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lunes, 24 de febrero de 2025

LAS MONTAÑAS DEL OCEANO, de Bertrand Dubois

 LAS MONTAÑAS DEL OCEANO, de Bertrand Dubois

Este libro va de romper con lo conocido y atreverse a descubrir más cosas. De cumplir sueños, de no dejar de ser joven e inquieto por tu entorno. De romper con los localismos. Y eso, viniendo de la mano un guía alpino profesional, significa subir más la apuesta por su profesión, o meterse en tinglados muy diferentes a los que se dedica. Con sus 220 páginas confirma ambas ambiciones: navegar y escalar en la zona de los rugientes 50º.

Dentro del relato hay un gozne que separa, por un lado, las preocupaciones de Bertrand Dubois y sus numerosos compañeros, y por otro, la acción misma del viaje a las islas Georgia del Sur: el 16 de septiembre de 1979. Es la fecha en que se dirigen hacia las islas, un pequeño archipiélago de soberanía británica perdido, directamente, en el culo del mundo. Lo alcanzaron el 5 de enero del año siguiente tras pasar por Rio de Janeiro y Buenos Aires, y lo hacen navegando el Basile, un velero con motor. Era una embarcación nueva. Basada en otra anterior llamada Damien II, estaba diseñada para ellos que eran alpinistas y guías de Chamonix y Saint Gervais, con muy poca preparación marítima en principio. Pero tanto le gustó a Dubois el tema que después de esto se convirtió en patrón de barco e hizo más viajes. 

Así que hasta esa fecha en que comienza el verano austral tienen mucho trabajo por delante. Dubois y unos pocos "insensatos", que han decidido ser jóvenes a conciencia, por pura aventura, y con provecho de ello (porque si algo destaca de gente capaz de hacer esto es ser muy sensatos), han tenido que buscar una cuantiosa financiación que no poseen a priori. Endeudarse hasta las cachas, como solemos decir, pero a la vez ir marcando posibilidades de crecimiento económico para que los bancos y marcas de material deportivo se fíen de ellos. Todo ello muy interesante y que hace añorar otras épocas para semejantes lances épicos. Además, aunque entre saboyanos y bretones ocho fueran los expedicionarios, la preparación del viaje tiene el mérito de sumar los esfuerzos imprescindibles de mucha gente que no les iba a acompañar, de gente bien dispuesta, con recursos útiles, que quería ver conseguida la hazaña de Dubois y sus amigos. En este sentido, lo que cuenta es que este viaje es un buen ejemplo de echar a andar una propuesta difícil y colectiva a través de unos seis años de preparación.

El otro lado del gozne del 16 de septiembre lo marcan las estimulantes etapas del viaje, su exploración marítima y alpina en torno a las montañas del océano, las de las islas de Georgia del Sur. Este viaje es una mezcla muy interesante de retos novedosos. A esta cadena montañosa aislada se la califica como los Alpes del Sur. Tiene su máxima altura en el monte Paget, de 3000 m. Van coronando esta y otras cimas en medio de una meteorología horrible, con mapas poco definidos, cruzando algunos caminos de Shackleton en su odisea, una de las inspiraciones del autor para el viaje. Está enterrado en el cementerio de la isla. Aunque la isla tiene algo de cementerio: quedan numerosos trastos y edificios arruinados de la época de los noruegos y sus andanzas balleneras. Para las salidas montañeras el barco los deja y los recoge en puntos costeros convenidos, pero siempre hay un fuerte riesgo: el lado más fácil de la ascensión de un pico es el más difícil para evitar escollos y arrecifes peligrosos para la aproximación del Basile. Pero no importó demasiado: aun con precauciones, me parece que iban sobrados. Subir el Paget marca un antes y un después, eliminan ansiedades y disfrutan más de sus salidas por la isla entre excursiones, ascensiones, convivir con la fauna y descubrir varias estaciones balleneras noruegas abandonadas desde hacía mucho, entre los huesos de ballenas abandonados. Estan los restos de seis estaciones, la ultima se abandonó en 1965. Y, salvo contadas ocasiones, siempre con un tiempo lluvioso y ventoso, a veces nivoso. 

El relato nos describe un paisaje alpino difícil de igualar, salvaje, perdido, al alcance de muy pocos por lo aislado y lejano que es. Dubois en todo momento se deja llevar por el entusiasmo de haber llegado y estar allí, por solventar situaciones engorrosas. La convivencia entre ocho personas tan dispares no es un logro menor. Acabado el visado de dos meses concedido por los británicos, regresaron a Francia. 

Por saber algo más del autor, aunque el relato del libro no va mas allá de 1980, Dubois, con su esposa a bordo del "Baltazar" viajaron por Noruega, Groenlandia, Brasil, Malvinas, Tierra del Fuego y Cabo de Hornos, Magallanes, Antártida, Chile, Isla de Pascua, Tahití... El libro en Editorial Juventud es de 1986.
También se implicó en la causa ecologista. Todo un personaje.

sábado, 22 de febrero de 2025

TOR. LA MONTAÑA MALDITA, de Carles Porta

 TOR. LA MONTAÑA MALDITA, de Carles Porta

Esta historia responde al dicho de Pueblo pequeño, infierno grande. Es por un tema de envidias acerca de la posesión de una montaña justo al norte detrás del pueblo de Tor (algo que se llevaba arrastrando unos 100 años), que en 1995 el más enconado y más bruto de los 13 censados aparece asesinado en su casa en unas circunstancias poco claras. El caso es que es un sitio que solo parece interesar a los hippies tardíos o a los que desean desaparecer por algún motivo del mundo. No parecen tener muchas ganas de pisar ese culo de saco que es Tor ni la policía ni a las autoridades judiciales. Pero hay dos gallitos enfrentados entre esos trece censados, y eso toda la región lo sabe. Así que, ¿para que ir a provocar? Frente a la desgana de las autoridades frente a los recurrentes conflictos entre estos dos gallitos, un tal Sansa y un tal Palanca, la actitud es la de que "cuando alguien pida ayuda ya iremos". Los dos elementos citados son dos piezas de cuidado, matones de baja estofa, mal encarados y muy enredadores. Como imanes, atraen a otros personajes del mismo género. Incluso atraen a gente que prefiere vivir a su aire sin montar conflictos en una especie de camping que Sansa montó. Pero hay más, una pieza enigmática del caso que puede extender la trama de los asesinatos fuera del valle de Tor, como son los frecuentes convoyes de contrabandistas, porque la montaña de Tor hace de frontera con Andorra. La propiedad de esa montaña (término iberovasco que significa cerro segun he leido) es la que controla el paso de este lucrativo negocio, y el de unas posibles pistas de esqui, y ademas una posible urbanización con todos los servicios posibles a un lado y otro de ese collado fronterizo. Y no es todo... porque he escrito crímenes. ¿En plural? Si, porque ya hubo dos asesinatos en 1980 relacionados con todo esto y en el mismo pueblo que quedaron semiolvidados, eran gente de fuera. Otro negocio importante de la montaña es la extracción de madera. Por tanto, era muy importante la titularidad de esa montaña, que había quedado muy mal atada a finales del siglo XIX entre los vecinos de Tor. A todos estos actores del drama persigue Porta grabadora en mano en el ambiente gélido de la montaña.

No se trata de reventar la historia contada con detalles, porque en ellos tiene gran parte del interés el libro. Este true crime sin terminar de resolver es una novela de no ficción, por lo que rápidamente le viene a uno el género creado por Truman Capote con A sangre fría. Carles Porta no es precisamente Capote, pero me da que le importa poco. No ha pretendido más que esclarecer un crimen donde ningun otro (policía, jueces, vecinos) ha podido demostrar quién fue el culpable. O quienes. Porta tampoco lo señala, pero tiene su candidato a malo de esta historia. Que cada uno judge, parece decirnos como mensaje final de estas 365 páginas. Tampoco me parece un narrador muy conocedor del pirineo leridano, ni de los modos de vida vigentes de antes ni de ahora entre los habitantes de aquellos valles tan mal conectados con los centros urbanos. Alguna montaña he hecho por allí cerca cuando no tenía ni idea de estos sucesos, y sí puedo imaginar que quien necesite aislarse del mundo en esos valles lo tiene facil todavia. En 2023 habia censados oficialmente 14 personas, y oficialmente había 28 dueños del monte Tor, pero con distintos privilegios a la hora decidir.

El libro es fácil de leer, entretenido, se detiene un poco en personajes extravagantes, sórdidos o frikis que tienen algún interés en Tor, o pasaron por allí. Lo cuenta llanamente, sin darle demasiadas vueltas a temas que no respondan a unas pocas preguntas: ¿Quien tenía motivos para matar a Sansa? ¿Quien dijo estar allí para verlo? ¿Qué secretos guardaba Sansa para fanfarronear tanto? ¿De verdad tenía mucho dinero oculto bajo el suelo de su casa? ¿Quien se beneficiaba de su muerte? Y finalmente, ¿quien fue la mano ejecutora? Una vez mas, son mas interesantes las vueltas que da Porta, con el cámara y el técnico de sonido, para grabar su reportaje televisivo con gente peculiar que le cuenta cosas inesperadas, que la propia contestación exacta a esas preguntas.

jueves, 20 de febrero de 2025

AUA, de Knud Rasmussen

AUA, de Knud Rasmussen


"Si me había propuesto trabajar en particular con los con los chamanes era porque, cómo es fácil de suponer, por lo general son personas que tienden a profundizar más en los interrogantes espirituales que se plantea la tribu. Si bien las leyendas son una buena expresión de la fantasía esquimal, la idea de conjunto de su cultura espiritual hubiera resultado monótona de no tratar de proporcionar una imagen lo suficientemente exhaustiva de la fe y las supersticiones. Solo así se puede captar de verdad algo del pensamiento que ocupa la mente del hombre primitivo."

Un extracto de su largo viaje, en tiempo y espacio, por el Ártico para conocer las similitudes y diferencias de los pueblos inuits que por allí viven. El interés es antropológico desde las confesiones de un hechicero convertido al cristianismo, Aua, y su mujer, que le revela sus secretos de chamán en la isla de Baffin, perteneciente a Canadá. El autor observa las relaciones dentro de la familia y entre clanes, los muchos emparejamientos de mujeres con distintos hombres a lo largo de su vida, así como la antropofagia cuando está en juego la supervivencia de la tribu. Y es que muchas de las costumbres menos comprendidas por los occidentales tienen que ver con la supervivencia de esta gente en un lugar extremo del planeta. 
La temperatura exterior del igloo, durante aquel viaje, andaba por los -30 o -40°C, con una mínima récord de -57°C cuando estaban cazando morsas.

Las muchas horas en el igloo dan para muchas conversaciones, como las experiencias extracorpóreas de viajes a un más allá, la importancia de los tabús, las escenas de caza vividas, etc. Además, da la sensación de que, a lo largo de la vida de un esquimal, según la cuenta, los momentos de falta de caza son unos cuantos y hacen que, por el hambre, sus vidas pendan de un hilo. Al final del libro, cuando más franco se muestra Aua, le explica cómo se convierte uno en chamán, que ritos sufre. Cuenta su propia existencia desde el vientre de su madre hasta su conversión al cristianismo. Y se sincera cuando explica el sentido de tantos tabús, de tantos ritos complicados, de esas historias que pasan de generación en generación: el temor a morir por la existencia que llevan, tan dura, tan desoladora. Ese momento de apertura del alma de Aua es desconsolador: paseó a Rasmussen por algunos igloos, vieron venir a los cazadores con las manos vacías en un día tormentoso, casi sin luz, para explicarle que hay muchos aspectos de sus vidas diarias que les producen miedo.

En otro momento del viaje Rasmussen vuelve a hospedarse con Aua, y el autor refiere cómo adoptó el cristianismo y sus ventajas al suplantar las antiguas creencias. Sin embargo, las viejas costumbres se mantuvieron más tiempo. Aua dejó de ser el chamán para ser el responsable cristiano de los recién convertidos, su familia. Solo así pudo Rasmussen conocer los misterios de la antigua creencia, sin miedo a ofender a los antiguos espíritus puesto que Aua ya se había despedido de ellos. Conoció las visiones de Aua, los viajes después de la muerte, sus viajes al cielo y al fondo del mar.

De la interacción del blanco con los esquimales da cuenta un ejemplo, el asesinato de un comerciante blanco por un esquimal, el choque de mentalidades y las consecuencias para los nativos del Ártico. 

Muchas leyendas son patrimonio común de esquimales en Canadá o Groenlandia. El libro prosigue con un compendio de los tabús que, bien pensado desde muy lejos, es una locura seguir. Lo mismo que con los amuletos, todo está en no perjudicarse cabreando a los espíritus de los muertos, ya sean humanos o de animales cazados. Uno piensa en la bondad del cristianismo, la nueva fe de Aua, en comparación. Por eso hay también malos espíritus, los enfadados, los espíritus de la montaña, de animales fabulosos y los troles de los ojos, y a todos ellos los aplaca el chamán. Luego quien recuerda su vida es la mujer de Aua, llamada Orulo, que significa Difícil. 

El libro tiene una parte de literatura de viajes por las desolaciones árticas, su rara y rigurosa belleza, y también de viaje por ese caminar, hasta donde se puede, en la mente y el corazón de los esquimales, con esas rarezas para mi, que nada se de ellos. Satisface mucho esa curiosidad si tienes ganas de viajar a través de un libro si buscas algo más que un relato de turista o de deportista.

Que las pocas páginas del libro no alienten una lectura escasa de contenido.

martes, 18 de febrero de 2025

ORIENT-EXPRESS, EL TREN DE EUROPA, de Mauricio Wiesenthal

ORIENT-EXPRESS, EL TREN DE EUROPA, de Mauricio Wiesenthal


Este libro ha sido una experiencia un tanto presuntuosa. Su autor nos describe su temprano amor hacia este tren que hace las delicias, todavía, de los amantes de la opulencia. Básicamente es una experiencia viajera que Wiesenthal nos vende para intelectuales con gusto refinado. Nos cuenta los orígenes del tren, sus peculiaridades qué lo hace diferente a otros en cuanto te subes: el servicio, los modelos de vagones, las miles de anécdotas que lo acompañan a lo largo del siglo XX, su decaída y resurrección gracias a magnates que fueron encontrando vagones perdidos y maltrechos por toda la geografía europea al finalizar la II Guerra Mundial. Para él, la muerte del tren ocurrió en octubre de 1977: fue su último viaje, y pronto se subastaron vagones y cualquier otra cosa que recordara estos viajes. Algunos vagones formaron parte de otras líneas de trenes lujosas, como el Train Bleu donde se unían en 1976 a otros vagones de lujo de la época del imperio austrohúngaro. La mayoría, posteriormente, los fue adquiriendo el naviero James Sherwood y su esposa para poner en marcha otra vez, restaurados, la línea del Orient-Express.

La historia, desde 1887, es la de un hotel rodante, la de un flujo de ideas de un extremo a otro del continente, y eso nos lleva a conocer la historia de Europa desde la historia de las fronteras que atravesaba, tan cambiantes en un siglo. Eso viene aderezado con los hermosos diseños con que se construyeron, el lujo de sus terminaciones, las distintas líneas o derivaciones de la línea Londres-Estambul. Las películas inspiradas en el tren, las personas famosas que lo frecuentaron, por ejemplo las veleidades fastuosas de Hassan II de Marruecos (porque todo lo relacionado con este tren es arte y tradición), del rey Eduardo VII, de Josephine Baker, la Sisi de los Habsburgo... Proust sale intermitentemente, se nota que le gusta. Están La Bella Otero, incluso un fragmento dedicado a ferroviarios y fogoneros. Están la vida de un magnate de las armas y el espionaje internacional como fue Zaharoff, del diplomático sueco Wallenberg.  Es la crónica de sus descarrilamientos, averías de la calefacción en medio de la desolación cubierta de nieve, atascos por aludes, ataques de bandidos con el tren detenido y los postes del telégrafo caídos. Y algún atentado. Lo que no oculta, es su rechazo al mal gusto, a la falta de orden y la vulgaridad, al comunismo, el nacionalismo y el mayo del 68. Es que este libro es realmente una excusa para ajustar cuentas sentimentales con casi todo.

Si solo fuera esto, no habria tenido mas de una gana de abandonar su lectura. Lamentablemente Wiesenthal no nos priva de sus gustos muy personales, sus prejuicios que poco me interesan, los comparta o no. La parte más personal de su vivencias ocupan fundamentalmente la segunda parte del libro, cuando llega a Estambul en un relato que parece sacado de una novela con influencias victorianas.

El se define en su gusto por lo romántico y decadente. Y eso impregna cualquier atisbo de verdad que uno pueda encontrar (¿Verdad aquí? Será cinismo). Siento su estilo convertido en pose para el lector. Y con su experiencia, ha convertido el viaje en el Orient-Express en un cuento de Las mil y una noches, nos ha metido en una burbuja de gusto por lo decadente, lujoso, individualista, de mirada paternalista hacia los que cumplen la función de servirle (ya sea camarero, fogonero o artesano de la marquetería), de esos que piensan que todo esfuerzo conlleva su premio inevitablemente, la admiración, el respeto social. Es un moralista chusco, anticuado y metido en una burbuja apartada de la realidad de los trabajadores. Quiere ser un émulo de Stefan Sweig pero le falta calidad y agudeza. Se impulsa en los cotilleos aristocráticos y recuerda a la prensa rosa de aquel Villalonga del siglo pasado.

"...porque los que compartimos una fe -especialmente los más sencillos de alma- nos entendemos, hasta el fondo del corazón, con cuatro palabras, miradas y gestos". Mauricio Wiesenthal, antes muerto que sencillo.

Para quitar el mal sabor de boca, unos párrafos mejores:  "Aprendí en el ya largo trayecto de mi vida que lo importante no es lo que podamos hallar en nuestro destino -aunque lo llevemos tan lejos como el más allá-, sino todo cuanto hemos aprendido, amado y esperado en las horas de búsqueda y de viaje."

Pero luego se deja esta perla: 
"No sé hasta qué punto los europeos son hoy conscientes del orden internacional que se perdió con las guerras mundiales del siglo XX, y dudo de que queden muchos espíritus lúcidos y capaces de denunciar las charlatanerías de cierta prensa, las mentiras de algunos educadores y políticos, y la falta de respeto a los sagrados valores del trabajo que son el único fundamento del progreso. Todo pueblo enriquecido que no vive en la exigencia del trabajo y de la cultura está condenado a la violencia, a la irresponsabilidad y a la ruina.

Leo este último párrafo y me sorprende su falta de autocrítica: si tan poco le gusta nuestro tiempo, y le parece más razonable el suyo, ¿como han dejado torcerse las cosas de esta manera, según las ve? ¿O se limpia las manos? No digo que ahora todo fluya maravillosamente, pero sin duda, a cada tiempo sus problemas. Pero como le pasaba a su maestro Stefan Sweig, creo que el también parece haber vivido en la burbuja de la cultura, la alta sociedad, el placer, el buen gusto... no creo que le haya tocado tirar de pico y pala, o conducir una carretilla elevadora ocho horas, sin saber que hay más vida siempre. Hay otras partes menos bonitas pero incluso más interesantes. Echar flores a los empleados, como hace el autor en este libro, es como echar una propina al camarero porque te puso buena cara aunque por dentro este hasta los cojones del trabajo, del jefe, del autor y de todo lo que se menea por un montón de motivos que pueden tener mucho que ver con el adorado Orient-Express y él es incapaz de anotar. Solo si crean una belleza artesanal para él, celebra a esta aristocracia del trabajo manual, que tiene su mérito innegable. Pero utilitarista, solo cuando le sirve para su placer. Para evangelizar sobre la ética del trabajo, debería hilar más fino. Que bueno es el trabajo... cuando eres el cliente, y te lo puedes permitir. 

El libro desprende un olor a polilla desagradable. Cada tiempo tiene sus más y sus menos. Habría que saber lo que decían los hombres de la edad que ahora tiene el autor sobre un tren con tantas ínfulas, en 1887 o después. Según creo, la revolución industrial pasaba una factura muy dura a gran parte de la población. ¿Qué diría de un tren del lujo y la ostentación? Valoro positivamente las anécdotas y los datos, lo que menos aprecio son las valoraciones moralistas de brocha gorda y ancladas en el pasado del autor, ciegas a lo que no es capaz de entender aunque esté siempre delante. 

"El lujo es para mí, la conservación del arte y de la historia. Y todo lo que no tiene espíritu me parece de mal gusto". Yo diría que este hombre confunde el lujo con el espíritu.

En definitiva, un autor encantado de haberse conocido a través del Orient-Express. Como dice al final, no todo lo que uno sabe lo ha tenido que ver obligatoriamente, afirmación clave para la segunda parte del libro. Esta más interesado en la belleza que en la verdad. Una experiencia muy alejada de mis intereses en general, por lo que de este libro, al final, se me olvidará lo leído en seguida. 

lunes, 17 de febrero de 2025

CUENTOS DEL LEJANO NORTE, de Thierry Mallet

 CUENTOS DEL LEJANO NORTE, de Thierry Mallet

Mallet se dedicó a la compra de pieles en el norte de Canadá durante las primeros años del siglo XX para una empresa que rivalizaba con la famosa Hudson´s Bay Company. Su anecdotario debía ser rico, y el un buen narrador oral, porque sus jefes le animaron a escribir esos recuerdos de sus viajes por territorio inhóspito, naturaleza salvaje, en estado puro. Su contacto también con los indios deja un buen sabor al hombre de frontera americano, tal vez uno de los últimos, en el norte de Quebec. Con toda su carga de buenismo hacia un trabajo que debía ser muy duro y en un ambiente hostil de verdad, me ha parecido muy ameno. Se ve que recuerda con cariño aquella vida con sus animales salvajes como alces atravesando ríos, noches de acampada, indios que se acercan a pedirles algo, novatos de la ciudad buscando oro, inuits en la costa de Labrador, la supervivencia de los esquimales en la Tierra de Baffin, colonos rusos dispuestos a emprender una nueva vida por encima del paralelo 53... Son todo historias cortas y fáciles de contar, y por tanto, de leer, de quien lo ha visto todo por aquellos parajes hace un siglo. Es un versus entre vida natural y vida urbana, entre trueque y capitalismo, entre sobrexplotación de recursos y compromiso con la naturaleza.
El ultimo capitulo es una afirmación personal de lo mucho que amo este estilo de vida que me ha encantado




viernes, 24 de enero de 2025

RECUERDALO TU Y RECUERDALO A OTROS, de Ronald Fraser

 RECUERDALO TU Y RECUERDALO A OTROS, de Ronald Fraser

El libro tiene la genesis que muchos quisieran para si: a mediados de los 70, un inglés se dedica a entrevistar a gente que pasó la Guerra Civil como pudo, personas con nombres y apellidos de ambos bandos y distintas afiliaciones políticas: sus motivaciones, sus experiencias en el frente y en la retaguardia. El miedo al otro en muchos casos es a tu vecino, a tu compañero, incluso a algún familiar. Si en un libro das la palabra a todos y en todas partes, difícilmente queda una historia de buenos y malos en medio de la guerra. Otra cosa son los preparativos o lo que vino después. Fraser grababa los testimonios en cintas y las enviaba a Francia con el miedo a las autoridades en el cuerpo, porque pese a las décadas pasadas, había mucho miedo a los franquistas, y con razón. Solo es bueno quien pasa por el aro. 

Después de leer algunos libros años atrás, siempre he evitado volver sobre estos temas de manos de autores españoles: hay mucho resentimiento, y algunas veces alguna tergiversación de los datos. Pero viniendo de alguien de fuera, con datos de fuentes originales, dando la voz a todo el que viviera aquellos años en España sin importar lo que pensara, y leyendo que tiene muy buenas referencias desde que se editó por primera vez en los 70, me animé a comprarlo. Además, ha sido difícil hasta el 2024 encontrar un ejemplar porque hacía mucho que o se reeditaba. ¿Que tiene de distinto este libro a la cantidad ingente de libros sobre la Guerra Civil española? Pues que en otros se pone el acento, por ejemplo, sobre lo que hizo el general Mola, sobre si Franco pudo haber acabado antes la guerra o dejo que su retaguardia limpiara físicamente cualquier atisbo de oposición; cuándo se disparó primero, si en el 31, el 34 o el 36, si los hermanos Machado estaban enfrentados o no, que si la Pasionaria, o donde fueron a parar los restos de Lorca; que si Queipo de Llano, o cuantos salvo el embajador de Noruega. En general muchos libros parten de un personaje o hecho notable para darnos una perspectiva ajustada a ese inicio de libro. Otros van al combate ideológico. Aquí la voz en primera persona la tienen lo demás, aquellos que se perdieron ya por los desagües de la historia. Personas que ya no son historia porque no eran nadie salvo para su familia. Pocos son de mayor importancia que esa. En realidad, aquí habla gente anónima como la mayoría lo somos, aunque los medios luego señalen a tal o cual. Esos tal o cual no son aquí los más importantes, ni mucho menos. Por tanto, aunque a alguno le pese, gente de un mismo estrato social, por ejemplo campesinos pobres, pueden decirte que estaban a favor del socialismo o a favor del alzamiento. Cada uno sabe por qué, y lo dice. De eso va este libro, de acoger todos los testimonios o sentimientos posibles, aunque sean contradictorios o contradigan el discurso actual de una corriente política de la historia.

¿Y qué aportan estos hombres menos conocidos, a veces sin formación, a veces con la conciencia herida, con una visión particular? Creo que aportan algo muy valioso, difícil de cuantificar en cifras, pero que explica muchos detalles de aquellos años, detalles que muchos escritores serios pasan por alto y que los datos no pueden explicar del todo: el estado de ánimo de la gente, como les llegaban las noticias y que suponía para ellos, que actitudes y que estado de ánimo generaban para decir o hacer algo, o no hacer nada, o tomar la decisión a todas luces equivocada pero que les surgía del corazón. Se cuentan situaciones de personas que fueron un punto y aparte en sus vidas, cuando las cosas podían haber sido de otra manera. Esas decisiones que a veces nos toca elegir cuando nos ponen contra la espada y la pared. Porque, muchas veces, son personas con muy pocos recursos a los que acudir. Eso no te lo cuenta cualquiera, decide el curso de muchas historias personales, y aqui esta contado y escrito.

También hay mucho de historia tal como la conocemos. Fraser se dedica a poner en orden cronológico y a situar estas historias personales en la fecha y geografía del entrevistado cuando recuerda su experiencia. El relato oral adquiere entonces mayor sentido ya se trate del susto inicial del 36, los avances nacionales del 37, el final del frente del norte, el empuje de los comunistas, la gente que se tiene que esconder en Madrid o en Sevilla por las causas sabidas. También la situación en la que vivían muchos de los entrevistados, agraviados, obreros mal pagados, despreciados y humillados. Explica una clase social de empresarios y parte de los políticos que piensa que, en definitiva, cada uno está donde dios lo puso, que para eso esta Dios. Un desorden así la República no lo soluciona en dos días, aunque parece que volver al pasado no estaba en los planes de la mayoría de uno u otro bando. Incluso hay proclamas de Franco al principio de la sublevación acabadas con el ¡Viva la república!, muy curioso. Pero eso lo cambiará después por el Viva España. 

El libro da voz a muchos aspectos de la sublevación, los meses iniciales, con dilemas como: ¿primero ganar la guerra o hacer tambien la revolución?. Para unos es un desastre la organización productiva de las empresas de Cataluña con la CNT. Para otros no tanto. Para los comunistas, tiempo desaprovechado para poner orden y acabar haciendo una especie de capitalismo de estado. Hay un jolgorio de voces bastante grande en mi opinión, como debía ser entonces en el bando republicano. Una Cataluña metida en colectivizar industrias y sectores económicos con resultado irregular, Asturias centrada en la guerra cuyo frente estaba a las puertas. Otros todo lo contrario, intentando salir al paso de cada nuevo problema diario con la mejor voluntad. En general, dos focos tan activos en favor de la república como Asturias y Cataluña responden a la sublevación de forma significativamente diferente, y merece la pena ver las diferencias y a que se deben. España es muy diversa, la ha sido desde siglos, y eso que es más bien pequeña. En este momento tan crucial, en el territorio republicano eso se nota mucho, en el franquista no. Como la continua confrontación de socialistas contra anarcosindicalistas por el derecho de propiedad de los medios de producción, de bienes y servicios. Mucha discusión política para no ver la desafección de la gente que se ve desposeída o mal dirigida. 

Pronto se ven las diferencias entre un ejército de verdad y el otro, que es de entusiastas en el norte. O también lo que Fraser señala en la página 334: el localismo era el leit motiv de las fuerzas republicanas. Un ejemplo de localismo fue la defensa de Oviedo: el engaño de Aranda, la cantidad de gente que era neutral pero que incluso se puso a defender Oviedo cuando los bombardeos de los republicanos arrasaban centros civiles, los pocos fusilamentos como venganzas en ese periodo, el empecinamiento de la estrategia del comité republicano y su falta de armas... es una parte emocionante desde los recuerdos de los combatientes entrevistados de un lado y otro del frente. Es la historia contada a pie de calle, en la trinchera, detrás del fuego de la ametralladora, rompiendo tabiques de pisos en una guerrilla urbana, o tirando piedras porque ya no quedan balas. Gente que empezó haciendo la guerra con una lanza (página 450)

Llegados al final del capítulo Otoño 1936, sorprenden varias cosas. Que los rebeldes esperasen acabar pronto, que un número altísimo de civiles saliera a la calle a defender la República y, sobre todo, a no volver a lo vivido antes. Que las agrupaciones políticas, a veces tan diferentes, salieran a rechazar el alzamiento, y el mismo entusiasmo que les empujó a hacerlo les impidió en muchos lugares ponerse de acuerdo. Que pronto se vio que, sin los comunistas, el orden en el frente y sin material, se venía abajo. Parece que la mentalidad madrileña era repetir el 2 de mayo de 1808, y que las cosas salían solo por echarles más cojones que el otro.

 Se recuerda el papel de Unamuno en Salamanca.  Se comentan los fusilamientos de Paracuellos y Torrejon de Ardoz por parte republicana, y finalmente cómo empezaron las represalias políticas contra gente inocente, como el hijo de Clarín, o las hermanas de un comunista en Sevilla, todo muy recordado por los supervivientes con evidente emoción después de décadas. Incluso parece que los militares sublevados no querían llegar tan lejos en un principio. Pero, independientemente de buenos y malos, ¿como se le ocurre a alguien iniciar una guerra contra media España para matarla, encarcelarla, robarla, separar familias, romperlas, dejarla muchísimo peor de lo que estaba, solo porque no te gusta lo que ves, cuando las diferencias sociales, económicas e ideológicas son tan grandes, si hasta Queipo de Llano lo veía? Si hubieran sido unos muchos contra unos pocos tampoco hubiera estado justificado pero se hubieran quejado muchos menos y ya se hubiera echado tierra al asunto como siempre ha ocurrido, por muy injusto que fuera. Pero aquí, en la España de 1936, tienes que destrozar la vida de millones de personas. ¿Cómo piensas arreglar después eso cuando ganes? Dejas un país mucho más atrasado, más humillado, más avergonzado, hambriento, más atrasado, que ya disponía anteriormente de pocos recursos... pero ya sabemos lo que paso despues para que nadie levantara la voz. Me recuerda en malignidad a la represión soviética. Me dan igual las diferencias ideológicas. Esto está muy claro: aquí entran dos, pero solo sale uno. Y punto. 

Defender esto da asco.

Invierno del 36: se empieza por Andalucía, se cuentan los fusilamientos en masa, y como entrar en la saca o salir de ella era pura suerte. Se cuentan ejemplos dolorosos de recordar por parte de un fiscal. Están las movidas de Queipo de Llano, que lo mismo deja fusilados tirados en los barrios obreros de Sevilla que te levanta casas baratas para ellos. Está la mala administración del campo en Castilla la Vieja (la de antes), y testimonios agradecidos sinceramente de jornaleros al alzamiento nacional. Pero, sabiendo otros iguales que ellos, que siempre habían sido explotados, ¿que motivación pudo empujarles a alistarse? Pues que les empujaron desde distintas instancias, y ya venían muy al límite de la subsistencia. En realidad, hay muchas respuestas dentro del campesinado, la clase social más desfavorecida,  y son varios los motivos a uno de esos enigmas difíciles de entender 90 años después. Esta el creciente peso de los comunistas en el gobierno y en la administración de la guerra frente a los libertarios. Los escondidos en las embajadas, los que buscaban refugio entre la familia que los rechazaba (más historias de miedo y asesinatos en Málaga), la inesperada ayuda de gente del otro bando que no se deja cegar por el odio, las checas temibles. Se cuentan casos de encarcelamientos y amenazas de muerte dentro del mismo bando, o el caso de pasar 4 años en la cárcel, atenuando una sentencia a cadena perpetua, del lado nacional por una denuncia anónima sin causa justa.

¿Y del amor? Por ejemplo, la chica de Beceite enamorada de un compañero de Durruti. Interesante ver las reacciones de la CNT. De la educación, se valora como uno de los grandes logros pero se dice poco. 

Todo lo contrario que Bruno Ibáñez, un sanguinario represor en sus distintos destinos por Andalucía hasta que el mismo Queipo de Llano se lo quitó de encima. 

Primavera del 37: este es un capítulo de choques ideológicos en cada bando y como se resuelven. Primero, el cabreo de falangistas y sobretodo de carlistas cuando Franco los unifica en un partido. Se describe esa primera frustración dentro del bando nacional. Después llegan las estrategias comunistas al dictado de Stalin para cooperar en la guerra. Y luego está el lío mental de los anarcosindicalistas y la CNT. Además de los antimilitaristas que solo defendían la guerra para hacer la revolución desde abajo, había otros anteponiendo la victoria a toda costa y deseaban militarización las milicias civiles. Con los comunistas no había trato fácil, solo estos suministraban material militar en cantidad con la condición de la militarización. Así, ganaron el peso social que no tenían al principio. Tengo la sensación de que la CNT tomó varias decisiones que les eran coherentes a su ideología en tiempos de paz pero la cagaron a lo grande durante la guerra. Ahí estaban los comunistas para ocupar los huecos que ellos despreciaban. Por otro lado, hay detalles ideológicos no tan lejanos entre CNT y la Falange original. En Aragón fue diferente, allí la CNT si ocupó espacio político y colectivizo pueblos enteros según los gremios, aquí entran las experiencias de Más de las Matas , Alloza y algunos ejemplos más que, sin embargo, acabaron peor. El periodo culmina con una gran cagada para el curso de la guerra en favor de la República: los comunistas atacan a los del POUM en Cataluña y luego en Aragón, matan a un montón de esta gente, como a Nin. Lister deshace las colectividades. Deja a los de la CNT presos de sus errores estratégicos en política, pensando si no serán ellos los siguientes. Aquí los testimonios son abundantes y muy apesadumbrados.

Sigue con la caída del frente norte, algunos se esconden durante meses en túneles, otros escapan en barcos pesqueros, algunos presos nacionales son  enviados a su bando para que no los fusilen, muchos fusilamientos de todas maneras. Familias numerosas con los hijos divididos ideológicamente. Recuerdos duros, sufrimientos y culpas para toda la vida. Y civiles a la caza de los rojos escondidos por los montes con la zona norte conquistada. Acaba con la experiencia de los niños de la guerra en el exilio. 

Invierno 37, verano 38: Teruel se gana y se pierde, con alguna anécdota que da pena y dice mucho de cómo se pierde la guerra. Los comunistas y el PSUC se vienen arriba en Barcelona, la CNT todo lo contrario después de los graves sucesos de mayo anterior. La desafección por ganar la guerra de los catalanistas les hace incluso salir de España, ya que no creen que la República que están defendiendo sea la original. Creen que Franco les dejará tranquilos... pero eso no pasará. Hay un desorden tremendo que no siempre los partidos, ni la mejor de las intenciones, pueden controlar. Es un periodo de evidente decadencia para la república: Madrid resiste pero la moral de la retaguardia baja en la zona republicana. Se cuentan casos de deserciones, de ejecuciones ejemplarizantes, de gente que intenta ser neutral, ocultar sus opiniones y solamente sobrevivir. El último gran esfuerzo bélico republicano, la batalla del Ebro, se malogró, y nadie gana batallas decisivas, aunque Franco ya ha partido la República por la mitad.

Invierno 38-Primavera 39: comienza con total escepticismo, se preparan retiradas y evacuaciones cuando Madrid no ha caído todavía. Parece que el gobierno sólo se puede apoyar en los comunistas, de los que el resto recela, tanto los tibios de la causa como otros que lo han dado todo. Los testimonios generales ya denotan cansancio de la guerra, de una República que con comunistas no es la suya, y que piensan que con los nacionales no habrá represalias. La retaguardia franquista es todo lo contrario: segura y entusiasta de que van a ganar.

Cuando Madrid cae es en medio de un caos donde, por ejemplo, salen miles de nacionales de sus escondites durante el tiempo de guerra desde el 36. Todos los republicanos huyen a Valencia, Gandía o Alicante con la esperanza de escapar en barco, pero al final quedan atrapados entre el mar y el ejército ganador. Los suicidios dejan más cadáveres en el puerto, otros escapan por poco tiempo y la mayoría pasa por campos de concentración. Contextualizado el asunto, se nos presenta el fin de muchos republicanos que, habiendo llegado hasta aquí, serán fusilados de inmediato, condenados a muerte o a años de prisión. Los que aun podian contarlo en 1975,  dijeron a Fraser como les fue: gente que cruzó a Francia, que pasó por los campos de trabajo alemanes, que volvió a España al maquis... Tampoco muchos del bando vencedor quedaron contentos: los carlistas, obviamente estafados. Los falangistas,  engañados. Gente que se lamenta de que el régimen no ayude a cerrar heridas entre españoles, que sólo conmuta penas de carcel por la mano de obra barata que necesita porque hay miles de encarcelados, miles de muertos y un país en peor situación socioeconómica que en el 36. El último tramo del libro es conmovedor, ilustra que el hombre común de cualquier bando no tiene nada que ganar, ni de que enorgullecerse. Que el franquismo sólo ha favorecido la creación de empresas, el enriquecimiento para su gente más cercana a costa de la continua represión del trabajador de izquierdas, pero también de la falta de oportunidades para tantos del lado vencedor. Franquismo, lo de siempre.

Hay un apéndice final en las 820 páginas del libro que da paso a una explicación económica, y del malestar en la sociedad civil y militar, para explicar el origen del conflicto. Se titula muy gráficamente Puntos de ruptura, me gustó.

jueves, 23 de enero de 2025

MATONES, de Bingen Amadoz

MATONES, de Bingen Amadoz


"Vivimos en una tierra que oculta centenares de cadáveres y esa tierra es la que vemos desde nuestra casa".

Son historias reunidas para evitar su olvido, el de los represaliados en la retaguardia del ejercito franquista desde el 18 de julio de 1936 en Navarra. El olvido gubernamental, y el de los vencedores, la gente que tambien saco su tajada economica despues de la guerra civil y pasaron a ser los ricos de Navarra quedándose con los despojos, los monopolios y los robos. Mucha gente manda en Navarra gracias a aquella herencia. Otros no sacaron nada, generalmente los enviados como sicarios. Si uno quiere perder todo el respeto a cierta gente, no tiene más que leer este libro. Da mucho que pensar acerca de lo equivocados que podemos estar sobre lo que opinamos de muchos de nuestros vecinos, compañeros de trabajo, incluso algún familiar; y de lo que pueden pensar de nosotros cuando la polarización social alcanza estas cotas tan extremas. Algunas llegan al libro desde la memoria de alguien que tuvo conocimiento directo de ello, o por conocer a alguno de los protagonistas de un bando u otro. Muchas veces son hechos que la gente conoce porque siempre se contó en dentro de las familias del pueblo. En general son historias de una cacería de carlistas o gente de derechas, tal vez falangistas, contra rojos. Si acaban huyendo estos últimos, aun no ha acabado mal la cosa, porque es más normal que los rojos acaben asesinados y enterrados de cualquier manera con la connivencia muchas veces del clero. Así que asistimos a un libro donde se apuntan todos estos sucesos, a veces con nombres y apellidos de los criminales. Si todo hubiera quedado en el 36, pero no. Muchos de estos matones prosperaron hasta su muerte, otros no, y muchos de nosotros pudieron cruzarse en la calle con ellos sin saberlo. Algunos hasta presumían de lo que hicieron delante de los hijos de sus víctimas, como cierto jefe de policía Municipal de Tudela. Por ejemplo:
Un viejo de 75 años de Cascante arrepentido de haber matado a varios vecinos a los 15 años. Monreal, verano del 36, un hombre llamado Martel acaba con la vida de un segador en plena faena de agosto. Lo entierran a 150 m de donde cae. En Legarda un tal Barrabás de mote, descubre la presencia de un republicano que huye de Larraga a los Guardia civiles, que lo matan y entierran por allí. Algo parecido ocurre con un cura en Cascante. Son bastantes los casos como el de Obanos, un hombre joven llevado al fuerte de San Cristóbal y de alli asesinado y enterrado junto a otros, sin saber exactamente donde, y solo por pensar muy distinto a un requeté. El Foro, de Caparroso, un asesino nato. En casi todos los casos al grupo de asesinos lo lidera un hombre conocido del pueblo, del que a veces se da el nombre o el apodo. También era frecuente robar a la familia del asesinado el aceite, el grano de trigo, los sacos de harina, el ganado... y la familia restante quedaba en la miseria, los hijos repartidos entre familiares. A veces se mataba a los hijos después por miedo a que, cuando fueran mayores, cobraran venganza. El caso de curas que favorecían esta matanza es frecuente, por ejemplo un tal Santos Beguiristain, cuyo hermano era muy amigo de Fraga Iribarne, el fundador del PP actual. Uno de los personajes con más páginas es el padre Hermenegildo, capuchino de Fustiñana y residente en Jaca.

El autor señala a los falangistas, una especie de escuadrones de la muerte típicos de cualquier conflicto armado en países que miramos por encima del hombro, y a los carlistas, los requetés que se parecen más a yihadistas por su talante no solo violento, áspero y camorrista, sino religioso (pero no católico de verdad). La guardia civil no aparece apenas, así que la historia de la guerra civil en Navarra se centra en lo civil, no en lo militar. En todo eso que avergüenza y se ha callado durante decenios con aquella frase que yo mismo he escuchado muchas veces: "aquí no pasó lo que en el resto de España, aquí no se mató a nadie". Aunque repugne lo que pasó, no se puede decir que no pasó, y para evitarlo, y así no seguir insultando a los supervivientes y a los muertos de forma tan miserable e indigna, lo mejor es contarlo. Que la parte franquista ya se regodeó en su momento, sin censura y con todas las facilidades que ahora son imposibles. La lectura es de muchos y pequeños capítulos, tantos como tantos sucesos se cuentan. Es emocionalmente intenso.

De algunos es difícil detallar algo concreto, como de Marcelo de Kundinea: ¿ qué hizo exactamente y en donde? El tono del relato se apoya en una prosa acusadora, en poner mucho sentimiento para hacernos saber lo que esto duele a la gente todavía. En ese aspecto, el libro me desagradó, no necesito esto para saber quienes son los delincuentes, ya es dura la historia por si sola, pero no oculta en ningún momento que él mismo perdió a su abuelo y a su tío, que él mismo pertenece a una familia represaliada, así que el calentón está más que justificado. Venía de leer Recuerdalo tu y recuerdalo a otros, que me impresionó mucho con un tono más mesurado que agradecí. El autor ha recuperado los testimonios de los testigos que aun quedaban, lo que quedó en la memoria de lo que sus padres les contaron, y en algunos documentos. Por ejemplo, el conocimiento que tenía un hombre acerca de un falso mendigo que su abuela recordaba de cuando la guerra. Un chaval entonces que parecía más bien un fugado. Igualmente, la memoria aporta recuerdos y pocos datos para identificar a aquel hombre sin nombre. Aparecen en otros recuerdos personajes conocidos como Antonio Lizarza, amigo de Jaime del Burgo y presidente de Osasuna. La andanada contra Jaime Ignacio del Burgo, hijo de aquel, es antológica, hay que leerlo para saber que era el cabecilla de un montón de terroristas. 

Las historias van por pueblos: de Castejón, de Alsasua, de Sartaguda, de Berriozar, los fugados del fuerte de San Cristóbal, de Tafalla, de Olite donde el cura sale a cazar rojos a caballo: de este personaje, el párroco Ona, sorprende la carrera clerical que llevó hasta hacerse con el obispado de Lugo y morir en 1987. Pasó del carlismo a la falange, según cuenta el autor, cabreó a los suyos con ese requiebro típico de los trepas del momento y, en definitiva es el clásico cura que le quita a uno las ganas de creer en la iglesia. Otros personajes, al no ser nadie en líneas generales, solo gente del pueblo, o como mucho alcaldes, tienen historias de sus asesinatos fáciles de contar. 

Están las historias, alguna bestial, de las represiones en Lodosa: incluso el caso de una represaliada al que asesinaron al padre, que huyó en cuanto pudo a Argentina y alli tambien la dictadura le arrebató una hija. Bestiales son las anécdotas de la saca de la cárcel de Tafalla camino de la tejería de Monreal (64 personas). Pero no fueron los únicos en aquella fosa, allí fueron a parar gente de Aoiz (y se cuenta como y quienes) Lo que impresiona es que son gente conocida, no muy lejana nosotros en el tiempo, ni en distancia, y puede que conozcamos a hijos o nietos de asesinados o de asesinos, o mas fácilmente (porque ya no lo ocultan) de testigos. 

Algunas historias son de matones puros y duros, de los que matan por encargo. Otras historias vienen avaladas por el padre Barandiarán, que huyó y se refugió en Xara hasta 1953. Cuenta la entrada de hordas carlistas en Guipúzcoa para ir llevándose gente de los valles y asesinarlas.  Esas bandas incluían a curas.

En conclusión, un relato duro de leer, demasiado cercano para nosotros, que explican muchos detalles de la forma de ser de los navarros, esa cara B del buen talante que se nos adjudica no sin razón también. Estas matanzas de llamar a las puertas, amenazar a la familia apuntando con pistolas y fusiles traídos desde años antes (por ejemplo, de la Italia de Mussolini en preparación de estas matanzas) para que el buscado no se resistiese, arrancarlo de su casa, montarlo en un camión y fusilarlo en un campo, contra una tapia o por la espalda, es una de las lecturas más duras de los últimos años por tres motivos: no me lo esperaba (ha habido décadas de silencio impuesto y muchos medios actuales no reflejan este hecho), los hechos no son tan lejanos como para no haberme cruzado con un protagonista de alguna matanza o con su hijo, y en tercer lugar me pasó que durante años iba a correr por el monte San Cristobal, culminado por un fuerte. Allí hizo la mili mi padre en los 50. Un dia, en un lugar de mi recorrido habitual vi la tierra removida sin saber por qué. Resulta que utilizaba un sendero pegado a la sepultura de 5 de estos asesinados y los acababan de exhumar. Está todo demasiado cerca. Hay que recordar que las potencias extranjeras estaban tan preocupadas con lo que pasaba en la retaguardia de Franco que le dijeron que se cortara un poquito... Creo que me ha dejado el cuerpo como cuando leí un libro sobre las matanzas de Rwanda, de hutus contra tutsis: Queremos informarle de que mañana seremos asesinados con nuestras familias. Igual de aberrante. Aquí no se puede decir que los rojos amenazaran a las derechas con nada. Tampoco se busca venganza, sino reparación de la memoria y justicia.

Una entrevista al autor sobre cómo consiguió estos testimonios: aqui. Y también aquí.

Aqui una web con el visor de lugares donde hay fosas intervenidas, fosas no intervenidas, lugares de la memoria y posibles localizaciones en fosas.navarra.es  

Finalmente Hamaika Telebista tiene en Youtube varios documentales sobre el tema, tales como este de lo que pasó en Cortes, aqui.

miércoles, 1 de enero de 2025

EL REY SE INCLINA Y MATA, de Herta Müller

EL REY SE INCLINA Y MATA, de Herta Müller


¿Qué se puede decir de estos ensayos de Herta Müller? Que mientras los silencios en sus novelas son elocuentes y ricos en matices, aquí ella ha decidido hablar. Y según parece, desvelar los trazos de su desgarrada poética en prosa con alusiones a su biografía y al significado de sus metáforas.

El segundo es más complejo, trata de ese rey que parece inoculado en la vida de los rumanos para siempre. Como un virus del miedo que sabotear tu vida hasta destrozarla por medio del miedo a muchas situaciones concretas de la vida, al exilio, a la gente en general. Ese rey es un dictador, un régimen totalitario, un tipo de persona que te viene a buscar a tu hogar a altas horas de la noche... bastante complejo el capítulo al principio, luego las cosas se aclaran desde el hilo de seguir a ciertas palabras que se enriquecen con nuevos significados, entreverado con ilustraciones de la vida real en Alemania o Rumanía, fobias actuales que sufre debidas al regimen de intimidaciones recibidos o los recuerdos de suicidios e interrogatorios con agentes estatales. Cuando el rey se inclina sobre ella, cuando pone en ella sus ojos, es que está a punto de lamentarlo. Además, el texto explica el origen de su afición por los collages de palabras que acaban formando poemas, y también explica el significado profundo de algunos detalles de sus novelas, como los pelos, los cortes de pelo, los lazos, etc.

Los textos son muy autobiográficos, como en el que describe las amenazas de muerte en Berlín, después de otras, y como el estado rumano era capaz de pudrirlo todo. O cuando habla del valor del silencio que ella aprendió en el campo frente al bullicio social de la ciudad. 

En realidad, es una malabarista de las palabras y los objetos. Una palabra puede tener más de un significado como es sabido, pero también añadirse a una palabra otros significados que la experiencia de uno mismo crea. Con los objetos hace lo mismo, y lo ejemplifica en el cuadro de la mujer en camisón del vagón de tren alemán, por dar uno de muchos ejemplos.

Junto con su experiencia en los interrogatorios, rebaja mucho las expectativas de eso que a veces llamamos la Mirada Distinta de los escritores. O la imposibilidad de una forma de ser diferente a causa del adoctrinamiento a los chavales en el colegio.

Explica por qué, al menos en su caso, muchas ideas de países occidentales y con tradición democrática, no las puede compartir por los mismo hechos que ella ha vivido. Es decir, que no son ideas irrefutables en absoluto algunas frases típicas que escuchamos sin atisbo de crítica: que el lenguaje es parte de tu patria (Herta prefiere aquello que recuerda de Jorge Semprun: Patria no es el lenguaje, "patria es lo que hablamos"), que vivir aislado en medio de nuestras vidas urbanas es una bendición, el problema del nacionalismo más o menos excluyente (por más alemana que te sientas habrá otra más alemana que tú), el problema que tienen los alemanes "de toda la vida" con los "nuevos alemanes" (turcos, indios, etc) esos que no se terminan de ver alemanes "de bien" (como diría cierto político español) aun pasadas dos generaciones porque hablan el alemán con matices que no parecen propios... El análisis que como una alemana nueva, por decirlo de alguna manera, hace Müller del nacionalismo, siempre excluyente, a través del lenguaje y de su propia experiencia tiene poquisimas objeciones, y me encanta. Pero lo que hace terrible y actual su análisis es que formula los logros de una dictadura socialista rumana muy cerca de los logros sociales de una democracia ejemplar como la alemana con sus minorías a las que, por otra parte, invita a venir a trabajar desde sus países de origen para después invitar a que se vayan. El análisis es brutal de leer, un auténtico estacazo para la soberbia alemana. Parece que a Müller le encanta derribar ideas asumidas como irrebatibles o ampliamente consensuadas. O dicho de otra manera, con el tiempo puedes acabar detestando aquello que alabas en cuanto cambien las condiciones sociopolíticas del país en el que vivimos.

En el ultimo capitulo, Müller muestra una vez más su ingenio lingüístico para explicar ideas propias desde su experiencia tomando algunas palabras esenciales, como quien mezcla perfumes esenciales para crear uno singular y que se te va meter muy dentro. Esas palabras son miedo y ventoso (creo que se entiende mejor como voluble, pero eso es cosa mía). Se trata de juntar ese miedo de largo recorrido, no el súbito y manejable, con las personas volubles que se encargaron de alimentar ese miedo para que nunca decayera durante la dictadura. La suma de ambos es el "metemiedos", un tipo que, con la caída del régimen, se ha vuelto un defensor, o mejor un vividor, del capitalismo que anteriormente era su enemigo. A veces ese metemiedos era un objeto, como La llave del Cielo. A veces, como acaba el libro, es una asesino a sueldo del régimen de Ceaucescu en Alemania, con el nombre de Herta Müller en su lista de encargos hallada por la policía alemana, un tipo que ahora es "solamente" dueño de una empresa de zumos en Timisoara. Algo así he visto también en España.

Concluyendo, diría que es un libro atípico en cuanto a género que reúne lo biográfico con la lingüística resultando una forma bastante interesante, muy reveladora, de los libros más crípticos de Herta Müller. Yo lo lei a la vez que La piel del zorro, y fue un valioso acompañamiento. Es original, atrevido, no le falta ironía, ni a veces dolor por lo sufrido y visto sufrir en aquellos años de dictadura. Expresa el por qué de una forma de expresarse tan lúcida, entre mágica y realista, de esa rara poética en prosa de temas duros de los que trata de escapar sin perderles el rostro del todo. Me parece un libro espectacular en ese sentido. 

lunes, 30 de diciembre de 2024

EN BUSCA DEL VIKINGO NEGRO, de Bergsveinn Birgisson

 EN BUSCA DEL VIKINGO NEGRO, de Bergsveinn Birgisson

El autor se dice descendiente directo de un vikingo de hace más de 1000 años. En la tradición de Islandia, resulta posible, dados los datos que aporta. Esa isla estuvo bastante aislada durante siglos. Esa es la justificación directa del libro, saber acerca de este curioso antepasado conocido como Geirmundur Piel Negra, nacido en el 846 en Rogaland, Noruega. La idea más general del libro es hacernos una idea general del siglo IX en el ámbito vikingo europeo. Porque como buen vikingo, navegó todas las aguas que tuvo más a mano: desde Irlanda al Mar Blanco, desde Islandia hasta los fjordos noruegos. Esos son todos los escenarios del libro, motivo por el que seguir los viajes de Geirmundur es tan interesante: diferentes motivos le llevan a cada región, y su descendiente va a sacar conclusiones inéditas de cada uno de estos intereses. Lo que Geirmundur logró al final de sus días fue ser uno de los grandes terratenientes de Islandia. Eso se sabe. ¿Qué significaba eso exactamente? ¿Cómo se conseguía? ¿Por qué, en comparación con otros vikingos más conocidos, protagonistas de sagas, llenos de acciones famosas para la posteridad, Geirmundur no posee una saga, salvo escasas menciones dispersas en las sagas conocidas? ¿Es que no fue un personaje épico? Aquí es donde el autor echa el resto, porque veremos que sí fue un personajazo. Hay que decir que le echa también mucho amor por el tema, una evaluación de las fuentes extensa y mucha implicacion como si quisiera desvelar secretos del abuelo que no llegó a conocer.

Aunque muchos hayamos caído en las redes vikingas a través de las Sagas, todas estas historias, que se han tenido muchas veces por realistas, se deben tomar con más cuidado. No hay más que tomar el caso del prolífico Snorri Sturluson, un escritor de legendarias tramas novelescas con un trasfondo de verdad del que no se sabe donde tiene su frontera con la ficción. Lo bueno del En busca del vikingo negro es su debilidad inicial: se lo nombra escasamente, pero sin saber que hizo. Entonces, ¿cómo llegar hasta él? Por otros procedimientos más rigurosos, históricos y casi detectivescos: la arqueología, la paleogenética y la toponimia antigua. Eso es lo que busca en varios ámbitos geográficos mientras desentrañamos la biografía de este enigmático Geirmundur: la costa noruega de Rogaland, los viajes en busca de materiales estratégicos para sus embarcaciones en las costas del Mar Blanco y su contacto con las tribus del norte de Siberia. Aquí también nos describe un periplo de cabotaje muy interesante, novelando algunas escenas de Hjör, el padre de Geirnundur. El padre casó anteriormente con la hija de un jefe tribal de Biarmaland, o tal vez de las orillas de la desembocadura del río Obi. De esa unión nacería Geirmundur, que se volvió a casar en este nuevo viaje, novelado en parte, con una hija de aquellas regiones polares, donde aprendió algunos conocimientos cruciales en el porvenir de este chico. Como vemos, las posibilidades de lo que pudo ocurrir dentro de lo que nos ofrece la arqueología proporcionan unas aventuras literarias sobre vikingos como yo no había leído hasta ahora. Es entretenido, sin ser novelesco.

Pero la vida de Geirmundur continuó por otros derroteros que lo llevaron a Dublín pasando por las Islas Orcadas y Hébridas, sus peleas y sus alianzas con otros jefes vikingos que serían cruciales para su siguiente paso: colonizar el noroeste de Islandia. El fue de los primeros en llegar, y por allí continúan las indagaciones del autor, sumamente interesante porque aquella isla ha quedado durante siglos como un rincón aislado del mundo, con poco interés por invertir capital para extraer beneficios. Paradigma del tema es el caballo islandés, el descendiente más cercano que se conoce a los caballos de épocas medievales. Los datos que obtiene el autor son múltiples, y él es de allí, puede emplear tiempo y recursos para saber donde habitó su lejano antepasado, donde tuvo sus diversas granjas, como llego a ser tan poderoso y por qué cayó en el olvido... pero eso ya se lo dejo al lector. Una pista: fue por el mismo motivo por el que Snorri Sturluson si nos llegó hasta nuestros días.

Por ponerle pegas al libro, echo de menos un índice como el de toda la vida, mas especifico para encontrar los detalles que has leído fácilmente. Y tal vez el gancho que tiene el título del libro: ¿un vikingo negro de verdad? No exactamente, pero a ese enigma también da una respuesta razonable Birgisson. Confieso que el gancho conmigo funcionó. No me arrepiento si con eso me enganché a esta lectura de casi 400 páginas editada originalmente en 2013.

Ahí lo dejo. Este libro parece ser la saga de Geirmundur Piel Negra que tal vez nunca existió, es decir, una posibilidad de hecho histórico imposible de corroborar al 100%. Pero a diferencia de las sagas tradicionales, el autor si deslinda los materiales que ha utilizado en sus indagaciones y la ficción que a él le han sugerido dichos materiales. Esa parte de ficción, de saga tal y como la conocemos, puede ser sólo probable, o no, pero no imposible, se dan buenas razones para que así sea. Buena lectura no solo para los que nos encanta el mundo vikingo, sino como ejemplo de como hacer otro tipo de historia diferente a las que nos han contado siempre, que viene a ser una mezcla de verdad y trolas a veces muy mal intencionada.

domingo, 29 de diciembre de 2024

LA PIEL DEL ZORRO, de Herta Müller

LA PIEL DEL ZORRO, de Herta Müller


Libro de 1992. El título original era El zorro era ya entonces el cazador (Der Fuchs war damals schon der Jäger), pero ese año la editorial lo suplantó con este otro título más corto, pero menos descriptivo. Cuando vas leyendo estas historias acerca de sus protagonistas, de las que tal vez Adina sea la principal, comprendes que la vida en un pueblo rumano, del Bánato, a unos 30 km de Timisoara, durante la dictadura de Ceaușescu es cualquier cosa menos atrayente, fácil o simple: es la violación de la intimidad, de tu personalidad. Pero si el lector intenta el ejercicio de contar lo que ha leído, es una historia anodina, y puede que él mismo se sienta contrariado por la diferencia entre lo que como lector es capaz de contar y lo que ha sentido, o comprendido, de la experiencia de leer  La piel del zorro. Conclusión: no es fácil decirlo, expresar esa diferencia tan notoria. Si el lector intenta transmitir lo que ha sentido, no lo va ha tener fácil aunque disponga de todo el día para hacerlo: hay muchas imágenes poderosas, metáforas muy fuertes (como por ejemplo el alambre, al que se alude como un símbolo de miseria humana, algo que empobrece el paisaje urbano solo por estar allí, o cuando los propios pájaros viven  sobre ese material enrollado). Faltan palabras para definir lo que les pasa a los personajes porque ellos no se revelan a otros, es la autora quien describe un instante luminoso por momentos en medio de una realidad chusca. Muchos de los momentos reales de la vida de estos personajes son descritos de forma poco realista. Son vivos retazos de impresiones nada sentimentales. Solo son realidades quebradas, como una imagen desde un espejo hecho pedazos. Sin embargo, lo que verdaderamente está hecho pedazos es la piel del zorro, la metáfora más inquietante y potente del libro. A veces comprendes el conjunto del capítulo, en otras no terminas de entender qué suman las partes que la componen, que relación tienen entre ellas, entre las mismas frases de un párrafo. Conviene una lectura sin prisas ni distracciones. La idea precede al sentimiento, y hay que confiar en que este llega, ¡vaya si llega! Lo que cuenta Müller es muy fuerte, por eso su poetica inicial es tan potente, casi desorientadora: hay que recrear las palabras para contar lo que viene en la segunda mitad del libro. Hay que dotar de nuevos matices a las palabras que todos conocemos para luego emplearlas en la historia de la segunda mitad del libro, así funcionan sus 244 páginas. Solo asi, en mi opinión, acabas comprendiendo la imagen total que Müller nos entrega, aunque entiendo que no es fácil. Así es la poética de Herta Müller, una literatura donde las palabras no son capaces de abarcar la vida de una persona por lo que deben ser re-creadas, reacondicionadas a la nueva realidad. Si la realidad de aquella vida era la de un estado totalitario, y una sociedad de continuo espionaje a sus miembros, siempre en peligro de denuncia y extorsión, tenemos ya el caldo de cultivo de esa poética. Por ejemplo, he notado una gradación en cuanto a la intensidad de la vida de lo que se nos cuenta. Una persona simplemente está, o pasa por un lugar, pero es que tal vez lleve algo en la mano, por ejemplo una linterna, o le roza una rama de un rosal, y tanto la linterna como el rosal tienen más vida e intención que la persona. Parece que solo la persona es el objeto apenas animado, mientras que las cosas circunstanciales son las que le dan sentido. Luego hay un paso más en el que todo encaja, un ambiente donde estas cosas suceden y se justifican, como es una puesta de sol al final de la calle, pescar en el río... A Muller le gustan los collages de palabras, se lo escuché en una conferencia en Pamplona, y entiendes entonces que ella da un valor propio, personal, a cada palabra, a cada expresión. Las redimensiona jugando con ellas como piezas sueltas a ver si entre ellas logra decir lo que quiere, que no es por lo que habitualmente se utilizan. El resultado es una experiencia de lectura profunda y muy original. La sensación continua de extrañeza acerca de lo que estamos leyendo, sobretodo en la primera mitad, tiene dos efectos: desmotivar al lector acostumbrado a una prosa más directa en los hechos y evidente en las intenciones, y meter al lector en un mundo imposible de concebir para muchos de nosotros, un estado de cosas irracional, de puro miedo y autocensura brutales: un mundo que Herta Müller y otros millones de rumanos vivieron, y que hasta ahora se sigue viviendo en otras latitudes del mundo y de la historia. Es vivir un estado de ánimo depresivo como lo más habitual del mundo, ese del que nadie, a lo largo de una vida, puede decir que está a salvo, o no le hayan contado de cerca. En Herta Müller, el estilo te lleva al hecho. Si le coges el punto, la experiencia es asombrosa, y si no, tal vez no sea lo que estás buscando.

El ciudadano no es el centro de la humanidad, sino que sus circunstancias son las que le dan lo que es, y no siempre es por humanidad: "Uno dejaría de existir si la luz se posara sobre la rama siguiente". Con el cuento de preservar la sociedad, no existe ni individuo ni sociedad.

Tenemos mucha gente anónima. Dos pescadores en el río, un borracho tirado en una cabina telefónica, un suicida... gente recelosa una de otra, que vive al día no sólo por lo material, sino en cuanto a proyectos, deseos, vida. La vida de cada persona es un misterio para su vecino si piensa en algo más que cubrir las necesidades elementales. Y no rompe esta opacidad de las relaciones humanas el que un personaje se sienta estremecido por algo que le ocurra a otro. Hay muchos símbolos explícitos, como una soga, los álamos como cuchillos o el mechón de Ceaușescu, su ojo negro en un cartel que abunda por todos los lados, paradigma del estado omnipresente y que todo lo estropea. En cuanto a las amenazas de muerte, Müller y sus amigos las recibieron por parte del estado. En realidad, he hecho un ejercicio adicional como lector: he leído El rey se inclina y mata, donde desgrana, de forma bastante abierta e incisiva en su argumentación, cómo su biografía la ha llevado a utilizar este especial gusto por las palabras. También cuenta sus terribles experiencias con los agentes de la Securitate. Merece mucho la pena este contraste entre los dos libros, es muy enriquecedor.

A veces hay momentos de intimidad entre dos personas. Extrañamente, son dos personas que se encuentran alejadas una de la otra por una vigilancia externa: alguien que, incluso sin querer, pasaba por allí. Simplemente se sienten vigilados, es el estado normal de vivir. Eso desata rasgos de penuria material y moral donde debía haber unos minutos de placer, o de libertad, en esos momentos de intimidad. Es el caso del coche metido en el maizal. Parece que todo cuesta lo más valioso en la vida, siempre se retrae, se difumina, se esconde, se acaba disipando en la nada por el miedo al estado. Müller lo cuenta con la naturalidad de todos los días, situaciones engañosamente cotidianas como si contara el paseo de una hora por el patio de la cárcel de un preso condenado a cadena perpetua: quisiera ser lo normal en la vida, convertirlo en un espacio de libertad, pero no lo es, no lo puede ser porque tropìeza con lo muros de la prisión. Dar pocos pasos no es una sensación de libertad. Tampoco lo es el hecho solamente de ir a trabajar todos lo dias o ir al peluquero cuando quieres. Así se mueven los personajes de La piel del zorro

Es una novela compleja de leer no tanto porque no se pueda sino porque al lector este ambiente totalitario, de disgregación del individuo, de sospecha hacia otro, de pobreza pero sin morirte de hambre, nos queda lejos de nuestra mentalidad a dia de hoy. No es nuestra experiencia ni de lejos, y cuesta ponerse en esa vida, interpretar esas sensaciones. Los gestos de los personajes no nos son propios. Esa gente que, da la sensación, no termina de decir lo que quiere decir. Rumania era un país hermético. Contradictorio: lo que debería dar calor, aporta frío. Un sol de invierno, unas manzanas heladas que no calientan el estómago vacío, el humo gélido del tabaco. Las cosas adquieren las características de lo que les rodea; las personas también. 

Crudeza material, es no ser pobres, pero no tener nada. Solo a mitad de novela se empieza a concretar una historia dura de infidelidad, delación, amistades traicionadas y burócratas corruptos. Es una crudeza espiritual la de estos personajes (Clara, Pavel, Ilya, Adena) basada en desviar la atención de cualquier cosa que nos hace humanos o provoque sentimientos de malestar de los que después te debas arrepentir, avergonzar y, sobre todo, esconder ante cualquiera por una delación al estado que por todo está: un mechón de pelo, una peca en el rostro, una polilla en el cuello de la camisa son las marcas de esa persona que te escucha, te pregunta, te observa y te delata... es tremendo el grado de deshumanización alcanzado por estas personas y que generan una apariencia de normalidad exterior. Pero nadie se engaña tanto como para no saber lo que pasa: "yo sé lo que se", frase repetida en la novela, podría haber sido su otro título. La falta de dignidad, la que se roban unos a otros, no lleva a la indignación sino al sometimiento. O como mucho a escapar de Rumania y su dictador cruzando el Danubio a nado. Hasta que alguien estalla en una reacción patética de llanto, claudicación y, finalmente, sometimiento. 

Sin embargo, no todo es tan amargo. El libro avanza y termina con amistades traicionadas, con la poderosa metáfora de la piel del zorro hasta el último día narrado, con la presencia de Ceaușescu más visible y más risible mientras hay dos personajes que deben esconderse de la Securitate. El libro termina con el final del régimen mientras perseguidores y perseguidos, se quedan a verlas venir.

Como lector siento todo lo gris, metafórico y esquemático de la vida bajo la pesada bota de la dictadura, donde seguir un argumento definido es difícil en la primera mitad del libro por lo que comente más arriba. La historia adquiere una línea argumental más definida con lo que les pasa a los protagonistas que escuchan la noticia del colapso del régimen por la radio o el boca a boca. Esa ha sido la estrategia de Müller, atrevida, osada, aún a riesgo de dejar la lectura difícil muy pronto, pero honesta como no puede ser de otra manera en algo tan serio. De esta manera no sólo cuenta el pasado de la gente, sino su futuro porque Ceaușescu no termina nunca de salir de sus cabezas. Lo ha hecho de la mejor manera para que lo sientas, no con una historia típica en la que los personajes se interponen entre el lector y lo que pasó. Aquí se retuerce el lenguaje hasta sacar diamantes expresivos como pocas veces se tiene la oportunidad: es más profundo, veraz y honesto. Y original.