martes, 6 de enero de 2026
LOVE, de Toni Morrison
HISTORIA DE LA ULTRAIZQUIERDA, de Christophe Bourseiller
HISTORIA DE LA ULTRAIZQUIERDA, de Christophe Bourseiller
Para quienes les importe poner orden en tanto titular político, en los polos ideológicos a los que tanto se alude sin explicar, puede empezar poniendo el foco en uno de esos extremos. Para el oscilamiento pendular que la historia de las ideas y de las modas políticas podemos fijarnos, por ejemplo, en la extrema izquierda. Ya se que lo que se lleva ahora es la extrema derecha, pero como pasa en temas parecidos, es cuestión de esperar y volverán a estar de moda la extrema izquierda. El 11M no está tan lejos. Es la ultraizquierda, según Christopher Bourseiller. Yo no soy muy conocedor de este espectro político en concreto, pero tenia interés después de ver como la opinión pública oscila entre polos opuestos... que se atraen!!! ¿Y como es eso? Justamente, en los últimos capítulos del libro, explica muy orgánicamente como algunos personajes de la ultraizquierda se pasaron a la ultraderecha sin demasiados complejos.
El libro comienzas desde los orígenes, que pueden ser unos cuantos. Pero donde empieza a marcarse el mensaje ultra podria ser despues de la Revolución Francesa, con la Primera Internacional y las crecientes divergencias entre dos personajes totémicos para identificar a las diferentes familias de la ultraizquierda: Bakunin y Marx, anarquistas y socialistas. Luego llegarán los descendientes de ambas ramas, los que se oponen, los que reivindican algún mensaje político, los que se mezclan. Es un poco como aquel sketch de los Monty Python en La vida de Brian divagando sobre los distintos nombres del frente de liberación de Judea... Todos tienen su razón de ser, una de las más importantes es la del estar en contra de otros que se llaman muy parecido y que solo se distancian por matices o cuestiones personales, o simple cuestión de poder. Espartaquistas, comunistas libertarios, situacionistas, neoanarquistas, zadistas, black blocs... se oponen al socialismo y al capital. Unos se acercan a Lenin, pero los consejistas desprecian ese partidismo. Otros desprecian la democracia, otros el trotskismo. La verdad es que tienen muy poca incidencia en la vida de la masa trabajadora, pero tienen momentos puntuales de importancia mediática, como en el 68 o con los situacionistas. De estos últimos hasta la ultraderecha actual copia sus estrategias de comunicación. Pero siempre, y hasta el final del libro, da la sensación que esta gente es inoperante para las necesidades sociales. O hacen un brindis al sol o se miran el ombligo. Por eso el establecimiento, en torno al año 2000, de zonas geográficas, mayormente rurales, donde poder vivir a sus anchas es lo que más han conseguido de forma continuada: comunas, anarcocomunismo, etc.
El libro esta bien porque tiene algo de enciclopédico para seguir las numerosas corrientes ideológicas, sus orígenes y sus muertes, sus influencias a largo plazo, los nombres importantes. Hace mención a los movimientos anarquistas de todo el mundo, pero preferentemente a los franceses. Algún nombre propio español puede ser Jorge Semprún, y algún hijo suyo. Pero la mayoría son franceses con una cesura importante: la segunda guerra mundial, que todo lo apaga. La época posterior, la que habla de situacionistas, los black blocs y las zonas de autonomía temporal es la que más me ha interesado. Otras corrientes ideológicas tampoco carecen de interés: los espartaquistas, la imagen de la URSS como capitalismo de estado, la importancia temible que tiene la tecnología y la rapidez del progreso desde los albores del siglo XX (algo que se percibe como una fuerza incontrolable que nos pasa por encima arrasando con la mayoría de proyectos sociales). Otros nombres que nos podemos encontrar en este árbol genealógico de la ultraizquierda, pero muy separados de su tronco, son los de Daniel Cohn Bendit, Louis Aragon, Alain Resnais, Puig Antic, Gerard Depardieu o Vanessa Redgrave.
Hay un detalle que el autor no señala, pero que a mi me llamo la atencion. Es la unión aparentemente imposible entre dos intelectuales por un mismo tema. Guy Debord (fundador de la Internacional Situacionista) escribió La sociedad del espectáculo en 1967, y Mario Vargas Llosa La civilización del espectáculo en 2012. Solo he leído el segundo, y del primero tengo las referencias varias que aporta el libro que nos ocupa. Hablan de lo mismo aunque tengo la sensación de que, ideológicamente, en sentido general, no están en sintonía. Los dos merecen una lectura. Un caso curioso.
En definitiva, es un libro que da una rápida mirada sobre los aspectos de esa izquierda que vive transformándose continuamente a la izquierda de esa otra izquierda más tradicional, más enraizada y inmovilista que todos conocemos. No se detiene en ninguna época concreta lo suficiente como para decir que la he conocido bien, para eso ya hay otros libros.

