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viernes, 8 de septiembre de 2017

LA DERROTA INTELECTUAL DE FRANCIA. LA AGONÍA DE FRANCIA, de Manuel Chaves Nogales

LA DERROTA INTELECTUAL DE FRANCIA. LA AGONÍA DE FRANCIA, de Manuel Chaves Nogales 

    "La nazificación de las clases superiores de la sociedad francesa era un hecho incuestionable. No había en todo París quien se atreviese a llamarse demócrata sin ser considerado despectivamente como un necio o un mistificador. Las mejores páginas escritas para la Radio Francesa por Giraudoux como justificación y defensa de la democracia y de la guerra que ésta movía a la barbarie totalitaria, eran consideradas, aun por los mismos que admiraban a Giraudoux, como insinceros alegatos de un abogado venal que defiende bien una causa en la que no puede tener fe. A tal extremo había llegado la influencia nazi en Francia que nada que fuese contrario a las doctrinas hitlerianas merecía la menor estimación. Francia estaba intelectualmente gobernada por los nazis mucho antes de que las divisiones blindadas de Hitler ocupasen físicamente el territorio francés: democracia... libertad... parlamentarismo... Vanas palabras que descalificaban a quien osaba invocarlas. ¿Qué dice ese idiota?, preguntaban extrañadas las gentes que las escuchaban. En Francia, dejando a un lado la atmósfera enardecida en que se movían como sonámbulos los hombres políticos, no tenían curso legal más que las ideas de dictadura, fascismo, nazismo, corporativismo, antisemitismo... El triunfo en Francia del antisemitismo nazi era completo. El caso concreto de que en Francia no pudiese ponerse al frente del gobierno porque era de origen judío un hombre como Georges Mandel, alrededor del cual se había forjado la leyenda de que era el único Clemenceau posible de esta guerra, dice hasta qué punto Hitler había triunfado en París antes de que llegasen sus huestes. Y no sé si Mandel hubiese podido salvar a Francia o no —probablemente no —, pero el solo hecho de que un prejuicio típicamente hitleriano le cerrase el camino evitando la posibilidad de que lo hiciera revela hasta qué punto Francia estaba virtual-mente conquistada por el enemigo."

jueves, 7 de septiembre de 2017

EL DESIERTO. SIN FRONTERAS, de Gustavo Cuervo

EL DESIERTO. SIN FRONTERAS, de Gustavo Cuervo 

"Las noches del desierto tienen algo muy especial, es el desierto de los oasis, es el aroma de los dátiles que llega de cuando en vez hasta tu nariz. Son las estrellas que brillan con fuerza, con una luz que traspasa con limpieza una atmósfera diafana libre de contaminación y de humedad. Son especialmente las noches de luna nueva el momento de admirarse ante una belleza universal que ya existía miles de milenios antes de que el hombre hiciera su aparición sobre la faz de la tierra y que continuará igual de imperturbable eones después de que hayamos desaparecido. Quién sabe si la humanidad será capaz de sobrevivirse asi misma, de no autodestruirse, pero lo que es seguro es que la luz de las estrellas del universo seguirá atravesando el espacio aunque nadie haya para contemplarla. Tal vez sea ésta sensación de pequeñez que el humano experimenta cuando se encuentra integrado en los grandes espacios naturales la que haga del desierto algo especial. El ejemplo de los mapas de la noche anterior tiene el efecto de hacerte sentir tan diminuto como un grano de arena en la vastedad del Sáhara. La contemplación de las estrellas desde su interior aún mucho más. Sentirte infinitamente pequeño ante la inmensidad del cosmos es uno de los atractivos que atrapan a los viajeros que se atreven con los desiertos secos. Estoy seguro de que este es uno de los motivos por los que enamoran. El hombre tiene aquí la posibilidad de comprobar en su espíritu su infinitesimal tamaño. Es por esto por lo que las noches del desierto unen tanto a los viajeros que en el se encuentran. Juntos nos damos valor, juntos nos sentimos algo de tamaño ponderable, juntos podemos observar el universo desde una dimensión humana"


miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿EXISTE EL PROLETARIADO? ECOLOGÍA O CATÁSTROFE, LA VIDA DE MURRAY BOOKCHIN, de Janet Biehl

¿EXISTE EL PROLETARIADO? ECOLOGÍA O CATÁSTROFE, LA VIDA DE MURRAY BOOKCHIN, de Janet Biehl

"En junio de 1948, General Motors ofreció al  sindicato UAW un contrato con salarios anuales garantizados, bajas por enfermedad pagadas, seguro médico y vacaciones, además de mejoras en las condiciones laborales. A cambio,  el sindicato tenía que comprometerse a que sus trabajadores no hicieran huelga entre los 2 y 4 años siguientes. El sindicato acepto el acuerdo.
Muchos de los compañeros de Bookchin estaban probablemente a favor del acuerdo, por todos los beneficios que les reportaba. Pero Bookchin lo vio como el colapso final del espíritu revolucionario: un sindicato auténticamente revolucionario habría rechazado el acuerdo y habría forzado negociaciones anuales. Pero la UAW no solo aceptó esto sino que, además, fue eliminando gradualmente a los delegados sindicales y reemplazándolos por personal de recursos humanos a sueldo de la empresa. Peor aún, permitió que la compañía comprarse a algunos de los dirigentes del sindicato UAW local, al pagarles sus salarios. Estos líderes sindicales acabaron convirtiéndose en trabajadores de la empresa.
Los acuerdos de la General Motors con los sindicatos le demostraron a Bookchin, de una vez por todas, que el proletariado no era revolucionario. Puede que los trabajadores de la industria alguna vez mostrasen conciencia de clase, e incluso puede que fuesen militantes, pero solo en un intento de mejorar su situación dentro del sistema existente, no para cambiarlo. Ahora los trabajadores se quitaban los emblemas del sindicato y se mudaban a los suburbios, identificándose no con su clase sino con la empresa que explotaba su fuerza de trabajo. La transformación alcanzaba proporciones épicas, pensó Bookchin: el proletariado se lanzaba a la complicidad con el capitalismo.
Al haber sido marxista desde los 9 años, darse cuenta de esto le dejo conmocionado. Porque si el proletariado no era revolucionario, entonces el proletariado socialista era solo una ilusión y el marxismo estaba basado en una falacia. Bookchin abandono General Motors aturdido y desarraigado"

martes, 5 de septiembre de 2017

SIN FRONTERAS, de Gustavo Cuervo

SIN FRONTERAS, de Gustavo Cuervo 

"Porque este es un libro de historias de viajes y de anécdotas,  de miradas curiosas de un joven que descubre un mundo nuevo al tiempo que viaja, es decir, que aprende a tener siempre una doble mirada: hacia dentro y hacia fuera. En realidad es una búsqueda, la única forma en que el viaje nos enriquece. Recorriendo en moto el desierto de Gobi con Gustavo compartimos la emoción de una de las últimas formas de recorrer caminos,  esa que nos transmitieron aquellos últimos chalados en sus locos cacharros. Es probable que alpinistas y moteros estemos condenados a desaparecer en un mundo que ha elegido la seguridad y el aburrimiento como señas de identidad. Pero fueron la curiosidad y la incertidumbre quienes nos hicieron prosperar como especie. Pero nosotros, siguiendo el lema del explorador Ernest Shackleton, resistiremos y seremos condenadamente optimistas. Seguiremos persiguiendo utopías y embarcandonos en viajes imposibles. Pues la vida, como ocurre con la moto, no se recorre por una recta aburrida y previsible, sino por sinuosas curvas que nos hacen estar alerta ante la incertidumbre del camino que nos abre delante de los ojos..."
(Prólogo de Sebastián Álvaro)

    He optado por transmitir unas palabras de Sebastián Álvaro porque lo hace muy bien acerca de las experiencias de su amigo Gustavo Cuervo. Ambos comparten afición y espíritu de aventura, y no andan muy lejos generacionalmente. El libro esta muy bien escrito, es intenso y variado en cuanto a geografías: Marruecos, Argentina, Pakistán, EEUU, Australia, China, Austria, etc. Diferentes motos, algun 4x4... He de reconocer que los viajes en moto no me simpatizan en absoluto cuando viajo por carretera, pero también he de reconocer que no todos los moteros son iguales y que las aventuras de este libro salen de una experiencia muy personal y no tan individualista como, a veces, llegaríamos a pensar. Tal vez sea porque hay un toque nostálgico hacia aquel primer viaje en moto no tanto de aventura sino a la aventura... o porque cada viaje que recuerda le acerca un paso más a lo que es él mismo en el momento de escribir el libro: hombre y viaje se construyen mutuamente.

    ¿En contra? No es el caso del libro, sino del hecho de meter vehiculos a motor fuera del asfalto o en vías donde ya no los esperas... fastidia mucho transitar por pistas de tierra o por paisajes realmente hermosos hasta que llegan los vehículos a motor e invaden el lugar de ruido y polvo. Más aun las motos, que presumen precisamente de ruido, muy ufanos sus dueños que no comprenden que el sonido industrial en un entorno natural sienta como una patada en los cojones, incluso a los que aparcamos y preferimos andar. Muchos estamos hartos de ver motos y quads en medio del bosque, no solo por senderos pedestres sino tambien fuera de ellos, algo que debe molar mucho por lo que se ve. Espero que este tipo de actividad ilegal e ilicita sea la que no prospere.

SIN FRONTERAS, de Gustavo Cuervo, en Editorial Interfolio, 2009. 280 paginas

BRUJAS. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg

    BRUJAS. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg 

    "En verano de 1910 Katia y yo viajamos a Brujas. Esta ciudad me dejó estupefacto; parecía realmente que estuviese muerta. En ella se veían enormes iglesias, el ayuntamiento, torres y mansiones particulares, pero la ciudad estaba habitada por monjas y soñadores sumidos en la miseria. Ahora Brujas ha cambiado: la invaden hordas de turistas y parece un museo abarrotado de gente. Pero cuando la vi por primera vez, nada perturbaba a los cisnes somnolientos, ni el reflejo de los álamos en los canales, ni las monjas (ahora se han vuelto audaces, llaman a los turistas para venderles encaje de fabricación artesanal). Por primera vez contemplé cuadros viendo más allá del tema que trataban: me asombraron las madonas de Memling por la palidez de sus rostros, sus labios exangües, la sensación de pureza y de ensimismamiento que emanaba de ellas. Sentí que el universo del pintor era cerrado, profundo, lleno de secretos humanos. No conocía la poesía antigua ni la arquitectura de Chartres, pero aquel pasado lejano me pareció digno de admiración."
Brujas, Belgica

lunes, 4 de septiembre de 2017

JUVENTUD. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg

JUVENTUD. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg  

    "Los jóvenes saben mucho más de lo que sienten; esto está relacionado no sólo con el empobrecimiento de la filosofía y de otras humanidades sino con la pérdida de la importancia del arte en la vida de la sociedad, la decadencia de las sensaciones, de las imágenes, de la ética. Antes las facultades de letras representaban la élite de las naciones; los jóvenes buscaban respuestas a las preguntas que los atormentaban no sólo en las obras de Lev Tolstói, sino también en las de Strindberg, Leonid Andréiev, Paul Bourget. Ahora son las facultades de matemáticas y de física las que atraen a los mejores de la nueva generación, allí podemos comprobar que el amor a la exactitud no mata la fantasía. Incluso en el ámbito de la música, la poesía y la pintura los jóvenes físicos son mucho más duchos y exigentes que sus compañeros que estudian en las facultades de filosofía, historia o derecho. Por lo visto, las esperanzas en un hombre armonioso, en una idea general que nazca de las reflexiones y búsquedas de los jóvenes, no deben asociarse ahora con las obras de filósofos tardíos —ya sean existencialistas, neopositivistas o neotomistas— ni con la revolución cultural emprendida por los dogmáticos que ven revisionismo criminal en cada movimiento del pensamiento crítico, sino con el futuro desarrollo de las ciencias exactas, con el despertar de una conciencia moral en los portadores del conocimiento.
    Este capítulo puede llevar a algunos lectores a preguntarse: ¿a santo de qué, después de descartar a los filósofos tardíos, el autor mismo se pone a filosofar? Se supone que conviene incluir esta clase de generalizaciones en el epílogo y las he presentado al principio de la última parte del libro sobre mi vida. Hablaré de los acontecimientos, de la gente y de mí mismo. La tarde de mi vida fue difícil y agitada, pero no dejaba de mirar con avidez a los jóvenes: es humano pensar en el futuro, a pesar de saber que allí no hay lugar para ti."

LA INVENCIÓN DE LA LUZ ELÉCTRICA. EN CASA, UNA BREVE HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA, de Bill Bryson

LA INVENCIÓN DE LA LUZ ELÉCTRICA. EN CASA, UNA BREVE HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA, de Bill Bryson 

    "...Las luces de arco eléctrico eran demasiado potentes para el uso doméstico. Lo que se necesitaba en las casas era un filamento doméstico que pudiera arder con una luz regular durante periodos prolongados de tiempo. El principio de la iluminación incandescente se comprendía, y de hecho se había conquistado, desde hacía mucho tiempo. En 1840, siete años antes del nacimiento de Thomas Alva Edison, sir William Grove, un abogado y juez que era además un brillante científico aficionado con un interés muy especial por la electricidad, exhibió una lámpara incandescente que funcionaba durante varias horas; pero nadie quería una bombilla que costaba mucho fabricar y que solo funcionaba durante unas horas, por lo que Grove no siguió insistiendo en su invento. En Newcastle, un joven farmacéutico e inventor aficionado llamado Joseph Swan, vio una demostración de la lámpara de Grove y realizó por su cuenta y con éxito algunos experimentos, pero la tecnología existente no conseguía obtener un buen vacío en el interior de la bombilla. Sin ese vacío, cualquier filamento se consumía con rapidez, convirtiendo la bombilla en un lujo caro y de corta vida. Además, a Swan le interesaban también otros temas, en particular la fotografía, terreno en el que realizó importantes contribuciones. Inventó el papel fotográfico de bromuro de plata, que permitió la realización de las primeras impresiones fotográficas de alta calidad, perfeccionó el proceso del colodión y realizó además diversas mejoras en las sustancias químicas empleadas en la fotografía. Mientras, su negocio farmacéutico, que se ocupaba tanto de la fabricación de productos como de la venta al por menor, iba viento en popa. En 1867, su socio y cuñado, John Mawson, murió en un insólito accidente descargando nitroglicerina para ser desechada en un páramo de las afueras de la ciudad. Fue, en resumen, una época complicada y llena de distracciones para Swan, y sus intereses se alejaron durante treinta años de la iluminación. Entonces, hacia 1870, Hermann Sprengel, un químico alemán que trabajaba en Londres, inventó un aparato que acabó conociéndose como la bomba de mercurio de Sprengel. Fue el invento crucial que hizo en realidad posible la iluminación doméstica. Por desgracia, solo una persona en la historia creyó que Hermann Sprengel se merecía ser más famoso: Hermann Sprengel. La bomba de Sprengel era capaz de reducir el volumen de aire en el interior de una cámara de cristal a una millonésima parte de su volumen normal, lo que permitiría que un filamento colocado en su interior alumbrara durante cientos de horas. Lo único que faltaba ahora era encontrar el material adecuado para construir el filamento. La investigación más decidida y fomentada fue la llevada a cabo por Thomas A. Edison, un destacado inventor norteamericano. En 1877, cuando inició su aventura en busca de una luz comercialmente satisfactoria, Edison estaba ya en camino de ser conocido como «el mago de Menlo Park». Edison no era un ser humano en absoluto atractivo. Carecía de escrúpulos para mentir o engañar, y estaba dispuesto a robar patentes o sobornar a los periodistas para que escribieran reportajes favorables. En palabras de uno de sus contemporáneos, tenía «un vacío allí donde su conciencia debería estar». Pero era emprendedor y trabajador, y un organizador sin par. Edison envió a varios hombres a los rincones más remotos del mundo en busca de material que pudiera emplearse para la fabricación de filamentos y puso a equipos de hombres a trabajar hasta en doscientos cincuenta materiales distintos con la esperanza de dar con uno que tuviera las características de durabilidad y resistencia necesarias. Probaron con todo, incluyendo incluso el pelo de la exuberante barba pelirroja de un amigo de la familia. Justo antes del Día de Acción de Gracias de 1879, los trabajadores de Edison desarrollaron un trozo de cartulina carbonizado, muy fino y cuidadosamente doblado, que ardería hasta trece horas, un tiempo que no era aún suficiente a efectos prácticos. El último día de 1879, Edison invitó a una selecta audiencia a presenciar una demostración de sus nuevas luces incandescentes. A su llegada a la finca que Edison tenía en Menlo Park, en Nueva Jersey, se quedaron encandilados al ver dos edificios cálidamente iluminados. De lo que no se dieron cuenta, sin embargo, era de que la luz no era en su mayoría eléctrica. Los esforzados sopladores de cristal de Edison habían conseguido preparar solo treinta y cuatro bombillas, de modo que el grueso de la iluminación la proporcionaban lámparas de aceite estratégicamente colocadas. Swan no retomó sus investigaciones sobre la luz eléctrica hasta 1877, pero, trabajando solo, llegó a un sistema de iluminación más o menos idéntico. En enero o febrero de 1879, Swan ofreció en Newcastle una demostración pública de su nueva lámpara incandescente. La vaguedad de la fecha se debe a que no sabemos seguro si mostró su nueva lámpara en una conferencia ofrecida en enero o si simplemente habló sobre ella; pero lo que sí es cierto es que al mes siguiente la encendió ante una agradecida audiencia. En cualquier caso, la demostración se produjo un mínimo de ocho meses antes de cualquier cosa que Edison pudiera elaborar. Aquel mismo año, Swan instaló luces en su casa y en 1881 había cableado ya la casa del gran científico lord Kelvin, en Glasgow, de nuevo mucho antes de que Edison pudiera conseguir algo similar. Sin embargo, la primera instalación de Edison fue mucho más destacada y su relevancia, por lo tanto, mucho más duradera. Edison cableó un barrio entero del bajo Manhattan, cerca de Wall Street, que recibiría energía de una planta instalada en dos edificios medio en ruinas situados en Pearl Street. A lo largo del invierno, la primavera y el verano de 1881 y 1882, Edison tendió veinticinco kilómetros de cable y verificó y volvió a verificar, casi con fanatismo, su sistema. No todo salió a la primera. Los caballos se comportaban caprichosamente por la vecindad hasta que se cayó en la cuenta de que les pasaba la electricidad por los cascos. En los talleres, varios de los hombres de Edison perdieron piezas dentales como consecuencia de la intoxicación por mercurio provocada por la prolongada exposición a la bomba de mercurio de Sprengel. Pero al final todos los problemas se solventaron y la tarde del 4 de septiembre de 1882 Edison, desde el despacho del financiero J. P. Morgan, accionó un interruptor que iluminaba ochocientas bombillas eléctricas en los ochenta y cinco negocios que habían contratado su plan. En lo que Edison destacó de verdad fue como organizador de sistemas. La invención de la bombilla fue algo extraordinario, pero de poca aplicación práctica si nadie disponía de una toma de corriente donde enchufarla. Edison y sus incansables trabajadores tuvieron que diseñar y construir todo un sistema desde cero, desde centrales eléctricas y cableado barato y fiable, hasta portalámparas y enchufes. En cuestión de meses, Edison había montado no menos de 334 pequeñas centrales eléctricas por todo el mundo, y en aproximadamente un año, sus centrales estaban iluminando trece mil bombillas. Con mucha astucia, las emplazó en lugares que le garantizaran el máximo impacto: en la Bolsa de Nueva York, el Palmer House Hotel de Chicago, la Scala de Milán o el salón de banquetes de la Cámara de los Comunes en Londres. Swan, mientras, seguía con la fabricación en su propia casa. En pocas palabras, le faltó visión de negocio. De hecho, ni siquiera presentó la patente. Edison presentó patentes en todas partes, incluyendo Gran Bretaña en noviembre de 1879, con lo que se aseguró su preeminencia."

domingo, 3 de septiembre de 2017

LA GUERRA Y STALIN, de Ilya Ehrenburg

LA GUERRA Y STALIN, de Ilya Ehrenburg

    "¿Qué pasaría después de la guerra en nuestro país? Esto me preocupaba todavía más. ¿Sabríamos vencer las semillas de nacionalismo y de racismo que habían sembrado los nazis en muchas personas? La guerra no sólo exaltó la audacia del espíritu del pueblo, sino que también mostró la rapacidad, la codicia, la indiferencia; la gente se había curtido pero también se había encallecido; se necesitaban procedimientos de educación nuevos: en vez de gritos, campañas o memorización sin sentido, hacía falta inspiración. Había que insuflar en los jóvenes los principios del bien, de la confianza, encender en ellos una llama que hiciera imposible la indiferencia ante el destino de un compañero, de un vecino. Y lo más importante: ¿qué haría Stalin ahora? Por encargo del diario Krásnaia zvezdá, en marzo, Irina fue a Odesa: desde ese puerto partían los ingleses, franceses y belgas liberados por el Ejército Rojo. Justo en aquel momento llegó de Marsella un barco con nuestros prisioneros de guerra entre los que se encontraban quienes habían escapado de los nazis y luchado con la guerrilla francesa. Irina contó que los habían recibido y aislado como si fueran delincuentes y decían que los mandarían a los campos de concentración. Pensé en varios decretos que aprobó Stalin y por momentos me preguntaba: ¿se puede repetir el año 1937? Pero la lógica me volvía a fallar, me consolaba diciendo que en 1937 había miedo a la Alemania fascista y, asustados, habían empezado a disparar contra los suyos. Ahora el fascismo estaba derrotado. El Ejército Rojo había demostrado su poderío. El pueblo había soportado demasiadas desgracias… El pasado no podía repetirse. Una vez más tomaba mis deseos por la realidad y la lógica por una asignatura obligatoria en la escuela de la historia."

sábado, 2 de septiembre de 2017

EL SENTIMIENTO DE LA MONTAÑA, de Eduardo Martínez de Pison y Sebastián Álvaro

EL SENTIMIENTO DE LA MONTAÑA, de Eduardo Martínez de Pison y Sebastián Álvaro 

    "Después de Homero todo viajero tiene algo de Ulises. Y es que el hombre es, en todos los casos, un viajero potencial. Ya que, sea cual sea la naturaleza del trayecto, viajar nos otorga un tipo de conocimiento que trasciende los márgenes de la vida cotidiana e invita al descubrimiento. Nos gustaría señalar aquí que no deja de ser revelador que dos de los grandes momentos del nacimiento de la literatura occidental hayan venido de la mano de dos formidables obras que podríamos calificar «de viajes»: la Odisea y la Divina Comedia, pues ambas se articulan en torno a la figura de un viajero, ya sea mediante el recorrido de un guerrero o un viaje puro de la conciencia."
EL SENTIMIENTO DE LA MONTAÑA, Eduardo Martínez de Pison y Sebastián Álvaro. 
Foto junto al faro de las Islas Cies"

viernes, 1 de septiembre de 2017

ANDRÉ BONNARD. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg

ANDRÉ BONNARD. GENTE, AÑOS, VIDA, de Ilya Ehrenburg 

    "Me gustaría hablar del insigne helenista André Bonnard. Lo había conocido en el congreso de París. Me invitó a su casa, en Lausana. Hablamos de Micenas, de la poesía soviética y de la paz. Luego leí sus libros, que me ayudaron a entender mucho mejor la cultura de la Hélade. Volví a ver a Bonnard varias veces, le visité de nuevo en Lausana y tuve ocasión de hablar con él en varios congresos de la paz. Hablo de él en este capítulo porque el ocaso de su vida estuvo estrechamente ligado con la Guerra Fría. Bonnard tenía tres años más que yo, y era uno de los últimos humanistas occidentales. Aunque nunca participó en política, fue uno de los primeros en adherirse al Movimiento de los Partidarios de la Paz. En 1952, mientras se dirigía a una sesión del Consejo Mundial, fue detenido en Zúrich y absurdamente acusado de divulgación de secretos de Estado. Lo juzgaron un año y medio más tarde y lo condenaron a quince días de cárcel. La sentencia muestra por sí toda la absurdidad de la acusación: los jueces de Berna no se atrevieron a absolverlo por miedo a una recusación de la policía suiza.
    Es difícil encontrar a un hombre tan desinteresado, leal y honesto como Bonnard. Era un apasionado de la poesía de la Grecia Clásica, de sus monumentos, de la vitalidad de su arte; quería a sus estudiantes, quería la paz. En el juicio declaró: «Ahora deben pronunciar la sentencia. Es una cuestión que quedará en su conciencia. La mía está limpia… Se ha hablado de mi humanismo, pero para mí el humanismo no es la ciencia de un estudioso aislado en su estudio, el humanismo está en las leyes que gobiernan la vida. Quiero decir también que se ha intentado mostrar erróneamente que, en mí, el humanista convive de manera sospechosa con otro ser al que se ha definido de un modo muy genérico como “comunista”. En efecto, el helenismo ha absorbido durante mucho tiempo mis intereses. Aquí se ha intentado disociar al traductor de Antígona del defensor de la paz, cuando en realidad ambos son la misma persona. No, señorías, no tengo la doble vida que se ha intentado mostrar aquí… La literatura no sirve sólo para ser leída, se creó para realizarse en la vida. Si la literatura no enseñara el arte de vivir, sólo sería un pasatiempo al que no habría consagrado mi vida».
    Época terrible, en que los libros se trataban como bombas, y la Suiza pacífica y neutral procesaba a un hombre que era su orgullo y trataba de mancillar su nombre. Cuando acabó el juicio, Bonnard se limitó a sonreír y, mirando a los niños, dijo: «Las cosas serán más fáciles para nuestros hijos»."

Viniendo de una familia de la burguesía protestante intelectual de Lausana, André Bonnard se horrorizó con la guerra de 14-18, lo convirtió en un pacifista y, al final de la Segunda Guerra Mundial, admiró el éxito del Ejército Rojo (¡!)