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viernes, 24 de marzo de 2017

AMOR FRUSTRADO. SANGRE Y ÁMBAR, de David Torres

AMOR FRUSTRADO. SANGRE Y ÁMBAR, de David Torres 

    "Sus claros ojos azules chispearon en un reflejo de la sonrisa que le cruzaba por la cara.
—Cuando doy conferencias, cuando cuento mis experiencias de la guerra en los colegios, los chavales siempre me preguntan lo mismo. Me preguntan si tenía novia, cómo era hacer el amor bajo la urgencia de la muerte, cuando una bomba podía matarte en cualquier momento. Yo les cuento la verdad: que por aquel entonces yo no sabía aún lo que era hacer el amor, que ni siquiera tenía novia. Les digo que tener diecisiete años en 1944 no era como tenerlos ahora. Con diecisiete años yo no sabía casi nada de sexo. Pero no lo entienden. No lo entienden.
Alzó de nuevo la cabeza al cielo, una racha de viento le levantó un mechón de cabellos pero esta vez no se molestó en volver a peinarse. El recuerdo llegó volando a través de las nubes grises, de palabras y de años, muy, muy lejos. Calló unos instantes y cuando volvió a hablar de nuevo su voz no cambió el registro ni se ensombreció. Era la misma pronunciación impecable, correcta y modulada, no tocada por la emoción, la voz de un viejo y respetuoso caballero charlando con una hermosa mujer. Pero el azul de las pupilas se había oscurecido, había tomado el mismo color de herrumbre de aquellas nubes que se desplazaban sobre nosotros como estatuas rotas.
—Había una chica en mi regimiento. Se llamaba Halina. Era muy joven, más joven que yo. Un día me dijo que teníamos que acostarnos juntos. Yo no supe qué decirle, le dije que no era el momento ni el lugar, que estábamos en medio de una guerra. Ella respondió: «Ryszard, no esperemos más. Mira que mañana podemos estar muertos.» Pero yo no acababa de decidirme, me daba vergüenza, le decía: «Halina, ¿dónde vamos a hacerlo?» Y ella me señalaba a algunas parejas de soldados de los que sospechaba que se acostaban juntos. «Mira —me decía—. Esos dos ya lo han hecho. Se nota cuando están juntos.»
Ryszard se detuvo y por primera vez titubeó. Masticó algo en el aire mientras buscaba las palabras con que seguir.
—Un día los alemanes tomaron el distrito de Czerniaków, el que nosotros defendíamos. No podíamos quedarnos allí por más tiempo, nos ordenaron replegarnos hasta otro sector para continuar la lucha. En la retirada teníamos que cruzar una barricada descubierta. Pasamos uno a uno, bajo el fuego alemán, pero cuando cruzó Halina una ráfaga la alcanzó en el pecho y la mató. —Se detuvo otra vez. Sus ojos eran dos pliegues sin luz—. Entonces me arrepentí de no haberme acostado con ella. Porque ella murió sin saber lo que era el amor. No lo probó nunca. Sólo era una niña, ¿entienden?
Miró a Aśka, intentó sonreír, levantó la cabeza al cielo y el viento alborotó sus cabellos en un remolino blanco. El silencio que lo envolvió entonces se extendió más allá de la ciudad, de las pisadas de los transeúntes que cruzaban la plaza y de los ruidos del tráfico. Más que nunca, el perfil augusto de su cabeza recordaba otro guerrero de bronce.
—Era muy guapa —dijo."
Varsovia

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