONES AMARGOS, de Lawrence Durrell

LOS RECUERDOS DEL ESCRITOR. LIMONES AMARGOS, de Lawrence Durrell 

    "...Janis había abierto las habitaciones en que vivía Marie, y yo entré, ocioso, en ellas, para mirar cuan polvorientos estaban los anaqueles y para revisar los varios tesoros cuya historia conocía y que algún día encontraría su lugar en la enorme casa: el arcón español, la celosía morisca, las pinturas y las telas indias, las lámparas egipcias y turcas, y libros por todas partes, apilados, raros compañeros de una soledad no autoimpuesta sino buscada. Un espejo y un peine de Bali, una Tanagra, una estatuilla de hierro de Krishna, una pintura mándala: todas estas cosas se habían prendido al ruedo del vestido de ella en algún veloz y enfático viaje a través del mundo y habían ido a alojarse allí, en las frescas habitaciones de su casa. Ésas son las cosas que el escritor lleva consigo como talismanes, para recordar las experiencias perdidas que algún día tendrá que volver a evocar y remodelar con palabras. Esa bailarina de Bali repite el eco del pasado con toda la fidelidad de un caracol marino llevado al oído."