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lunes, 5 de noviembre de 2018

LA CASA DEL KGB. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf

LA CASA DEL KGB. EL HOMBRE SIN ROSTRO, de Markus Wolf 

    "A partir de mediados de los años cincuenta viajábamos a Moscú para reunimos con los jefes de la inteligencia exterior soviética, instalados en el Primer Directorio Principal, y para recibir instrucciones generales del jefe del KGB. En aquel momento no nos quedaba ninguna duda en el sentido de que nuestros anfitriones nos consideraban simplemente como unos peones colocados en una avanzada del orgulloso imperio. Nuestras habitaciones se encontraban en el apartamento de huéspedes de Kolpachni Pereulok, que había pertenecido a Viktor Abakumov, el brutal jefe del SMERSH, la organización responsable de la liquidación de los enemigos reales e imaginarios de Stalin durante la Segunda Guerra Mundial. Abakumov fue fusilado en 1953, después de la muerte de Beria. Construida en el grandioso estilo prerrevolucionario, la mansión de tres pisos tenía varios apartamentos, un ascensor, hogares y un amplio cuarto de baño de mármol con una enorme y antigua bañera. El armario del comedor estaba atestado de fina vajilla de porcelana y cristal, y había una hermosa mesa de comedor ovalada con una lámpara baja, y alrededor de ella nos sentábamos a analizar el estado del mundo con nuestros anfitriones. Las ventanas estaban protegidas por gruesas cortinas. La casa tenía una hermosa biblioteca de clásicos rusos (rara vez leídos), su propia sala de billares y un cine, y se la consideraba una maravilla incluso en el ambiente de los altos jefes del KGB, a quienes encantaba esta mezcla del antiguo gusto burgués y el lujo vulgar estilo nuevo rico. Se decía que Abakumov torturaba en persona a los prisioneros, y continuaba la práctica de Beria de secuestrar a muchachas atractivas en la calle, llevarlas a la casa y violarlas. ¿Quién podía decir qué horrores habían tenido lugar en los cuartos en los cuales se nos agasajaba con tanto lujo? Después del derrumbe de la Unión Soviética, la oficina de prensa del Servicio de Inteligencia ruso se instaló allí."
Lubyanka 

martes, 30 de octubre de 2018

SENCILLEZ. WALDEN, de H- D. Thoreau

SENCILLEZ. WALDEN, de H- D. Thoreau

    "Conforme simplifique su vida, las leyes del universo parecerán menos complicadas y la soledad ya no será soledad, ni la pobreza tal pobreza, ni la debilidad tal debilidad"


GOBIERNOS DEPREDADORES. COMPORTARSE COMO ADULTOS, de Yanis Varoufakis

GOBIERNOS DEPREDADORES. COMPORTARSE COMO ADULTOS, de Yanis Varoufakis

    "...abordamos la gran plaga que estaba a punto de desatarse sobre nuestros ciudadanos más débiles: los aproximadamente 16000 terminales de vídeolotería que la privatizada Compañía Nacional de Loterías OPAP iba a colocar por toda Grecia después de asegurarse los permisos correspondientes. Una población devastada por la pobreza y la pérdida de ingresos, en medio de una gran depresión psicológica y económica, estaba a punto de ser exprimida hasta que no le quedase nada en los bolsillos con la instalación masiva de máquinas tragaperras. Me cuesta imaginar una política más vil respaldada por un país civilizado"

lunes, 29 de octubre de 2018

LA DESNAZIFICACION INSUFICIENTE TRAS LA II GUERRA MUNDIAL. LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal

LA DESNAZIFICACION INSUFICIENTE TRAS LA II GUERRA MUNDIAL. LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal

    "En el Oeste fueron los franceses quienes adoptaron la actitud más dura, no sin razón, ya que ellos habían sufrido la ocupación nazi directamente. Sin embargo, paulatinamente, la dura actitud francesa se suavizó notablemente a medida que antiguos partidarios de Vichy fueron uniéndose a las fuerzas francesas de ocupación en Alemania y Austria, consiguiendo echar tierra a la acción de la justicia.
La política británica con respecto a los criminales nazis no fue ni clara ni coordinada, tuvo aspecto distinto que en Alemania y en Austria y con frecuencia resultó paradójica. Los ingleses muchas veces hacían la vista gorda con respecto a importantes nazis que se escondían en sus zonas; pero entregaban nazis con expediente criminal a los soviets o, por ejemplo, a los yugoslavos cuando había pruebas de que tales nazis habían cometido crímenes en la URSS o en Yugoslavia. Los ingleses andaban escasos de investigadores expertos, y como resultado, la desnazificación se llevaba a cabo con muy poca eficacia. Los ingleses tenían sus propios problemas en Palestina y en sus colonias y bastante menos interés que los americanos en poner en claro el embrollo nazi.

    Los americanos, de acuerdo con su temperamento nacional, fueron de extremo a extremo. Primero crearon la política de «arresto automático». Todos los SS miembros de la Gestapo, los miembros destacados del Partido Nazi, simpatizantes y colaboradores, fueron cazados y llevados a campos de detención donde se les suministró comida abundante, cuidados médicos y cigarrillos. Se les informó asimismo que tenían que aguardar a que los investigadores les interrogaran y separaran las ovejas de las cabras, los criminales de los simples secuaces. En los campos de detención fueron dispuestas diferentes unidades para los SS y los nazis menos responsables, para los altos oficiales de la Wehrmacht, para los colaboracionistas no alemanes (húngaros, eslovacos, croatas). Me pasé muchos ratos en esos campos investigando por cuenta de la Comisión de Crímenes de Guerra, la OSS y la CIC y sé muy bien qué trato recibían los internados. Durante mucho tiempo, los internados en aquellos campos tuvieron más comida que la población civil.

    Tuve también ocasión de observar los sutiles medios que los detenidos empleaban para «trabajarse» a los americanos. Los que se decían «expertos en cuestiones soviéticas», aquellos que habían estado en la Unión Soviética, comenzaron a envolver a los investigadores americanos en discusiones políticas. A algunos de ellos les pidieron incluso que escribieran informes destinados a importantes agentes de la inteligencia americana. Yo conocí a oficiales americanos que escribieron, a su vez, prolijos informes basados en tales fuentes, sin preocuparse de hacer comprobaciones. En 1946 y en 1947, los americanos pusieron en libertad a muchos criminales de guerra que fueron posteriormente arrestados de nuevo por la policía alemana y austríaca. Numerosos oficiales de la policía local habían sido víctimas del régimen nazi. Algunos estuvieron en campos de concentración y, por lo tanto, sabían de los nazis más que los americanos, separados de ellos por infranqueables barreras de lengua y mentalidad.

    Mientras los americanos que habían ganado la guerra en Europa dirigieron la desnazificación ésta se llevó a cabo con justicia y eficacia. Pero esos hombres se reintegraron definitivamente a sus hogares y fueron reemplazados por otros que habían pasado la guerra en los Estados Unidos o en el Lejano Oriente. No entendían nada del problema nazi, que para ellos parecía formar ya parte de la historia. En su mayoría no hacían el menor esfuerzo por hablar alemán y se valían de muchachas alemanas y austríacas como intérpretes. Con frecuencia fueron víctimas de la mejor arma secreta nazi: Las Frauleins. Un joven americano se sentía, naturalmente, más atraído por una bonita y complaciente muchacha que por uno de «esos de la SS», a los que todos deseaban olvidar como se desea olvidar una pesadilla. Esos americanos pensaban que nosotros, los que teníamos interés en ver la justicia cumplida, no éramos más que unos alarmistas, vengativos de «ojo por ojo», que no podíamos dejar de contemplar el mundo más que a través de una alambrada. Un capitán americano que tenía un importante puesto en la tarea de reeducación alemana, me dijo una vez:

    —Siempre habrá personas con un punto de vista distinto. En mi país tenemos demócratas y republicanos. Aquí vosotros tenéis nazis y antinazis. Eso es lo que hace que el mundo no se pare. Intenta no preocuparte demasiado por ello."

LA TORMENTA DEL TÁMESIS. A LA DERIVA, de Penelope Fitzgerald

LA TORMENTA DEL TÁMESIS. A LA DERIVA, de Penelope Fitzgerald 

    "Las tormentas siempre resultan extrañas en las grandes ciudades, donde hay tantas cosas inamovibles. El revoloteo de hojas y papeles frente a los altos y rígidos edificios cobraba una cualidad siniestra, como si intentaran escapar justo a tiempo. Pero empezaron a volar también objetos más grandes: cajas de cartón, ramas y azulejos. Las bicicletas apoyadas en las fachadas cayeron al suelo. Se oía ruido de cristales rotos, que se sumaba luego a los misiles que el viento lanzaba sobre el erosionado pavimento. El muelle, impecablemente barrido, estaba desierto. La gente que salía del metro se inclinaba de un modo extraño para contrarrestar el empuje del vendaval y se perdía corriendo por las calles interiores. Las gaviotas se esforzaban por mantener el vuelo sobre el río, con la esperanza de que la turbulencia les ofreciese algún hallazgo, pero luego, derrotadas y maltrechas, gritaban y corrían en busca de refugio. Las ratas del muelle se comportaban de un modo extraño; se arrastraban hasta el extremo de los tablones e intentaban alcanzar los barcos desde tierra firme. 

    Nadie en el río podía pensar que aquélla sería una noche normal. Los patrones de los remolcadores, que hasta ese momento parecían ignorar la presencia de los barcos amarrados, llamaban a voces o daban la señal de alerta: cinco rápidos fogonazos seguidos. Antes de que bajase la marea, la lancha de la policía recorrió el río, deteniéndose en cada uno de los barcos para advertirles del peligro. —¿Disculpe, señor, ha comprobado el ancla recientemente?"

domingo, 28 de octubre de 2018

PRIMAVERA DE PRAGA: ACTITUD ANTE LA OCUPACION, de Vaclav Havel

PRIMAVERA DE PRAGA: ACTITUD ANTE LA OCUPACIÓN, de Vaclav Havel

"...el 26 de agosto apareció en Liberec un detallado manual sobre cómo comportarse ante la ocupación y los ocupantes. Puede que llevara la firma conjunta del Gobierno regional y del comité regional del Partido Comunista de Bohemia del Norte, pero su lenguaje era inconfundiblemente el de Havel: 'Afronte la presencia de las tropas extranjeras igual que afrontaría, por ejemplo, un desastre natural: no negocie con ellas -igual que usted no negociaría con una lluvia torrencial-, sino que actúe al respecto y huya de ellas de la misma forma que lo haría con la lluvia: utilice su ingenio, su inteligencia y su imaginación. Al parecer el enemigo es tan impotente frente a este tipo de armas como lo es la lluvia frente a un paraguas. Utilice contra el enemigo cualquier método que él no se espere: no le manifieste ningún tipo de comprensión, ridiculicele y muéstrele lo absurdo de esta situación. (...) Si en un determinado momento usted decide que es mejor actuar como Hus, actúe como Hus, pero si, por otra parte, usted decide que es más eficaz comportarse como Sveik, compórtese como Sveik"

RETRATO DE UNA DE LAS MEJORES POETAS RUSAS DEL SIGLO XX. UN ESPÍRITU PRISIONERO, de Marina Tsvietáieva

RETRATO DE UNA DE LAS MEJORES POETAS RUSAS DEL SIGLO XX. UN ESPÍRITU PRISIONERO, de Marina Tsvetáieva  

    "El crítico y amigo de Marina Mark Slonim escribía en sus memorias: «En el París de la emigración resultó claramente fuera de lugar. En el mejor de los casos, se la toleraba en los periódicos y revistas, donde podía publicar algo, y sus colaboraciones a menudo se producían en unas condiciones que a ella le parecían ofensivas. No llegó a ocupar ningún lugar en la “sociedad” emigrada, con sus salones, literarios y políticos, donde todos se conocían […] Era un bicho raro, alguien ajeno, expulsada del grupo, alejada de las relaciones personales y familiares, y destacaba poderosamente, con su rostro, sus palabras, y su vestido gastado, y su imborrable sello de pobreza…».
¿Podríamos tener la misma sensación sobre el mejor escritor del momento?

sábado, 27 de octubre de 2018

CAMINAR POR EL BOSQUE. CAMINAR, de H. D. Thoreau

CAMINAR POR EL BOSQUE. CAMINAR, de H. D. Thoreau

    "Me alarma comprobar que a veces soy capaz de caminar una milla por un bosque sin que mi espíritu llegue a pisarlo. Me gustaría ser capaz de olvidar todas las ocupaciones de la mañana y mis obligaciones con la sociedad durante mi caminata de la tarde. Pero a veces no me resulta sencillo sacudirme la ciudad. Alguna idea de trabajo me da vueltas en la cabeza y de repente dejo de estar donde está mi cuerpo, me hallo lejos de mis sentidos. En efecto, durante mis caminatas me gustaría ser capaz de regresar plenamente a mis sentidos. ¿De qué sirve venir a los bosques si me dedico a pensar en cosas que nada tienen que ver con ellos?"

viernes, 26 de octubre de 2018

DIARIOS, 20 DE ENERO DE 1852, de H. D. Thoreau

DIARIOS, 20 DE ENERO DE 1852, de H. D. Thoreau

"Ver salir o ponerse el sol cada dia deberia mantenernos cuerdos para siempre, al ponernos en relacion, por nuestra buena salud mental y fisica, con un hecho universal"

LA GUERRA DE AFGANISTÁN. LOS MUCHACHOS DE ZINC, de Svetlana Alexievich

LA GUERRA DE AFGANISTÁN. LOS MUCHACHOS DE ZINC, de Svetlana Alexievich

    «La muerte es horrible, pero hay cosas peores… Jamás diga delante de mí que somos unas víctimas, que fue un error. No lo diga en mi presencia. No le doy permiso.
    »Combatíamos bien, valientemente. ¿Por qué nos tratáis ahora de este modo? Yo besaba la bandera como se besa a una mujer. Temblando. Así es como nos habían educado: si besas la bandera, eso es sagrado. Amábamos a la Patria, en ella depositamos nuestra confianza. Vale, vale, vale… [Nervioso, tamborilea con los dedos]. Yo aún estoy allí… En la calle el tubo de escape de un coche da un “petardazo” y siento un miedo cerval. Se oye el estallido del cristal que se rompe… y al instante cualquier pensamiento desaparece, en mi mente solo existe el vacío del estallido… El sonido de una llamada de teléfono me recuerda a disparos… No estoy dispuesto a borrar todo esto, no logro pasar por encima de mis noches sin dormir. De mis sufrimientos. No soy capaz de olvidar el escalofrío mientras el termómetro marcaba cincuenta grados…
    »… Íbamos en camiones y cantábamos a todo pulmón. Llamábamos a todas las chicas que veíamos, las provocábamos, desde la altura del camión todas nos parecían guapas. Estábamos llenos de alegría. Algunos eran unos cobardes.
»—Me negaré a ir… Es mejor la cárcel que la guerra.
»—¡A por él!
    »Les pegábamos. Nos mofábamos de ellos, y algunos se atrevían a fugars
    »Al primer muerto lo extraje por la escotilla. Dijo: “Quiero vivir…”, y se murió. Vale, vale, vale… Después del combate se te hace insoportable contemplar la belleza. Observar las montañas, el desfiladero de color lila escondido en la niebla… Ver un pájaro de plumaje colorido… ¡Sientes ganas de acribillarlo todo a balazos! Disparo… ¡Disparo al aire! O bien te vuelves sosegado, tierno. Un chico al que yo conocía se moría lentamente. Estaba tumbado e, igual que un niño que acaba de aprender a hablar, iba nombrando y repitiendo los nombres de las cosas que pasaban por delante de sus ojos: “Montañas… Árbol… Pájaro… Cielo…”. Así hasta el final…
  »Un joven sarandoy, son como policías allí:
  »—Me moriré, Alá me llevará al cielo. ¿Tú dónde irás?
  »¡¿Adónde iré yo?!
  »Estuve en el hospital. Mi padre vino a verme a Taskent.
  »—Has estado herido, tienes derecho de quedarte en la Unión Soviética.
  »—¿Cómo voy a quedarme si mis amigos están allí?
  »Él es comunista pero iba a la iglesia, encendía velas.
  »—¿Por qué lo haces, padre?
  »—Tengo que depositar mi fe en algo. ¿A quién le ruego si no, para que vuelvas?
  »Tuve un compañero en el hospital. Su madre vino a visitarlo. Vino de Dusambé, trajo fruta y brandy.
  »—Quiero que mi hijo vuelva a casa. ¿A quién se lo debo solicitar?
  »—Venga, madre, ¿qué te parece si brindamos con tu brandy a nuestra salud?
  »Acabamos con su brandy. Una caja entera. El último día nos enteramos de que a uno de nuestra habitación le habían diagnosticado una úlcera estomacal. ¡Canalla! Borramos su rostro de nuestras memorias.
  »Para mí o es negro o es blanco. El gris no existe. Los tonos no existen.
  »No nos cabía en la cabeza que hubiera lugares donde llovía días enteros. Que nuestros mosquitos rusos, los de Arcángel, seguían zumbando por encima del río. Para nosotros solo existían las montañas, calcinadas y rugosas… La arena punzante… Vale, vale, vale… Encima de ella, como en una sábana enorme, yacían nuestros soldados bañados en sangre… Les habían cortado los genitales a todos… Y la nota: “Vuestras mujeres nunca parirán hijos vuestros…”.
  »¡¿Y dice usted que lo olvide?!
  »Regresamos. Algunos con magnetófonos japoneses, algunos chasqueando llamativos mecheros, otros con el uniforme desgastado y el maletín vacío.
  »Combatíamos bien, valientemente. Nos condecoraron con órdenes… Dicen que a nosotros, a los “afganos”, se nos reconoce sin necesidad de ver nuestras condecoraciones, se nos reconoce por la mirada:
»—Chico, ¿eres de Afgán?
  »Me lo dicen mientras camino por la calle, vestido con un abrigo soviético y unos zapatos soviéticos…».

  Soldado, transmisiones