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jueves, 28 de agosto de 2025

SULA, de Toni Morrison

SULA, de Toni Morrison

Es una novela centrada en dos mujeres, Sula y Nel, dentro de una comunidad negra en Medallion, una supuesta ciudad de Ohio, EEUU. Su amistad es la que acapara nuestra atención porque evoluciona desde la niñez hasta entrada la edad madura. Viven desde niñas muy unidas hasta que la más prosaica de ella se casa casi por inercia dentro de las muy limitadas posibilidades de la población negra de la primera mitad del siglo XX.

Se puede decir que tiene pinceladas de costumbrismo de estos barrios pobres de la primera mitad del siglo XX, donde el comienzo con el soldado Shadrack ya refleja la dura vida de esos hombres allá donde les toque. Este hombre también acompañará a Sula como uno más de esos individuos "echados a perder" para la comunidad, aunque es aceptado como algo normal que sucede en el orden social por un motivo u otro: alcoholismo, locura, tres hermanos muy frikis... El caso de Sula es el de una niña que nace en el seno de una familia donde la abuela ya es un poco así, es la dueña de la casa donde viven. La madre de Sula, Hannah, muere dolorosamente, y su tío también, de forma parecida pero intencionada y malévola. Sula desaparece por 10 años y cuando vuelve no es la chica que Nel conoció sino una mucho más libre y transgresora que ella. Tanto que se gana el odio de toda la comunidad.

De Nel adulta, ¿qué decir? Se dedica a cumplir. La confianza con esta Sula que vuelve con los años se rompe cuando la traiciona. Nel se siente dolida y, hacia el final del libro, le pide explicaciones de por qué traicionó su confianza. Sula no deja de llenarla de interrogantes y, en última instancia, de remordimientos: ¿quien fue mejor de las dos? Ahí queda la pregunta pese a que Sula rompió su matrimonio. 

Hay dos temas importantes aquí: el tema de la sexualidad, bastante evidente en cuanto a la tibia moralidad de Sula y su madre, practicada de forma diferente y con muy diferentes apreciaciones dentro de la comunidad según sea una u otra. El otro tema es el del concepto de mal visto desde una óptica negra: los negros lo viven de una forma que poco tiene que ver a como lo viven los blancos, el mal dentro de su comunidad es una fatalidad que no se combate de ninguna manera. Hay una serie de sucesos entre mágicos y místicos. Sólo se sufre y se sobrevive a ellos como a una maldición bíblica de la que es imposible escapar. En uno de esos sucesos críticos, un chico vecino muere a causa de ellas. Ese será un secreto que las une para siempre tanto como las separa. Ahí están esos personajes siempre borrachos, o lisiados de por vida, mujeres engañadas, etc. Pasan cosas extremas como las heladas invernales, pero el verdadero conflicto surge cuando Sula vuelve de la universidad: hace cosas que otras también hacen, pero de una manera imperdonable. Sula es una mujer empoderada, es decir, que no se disculpa ni pide permiso. Tiene sus razones y pone sus límites. No le importa el que dirán, empezando por Nel. Eso la hace diferente, no se vuelve ni sumisa ni acata los sempiternos relatos justificativos dentro de la comunidad, esos que se heredan como un rasgo más de la piel. La gente le toma inquina, por supuesto. Ella se vuelve arrogante, y allí donde se mueve con seguridad, por ejemplo en cuestión de sexualidad, el vecindario se muerde las uñas. Los matrimonios son ataúdes almidonados y los hijos sólo una carga en esa comunidad. Pero solo a ella se le ocurre no casarse ni tener hijos.

Sula muere, pasan los años hasta 1965 y con ellos Nel comprende que lo mejor que tuvo en la vida no fue otra cosa que la amistad de Sula por encima de las diferencias que tuvieron. Es un final triste. Pero ahí está uno de los mensajes de esta novela: ¿qué es bueno, qué es malo y para quién? Cuando se conocen las personas a fondo, no hay una respuesta simple a eso. Mientras hubo amistad lo malo no era tan malo, lo bueno se podía compartir. Eso suponía mucho en una sociedad tan difícil como aquella (y en cualquier otra). 

Me ha costado entrar en el libro, de manera que, al principio, me pareció el más flojo de los leídos hasta ahora de Morrison. Pero luego mi percepción cambió. Noté que era otro lenguaje el empleado en esta su segunda novela de 1973, entre Ojos azules y La cancion de Salomon. Aquí los hechos son muy simbólicos, también los objetos, los lugares que ocupan los personajes en la comunidad. De repente me pareció una novela más áspera y profunda de lo que creía, con más trabajo de interpretación por mi parte. Una novela de ideas sustanciadas en personajes, objetos y situaciones de forma llamativa, dando lugar a diálogos que son claves en la novela, pero no a grandes efusiones sentimentales. Ejemplifican las ideas que quiere Morrison y sobra lo demás (hablamos de 200 páginas). Símbolos son la muerte del chico y el hoyo excavado, según se describen, y se entienden como pecado, muerte, pérdida de la inocencia y de una sexualidad sana. Las decisiones de Nel, aunque sigan las normas de la comunidad, no la hacen mejor que Sula. Shadrack recuerda con su vida la capacidad autodestructiva de las personas aisladas. El empieza y acaba el relato. La maternidad es difícil en estas mujeres, los complejos maternos parecen ser heredados por las descendientes. Los petirrojos anuncian acontecimientos como la idea que tiene la comunidad de Sula, de ser una bruja. La noche expone los miedos ante los ojos. La suciedad de la casa se asocia al mal y la inocencia sexual perdida. El viaje de Nel para el funeral de la abuela es una primera toma de contacto con el mundo que le espera y con la vergüenza en adelante de ser quien es. Al conocer a Sula sabe que, con ella, puede superarlo. Al final comprende lo que perdió al perder su amistad. Las apreciaciones del valor de las tierras donde viven los negros harán que estos se muevan a donde menos valen, según el valor que les den los blancos en cada época, y eso se simboliza con el nombre que se da a los barrios. 

Otra interpretación que se hizo en los 70 de esta obra es la relación lésbica entre Nel y Sula. A mi no me lo ha parecido, pero no seré yo quien diga lo contrario.

En conjunto me parece una obra con los mismos parámetros que las demás de Morrison, aunque más cerebral. Es decir, en comparación con las otras novelas que conozco, con personajes menos aprehensibles, menos libres de ser. Parecen perfilados para encarnar unas ideas, y no al revés. Bajo esa complejidad simbólica no aprecio esa vida humana a ratos más ligera y simple, menos dedicada a demostrar algo que la autora tiene en mente. Tal vez la técnica evidente haya convertido el relato en un conjunto de ideas, muy interesantes pero muy frías. Una exposición novelesca de ellas. Y, sinceramente, no termino de entender toda la simbología, por ejemplo la del Dia del Suicidio. Tal vez no la tiene de manera premeditada. Sin ser el mejor, me parece, con todo, un buen libro: complejo, interesante y de los que un lector puede disfrutar estando muy atento a las interpretaciones

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