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miércoles, 24 de octubre de 2018

LOS HERIDOS ABANDONADOS. LA BATALLA DE VERDUN, de Georges Blond

LOS HERIDOS ABANDONADOS. LA BATALLA DE VERDUN, de Georges Blond

    "¡Era tan frecuente que un herido agonizase en un embudo de granada, a 10 pasos de otro embudo donde se acurrucaban compañeros suyos que no podían prestarle auxilio, pues las ametralladoras disparaban sobre cuanto se movía! El herido los oía y les llamaba,  pidiéndoles que fueran a darle de beber; a veces, pidiendo que fueran a rematarle, a acabar con él. El herido suplicaba durante horas y horas, llamando a aquellos hombres uno tras otro, a cada uno por su nombre, pues los había oído hablar entre sí. Los otros acababan por taparse los oídos, deseando con todas sus fuerzas que aquel tipo la palmase de una vez.

    Otros heridos, con las piernas deshechas, a algunos pasos unos de otros, clamaban durante horas y horas, interrumpiendo sus gritos para sostener entre si, día y noche conversaciones de pesadilla. Los había ciegos que repetían durante horas y más horas que estaban ciegos. Otros, que se habían vuelto locos, corrían o se arrastraban completamente desnudos. '¡Agua!', era el grito más frecuente. Pero los soldados que pasaban con su cantimplora llena seguían adelante sin querer escucharles. Luego, al verse desatendidos, gritaban: '¡Partida de cerdos, criminales, asesinos!'. Sin embargo, no se podía culpar a los que se negaban a darles de beber, pues sabían que, quizá, no tardasen mucho en ser ellos también heridos y en sufrir el tormento de la sed. Pero, aunque no resultaran heridos, también sabían que muchas veces tardaban dos o tres días en poder llenar de nuevo su cantimplora. En el campo de batalla la sed era hermana de la muerte."

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