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sábado, 14 de febrero de 2026

SALIR A ROBAR CABALLOS, de Per Petterson

SALIR A ROBAR CABALLOS, de Per Petterson


El libro (del 2002) es una historia muy bonita de cómo un adolescente noruego, Trond Sander, va madurando desde la ocupación nazi hasta unos pocos años después, en verano de 1948, el último que pasa con su padre en la cabaña de un bosque cercano a Suecia.  Mientras su madre y su hermana permanecen en Oslo. En ese tiempo estival, además de la admiración por su padre, empieza a competir con él en tema de mujeres y en destreza con los troncos cortados y echados al río hasta la serrería. Empieza a sentirse un hombre, con los deseos, apetencias y rivalidades que conlleva. Ya de mayor, con 67 años, y en otra cabaña pero viviendo solo, rememora esos años de aprendizaje cuando ya se siente, tal vez prematuramente, viejo. El aprendizaje al final con su padre no es total, pero si definitivo.
 
Por medio, hay anécdotas la ocupación nazi, de los escarceos amorosos del padre, de sus amigos, del paso de refugiados a Suecia, y de mucha naturaleza en los ojos del adolescente y sus amigos. Es minimalista en estas descripciones, e intenso en las escenas que narra, como cuando cabalga caballos con Jon, o la escena de su padre con la vecina en el muelle del rio, o la muerte accidental de Lars, hermano de Jon. El argumento, sencillo. Las relaciones interpersonales, complejas: hay mucha especulación sobre las cosas que le pasaron a su padre, a sus vecinos, a él mismo. Lo mezcla con el bosque, el rio, los troncos cortados, los caballos, etc. Un intento de Trond, el adolescente pero también el jubilado, por saber que lugar ocupa en el mundo desde una cabaña del bosque.

Un detalle especial, los diálogos son escuetos entre el protagonista y Jon o su padre. Pero el chico, al narrar, es totalmente cálido y expresivo en todo lo que rodea la conversación 

Nos enteramos de su vida presente en la segunda parte, de sus circunstancias, de cómo vive en medio de la nieve invernal, con Lyra, su perra, junto a un lago. Por allí pasan Lars, amigo de la infancia que evoca a un fantasma, y vecino también, y su hija Ellen. En esta parte se acentúan la intensidad de los recuerdos y la soledad. Es un diálogo consigo mismo en el que de niño buscaba la madurez de los mayores, pero cuando escribe esta historia, recién jubilado, su tono es el de volver a la adolescencia. Recuperar la juventud, la alegría de vivir y un atisbo de futuro a través de estos recuerdos en una edad en que ya miras de reojo el fin.

El libro alcanzó tal éxito que también tiene su película.


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