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martes, 20 de enero de 2026

LA MORERA DE JERUSALEN, de Paola Caridi

 LA MORERA DE JERUSALEN, de Paola Caridi

El libro trata del apego de los hombres a la tierra ejemplarizado por los árboles, que hunden sus raíces en la tierra pero nos dejan su porte  para satisfacción de las personas. Hay hombres que lo aprovechan, y otros que lo arrasan. Esto pasa en Palestina, en Egipto, en Palermo o en Turquía. Los que respetan la tierra, y por tanto los árboles, cuidan de ellos. Los que están a otra cosa, y preferentemente contra la vida humana digna, los derriban como una forma de opresión más contra la población.

Es también un ejercicio de nostalgia, empezando por su Roma natal, un aroma expresivo que está impregnando muchas expresiones culturales del momento. Supone un recuerdo de lo bueno que aun queda y que ni políticos, ni empresarios ni militares han podido empañar como cuando la autora se encuentra a mujeres como Umm Ahmed al final del libro, en Jerusalén, donde la autora vivió 10 años seguidos. Una mujer que cultiva las hortalizas en su huerto y las sube a la ciudad cada semana para participar del mercado de la Puerta de Damasco. La historia suya son las trabas burocráticas y los controles militares que cada vez lo ponen más difícil a una práctica que supera en tiempo y derechos al estado de Israel.

Sería un caso en que el empuje del estado hacia la pobreza, fuerza que ejercida en este caso sobre los palestinos, intenta conseguir que estos pierdan su dignidad a sus propios ojos y a los del mundo. Conseguir este abuso, esta forma de matar poblaciones enteras, a través de la transformación del paisaje que esa población original había conseguido sabiamente y en paz, es de lo que va este libro: la mayoría de veces se consigue arrasando, pero en el caso de Israel, primero se arrasa el poblado civil y luego se siembra de pinos para olvidar cuanto antes su memoria (la Nakba). Los ejemplos en el libro son varios.

El libro también repasa la mentira sionista de que antes de llegar ellos, en el territorio no había nada de provecho. Caridi nos recuerda la explotación comercial que tanto impulso Francia desde el siglo XIX: las moreras para su industria de seda en Lyon. El otro cultivo famoso en la región es la naranja, famosas por su forma y el tiempo que aguantan durante el transporte.

Por supuesto, están los árboles que, por su sentido simbólico, definían a las comunidades donde crecían precisamente porque, a su sombra, se hacía comunidad. Puede ser en un pueblo palestino, el famoso jardín de Taksim Gezi de Estambul que echó a los ciudadanos a la calle o en una parte de un cementerio de El Cairo.

Están los jardines donde los ingleses e italianos cuidaban plantas exóticas no por placer visual o científico exclusivamente sino también como negocio: se estudian sus características para explotarlas industrialmente en zonas incluso diferentes a las suyas.

En definitiva, la idea del libro no es nueva pero esta bien. Se basa en datos pero la fuerza la tienen las ideas, los conocimientos y algunas experiencias de la autora. Esperaba conocer mas a fondo los casos que plantea, asi que me ha sabido a poco. La profundidad ha quedado en las opiniones de la autora pero no en el conocimiento de casos bastante famosos.

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