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viernes, 7 de abril de 2017

AFRICA. LOS CÍNICOS NO SIRVEN PARA ESTE OFICIO, de Ryszard Kapuściński

AFRICA. LOS CÍNICOS NO SIRVEN PARA ESTE OFICIO, de Ryszard Kapuściński 

"...las nuevas clases dirigentes africanas ocuparon, simplemente, el lugar de los viejos patronos blancos. Heredaron de ellos, de un día para otro, privilegios y poder. Una élite negra sustituyó automáticamente a los colonialistas blancos. Esta es una de las razones del completo fracaso de los nuevos estados. No hubo nuevas reglas, no hubo una nueva forma de administrar. No fueron transformados el estado o los mecanismos económicos. Todo siguió igual: los nuevos patronos negros tenían los mismos privilegios que sus predecesores blancos. No tardaron mucho tiempo en comprender los engrasados mecanismos de la corrupción. La independencia no modificó la estructura del poder blanco: aquí están las raíces del naufragio de África. La lucha por el poder alimentó las rivalidades entre las etnias y las diferentes tribus: la administración se transformó en un campo de batalla para repartirse la riqueza nacional y el poder político. La corrupción se fue extendiendo y los conflictos fueron inevitables.
(...)
Dejó de llover en el Sahel. Los años setenta, en África, significaron el final de toda esperanza: desapareció aquel clima de espera, de confianza, que había diferenciado, hasta entonces, a aquel continente. La gente de África había creído que la libertad encendería la chispa del desarrollo, que la independencia haría posible una vida mejor. Eran ingenuidades, pero esta gran esperanza había puesto en movimiento a África. El decenio de las sequías mató esta esperanza. En Etiopía y en el Sahel se produjeron tragedias atroces. África cambió de aspecto".
En la localidad de Kaedi, región de Gorgol, en Mauritania

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