B. B. KING, EL REY DEL BLUES, de Daniel de Visé
Una de esas biografías mas grandes que el propio personaje. En ella conocemos el ambiente del Delta del Misisipi, en el estado del mismo nombre, allá por 1925. Hasta su muerte en 2015 contemplamos toda la evolución de las leyes Jim Crow, de la evolución en su propia tierra. Su muy humilde origen en una cabaña de la que no queda nada, como de tantas otras. El libro nos cuenta anécdotas, su mundo juvenil, sus influencias familiares, musicales y laborales como aparcero o contratado como tractorista. Podría haber sido un buen tractorista.
Llama la atención ese tartamudeo inicial, que se le considerara un buen cantante antes que un buen guitarrista y que le encantara cualquier cosa que se llamara guitarra, por muy precaria que fuese, para sacarle sonidos. Un oído privilegiado. Le costó ser el guitarrista que fue, y aquí cuenta cómo se dejó enseñar en su debido momento, aprender y escuchar en esos inicios.
Hay que conceder al autor una virtud esencial en este libro: tiene una capacidad de evocación muy poderosa utilizando frases exactas, sin palabras superfluas. Es capaz de hacernos, por ejemplo, revivir a John Hurt, un bluesman del viejo blues rural dado por desaparecido e imaginarnos esa epifanía que tuvo su redescubridor Fahey. No falta ni Lomax en esta historia de Riley King, el verdadero nombre de B.B. King. Porque es aun más la historia del blues. Un arte autóctono de un lugar y una gente concreta. Una cultura musical.
En 1949 empezó a tomarse la música en serio, en 1955 el R&B comienza el asalto a las listas del Billboard, la lista de música de los blancos.
King es un rey del blues que a veces se tiene que alejar del blues estricto para ganar dinero de verdad y recuperar relevancia musical: es decir, hay muchos altibajos en la carrera de B.B. en los años 50 y 60. Altibajos en los lugares donde tocaba: grandes auditorios, y garitos cutres. De llevar grandes orquestas a reducirlas a la mitad. De tener un techo de cristal, el de los blancos. Pero a finales de los 60 rompió ese techo y alcanzó la fama mundial, no solo en el mundo de la gente de color y de blancos sin prejuicios.
Más altibajos: los contratos con discográficas: ahi estan ABC-Paramount, los hermanos Chees, los Behari, cada uno con sus engaños y halagos hacia B. B. Otros altibajos son los de Lucille: discos en los que relumbra, y discos en los que desaparece. De ser un bluesmen a ser un crooner como Sinatra. La historia de Lucille, la guitarra, es la de un objeto mitológico con sucesivas reencarnaciones.
También el libro funciona como una genealogía del blues. Los que influyeron en B.B, gente a la que admira, el uso de la guitarra hawaiana, del country en su propia trayectoria musical, los que se quedaron por el camino del R&B, los que evolucionaron hacia el soul como respuesta al R&R de los blancos, los que redescubrieron el blues... porque la segregación racial dejaba al rey del blues fuera de los grandes números de ventas. Se lo tenía como música de negros para negros. Pero eso cambio con gente que se atrevió a copiar su estilo, como el blanco Johnny Winter en 1961, alguien que se convertiría en uno de los grandes bluesmen blancos. Otros como Jimi Hendrix, los descubrieron en bolos compartidos. En esos años, la América negra de clase media rechazaba el blues en favor del soul, más comercial, moderno y urbano. Para los jóvenes, el blues significaba discriminación, segregación. Los toman por gente de antes, borrachos y paletos.
Otra línea que sigue el autor es la biográfica: nacimiento en el Delta del Misisipi (que no es la desembocadura del río), su vida de aparcero para los blancos, lo mujeriego que era, la influencia de su padre, la familia, las ganas de tocar y tener éxito, la llegada a Memphis... Todo esto nos da a un tipo muy trabajador, tozudo , que se pasa más de 300 días al año en la carretera, que gana un pastizal pero que también se lo funde, que a veces se engaña a sí mismo de una forma penosa (su descendencia)... y muchas, muchísimas anécdotas propias y de otros del mundillo afroamericano, musical y del sur. Historias como la uno de los mejores discos de blues en directo, el Live at the Regal, o la de Live&Well. Recordar que es la época musical más excitante del siglo XX.
La nómina de nombres con alguna relación con B.B. o que tienen su anécdota en el libro es, literalmente, impresionante: de Hendrix a Stevie Wonder, Sam Cooke, Blind Lemon, Howlin Wolf, John Lee Hooker, James Brown, Fats Domino, Elvis Presley, Ray Charles, Little Richard, Rolling Stones, Ike&Turner, etc. Sin desperdicio.
Para un tío en apariencia apolítico, el autor suma uno de los grandes movimientos políticos a esta historia: la defensa de los derechos civiles y la lucha contra la segregación. Y aquí se cuentan más historias emocionantes. Ya lo había hecho en el capítulo titulado Big Red, dedicado a los viajes en el bus del mismo nombre por toda Norteamérica y la cantidad de historias que B.B. vivió incluso con su vida en juego. Aquí, además, descubrimos que ser masón le sacó de apuros.
Luego viene el revival británico: el salto de Muddy Waters del charco en 1958, como otros, y lo que supuso para la juventud del país. Los Rolling Stones vienen directamente de ese mundillo: el nombre incluso viene de una canción de Waters. Pero también Jack Bruce, Ginger Baker. McCartney "no conocía el blues, todo era rock and roll para el". Así que, de paso, tenemos una genealogía del rock, el blues y la influencia del skiffle. La llegada de la guitarra solista. Pero hay mucho más en este capítulo, que es genial. Hay que leerlo.
En otra fecha memorable de 1967, con 41 años, le llega por el reconocimiento de las nuevas generaciones y de los blancos. También el año en que Lucille paso a la mitología. Cambio de manager, se vio no sólo respetado por el mundillo del blues, sino reconocido a nivel internacional, subió el caché y se rodeó de músicos que modernizaron su estilo. A cambio de tocar para blancos, perdió la esencia pentecostal de un público exclusivamente negro y segregado. Tuvo su disco grabado en la prisión de Cook, dejó de ser un analfabeto funcional, abandonó el circuito chitlin para negros por el universitario para blancos. Toco para programas de audiencias líderes a nivel nacional, en los mejores escenarios, en Londres. B.B. se vino arriba por méritos propios.
La biografía persigue sus 40 millones de dólares perdidos en el juego (calculo del propio BB), muy poco de sus escarceos sexuales pero que era un adicto al sexo, su afán de notoriedad y dinero en una carrera musical larga y llena de altibajos, la necesidad del aprecio de su padre, la jerarquía dentro de su banda y múltiples anécdotas ( como su amistad con Bono), su amor/despecho hacia Indianola. De si sus 15 hijos lo eran de verdad, de sus inseguridades creativas, las purgas continuas de músicos que le acompañaban. Y por último, un final algo lastimoso: su soledad en el lecho de muerte, y toda esa descendencia (unos 100 entre hijos, nietos y el que se apuntara) por la herencia.
En definitiva, una joya de libro por cuanto es la biografía de uno de los mejores músicos blues, y de la música popular a nivel mundial. Una historia popular de los estados del sur, del blues y de su hijo, el rock. Emotiva, concreta, documentada y bastante completa. Añadir que el propio B.B. King "escribió" su propia biografía, de la que el lector no se puede fiar completamente (eso son las autobiografías) porque el autor revela algunas lagunas de memoria, interesadas o no, del músico y que en varias ocasiones también documenta.
Para disfrutar si eres amante de B. B. King, de la música popular o de las biografías. Si te van los tres géneros, aun mejor.

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