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sábado, 4 de agosto de 2018

INDUSTRIALES NAZIS EN LOS AÑOS 60. LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal

INDUSTRIALES NAZIS EN LOS AÑOS 60. LOS ASESINOS ENTRE NOSOTROS, de Simon Wiesenthal 

"Terminada la guerra, el nombre «Fischboeck» figuró en las listas de personas reclamadas por la justicia, tanto en Austria como en Holanda, pero no pudo ser hallado. Por aquel entonces, en Austria, nazis del calibre de Fischboeck eran condenados a cadena perpetua por mucho menos de lo que él había hecho, pero fue juzgado in absentia por alta traición y todos sus fondos en Austria confiscados, cuando aquel juicio, en Holanda hubiera tenido como resultado pena de muerte. Pero no pudo ser hallado en ninguno de los dos países; en Austria pasó a figurar en la lista de «desaparecidos» y en Holanda se dio por supuesto que habría muerto. No hubo rastro de él hasta que una anciana judía vino a verme a mi oficina un día de septiembre de 1965, desesperada, pues durante la Segunda Guerra Mundial, cuando ella y su esposo estaban a punto de ser deportados, un amigo no judío se presentó y les prometió ocuparse de su negocio «hasta que volvieran». 
—Ahora es el director general de la firma aquí en Viena —me dijo la anciana—. He ido a verle pero lo niega todo, no quiere recordar que se hiciera cargo de nuestra firma. Me dijo que no le molestara y me echó. 
La antigua canción. Los viejos habían cometido el «error» de sobrevivir, de regresar y pedir su propiedad. 
Le pregunté si lo habían formalizado por escrito. 
—No nos atrevimos a proponerlo —me contestó—. Confiábamos en él. 
—¿Podría usted probarlo? —le pregunté.— ¿Tiene algún testigo? 
—Sí, mi marido puede darle los nombres de varias personas que estuvieron al corriente de la transferencia de la firma, el doctor Hans Fischboeck es uno de ellos, pues tuvo mucho que ver con la «arianización» de la propiedad judía. 
-Fischboeck no podrá hacer nada —le dije—. Ha muerto. 
La mujer se me quedó mirando: 
—No había muerto hace cuatro semanas. Conozco a una mujer austríaca que me dijo que había hablado recientemente con Fischboeck y me afirmó que era ahora un Industrie-Berater (Consejero industrial) en una gran ciudad alemana. 
—¿Podría conseguir que le diera la dirección? La anciana movió la cabeza: 
—A mí no me la dará. Sigue manteniendo su simpatía por los nazis. 
Después que la mujer se hubo marchado, me quedé un buen rato pensando: Un criminal más que había sobrevivido y prosperado mientras todo el mundo le suponía muerto. Inicié la investigación. Poco después de la guerra, concluí, Fischboeck había pasado a Italia y de allí a Sudamérica con ayuda de la ODESSA, estableciéndose en la Argentina. En 1957, después que el Parlamento austríaco hubo revocado su ley sobre criminales de guerra, el nombre «Hans Fischboeck» desapareció de la lista austríaca de ellos, y Fischboeck creyó el momento oportuno de regresar a Europa. Según dijo la anciana, él era ahora Consejero Industrial en Alemania lo que significaba que probablemente viviría en una gran ciudad industrial alemana. Cursé varias cartas y pedí a diversos amigos de Alemania que comprobaran si Hans Fischboeck constaba en el listín local. Las respuestas fueron negativas... Entonces me dediqué a estudiar el Kompass alemán, una especie de «Quién es quién», del mundo del comercio, industria y finanzas alemán. Allí encontré el nombre de Juan Fischboeck, ciudadano argentino, Consejero financiero. Domicilio: Alfredstrasse 140, Essen. Sí, era Fischboeck, criminal de guerra y ahora miembro respetado de la comunidad de Essen, viviendo en una casa a menos de una hora de coche de la frontera holandesa. Descubrimos que tenía pasaporte argentino número 4507366, expedido en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1957. Informamos a las autoridades judiciales holandesas y el Centro de Documentación holandés y la policía holandesa recopilaron un grueso dossier de pruebas de criminalidad que fue entregado al Ministerio de Justicia de La Haya. El embajador holandés en Bonn notificó oficialmente el hecho a las autoridades alemanas y el fiscal de Munich que investiga los crímenes de guerra alemanes cometidos en los Países Bajos fue asimismo informado. Sucedió, sin embargo, que aquellos crímenes de los que las autoridades holandesas podían hallar pruebas directas y contundentes, caían dentro del Estatuto de Limitación alemán. Hasta ahora no se ha pedido a los alemanes que concedan la extradición de Fischboeck a Holanda donde sus crímenes no entran en tal Estatuto. Su permiso de permanencia en Alemania expiró el 6 de abril de 1966 y la policía fronteriza austríaca ha sido informada que no puede regresar a su país natal. Las autoridades holandesas intentan conseguir pruebas, mediante testigos y documentación, de que Fischboeck fue cómplice de asesinato, lo que no cae dentro del Estatuto alemán de Limitación. Todavía puede que le llegue el día al doctor Hans Fischboeck, «arianizador» maestro."

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