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miércoles, 12 de febrero de 2014

ARENAS DE ARABIA, de Wilfred Thesiger

   


El autor
Es fácil animar a la lectura de un libro como este. Si hubiera que elegir uno de los mejores libros de viajes jamás escritos, este caería en cualquier lista, y de igual manera es un libro muy conocido para los amantes del género. Pero si aun no eres de esta tribu, no deberías pensártelo dos veces para adquirirlo.

    Thesiger había pasado muchos años de su infancia y juventud en Kenya (nacio en Adis Abeba en 1910), en donde estaba destinado su padre como funcionario al servicio del Imperio Británico. Respiró el aire del desierto y se interesó por sus habitantes muy pronto. 

    "...era el amor por lo desconocido más que cualquier amor por los desiertos..."

Wilfred Thesiger
    Quiso estar entre la pléyade de exploradores de África, buscó un territorio que quedase sin explorar, se enteró de uno y corrió hacia él cargado con los pertrechos abultados de otras épocas. Y de ahí saltó al sur de Arabia, tema central de su libro. La aventura con mayúsculas.

Wilfred Thesiger
    Nuestro autor se interesó no solo por una geografía, por un reto deportivo o por la caza (otro rasgo colonial, el estrago que ha hecho ese "placer" en el imaginario de tanto cazador sin escrúpulo con ganas de abatir los 5 grandes hasta que se extingan). Thesiger se interesa por la aventura total, aquella en la que dibujar mapas del entorno desértico y sus dunas, va unido al nombre de las tribus que atraviesa, el nombre de sus jefes, de sus amigos, el nombre de los pozos, las rencillas en las que se enzarzan (como si aquello  de robar camellos al vecino fuera un hábito típico como ir a por tabaco), los rasgos culturales que los definen (vestidos, comida, enterramientos, religión, etc) Es muy consciente de que el petroleo va a cambiarlo todo, que la familia Saudí y la de los grandes jeques de Abu Dabi, Qatar, Yemen y Omán están siendo tentados por las petroleras con ríos de dinero que borrarán del mapa estilos de vida arcaicos, muy duros de soportar a veces pero también más auténticos y que les confieren libertad y felicidad, aspectos todos que Thesiger admira. Si de algo se puede achacar a Thesiger, son esas opiniones en cuanto a la superioridad de estas gentes del desierto sobre la muy floja gente árabe de la ciudad. Cuando dice que va a Londres, lo anuncia para hacernos saber que ese no es su sitio. Mucho nos tememos que, simplemente, la ciudad tampoco era para él.
uadi hazar, yemen




Dunas de Rub al Jali
    Es curioso como para el estudio de la langosta, una plaga que se desplaza miles de kilómetros arrasando cosechas, Thesiger consige que le envíen a misiones que pocos querrían: abandonó su puesto de funcionario previamente para estar más libre y dispuesto a la exploración, y se hizo contratar solo para sucesivas misiones. También llego a financiarse ciertas expediciones de su propio bolsillo. Y sobre todo, aunque también hizo enemigos (para muchos árabes, ver un extranjero pisando suelo de Arabia era una profanación que se pagaba con la vida), también hizo muchos más amigos entre la gente bedu del desierto.

Los compañeros de Thesiger
    Las aventuras de Wilfred empiezan de niño, conociendo las guerras tribales, los tributos de sangre, las danzas, los príncipes, etc. Luego es invitado a la coronación del emperador de Etiopía, atraviesa el desierto Danakil, donde vive una feroz tribu con ese mismo nombre (cortadores de cabeza, de testículos, lo que haga falta). Su objetivo era encontrar las fuentes del río Awash cruzando Aussa, lo que ningún europeo hizo antes. Acaba en Djibuti después de saciar sus ganas de exotismo colonial: planicies de Akai, fuerte Dikil, el desierto de lava hasta Tajura, la depresión de Assal, los volcanes de Jira... En 1935 esta de funcionario trabajando al norte de Darfur (conocido ahora por las hambrunas), donde aprende a viajar por el Sahara con pocos pertrechos y al uso de sus habitantes. Conoció Bir Natrum mientras los fascistas de Musolini intentaban dominar la zona. En 1937 renuncia a su puesto porque no creía en los cambios que el gobierno iba a introducir en la población. Visita el Alto Nilo, Marruecos, el Tibesti (1938), asciende el Emi Kuossi (3390m, en los Tibesti, norte del Chad). Durante la II Guerra Mundial sirve al ejercito en Sudan y Siria, y acabado el conflicto, obtiene un empleo en el llamado Territorio Vacio al sur de Arabia para saber qué demonios hace una langosta.. En septiembre de 1945 está en Aden: ahí comienzan 5 años de viajes en camello, de anudar intensas amistades con gente de las tribus (especialmente los bedu), anotar su carácter, sus costumbres medievales, su sentido arcaico de la vida, las negociaciones con jeques recelosos de todo lo extranjero (como el de Mascate), las continuas razzias entre tribus robando camellos (el bien más preciado) y pagando deudas de sangre... Creo que Wilfred no se deja nada por anotar y el resultado es exótico, complejo y muy bien escrito, porque además de admirar y tratar siempre de estar a la altura de los bedu, también es consciente de sus mezquindades. Atraviesa el desierto al modo de ellos, guiados por ellos hasta que, en una ocasión, lo ha aprendido también que es él quien los guía para admiración de muchos árabes. No hay que perderse las descripciones del desierto y detalles como los de la circuncisión y otros. Comprender a estos árabes a los que no les interesa el progreso de los aviones o los camiones, solo los fusiles. Saber que aquellos árabes del desierto no eran tan fanáticos del islam, ni doblegaban a sus mujeres, y mezcla de religión con tradiciones arcaicas que vivían. Interesante el gran cariño y el conocimiento que sienten hacia los camellos: toda una ciencia.
Arenas de Rub-al-Jali








Salim_Bin_Ghabaisha y Wilfred Thesiger
    Posteriormente, Wilfred encaminaria sus pasos hacia Mesopotamia (eso es otro libro), Pakistan, Kurdistan y otras zonas de Africa. En 1990 estaba de vuelta en Inglaterra. Este es el obituario en El Pais. Murio a los 93 años, escondiendo su vida personal llena de inseguridades, y de la forma que temía: lejos de lo que amaba, aquello que le hizo ser la persona que quiso ser, y gritando: "¡Dejadme marchar!" (vease enlace a El Pais)

Wilfred Thesiger
 Hadhramawt, Yemen 1947
    En definitiva, ARENAS DE ARABIA es un libro de viajes, plagado de observaciones y de aventura, ameno (no tenia intención de hacer un libro de sus vivencias inicialmente) como pocos, que trata de hacernos sentir el calor del día y las frías noches desérticas, la cordialidad de los árabes y la fiereza de sus bandidos. Intenta acercarse lo más que puede a sus formas de vida mientras estas sean únicas e irrepetibles. Pero ya sabemos que, como en los experimentos científicos, observar algo ya es introducir cambios en él objeto en cuestión, y era cuestión de tiempo que todo eso se perdiera como Thesiger mismo, años después, reconoció. Por eso este libro es maravilloso e insustituible.
Arabia, marzo de 1946

    Si Wilfred abandonó Arabía pensando que era para siempre a finales de 1949, fue porque ya no podía viajar de incógnito: las noticias corren rápido en el desierto (a velocidad de camello) y unos querían matarlo, otros pedirle dinero o favores por dejar pasar por su territorio al infiel... el cambio estaba en marcha.

El grupo de Thesiger
ARENAS DE ARABIA, de Wilfred Thesiger, Editorial Altair, año 2003. Thesiger lo escribio en 1959. Tiene 430 paginas y algunas fotos en B/N del autor.

    

    

domingo, 19 de enero de 2014

DESDE EL LAGO DEL CIELO, de Vikam Seth

   
vikram seth



Allá por el año 1981, un estudiante indio de 29 años, con una beca para estudiar en la Universidad china de Nankin, decidió que ya era hora de volver a su casa en Nueva Delhi aunque solo fuera por vacaciones. Su loca idea por entonces fue hacerlo atravesando el Tibet, Nepal e ingresando en su país por tierra. Su idea era loca porque China estaba saliendo del profundo pozo en que la metió la Revolución Cultural y la Banda de los 4, por lo que la región autónoma del Tibet, como le dicen las autoridades a Vikram en más de una ocasión, no es una región cualquiera que un extranjero pueda visitar. Lo normal, en realidad, es que no le hubieran dejado, pero Vikram le echa un morro de los que marcan el género de viajes y se cuela. Pero eso sí, siempre por las buenas. Su tesis doctoral versaba sobre la demografía china en el ámbito rural, y su dominio del idioma chino era notable, asi que tenía dos armas poderosas para manejarse con la población e ir un par de pasos por delante de la policía a la que debía presentarse en cada población a la que llegaba.
tianchi

danzantes en Lanzhou
    Vikram nos entretiene con agudas observaciones: "Los chinos tratan a los extranjeros como si fueran pandas valiosos y propensos a las travesuras". En realidad, los chinos han llamado tradicionalmente a su país "La tierra del centro", por lo que todo lo extranjero es sinónimo de barbarie y objeto de una ligera xenofobia. El viaje echa a rodar en autobús con otros estudiantes, empezando por Turfan, una desértica ciudad de Xingiang donde conoce los canales enterrados (karez) de los uigur. El guía chino los llevan sin descanso de un lugar a otro y todos acaban hartos del guía y de los monumentos. De Urumqui llegan al Lago del Cielo, a 2000 m de altitud, en los montes Bogda.(seguramente es el lago Tianchi). Metidos en el frenesí del guía, conocen Xi'an y sus guerreros. Pero, tal vez harto del férreo control chino, prueba suerte y pide un permiso para entrar en el Tibet. Sorprendentemente, se lo conceden. Hay decide la coartada de regresar solo a su casa, en Nueva Delhi, por tierra y con la excusa de su escasez de dinero. Vuelve por Lanzhou bordeando la Gran Muralla y el Río Amarillo, y comenta de camino la política china con las minorías (conocerá tres etnias: tibetana, uigur y la mayoritaria han), y el carácter de los chinos:
    "Ser innovador, individual o excéntrico es arriesgarse a que te critiquen seriamente".
   En el tren, un policía de paisano le acomete: "Tras un examen intrusivo, ofensivo y minucioso de mi permiso de viaje intercalado con preguntas insinuantes, me dejan subir al tren"
   
Dunhuang
   Tampoco quedan bien paradas muchas ciudades chinas: "La calle principal de Liuyuan es como un decorado de una película del oeste: ancha, marrón, polvorienta, con unos establecimientos y lugares para comer dispuestos a intervalos a lo largo de la calle. Aunque delante del banco hay un carro tirado por camellos. Los cables cuadriculan el cielo. En el exterior de la tienda de comestibles unos cuantos zapateros y sastres están sentados con sus máquinas, mirando sin entusiasmo el polvo que arremolina una repentina ráfaga de viento". Uno de los alicientes del libro es la naturalidad con que Vikram se mueve entre los chinos, transmitiendo las ideas que surgen y sus sensaciones acerca de lo que ve con economía de medios.
El Himalaya desde Tong La Pass

    Pasa por Dunhuang, momento en que aprovecha para conocer la incipente libertad para producir y comerciar a nivel familiar. Lo mejor del viaje, a mi modo de ver, y donde Vikram se entusiasma, llega ahora, cuando se dirige a Lhasa, la capital del Tibet, en un camión con el que va a sufrir  los mismos avatares que los transportistas chinos: retrasos, frío en la cabina, el motor que se gripa, una paradita de nada para ver a un amigo, otra vez el motor que no arranca.... Encuentra los rescoldos de la Revolución Cultural en algunos templos budistas devastados. Si pierde el equipaje, el camión vuelve apresuradamente y cazan al ladrón, momento en que Vikram se entera de como las gasta el estado con los delincuentes. Todo sirve para que Vikram saque sus conclusiones. Como el extendido desprecio de los chinos (la mayoria han) hacia los tibetanos:
    "He notado que los han son por lo general un pueblo muy reservado. No llevan ropas llamativas. El mínimo comportamoiemto inconformista es examinado y comentado. Los hombres y las mujeres mantienen una extricta reserva en su actitud hacia el sexo opuesto...."

    El camión se detiene en las Unidades de Producción y las Estaciones de Transporte para cargar y descargar, hacer arreglos al motor, llevar encomiendas, etc. En la meseta de Quinghai le llega el mal de altura (nauseas, dolor de cabeza, etc), pero también la belleza de las praderas y la lluvia torrencial que destruye puentes, desborda ríos y convierte la pista en un lodazal. Se quedan atascados muchas veces, pero finalmente llegan a Lasa. Es en esta parte del viaje, en la que comparte durante semanas la vida de estos chinos menesterosos, cuando nos enteramos de como viven, a qué aspiran en la vida, sus opiniones acerca de todo.
Vadeando ríos como se pueda


    En Lhasa le anuncian que el puente habitual para pasar al Tibet se lo ha llevado la lluvia: las autoridades chinas quieren que se vaya cuanto antes, pero por Hong-Kong. Pero el consul nepali le da la solución para continuar adelante pese al gran recelo de las autoridades. Visita el Potala, el monasterio de Drepung y conoce a la familia de Norbu, a través de quienes sabrá del sufrimiento de muchos tibetanos a manos del poder maoista. Es un momento en que la narración recuerda mucho a la de otro libro: Cisnes Salvajes, de Jung Chang. Asiste al banquete de un cadaver, como forma de funeral, por parte de los buitres, al poco respeto de los turistas chinos hacia los tibetanos, y continúa el viaje en camión hacia Nepal via Shigatse y Gyantse hasta que se pelea con Wu, el camionero. Cruza el puerto de Thong La y llega a Nilamu.  Mete lo que le queda en un saco de arpillera y cruza la frontera donde son los policias nepalies quienes intentan dejarle sin tabaco. Ya todo es continuar hasta Katmandú y Delhi.

Potala en Lhasa
    Es un libro fácil y entretenido de leer. Al autor no le importa pasar fatigas para acabar sabiendo aquello que se propuso, y no se cree mejor que nadie pese a estar muy lejos culturalmente de la gente con la que viaja. Más bien son ellos el objeto de su interés y con quienes desea anudar la amistad. Tal vez sea el motivo por el que no existen apenas digresiones históricas ni se pierde en otras aventuras que no sean las suyas. Se agradece la síntesis de ideas y experiencias, que son muchas, y la transparencia de todas ellas. Vikram ha viajado con todo el aplomo del que fue capaz en una empresa más dificil de lo que en su relato nos da a entender sin haberse creído un superheroe. La fluidez narrativa te llevará con ligereza a lo largo de miles de kilómetros desde el centro de Asia hasta el subcontinente indio. Tal vez por eso se le concedió en 1983 el prestigioso premio Thomas Cook. Después ha escrito otros libro, algunos tan conocidos Un buen partido o The Golden Gate, obras que tal vez conozcáis.

DESDE EL LAGO DEL CIELO, de Vikram Seth, 250 páginas. En Ediciones B para el sello Zeta Bolsillo del año 2008

lunes, 6 de enero de 2014

HISTORIAS DE ESCALADA, de Jim Bridwell

    Una vez escuche a un padre referirse a la actividad preferida de su hijo escalador como "hacer el indio". Con el paso de los años, aparecen en los periódicos noticias inquietantes de que los gobiernos de distinto signo y lugar quieren limitar la escalada en las paredes donde se escalada desde hace décadas, o que quieren privatizar el uso del monte publico en favor de escopeteros que supondría prohibición del paso de cualquier otra persona para que ellos sigan disparando y bebiendo (o de eso han presumido siempre). Parece que los gobernantes de hoy tienen el mismo conocimiento de la escalada y de la conservación de la naturaleza que aquel padre de hace décadas, de igual manera que deben conocer bien a estos escopeteros no solo de sus cotos de caza sino de esos otros cotos de caza en los que se ha convertido el mundo político y empresarial, territorios todavía más privatizados.

    Cuando uno lee HISTORIAS DE ESCALADA, se tiene la amplia sensación de retroceder a una época en que los tentáculos de los políticos ignorantes tenían mesura. La libertad que se podría esperar de una actividad en la montaña esta allí ampliamente escenificada, pero no por ello Jim Bridwell dejó de pelearla (esta su capitulo ajustando cuenta con el funcionario de aduanas de estrechas miras). También deja hablar a otras personas haciendo honor a lo más autentico de cualquier literatura oral, esa que cuenta ante un improvisado auditorio el tipo de aventuras que siempre se han recordado por lo emocionante y bien contada. Porque si algo caracteriza cada capitulo de este libro, es decir, cada ascensión, es no solo su compromiso con la escalada de turno, sino con un modo de vida que reordena en torno a esta pasión los demás aspectos de la vida. Por eso HISTORIAS DE ESCALADA es bastante más que un libro de escalada.

    El libro empieza con lo que podría ser un ejemplo su forma de escalar: la ascensión del MooseUs Tooth, en Alaska: "Su cara este tenía un aspecto horroroso pero no podíamos abusar más de la paciencia de Doug (el piloto que los lleva en la Cessna). No había más remedio: eran nuestras cartas y tendríamos que jugarlas". De esta manera, la aventura no decae ni un ápice hasta la ultima página. "Me detuve y contemplé una laja solitaria, colgado en la cuerda y sintiendo una dulce y melancólica sinfonía de emociones y sentimientos que discurría por mi espíritu". Jim simboliza la era más hippy de la escalada.
Jim Bridwell en El Capitan, año 1997

Aquarium Wall
   El libro posee tres puntos fuertes que harán las delicias de los lectores: el gusto por las escaladas que contravienen las leyes pero no la naturaleza, los comentarios sobre algunas de las personas que conoce en este mundillo de la escalada (como la inolvidable Silvia, una bella argentina compañera de cordada en el Eiger) o esos capítulos en los que la aventura de escalar empieza nada más montarse en el coche (si es el de papa, mucho mejor). Relatos como la aventura de la ascensión de Totem Pole cuentan con pocos párrafos dedicados a la escalada, pero es que la historia de cómo se lo montaron para llegar allí no tienen precio... o la forma en que consiguieron tener luz eléctrica en el campamento de Yosemite. A veces no todo sale bien, también les roban una fortuna en material de escalada. Se disfruta leyendo esas eléctricas ascensiones, primeras vías en el Half Dome o El Capitán, aparentemente fáciles de contar pero muy trabajadas y especialmente motivadas. Hay vías de escalada a las que no renunciaba pese a tener que darse la vuelta en múltiples ocasiones, sería suya si o sí esa primera ascensión, como Aquarium Wall en El Capitán (solo lamenta haber perforado algunas de las paredes que ha subido o clavado demasiados pitones en según qué sitios). Como siempre, a la expectativa de ver progresar el extremo caliente de la cuerda por placas lisas, lajas sospechosas, techos inhumanos, paredes desplomadas, piedras que se precipitan canal abajo por la vía de ascenso, chorros de agua de deshielo que te bañan a 1ºC,... Todo ello aderezado con novias, Jimmy Hendrix, cervezas, etc.
En la cima del Cerro Torre



    Pendular en la cuerda, empotrar puños, jumear el petate al grito de "¡Venga, tios, hay que bajar antes de que cierren el bar!". Jim pierde un estribo, John lo atrapa al vuelo unos metros más abajoSon dos, tres o cuatro tíos enganchados a la adrenalina que se han subido al barco que no van a dejar zozobrar durante el tiempo que dure lograr el objetivo máximo: la cima. Esas cimas son Cerro Torre ("Vale por un par de años en Disneylandia", "el viento es el cazador del Cerro Torre, y el escalador una presa muy pequeña"), el Cerro Standhatr escalado en libre y por primera vez, el Cerro Desmochado (tambien en Patagonia), el Shiprock... Entrena a los SEAL's del ejercito USA, filma documentales, escribe libros, etc

En la via Ocean Pacific Wall
    Otra de las plusvalías de esta lectura es que no hay técnica que valga sin una proporción de arrojo que la acompañe en la pared junto a una dosis de obstinación (esa querida virtud a la que dedicó un libro Herman Hesse; la obstinación es necesaria).

    "Abajo, Glen estaba en apuro. La cuerda por la que ascendía a jumars se había enganchado por detrás de un bloque y él estaba inmovilizado, confuso y cada vez más angustiado. Jay descendió para ayudarle y yo... yo me limité a disfrutar del bello día, ventoso pero soleado. Contemplé los glaciares que serpenteaban y se hundían; las espectaculares Torres erguidas hacia el cielo. Más allá se extendía el misterioso hielo continental. Esto era mejor que... vamos, quizás tan bueno como escuchar a Bo Diddly"

    HISTORIAS DE ESCALADA es una experiencia lectora que se acaba demasiado pronto. Uno querría conocer a este genial escalador en persona, conocido como el Pájaro, nacido en 1944 y con más de 100 primeras ascensiones en Yosemite. Innovador, rescatador de otros escaladores en Yosemite, el primero en marcarse la Nose en un día. Vive en Palm Desert, y dicen que se le ve con frecuencia en el Parque Nacional Joshua Tree. Aunque el libro no lo cuenta, este hombre audaz y directo ha hecho otras actividades como travesías por Borneo, la vuelta al Everest, exploraciones del Ártico y de territorios chinos. Todo un personaje que ahora desahució el banco y echó de casa; la revista Desnivel dio un numero de cuenta para ayudarle: ¿les suena este problema? ¿Saben a qué me refería al principio?

HISTORIAS DE ESCALADA, de Jim Bridwell, de 156 páginas. La primera edición es de 1993, y reimpreso en 2001, en Ediciones Desnivel

domingo, 8 de diciembre de 2013

VOLCANES DORMIDOS, de Rosa Regas y Pedro Molina Temboruy


los autores
chichicastenango, guatemala
   Viajar por Centroamérica puede ser una empresa estimulante por varias razones que no escaparán a ningún hispanoamericano: los paisajes son estupendos si pensamos tanto en la selva como en los volcanes o la costa. Pero hay otro tipo de paisajes que pueden seducir al viajero que busque algo más, como es el paisaje humano de la multitud de sociedades que pululan en tan angosta franja de tierra: gringos, blancos, mestizos, indios, chinos, negros, emigrantes europeos, etc. En este libro se recogen dos o tres casos puntuales de mezclas sorprendentes en cuanto a su cultura y la historia que la acompaña. Pero hay más paisajes en Centroamérica relacionados con su población, y ese es un paisaje que nuestros autores tienen muy presente: el de las revoluciones y guerras civiles sufridas en cada país y la presencia más o menos velada del vecino del norte que es como un Gran Hermano que todo lo controla para decidir si interviene o no (Canal de Panamá o la Ruta Vanderblit en Nicaragua). Cada estado de la zona tiene su propio curriculum de incidendias que Rosa y Pedro, periodistas y escritores (más conocida la primera), conocen bien porque han tenido la suerte de ir con el viaje preparado, de tener amigos en ese mundillo desde hace tiempo, e ir entrevistando a personas que han sido ministros y personas clave en algún momento de la historias de sus respectivos países (por ejemplo Aristides Royo, expresidente de Panamá o Sergio Ramirez en Nicaragua). Es el año 2003. Por añadir algunos alicientes más del periplo centroamericano, citaré la rica historia anterior a Colón que destilan, y la que vino después, un variopinto traje para naciones jóvenes que parecen no haberlo digerido del todo. Otro rastro común a todos los países es el que dejan los escritores mas significados y que Rosa y Pedro persiguen a través de sus vidas o sus libros.

leon, nicaragua
    El viaje empieza por Guatemala, y como suele ser habitual, apenas se detienen en la capital pero explican el estado de los acuerdos de Paz que van quedando en humo (asesinatos de testigos clave contra el gobierno, las recetas ultraliberales del FMI) y las conclusiones de la Comisión de Esclarecimiento (militares y paramilitares se llevan la palma en los conflictos en cuanto a la brutalidad de sus acciones contra la población y la insurgencia). Visitan la ciudad de Antigua, colonial y más turística, con su referente el volcán de Agua. Aqui enmpiezan a leer el paisaje con uno de los primeros libros de viaje escritos por esos lares: Incidentes de viaje en Centroamerica, Chiapas y Yucatan, del norteamericano JL Stephens. Pese al sometimiento de la población al 5% que detenta el poder y riqueza, Guatemala conserva todo lo que puede su cultura tradicional: 22 lenguas y dialectos de origen maya, diferentes etnias de las cuales visitan a los chiques de Totonicapan y Chichicastenango, los ixil del altiplano. Viajan con Rolando, alguien de la tierra que no lo tiene nada fácil para subsistir. Los americanos enseñaron aquí, como en la Zona del Canal de Panamá, sus tácticas antivietnamitas a los soldados de Rios Montt, para usarlas contra los rebeldes y someter a la población. Los autores tropiezan con pastores evangelistas que dominan los pueblos en los que se instalan, y continúan por la sierra de los Cuchumatanes, Tierra Caliente, Nebaj, Quetzaltenango, el lago Atitlan, Tikal, Yaxhá. Nos relatan una religión popular católica en la que subsiste el sincretismo cristiano/maya y la antigua preferencia por la izquierda de muchos curas. Se cita en ocasiones a Miguel Angel Asturias y otros libros que conocemos son el Popol Vul y el Chilam Balam ("la tristeza entró en nosotros con el cristianismo...")

Antigua, Guatemala

copan, honduras
    Cruzan la frontera salvadoreña y conocen al típico directivo español que llega, joven arrogante, a dirigir la filial de turno (Telefónica esta vez) y no deja de hablar mal del país que lo acoge (¿donde habrá quedado aquel orgullo hispano con la crisis?). No es raro, ya me los he tropezado. Tras otro repaso a la guerra civil y las brutalidades gubernamentales del país de las 14 familias dirigentes y pero también de Farabundo Martí y el arzobispo Romero, visitan ciudades coloniales como San Miguel, San Vicente o Suchitoto. Las maras, la polarización social o el caso concreto del poeta Roque Dalton o el de la comandante "Ana María" son historias que les cuentan casi de primera mano. Acaban la visita con el volcán Izalco, el suburbio de Santa Tecla y el Parque Nacional de Cerro Verde. La lectura de este capitulo también es agridulce.

lago nicaragua  o cocibolca

    En Honduras el mencionado Stephens se maravilló con Copan. A nuestro autores les entusiasma, incluida la historia de cómo un un matemático soviético empezó a comprender qué significaba lo escrito en las paredes de los monumentos, así como la historia de los garifumas de la costa o los misquitos. Aqui las playas están menos saturadas y las disfrutan. Otro recuerdo es la Guerra del Futbol, una historia contada por Kapucinski en su día y que seria de risa sino fuera por los muertos. Aquí no hubo guerrillas, sino la contra nicaragüense. 

El Volcán de Izalco es el más joven de los volcanes de El Salvador
    En Nicaragua se rodean de desencantados de la política y hacia Daniel Ortega. En este capitulo nos cuentan sus antiguos compañeros de lucha cómo ven la situación, y cuando salen de Managua comparan dos ciudades de gran belleza, Leon y Granada, y la relación con Ruben Dario. Otro lugar para el recuerdo es la isla Ometepe en el lago Nicaragua, momento para evocar los 12 años de Ernesto Cardenal en Macarrón, una de las islas Solentimane. Hablar de ello es hablar de la Teología de la Liberación, pero también de los tiburones toro que frecuentan las aguas. Recorren el río San Juan, y recuerdan la famosa Ruta del Transito para que los norteamericanos como Mark Twain llegaran a California.

Parque Nacional Tortuguero (Costa Rica)
    El desprecio marca el paso a Costa Rica, donde los ticas no reparten demasiadas simpatías con los nicos. Tienen una economía más solvente que el resto, llevan más de 100 celebrando elecciones, tienen un país volcado en el turismo ecológico, incluso un café con denominación de origen, y una gran biodiversidad... Visitan la península Nicoya, parques nacionales, Tortuguero, los volcanes Poas, Irazú y Arenal y visitan a uno de los escritores más conocidos, Jose León Sanchez. Conocen ese tramo caribeño con el libro de Yazmin Ross y Luciano Capelli ("Pasion por el Caribe") bajo le brazo. Cuando llegan a Limón, es el momento de saber qué hicieron los norteamericanos en el país de la mano de la multinacional bananera United Fruit y quién fue Markus Garvey. El pueblo curioso que toca ahora es Bibrí.
Portobelo, Panamá

    Por fin llega Panamá, otro estado con los americanos de por medio a raíz del Canal (en el que trabajó Paul Gauguin), devuelto poco antes del viaje de los autores, y de la invasión y captura del general Noriega. Los autores resaltan dos aspectos más: el uso de banderas de conveniencia del país para buques de mala fama y la millonada de dolares cobijados en sus cuentas que no se corresponde en absoluto con la poca población ni con los recursos de la gente. Pero Panamá mantiene una bella capital y las expectativas creadas sobre los indios cunas en las islas de San Blas, apartadas del gobierno pero no del negocio turístico. Y por supuesto, está el general Torrijos en la historia reciente como un tamiz que filtra la experiencia de los autores y el trato con sus guias en Panamá.  Otro personajes que desfilan son el pirata Drake, atraido por el oro en el Camino de las Cruces rumbo a España, y Graham Green, atraido por Omar Torrijos.
guatemala


    Volcanes dormidos es un libro de lectura fácil y entretenida, realmente ambicioso por la cantidad de temas que toca (todos esenciales) y porque, pese a lo pequeños que son los estados, han proporcionado muchos titulares al mundo y demasiado cruentos la mayoría de las veces. Para cualquiera que desee viajar a esta región del mundo puede ser una muy buena introducción. Sin embargo, tres meses de viaje como estuvieron los autores se antoja poco tiempo para ahondar en cada país. Habrá quien eche de menos más rutas en la naturaleza, mas contacto con la gente de la calle, o le agradará tal vez que una gran parte del libro se ocupe de historias del pasado. En cualquier caso, el interés que suscita la lectura de este libro nos impulsa a ahondar más en la realidad de Centroamérica y no quedarse arrinconado pensando que todo lo que hay que contar de los paisajes de Centroamérica cabe en la burbuja de un resort para clientes con pulsera.

    VOLCANES DORMIDOS, de Rosa Regás y Pedro Molina Temboruy, Ediciones B para el sello Zeta Bolsillo, mayo 2009. Escrito en 2005. Unas 285 páginas.

lunes, 25 de noviembre de 2013

ERASE UNA VEZ EL SEXTO GRADO, de George Livanos


ricardo cassin

    Si hubiera que hablar del escalador Ricardo Cassin, se podría escribir un libro mejor que este. Si algo tiene la biografía de Livanos, es que añade épica a la propia de Cassin, y eso no da un buen resultado. No por ello dejamos de enterarnos de la vida de Cassin, un italiano que murió a los 100 años en el 2009. Mucho vio en ese periodo porque la historia no da tiempo a recuperarse de un lío gordo y ya se está metiendo en otro. Y lo mismo ocurre con la escalada, el atraviesa el periodo más clásico de la escalada (la de los Piaz, Lochmatter, etc), la época en que se reinventa el mosquetón para uso de escaladores, y lo mismo pasó con la reinvención del Prusik... el libro se recrea en estos aspectos de la escalada, los inventos y otros temas que retienen demasiado la biografía. Porque este es el defecto del libro (a mi entender): a veces lo que menos importa es Cassin, sustituido por las opiniones entorno a temas que no dejan de ser distracciones del asunto (los materiales como la suela vibram inventada en 1936, criticas a A. Charlet o los grados de dificultad añadidos con los años) , además de ensalzar demasiado al amigo (hasta un punto sonrojante) sin hacer la más mínima crítica a sus escaladas. Porque no todas salieron bien, como es de esperar, y el caso palmario es cuando asciende al Badile.

george livanos y sonia

    Cassin nació en la zona del Friul y se hizo herrero; se desplazó a Lecco para ganarse la vida en el seno de una familia muy humilde. Allí hay montañas, y el empezó a conocerlas en la Grigna. Le gustó tanto que abandonó el boxeo e inició la sección de montaña del club Nuova Italia, imbuidos un poco del ambiente fascista de la época. El autor describe la bizarría con que se tomaban estas escaladas a la Corna di Medale. El siguiente paso es acudir a la llamada de los Dolomitas y conocer a la figura italiana del momento, Comici. La escalada que practican es la de tracción sobre los clavos y usando la brida en los salientes, pero si podían, también escalaban en libre. En una tercera vuelta a los dolomitas, conseguirá la Cimone della Bagozza.

    "Se tiene la impresión de que solo un milagro autoriza la presencia del hombre en estas paredes y le impide ser aspirado por este vacío inimaginable"

    En 1934 hace la primera ascensión a la Picolisima de las Tre Cima di Lavaredo. Tambien la Torre Trieste:

    "A tres días de luz y fuego les suceden unas sensaciones paradisiacas: la cima es un islote solitario en pleno cielo, una pequeña meseta con un poco de hierba acariciada por una pequeña brisa, y un gran bloque para descansar a su sombra"
 
grandes jorases
    Sube por vez primera la cara oeste del Piz Badile en 1937, en la que uno de sus compañeros muere por querer ser los primeros en unas condiciones climatológicas dantescas. Aqui no hay ni una leve critica a esto, como si fueran daños colaterales o gajes del oficio. Da la sensación de haber subido con un sentido vanal de la existencia. Sube la norte de los Drus, y logra la cima Ovest de Lavaredo con Ratti. Son en muchos casos no solo primeras ascensiones, sino que él y otros muchos van a la caza de ellas intentando que nadie se les adelante, y eso lo cuenta muy bien el libro. En este ultimo caso Comici se había retirado sin lograrlo, y ellos tienen que saltar para arriba con mal tiempo para que no se les adelanten, y dejar una fina cuerda colgada hasta el suelo por si se les acaba el material y el tío del refugio tiene que proporcionarles algo. En esos años, los desplomes y techo se rodean, no se superan directamente.


    Cuando Harrier, Heckmaier y los otros logran el Eiger, se han adelantado unos pocos días al intento de Cassin. Pasados unos días de enfado, alguien le señaló una postal con otra bonita pared, el Espolón Walker en los Grandes Jorases. Acompañado de Esposito y Tizzoni llegó a la cima en los primeros dias de agosto de 1938 con un tiempo tan malo que debieron vivaquear en la cima.


    Después vinieron dos primeras: el Spigolo de los Golem y la Aguja Leschaux. Pero la II Guerra Mundial cortaría su progresion alpina, y se metió en la resistencia antifascista, donde murieron muchos de sus amigos. Al acabar la contienda es elegido presidente de la CAI de Lecco y funda el famoso grupo de las Arañas de Lecco, También estableció una tienda de material deportivo para ganarse la vida con su apellido como marca.
bonatti y cassin


cassin
    En 1953 participa en una expedición que evalúe la forma de subir el K2, pero no volverá a la expedición que lo conquistará (otra digresión del autor contra Desio) un año después. Sin embargo en 1958 volvió al Baltoro para diriguir la expedicion al Gasherbrum IV, coronada con exito por Bonatti y Mauri. Mientras, él pateó hasta los 7300m del GIII. En 1961 comandó otra expedición al Denali en la que Canali hizo cima por la inédita cara sur, y en 1969, con 60 años, toda la expedición al Jirishanca, de 6094m llamado el Cervino del Perú, hizo cima con él de jefe de expedición.

    En 1975, en un equipo que incluía a Mesner, intentaron la cara sur del Lhotse, habitualmente barrida por avalanchas. Era el reto alpino de la época. Una de esas avalanchas es la que barrió el campo base y los devolvió a casa. 
ruta cassin-ratti a la cima ovest de lavaredo
ruta cassin al denali


    Visto además el protagonismo del autor, George Livanos, en la biografía, cabe preguntarse quén demonios es: llamado "El griego" por sus orígenes, este marselles era el compañero de grandes escaladores de su época como Herzog, Lionel Terray, Rebufat, Barbier, Solda, Stenico, etc. Un tipo que se movía por medios de transporte publico para ir a los Alpes o Dolomitas, o con la vespa suya para ir al Vercors. Un escalador que aprovechaba los fines de semana y las vacaciones con Sonia, su mujer. Se le recuerda como uno de los buenos.

    En definitiva, para los fervorosos amantes de la escalada será un buen libro sobre Cassin con digresiones y apasionada admiración del autor, pero para los más críticos, entre los que me incluyo, sobra Livanos y falta Cassin: no sabemos nada del hombre fuera de la pared, faltan muchos detalles de su actividad tras la II Guerra Mundial, ya que toda la información es en conjunto muy escueta para un hombre que escaló hasta los 80 años. Además, uno piensa que compra un libro sobre Cassin, incluidas sus opiniones, no sobre las de Livanos.

    Una semblanza con todos los hitos de Cassin esta en el enlace siguiente: A los cien años de edad fallece Ricardo Cassin

CASSIN. ERASE UNA VEZ EL SEXTO GRADO. de George Livanos, en Rodes Edicions, 1987. Con 198 páginas

lunes, 11 de noviembre de 2013

TIERRA DORADA, de Norman Lewis


    Acabada la Segunda Guerra Mundial, el planeta fue repartido en zonas de influencia, básicamente dos, la americana y la soviética. Sin embargo, Lewis, un tipo que había estado en los servicios de inteligencia británicos, sabía que la influencia china, a partir de 1949, también era otra vital importancia para los países limítrofes. Hoy nadie duda de ello, pero en el año 1951 Lewis decide que si va a caer un telón de acero amarillo en esa región del mundo, tiene que darse prisa para ir cuanto antes y contarnos lo que se ve y lo que se escucha en Birmania, hoy Myanmar.

    El viaje de Lewis, hace 60 años, es de los más incómodos que uno pueda vivir sin jugarse el pellejo por ello: las infraestructuras modernas del país son inexistentes, la carreteras son patatales, los camiones y autobuses no valdrían ni para piezas, el hospedaje es en casas particulares muy particulares, quedan prisioneros japoneses penando en cárceles por sus atrocidades, hay campos minados, guerrillas de las etnias shan, mon y karen dedicadas a espantar toda intromisión foránea en sus cotos paramilitares,... Con decir que un tipo tan bregado como él estuvo a punto de tirar la toalla durante las primeras semanas de viaje, uno supondrá que moverse libremente por el país fue un intentó muy difícil, audaz, pero superado. Duró tres meses.


    "La perspectiva de viajar por mar a Mergui a bordo del vapor hacia ejercer mi imaginación... Navíos como este solían comandarlos marineros empíricos, capitanes que se perdían cuando no tenían a la vista puntos de referencia conocidos en la costa. Eran casi tan inútiles como los barcos que pilotaban, bebían como esponjas, incurrían en obsesiones religiosas y se sumían en largos periodos de ligera demencia en los que eran capaces de merodear desnudos por el puente de mando"
    Nada más aterrizar en Rangun (ahora Yangon), Lewis comprende que hay muchas otras influencias a parte de la comunista capaces de desvirtuar la cultura birmana: la huella británica se nota demasiado en una sociedad clasista, cuyos dirigentes se comparan con los ingleses de la época colonial. Así es como ven los birmanos a Lewis, y como le quieren tratar las autoridades del país, protegiéndolo con militares, obligándole a viajar con infinidad de permisos visados porque acceder a determinadas regiones es complicado. Pero él huye de todos y opta por viajar con la gente común, comer con ellos, dormir como lo hacen ellos, intentar enterarse de lo que de verdad les pasa, lo que sienten, lo que piensan, sin trabas, con los amigos que hace por el camino, sin pasar por ninguna ventanilla. Contarnos su visita a las pagodas de Sule y de Shwedagon, o un rato en el teatro tradicional pwe esta bien pero no es a lo que Lewis fue a Birmania. Prefiere contarnos cómo viven el budismo.

    "Todo se había decidido y establecido 2000 años antes de forma definitiva. Ninguna pregunta se había quedado sin respuesta. Todo estaba escrito en Las Tres Cestas de la Ley, sus crónicas y subcrónicas, diseccionadas y clasificadas más allá de toda controversia: las 7 cualidades, las 5 virtudes, las 6 máculas, los 8 peligros, las 96 enfermedades, los 10 castigos, los 32 resultados del karma. Aunque Birmania era una nación joven, había heredado una civilización con las arterias endurecidas de la senilidad."

    Lewis es un escritor que viaja y se interroga por lo que ve y le llama la atención. Si obtiene una idea negativa, también la cuenta.

    El relato no despega realmente hasta que no sale de Rangun y visita las tierras del sur, hacia Mergui, en un ferry donde las mesas se ocupan a la hora de cenar por clases sociales estrictas. Un viejo abogado, U Tun Win, será de los que le ayuden a interpretar lo que ve y a guiar sus pasos hacia lo que busca: contarnos una vida cotidiana en proceso de extinción. Muchas veces estos amigos quieren mostrarle monumentos, edificios oficiales, etc, pero él tuerce entonces el gesto y se va a descubrir la trastienda de todo lo que le enseñan. Eso les desconcierta. Por ejemplo, descubre que en ese momento son los hindúes los dueños de las finanzas del país con sus préstamos a los tenderos y agricultores. Solo profundizando en estas relaciones se llega a escuchar las amargas quejas que ocupaban a los birmanos en la vida real, no la turística.


    "Le pregunté a Tin Maung si creía que podía hacerles una fotografía, él se acercó a ellos y, a mi entender, con excesiva formalidad, preguntó por el cabeza de familia. Mantuvieron una larga discusión seguida de un rechazo... Tin Maug dijo: No se niegan por timidez, sino por superstición. Más tarde, cuando yo creía que ya había olvidado el incidente, añadió: Nuestras mentes deben adaptarse a las condiciones medievales, que son variables.
    Allí, en Kyaukme, habia un leproso sin piernas que se apoyaba en las caderas y llevaba almohadillas en las manos. Un niño le ayudó con ternura a cruzar el mercado rodeándole el cuello con un brazo. Por la experiencia en Mandalay, deduje que aquel niño se encontraba en las primeras fases de la lepra."

templo en bagan
    Lewis no olvida otros detalles de la vida rural, como la recogida de nidos de vencejos para comer y otras costumbres culinarias, las relaciones maritales tan extrañas para los occidentales o las fiestas de ingreso a un monasterio budista. Llegado a Mandalay en avión, vuelven a intentar aislarlo de la realidad por simple deferencia a la diferencia de clases victoriana que los birmanos aprendieron durante la colonización. Visita la pagoda de Arakan, pero también la leprosería, donde las monjas ejercen el proselitismo disfrazado de caridad. Más allá de todo ello, la historia de Mandalay es muy interesante. En Taungbyon nos hablará del panteón de los dioses nat y de otra de la infinidad de pagodas que encuentra, la de Anawrahta. De camino a Lashio se topa con una princesa de la antigua realeza, pero uno de los puntos fuertes del libro son las peripecias del autor por los caminos birmanos en autos destartalados porque lo hace con infinita paciencia y mucho humor. Otro seria la descripción de los guerreros shan y su cultura. El viaje por el norte le lleva aun tiro de piedra con la frontera china. Nos habla del mito del elefante blanco, algo que aun puedes encontrar en blogs sobre política actual de la Junta Militar en Myanmar. Montado en un camión en lo más alto del montón de patatas, escucha las historias de como huyeron miles de ellos de la invasión japonesa. Contempla las peleas de búfalos, y baja a Mandalay en barco por un rio en el que encuentra el monasterios de Kyaukmyaung donde amaestran a los peces. Tras otros desastrosos camiones y trenes, aliñados con disparos de la guerrilla, llega de vuelta a Rangun, a punto para la fiesta de la luna llena de Tabaung y para ver algo que le deja boquiabierto por su belleza: la pagoda de Shwedagn.

    En definitiva, TIERRA DORADA es un ejemplo de literatura de viaje, de actitud hacia mundos en peligro de extinción. Y de buena escritura, la que no olvida el placer de leer un texto bien escrito. Posteriormente he leído otros relatos de viajeros actuales por la región con el fin de contrastar, y la diferencia de todos ellos con Lewis está en que mientras él trata de comprender, de aprender in situ y con cierto riesgo personal (pasa algunos días de fiebre por la malaria en plena selva sin ayuda, tiroteos, etc), encontramos otros relatos, generalmente posteriores, en los que es difícil salirte del circuito para turistas y es difícil ver algo más de la progresiva universalización de las costumbres que impone la economía de mercado. Ahora se trata de conectar con la gente en un punto intermedio entre dos civilizaciones. Para Lewis el viaje es llegar a la otra civilización sin que se moviera de su punto de origen porque prefiere desplazarse él aunque sea incómodo. Leyendo relatos como este, uno comprende que la mayoría no pasamos de turistas.

TIERRA DORADA,de Norman Lewis, en Editorial Altair, colección Heterodoxos, año 2009. Son 325 páginas con 17 fotografías del autor en blanco y negro.