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viernes, 31 de marzo de 2017

EL NIÑO SOLDADO. SANGRE Y ÁMBAR, de David Torres

EL NIÑO SOLDADO. SANGRE Y ÁMBAR, de David Torres 

    "Cerca de uno de los muros, al resplandor de unos cuantos cirios rojos que ardían bajo su pedestal, se erguía la estatua del Niño soldado, obra de Jerzy Jarnuszkiewicz. El casco, coronado con una cinta con los colores de la bandera polaca, casi tapaba por completo la pequeña cabeza; el uniforme y las botas también le estaban demasiado grandes. Pero aun así, los rasgos de bronce perpetúan la dignidad y la valentía de aquellos críos que habían luchado y corrido por las calles de Varsovia durante el levantamiento de 1944.
—Siempre me emociono cuando la veo —dijo Carol—. Para mí, es la estatua más conmovedora de Varsovia.
La ametralladora que colgaba de una cinta parecía un juguete entre las diminutas manos infantiles, pero desde luego no lo era. Era un arma, como el sable del rey Segismundo y la espada curva de la Sirena, como todos los símbolos de aquella ciudad acosada por los perros de la Historia. Me agaché y encendí con el mechero los cirios que estaban apagados. La débil luz de las velas parpadeó, estañó el casco del pequeño soldado. Una sombra danzó tras los muros. El viento no tardaría en apagarlas todas."
Estatua del niño soldado, Varsovia

LAS NUBES. LOS INDOMITOS DE LA MONTAÑA, de Dino Buzzatti

LAS NUBES. LOS INDOMITOS DE LA MONTAÑA, de Dino Buzzatti 

    "LAS NUBES: por la tarde, sobre todo en otoño, se forman sobre  col Visentín nubes de excepcional belleza. No se ven nubes así despedidas ni siquiera sobre los grandes desiertos de África, tan célebres por este tipo de fenómenos. Se agolpan dando lugar a inmensas estructuras arquitectónicas y resplandecen un buen rato cuando ya ha caído la oscuridad sobre el valle, enviando reflejos mágicos.  No sería extraño que desde Australia o Brasil vinieran turistas solo para verla. La materia de la que están hechas no es esa tan basta de las nubes oceánicas: es fina, densa, casi carnal. Sus formas pálidas y violáceas repiten, magnificandolas, las fantásticas perspectivas de las montañas que se alzan por los alrededores. En la cumbre,  los blancos pináculos se tuercen lentamente, en continua metamorfosis, narrando largas epopeyas de caballos, de banderas, de palacios, de obispos, elefantes, bailarinas, dragones, amores y batallas. A veces, por jugar, fingen que son los propios Dolomitas, y durante algunos minutos se quedan inmóviles como si fueran de piedra. Selvas de torres enormes, salientes con paredes de miles y miles de metros con extraplomos como no hay en el mundo. La ilusión es tan perfecta que durante algunos instantes nos preguntamos si habrán surgido de la tierra, milagrosamente, unos picos tan altos como el Himalaya. Y el ojo empieza a buscar en esos terribles precipicios una posible vía de subida cuando de pronto las rocas se repliegan hacia un lado, disolviéndose grotescamente, destruyéndose en silencio".

jueves, 30 de marzo de 2017

LO RACIONAL DEL ALPINISMO. LOS INDOMITOS DE LA MONTAÑA, de Dino Buzzatti

LO RACIONAL DEL ALPINISMO. LOS INDOMITOS DE LA MONTAÑA, de Dino Buzzatti

    "¿Carece el alpinismo de utilidad práctica? ¿es peligroso el alpinismo? ¿tiene algo de irracional? Sí, de acuerdo. Pero con este rasero se reduce al de ser humano a una simple máquina pensante. Aplicando este rasero nunca habría nacido la aviación, nunca habría intentado el hombre ir al espacio y la mitad de la Tierra estaría aún sin explorar.
No pretendo afirmar que las grandes exploraciones, la aviación y los satélites artificiales hayan representado y representen un gran beneficio para la humanidad. Puede que alguien, con perfectos argumentos, pueda sostener lo contrario. Lo que digo es que sin estos impulsos temerarios, desinteresados y aparentemente insensatos, al ser humano le faltaría la famosa llamita.
¿Y pueden existir sin lágrimas? Pues tengamos paciencia: muchas, muchas lágrimas las han causado cosas más absurdas que el alpinismo, como el placer de superar a toda costa al automóvil que va delante de nosotros. Esa bravuconada,  tienen que admitirlo, es mil veces más tonta que encaramarse al pico del Mont Blanc.
No. En este mundo, admitámoslo con franqueza, hacen falta también los Bonatti y los Oggioni con su afán de buscar siempre el más difícil todavía con su valentía y su arrogante ambición. Pobres de nosotros si no existieran.
Por lo demás, miremos a nuestro alrededor. A fin de cuentas, no hay tantos como ellos... ¿no sería mejor que hubiera alguna más? ".
Cima del Triglav, Alpes Julianos, Eslovenia, agosto 2013

VARSOVIA. SANGRE Y ÁMBAR, de David Torres

VARSOVIA. LA SANGRE Y EL ÁMBAR, de David Torres 

    "El impresionante mazacote del Palacio de la Cultura y la Ciencia, obra de Lev Rudniev y regalo envenenado de la URSS, apareció de golpe como un fantasma imperial. Cuando se inauguró, en 1955, se convirtió en el segundo edificio más alto de Europa. Todavía hoy domina todas las perspectivas del centro de la ciudad. Con semejante mostrenco, Bierut, el perro faldero de Stalin, logró al fin olvidar una de sus fantasías fálicas: castrar las torres de las iglesias de Varsovia. Durante mucho tiempo Bierut soñó, en un grotesco proyecto de secularización urbanística, con arrancarlas todas para dejar el horizonte ciudadano tan chato como su gobierno.
El edificio posee el aplomo rotundo y kafkiano de una pesadilla burocrática: 30 plantas, 230 metros de altura, 40 millones de bloques de piedra, casi un millón de metros cúbicos de volumen. Cuando entramos unos días después para visitar una exposición de Leonardo, pasé entre las columnas multiplicadas y las innumerables salas, y pensé que quizá Lem se inspirase en él para la delirante ambientación de Memorias encontradas en una bañera, la novela en la que un pobre funcionario vaga perdido entre los corredores de un inextricable laberinto subterráneo. Hoy día, desde el exterior, el Palacio parece una computadora de piedra, obsoleta y desactivada, una aparatosa réplica de la arquitectura moscovita envuelta en el papel dorado de las antiguas chocolatinas.
Algunos polacos han exigido la demolición del edificio, pero la mayoría ni lo mira: ha acabado por convertirse en parte del paisaje urbano. Ni siquiera se han molestado en arrancar de las hornacinas del exterior los gigantescos hércules de comité y los titanes de sindicato. Aquellos recios ejemplares de obreros altos, rubios, repeinados, con la quijada alzada y orgullosamente apuntada al futuro, parecían una muestra escultóricamente pura de la raza aria: en verdad no hay nada más parecido al arte nazi que el arte soviético. Un arte que, en la superficie y en el fondo, revela una absoluta pobreza de ideas y una absurda sumisión a los modelos del pasado. Me apiadé de un estudiante que marchaba eternamente hacia el horizonte comunista con un libraco enorme bajo el brazo. Pobrecillo, pudiendo leer a Dostoievski o a Tolstói, llevaba en un solo tomo las obras completas de Marx, Engels y Lenin (el nombre de Stalin había sido borrado)."

miércoles, 29 de marzo de 2017

CONTRA LAS INSTALACIONES EN LAS MONTAÑAS. LOS INDOMITOS DE LA MONTAÑA, de Dino Buzzatti

CONTRA LAS INSTALACIONES EN LAS MONTAÑAS. LOS INDOMITOS DE LA MONTAÑA, de Dino Buzzatti 

    "La idea de llegar en media hora y sin riesgo ni esfuerzo hasta la cumbre del pico más famoso de los Alpes, el Cervino, rodeado por una aureola legendaria de terror y muerte, puede parecer a primera vista muy emocionante. Pero basta pensarlo un momento para que nos provoque el rechazo. Y no es cuestión de retórica: consideremos cómo, poco a poco, la vida moderna acaba para siempre por reducir el espacio de la fantasía, de la libertad, de la naturaleza; cómo la alta montaña es uno de los poquísimos rincones que sobreviven a esto y donde el hombre puede verdaderamente respirar. Pensemos lo valiosa que es esa reserva de belleza y de poesía -¿porque tememos pronunciar esa palabra?- que encierra aquel maravilloso retiro. Y entre todas las montañas, el Cervino es el rey, el personaje principal, cargado de una gloria y una tragedia inconmensurables, la roca más salvaje y fascinante, el símbolo mismo del abismo. Lo han escalado miles de veces personas de todo tipo, niños incluso, ciegos, ancianos más que octogenarios... No queda ni una pared y una arista que no hayan sido conquistada, y a pesar de todo sigue siendo él, estupendo y misterioso, tal como lo vio Whimper la primera vez hace 90 años, cuando lo dejo embrujado.
¿Qué significaría ahora plantar sobre esa cima un mirador panorámico con servicio de bar para turistas con calzado de paseo? Es difícil decirlo con palabras: o se entiende de inmediato o es inútil preparar discursos. Si no se entiende es que le falta uno una parte del cerebro. Pero es verdad que sería una infamia escandalosa. Bastaría ese largo hilo, casi invisible en la distancia, para estropear sin remedio toda la cuenta de picos y glaciares. A un amigo de Nápoles al que le parece una idea magnífica le pregunto el doctor Guido Bertarelli,  consejero del CAI: 'Entonces, ¿estaría usted a favor de que se construyera un puente de cemento armado que uniera Sorrento y Capri?' No supo responder".
Gornergrat, Suiza - estación, glaciar y el Matterhorn (Cervino)

LEON TROTSKY, de Joshua Rubenstein

LEON TROTSKY, de Joshua Rubenstein

    "Nicolás II también tuvo que hacer frente a otros adversarios más subversivos. Los jóvenes radicales rusos se debatían ahora entre dos concepciones rivales de la revolución: los populistas consideraban que la abrumadora mayoría de la población, los campesinos, representaban una de las alternativas más verosímiles de resistencia. Adoptaron una visión romántica de los campesinos, en especial cuando el zar Alejandro II abolió la servidumbre en 1861. Pero cuando los campesinos no lograron responder al sueño de los populistas de derrocar la monarquía, estos últimos recurrieron a los actos de terrorismo en un intento vano de acabar con la autocracia. Autores marxistas como Georgi Plejanov instaban a los revolucionarios antizaristas a apartar sus esperanzas de los campesinos, a rechazar los actos de terrorismo individual y a centrarse en organizar a los trabajadores para exigir socialismo y democracia. Fue tras el llamamiento a la acción de Plejanov cuando Vladimir Ulianov —Lenin— y otros radicales marxistas fundaron la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, un paso que desembocó enseguida en la detención de Lenin en diciembre de 1895."
V. I. Lenin en una peluca y una gorra.

martes, 28 de marzo de 2017

CÁMARAS DE GAS. LA SANGRE Y EL ÁMBAR, de David Torres

CÁMARAS DE GAS. LA SANGRE Y EL ÁMBAR, de David Torres 

    "Los Einsatzgruppe y los Sonderkommando de las SS ejecutaron miles y miles de judíos en los primeros meses de la Operación Barbarroja, cuando el ejército alemán invadió la Unión Soviética. En los bosques de Rumanía, de Lituania, de Rusia, de Ucrania, los judíos eran capturados y tiroteados allá donde se encontraran. Tan sólo en el barranco de Babi Yar, en las afueras de Kiev, el 29 y el 30 de septiembre de 1941, ejecutaron fríamente a 33.771 judíos. En ocasiones, los verdugos se sentían incapaces de disparar a los niños: preferían enterrarlos vivos junto a sus familiares muertos. Otras veces la compasión no les alcanzaba tanto: hay una foto tomada por uno de los componentes de un Einsatzkommando momentos antes de un fusilamiento. Es el retrato de una veintena de críos, descalzos, de unos tres a cinco años, que miran directamente a la cámara, algunos sonriendo, otros asustados, otros intrigados, igual que si estuvieran posando para una foto en el patio del colegio. Sólo una niña, la más pequeña de todas, llora, tapándose los ojos con las manos. La fotografía es un preludio del balazo. La cámara está instalada en la boca misma de la muerte.
En muchos casos, los verdugos no podían soportar la brutalidad de las ejecuciones. Algunos salían traumatizados de la matanza, no podían dormir, atormentados por las visiones de los homicidios en masa que habían perpetrado; otros tenían pesadillas horribles; unos pocos jamás pudieron volver a incorporarse a filas. Fue entonces cuando Himmler, que había presenciado las masacres de Minsk, decidió planificar y organizar los asesinatos masivos de manera que el impacto psíquico sobre los ejecutores fuese mínimo. Aquella espantosa cultura de la muerte instaurada por los alemanes dio sus primeros pasos en las fosas comunes del este de Europa, se fue perfeccionando en los campos de exterminio de la Aktion Reinhard y alcanzó la cúspide de su eficacia en Auschwitz, el matadero humano por antonomasia, la más increíble y despiadada maquinaria de ejecución jamás inventada por el hombre.
En principio, los tanteos fueron atroces, una chapucera mezcla de atrocidad y esperpento típica de la mentalidad nazi. El doctor Widmann sugirió una mejora en los procedimientos homicidas mediante el experimento de colocar a varios enfermos mentales en un búnker junto con cargas explosivas. Es curioso que, porcentualmente, la clase médica constituyese la profesión que más afiliados proporcionó al partido nazi. Huelga decir que el experimento de Widmann fracasó de forma estrepitosa: el búnker se derrumbó, saltaron pedazos de carne hasta lo más alto de los árboles y algunos heridos salieron arrastrándose y dando gritos entre los escombros.
Entonces el doctor cambió de táctica: metió a unos cuantos pacientes de un hospital psiquiátrico de Moguiliov, cerca de Minsk, en un sótano de ladrillo, y los asfixió con gas. Fue el primer paso hacia los camiones letales de Chełmno, que transportaban a las víctimas con el tubo de escape instalado en el interior hacia un viaje sin retorno. La utilidad del Zyklon B, ácido prúsico cristalizado, fue descubierta casualmente por Fritsch, uno de los subordinados de Hoess, el comandante de Auschwitz, cuando intentaba acabar con una plaga de insectos que inundaba el recinto. Himmler, gran aficionado a los cultivos agrícolas, quería que Hoess convirtiera buena parte del campo de concentración en un centro de investigación botánica. Pretendía montar un prototipo de granja germánica que fuese un modelo para toda la agricultura de la cuenca de Silesia. Por una macabra carambola del destino, fue la afición a la jardinería del Reichsführer de las SS la que hizo que los nazis descubrieran el veneno rápido, barato y definitivo que andaban buscando.
Al contrario que en Treblinka, un aparatoso infierno medieval, la escenificación de la muerte en Auschwitz era limpia y veloz: una grotesca simulación ensayada al milímetro tanto para serenar a las víctimas que llevaban al matadero como para evitar problemas a sus verdugos. Repetida durante meses y años, día tras día, la ceremonia consistía en tranquilizar a un montón de gente asustada y convencerles de que allí dentro no les pasaría nada malo, que sus sufrimientos habían terminado, que se les proporcionaría ropa limpia y se les asignaría un trabajo. El punto más delicado del engaño era cuando les explicaban que previamente era necesaria una desinfección: amablemente, un oficial les pedía que se quitaran la ropa y que la dejaran a un lado junto con sus pertenencias antes de entrar en los baños para darse una ducha."

Lo que queda actualmente de las camaras de gas en Auschwitz


NAZIS EN LA MODERNA ALEMANIA. VOLAR EN CÍRCULOS, de John Le Carre

NAZIS EN LA MODERNA ALEMANIA. VOLAR EN CÍRCULOS, de John Le Carre 

    "No quisiera dar la impresión de que pasé mis tres años de diplomático en Alemania despotricando contra viejos nazis en cargos importantes, en una época en que mi Servicio dirigía sus energías a promover el comercio británico y a luchar contra el comunismo. Si de hecho despotricaba contra los viejos nazis —que en realidad no eran tan viejos, teniendo en cuenta que en 1960 apenas había pasado media generación desde Hitler—, era porque me identificaba con los alemanes de mi edad, que para avanzar en la carrera que habían escogido tenían que congraciarse con personas que habían participado en la ruina de su país.
¿Cómo tenía que ser —solía preguntarme—, para un joven político con ambiciones, saber que los peldaños más altos de su partido estaban ocupados por luminarias tales como Ernst Achenbach, que siendo oficial de alto rango de la embajada alemana en París durante la ocupación había supervisado personalmente la deportación masiva de judíos franceses a Auschwitz? Tanto los franceses como los estadounidenses habían intentado procesarlo, pero Achenbach era abogado de profesión y se había procurado algún tipo de misteriosa dispensa. Por eso, en lugar de declarar ante los jueces de Núremberg, había montado un lucrativo bufete, en el que defendía a personas acusadas de crímenes idénticos a los que él mismo había cometido. ¿Qué le parecería a mi joven y ambicioso político tener a Achenbach fiscalizando su carrera? ¿Sencillamente tragaría saliva y sonreiría? Muchas veces me lo preguntaba."

lunes, 27 de marzo de 2017

HOLOCAUSTO. LA SANGRE Y EL ÁMBAR, de David Torres

HOLOCAUSTO. LA SANGRE Y EL ÁMBAR, de David Torres 

    "El Holocausto abre una interrogación fundamental sobre el destino de la cultura europea. Si la civilización occidental (el mismo espléndido árbol que dio la Novena Sinfonía y la Capilla Sixtina, el Quijote y la Declaración de los Derechos Humanos) ha producido en una de sus ramas una abominación como Auschwitz, cabe preguntarse si todo el camino recorrido hasta aquí no estará equivocado. Constatar que hace milenios salimos de la servidumbre de los ciclos biológicos y de la barbarie de la selva para acabar fundando un impecable matadero tecnológico, hace tambalearse todas nuestras convicciones sobre la civilización, la libertad y la cultura."

domingo, 26 de marzo de 2017

LOS INDOMITOS DE LA MONTAÑA, de Dino Buzzatti

LOS INDOMITOS DE LA MONTAÑA, de Dino Buzzatti




    El presente libro es una recopilación de artículos publicados en su día por distintos periódicos como el Corriere de la Sella. Abarcan un amplio periodo de tiempo, desde principios de los años 30 hasta 1971, y en ellos los protagonistas son las montañas y los montañeros que a ellas acuden con diversa intención: escaladores, pastores, excursionistas, arqueólogos, esquiadores, soldados. Los italianos son abrumadora mayoría entre ellos, de manera que el libro empieza con algunas semblanzas de antiguos guías, recordados por Dino con notable admiración. Las montañas que aqui cobran mas protagonismo son las Dolomitas, con unos cuantos artículos dedicados también a la primera ascensión del K2. Se cuentan otras historias alpinas de aquellos años, se ahonda en polémicas, en el Everest, en recuerdos personales e impresiones montañeras, en el muy admirado Comici... Una compañia ideal para cualquier viaje dolomítico porque comprenderemos muy bien, con esas bellezas ante nuestros ojos, el gran flechazo que atrapo el corazón de Dino para toda la vida.

    Este libro es un recuerdo del alpinismo de otros tiempos, de aquellos valores del montañismo que suponen algo más que deporte o acrobacias cronómetro en mano. Buzzatti admira las grandes gestas, mantiene ese lenguaje casi militar para saltar las cumbres, pero lo mejor de él es esa búsqueda personal de la intimidad con las montañas, con vías de escaladas que le llegaron muy dentro no porque las hiciera todo el mundo, sino porque parecían hechas para él y en ellas encontró algo de si mismo que, en ese dia de ascension, ninguna otra montaña te hubiera dado, da igual lo famosa y manoseada que fuera.
    Como lector, el protagonista del libro no han sido los Ardito Desio, Lacedelli, Comici o Bonatti. Tampoco el K2 o las croces dolomíticas. El verdadero placer lo he encontrado en un hombre enamorado de "sus montañas", en esa relación indispensable en la vida que se tiene con ellas, muy personal, emocional. El hombre que las ama porque están allí, por lo que son, por la experiencia que le han proporcionado, y no tanto por lo que pueda obtener de ellas en el futuro. Por ejemplo, en plena II Guerra Mundial, a bordo de un barco de guerra, escribe como las echa de menos, esa libertad  completa vivida en las aristas... De manera que aunque Buzzatti no destaco como alpinista, ni se hizo con un prestigio a través de ellas, las amo con igual pasión. Tiene incluso relatos de ficción (en mi opinion la parte mas floja del libro) como aquel en el  que inventa un futuro donde están prohibidas las montañas. Entra a saco en noticias y controversias del momento como la de Freney 1961. Revive anécdotas, propias y de amigos. Reflexiona sobre tantos problemas que pasan en la montaña: el turismo de masas, los recuerdos de la guerra. Y señala la importancia de esas montañas medianas solo porque están a la sombra de los gigantes que todo el mundo ambiciona; es en esas montañas donde Dino ha encontrado ese placer personal, su propio mundo montañero allí donde apenas va nadie. Lo que digo: unos van a la montaña por ambición, otros para desahogarse de la ciudad o el trabajo. Dino va claramente por puro amor.
    Sus reflexiones sobre el porque de esta atracción irresistible podrá o no convencer, pero son el testimonio de un hombre enamorado.

"¿Qué significaría ahora plantar sobre esa cima un mirador panorámico con servicio de bar para turistas con calzado de paseo? Es difícil decirlo con palabras: o se entiende de inmediato o es inútil preparar discursos. Si no se entiende es que le falta uno una parte del cerebro"

 "El episodio es, sin duda, extraordinario. Desde el primer rellano que corta la terrible muralla, Andrich subió en escalada libre la siguiente pared: más de 30 metros. Empeñado en escalar un extraplomo complicadísimo, cuando intentaba colocar un clavo perdió el apoyo y cayó al vacío. Mientras volaba, consiguió enderezarse: cayó, pero no sobre la roca, si no sobre las suaves ramas de un pino que estaba en el rellano,  y no se hizo nada. Recuerdo haberle preguntado ,también yo:  "y mientras caídas, ¿que se te pasaba por la mente?. "Pensaba en esta foto que llevo siempre en el bolsillo por superchería. "¿Y que fotografía es esa?" Me la enseñó: era de alguien que había muerto en la montaña horroroso, como un fantoche sin esqueleto, tendido de cualquier manera sobre las rocas."

"A veces, cuando leo ciertos libros que hablan de otros tiempos, no puedo evitar pensar lo hermoso que sería poder vivir aquella vida, porque tengo la sensación de que la vida de entonces era infinitamente más plena, rica vivencias humanas, pintoresca e imprevisible. Obviamente todo depende de la ilusión óptica o, simplemente, literaria. Pero la nostalgia de las cosas que no hemos conocido (y esta es la única explicación) es intensa."

    "¿Carece el alpinismo de utilidad práctica? ¿es peligroso el alpinismo? ¿tiene algo de irracional? Sí, de acuerdo. Pero con este rasero se reduce al de ser humano a una simple máquina pensante. Aplicando este rasero nunca habría nacido la aviación, nunca habría intentado el hombre ir al espacio y la mitad de la Tierra estaría aún sin explorar."

"...la consiguiente necesidad de encontrar apoyo en cualquier cosa que esté por encima de lo humano, ennoblecen sin duda el alpinismo propiamente dicho: privado de tal sentimiento, el alpinismo se mide con el mismo rasero que cualquier otro deporte de riesgo como el motociclismo, la equitación o el salto mortal"

    LOS INDOMITOS DE LA MONTAÑA, de Dino Buzzatti, 324 paginas en Editorial Gallo Nero,, año 2016